Columnas

Youporn o el Facebook guarrón

Carlos Vareno

Jean Yves Lemoigne Foto: Jean Yves Lemoigne

Lo reconozco, el otro día estuve dándole al click por primera vez en Youporn. Sí señores, aquella web en la que los colegas de los colegas de tus colegas se filman mientras follan en el aparthotel de un pueblucho costero de la Costa Brava. Youporn, la web de webs, o eso dicen los que saben del asunto. La verdad es que a mi la cosa me puso a tono, para qué nos vamos a engañar. La cale a tope, el mundo allí afuera igual de despiadado y frío como siempre, mientras un servidor, inocentemente jugueteaba con el mouse en la cuadra de jamonas en sus millares de reproductores digitales. Algo así como tetitas, culámenes, machotes, y jadeos a la carta: selector sexual, ¿Para que pedirle más a la tarde del domingo? El hombre, cuando necesita ejercitar las cimas pirenaicas del intelecto, acude sin vergüenza alguna a los tomos de Montaigne en la biblioteca del saber ¿Por qué no iba hacerlo cuando en los valles y la planicie las ranas croan en búsqueda de un poco de jarana?

A diferencia del entretenimiento para adultos de toda la vida en el que el actor con la tranca como un caballo y la jacona de turno, la de medidas insoportablemente imposibles, follaban como participantes en un juejo de Twister ante el susto del espectador; con lo que uno se topa por primera vez en Youporn es con el sexo tal cual es, sórdida y torpe cotidianeidad repleta de sentimientos y guarrerío en clave homemade. Esto es lo que la muchedumbre binaria parece reclamar a berridos en la plaza mayor del pueblo: la democratización del sexo, o lo que es lo mismo, la vuelta a una suerte de sociedad del trueque pajillero donde el usuario es el único que manda. El mandamás del corral, vaya.

Como un pollo sin cabeza la industria del porno tradicional ha caído en picado por los desguaces del matadero digital, y nosotros, como si ná y tralalá por la red. 13 mil millones de euros de industria forjada a golpe de espasmo y de denigración de la mujer a la más absoluta mierda gracias a este humilde software de intercambio de archivos sexuales. La tan cacareada democracia que propugna internet ha podido con uno de los últimos bastiones de esta cultura teñida de crisis como pudo en su momento con la industria musical y cinematográfica ¿Acaso no lo véis? Se empieza a exclamar desde las esquinas, los pasos de cebra, las avenidas de las ciudades del globo. El antiguo régimen y sus secuaces asalariados por corrida arden cual Roma asfixiada por las llamas y los vapores del fuego. La humareda se empieza a avistar en el horizonte y ya empiezan a proliferar los primeros casos de asma y bronconeumonía prematura entre la población.

Youporn o el Facebook guarrón de la red de redes, número 45 en el ranking de webs más vistas, es el perfecto ejemplo de la nueva sociedad de la información interactiva. Sin menores complicaciones el participante puede subir a diario sus proezas sexuales a la web, compartirlas sin asomo de sonrojo con el personal,chatear e intercambiar impresiones con ‘pollón12’, narrar sus peripecias en la zona de blogs, en los foros de discusión, y si lo que ve le gusta y no quiere que su simiente termine como siempre en el arrugado y tímido papel de váter sobre el regazo, puede quedar con el sujeto de su elección en la zona reservada al dating en este megacomplejo virtual del ocio de la cópula.

Sus fundadores no quieren dar la cara, ya que el aluvión reciente de demandas de ex novias despechadas ha silenciado sus ganas de notoriedad ante el panteón de celebrities de Silicon Valley. Según dicen las encuestas demoscópicas de la revista Cosmopolitan, el 15 por ciento de la mujeres se ha filmado, o las han filmado, al menos una vez dándole a la hiperventilación. Si ya son 3300 de vosotras correteando por estos lares del siglo XXI, significa que rondan por allí unos 495 millones de cintas en diversos formatos de vídeo bajo el peligro de ser difundidas en sites como Youporn por algún ex con ganas de quién sabe qué. La ley de momento no puede hacer nada al respecto, puesto que como ya se sabe con todo lo que se esconde bajo el lema del peer to peer, el que sube un vídeo, una canción o un texto en internet no hace más que compartirlo con sus colegas los habitantes de la tierra, y nadie ni nada puede meter mano donde el altruísmo ondea sus banderas buenrollistas.

Cuando creíamos que habíamos encontrado el hogar definitivo para la perversión en Youporn, sacude las entrañas y el escroto del espectador la noticia de última hora del rodaje en Hong Kong de la primera producción pornográfica en 3d bajo el nombre de “Zen Of Sex”. En tiempos arcanos al hombre no le quedaba más remedio que recurrir a los hados de la imaginación para sus tareas de desembocadura pertinentes, pero ahora, gracias a la tecnología y sus simulacros de la realidad, poco a poco ya no hará falta mover mares ni montañas para conseguir todo aquello por lo que hemos luchado con tanta saña a lo largo de los siglos de los siglos: guerras, asesinatos, "¿Dónde estás corazón?", y dar la chapa una y otra vez en bares o discotecas hasta altas horas de la madrugada para conseguir pillar un poco de cacho de carne y cielo.

A tan sólo un click, unas gafas para penetrar en la tercera dimensión y con cierto criterio para rastrear en los buscadores la fantasía sexual de nuestra elección, pronto dispondremos de la representación misma de la existencia para poder modificarla a nuestro caprichoso antojo, y acorralar así, definitivamente, el azar y el misterio en las esquinas del olvido de este galopante progreso. Emperrados estamos, o eso parece, cojones. Así que visto lo visto, me recostaré hoy pronto en la camita, abrazaré entre mis piernas y brazos el mullido almohadón de mi elección, y levantando el dedo de 'Jodéos un ratico que por hoy ya hemos tenido todos más que suficiente’, intentaré sobarla un rato, que ciertamente esto de la pornografía es agotador, muy agotador. Mañana más.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar