Columnas

Zoofilia y pop latino: un cuento sobre la tierna adolescencia

‘Demasiado paté’ va de agujeros, adolescencia y zoofilia…¿os acordáis de la leyenda de Ricky Martin?

Elisa Victoria es la autora de ‘Porn & Pains’ (Esto no es Berlín), columnista en Primera Línea, y un personaje muy carismático en la red. Para la penúltima entrega de Ficción Rara Vol. II la narradora sevillana nos trae “Demasiado paté”, un cuento sobre ternura y zoofilia, inspirado por aquella mítica historia sobre Ricky Martin, un perro y un bote de mermelada.

Ilustración de Joaquín Aldeguer.

El verano pasado me vino la regla, he sido una de las primeras de la clase. Es un secreto engorroso pero por lo menos gracias a esto he aprendido dónde está el agujero. Ahora el agujero y sus alrededores son mi vida. He aquí otro secreto engorroso. Tengo un montón.

He dejado de ver la tele para encerrarme a intentar masturbarme el día entero. La noche es mi terreno, en casa piensan que estoy dormida y nadie viene a interrumpirme. Ahora me lamento de haber adquirido la costumbre de ignorar la programación televisiva porque el jueves cuando llegué al colegio los niños estaban contando una cosa que había pasado en ‘Sorpresa, sorpresa’. A mí no me gusta nada Ricky Martin y eso me hace más gracia. Al principio pensé que era una broma, pero es imposible que todos estuvieran mintiendo a la vez desde primera hora. Coincidían en que el perro se llamaba Toby. Desde entonces no paran de llamar a un Toby imaginario. Qué pícaros.

En realidad para mí la situación cómica del famoso en el armario y la chica arruinándose la vida en directo es lo de menos. Lo que me está dando ardores es la posibilidad de aviarte para que un amigable animal acabe chupándote el chocho. Por supuesto no hay ninguna foto y en las noticias no sale nada, y a mí me encantaría saber cómo era el perro. De qué tamaño, de qué color. Me lo imagino mediano y con el pelo corto, una especie de chucho compacto con cierta genética de pastor alemán. Los pastores alemanes me resultan atractivos a su manera, nobles y clásicos. Pero me vienen demasiado grandes.

El fin de semana no hice más que pensar en el perro, poniendo a follar a mi Nancy preferida con una figura de goma que representa a Scooby Doo sentado. A ella le queda perfecto. Hasta que el domingo vino mi tía de visita y estuvimos hablando de otras cosas. Ella tiene una perrita muy simpática. Venía para pedirle a mi madre que se quedara con ella mientras está de viaje. Mi madre le dijo que claro.

La perra se llama Bachata y acaba de llegar. Es más alta de lo que recordaba y eso está bien. Marroncita, lanuda y muy alegre, no me da ningún miedo. Juego mucho con ella, la saco a pasear y miro cómo agacha las caderas al mear. Otros perros le huelen el culo y yo me río deseando que la monten. A veces mirar animales aparearse es lo más cerca que estoy de la pornografía durante varios meses.

Somos muy amigas, anoche se subió a dormir a los pies de mi cama. Ya nos conocemos lo bastante y mañana se habrá marchado. No sé cuándo volveré a verme en esta situación. Hoy tendrá que ser el día.

Mis padres están durmiendo la siesta en el sofá, me viene bien porque el cuarto de baño es la habitación más lejana y también la que tiene pestillo. Bachata está acostada junto a ellos muy tranquila. La he visto comer y beber, me ha chupado la cara y las manos. Tengo todo un estudio sensitivo que me ayude a resolver si vale la pena o no esta arriesgada apuesta. Su lengua es lo justo de suave y de áspera, muy húmeda y blanda pero también fuerte y ágil. Cuando venimos de la calle se traga un litro de agua a lametones, de lo que he deducido una gran resistencia muscular. Todo esto es muy tentador. Si no sale no pierdo nada. Le hago fiestas para que me siga, consigo que entre conmigo por su propia voluntad y cierro silenciosamente.

La perra está desconcertada y yo no sé por dónde empezar. No creo que a ella le guste el chocolate y no se me ha ocurrido ningún sustituto coherente, así que no tengo nada con lo que atraerla. No me lavo desde antes de ayer, tal vez eso sea suficiente. Me apresuro a quitarme los pantalones sin mirarla y me alegro de una forma indecible de que no pueda preguntarme nada, ni escandalizarse ni contárselo a nadie. Aunque sobre todo me alivia pensar que no puede reírse de mí. Si ella está de acuerdo, seremos amantes. Si no le apetece no le irá con mierdas a todo el barrio. Me lo repito a mí misma varias veces en voz baja. No puede decírselo a nadie. No va a pasar nada.

Me tumbo en el suelo con las bragas puestas, me las quito ya acostada y separo las piernas con los ojos cerrados. Me asomo con calma y cierta desilusión y veo a Bachata husmeando las pelusas de detrás del lavabo.

–¡Bachata! –exclamo en voz baja. Me siento un poco indignada por su desinterés. No acude hasta que sus conclusiones sobre el lavabo quedan zanjadas y entonces se acerca a mi cara moviendo el rabo. Yo me siento y la agarro del cuello y del lomo, empujándola hacia mi entrepierna. La perra se resiste y se aleja agitada, como jugando. Resoplo.

Pienso en untarme de paté La Piara porque seguro que le encanta. Al principio lo descarté porque me dio asco pero a estas alturas no me importa tanto. Me levanto decidida y me visto. Ella da vueltas sobre sí misma, contenta ante la idea de salir del baño. Me escabullo con sigilo y la mantengo dentro.

Se ha acabado el paté pero quedan lentejas en una fiambrera. Durante un tiempo tuvimos un gato al que le encantaba rebañar los platos de lentejas. A lo mejor me vale.

Vuelvo y consigo que no se escape. Me siento a su lado dándole misterio a la cosa para intrigarla, destapo el potaje despacio. Bachata se entusiasma, acerca el hocico con frenesí. He triunfado.

Oculto el manjar y vuelvo a tumbarme. Ella da vueltas a mi alrededor. Meto la mano en la fiambrera a través de una rendija y la hundo en las lentejas. Están heladas. En serio, heladas. Vienen del frigorífico. Me lo pienso un segundo y decido seguir adelante. Me miro los dedos cerraditos bajando por encima de la barriga. Bachata da la vida por comérselos. A la altura del espeso matojo virgen que me crece como loco en el pubis permanezco inerte y me doy cuenta de que me estoy cabreando. Está muy frío, chorrean gotas medio condensadas y espesas que me pringan el ombligo y los pelos de alrededor. La perra tiene los dientes sucios. Paso de esta mierda.

Ojalá se me hubiera ocurrido esto mientras todavía estaba el gato. Qué limpio era, qué preciso, qué sexy. Cuando una es muy pequeña a veces deja escapar las mejores oportunidades.

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