Columnas

Vs. The (Pop) World

Por Juan Manuel Freire

Hoy en día, el mero hecho de tener trabajo ya es una suerte, pero hay trabajos realmente afortunados: probador de videojuegos –conozco a una chica que lo hace–, o probador de camas de lujo, o supervisor musical. Sí, también este último. Ni siquiera puede llamarse trabajo a algo que, al menos en apariencia, consiste en escuchar nueva música cada día y pensar en qué escena de la serie teen de moda podría quedar fina. Gente como la infalible Alexandra Patsavas –si estás leyendo esto, ya no hace falta que contestes a mi cuestionario para “Travelling”, pero gracias igualmente–, Randall Poster –de Wes Anderson a “Boardwalk Empire” y tiro porque me toca– o Matt “Skins US” FX reciben un sueldo a cambio de recibir música gratis; parece que ni siquiera han de escribir sobre ella, solo escucharla, hacer criba y decirle a sus amigos directores: “al loro con el temón”. Eso es vida. Seguramente haya más complicaciones de las aparentes, pero un curro duro no puede ser.

Otro chollo notable: ser Cameron Crowe. El tío no solo hace películas con toda holgura de medios y se rodea de manic pixie dream girls como Kate Hudson o Kirsten Dunst, sino que ejerce él mismo como supervisor musical de sus películas. Y no se corta, no. En su deslavazada –pero, a ratos, desarmante– “Elizabethtown” sonaba una canción distinta aproximadamente cada 8 segundos. Cualquier excusa era buena para darle al play: una puerta que se abre, otra que se cierra, un gesto de alegría, otro de tristeza. La proeza final era un viaje de carretera de 42 horas con acompañamiento musical de otras 42 horas provisto por Kirsten Dunst; todo material de primera clase, de los mejores U2 a Wheat. De locos. Por cosas así me gustaría ser Cameron Crowe o, en su defecto, supervisor musical. Parece el mejor trabajo del mundo para cualquiera que se resista a vivir sin las canciones y sin las imágenes.

El año empieza bien

La agenda de conciertos de enero (y febrero) tiende a ser famélica, pero los discos son otro cantar. La agenda de lanzamientos ha estado apretada. Solo en la semana del 18 de enero llegaron delicias como “Native Speaker” (Braids), “Dye It Blonde” (Smith Westerns), “Unlearn” (Fergus & Geronimo; ver 5x140) o, por supuesto, “Cape Dory”, el delicioso debut de Tennis. Quizá ya conozcan la historia, pero, por si acaso no, volveremos a contarla: un joven matrimonio de Denver compra un barco, se pasa unos meses de aventura por la Costa Este y a la vuelta escribe un disco sobre lo bien que lo pasaron. Todo esto daría un poco de rabia –¿cuántos de nosotros podríamos pillarnos un barco y navegar durante meses?– si no fuera porque las canciones del dúo son fatalmente adorables. Indie pop acogedor, flotante, mono a rabiar, con voces de girl group y guitarras twangy. No sería razonable cargar contra gente capaz de pergeñar escapismo musical de la altura de “Take Me Somewhere”, “Marathon” o la extrañamente capturada en clip “Pigeon”, un ensueño de verano.

Destructores

Una semana después de “Cape Dory”, el 25 de enero, arreciaba otro disco llamado a engrosar listas de fin de año: “Kaputt”, de Destroyer. Como el debut de Gayngs, un viaje al más cremoso, seductor pop de los 80 –abundan los saxos y los sintetizadores–, también con clara voluntad refrescante e idiosincrasia a espuertas. Y con referencias (aparentes) nada peligrosas: la majestuosidad de The Blue Nile, las sinuosas melodías de Prefab Sprout, las lentas de Pet Shop Boys… Todo filtrado por la personalidad de Dan Bejar, que conduce el arte del pop a su manera, sin estructuras claras, dejando los temas fluir, retorcerse, expandirse y retraerse, respirar. Incluso sus letras, sin dejar de ser muy Bejar, resultan aquí menos cerradas, las líneas se pueden repetir, como un mantra. “Kaputt”, el tema titular, me deja ídem.

Cambio de piel

Nadie sabe por qué, pero a los americanos les ha dado por tomar series británicas de referencia y volverlas a rodar, plano a plano, aunque con diferentes actores, localizaciones y acentos. Es el caso del “Psicosis” de Gus van Sant, pero sin aparente excusa artística; aquí manda la holgazanería. Las primeras en sufrir remakes han sido “Shameless”, “Skins” y “Being Human”; después podría ser “Misfits”. El caso de “Skins” es flagrante, porque las pocas aportaciones pasan por sumar canciones al tracklisting –en el piloto suenan 23 temas en 42 minutos, ahí queda eso– y cargarse al chico gay, Maxxie, que era secundario pero matón. Por suerte, gracias a la mojigatería todavía reinante en Estados Unidos es posible que al remake le quede un café; ya hay quejas y caídas de sponsors por la supuesta franqueza de su descripción de los hábitos sexuales y el consumo de drogas de la juventud.

“Portlandia”

Tampoco nos pongamos agoreros y afirmemos que Estados Unidos ha perdido capacidad para producir series más o menos originales. Hay que buscarlas –o rebuscarlas–, pero las novedades inteligentes están ahí: no se pierdan la pugilística “Lights Out”, la animada y algo demente “Bob’s Burgers”, o, claro, ya que estamos en las tierras del pop al margen, “Portlandia”, la comedia creada mano a mano entre Fred Armisen, uno de los gigantes del Saturday Night Live, y Carrie Brownstein, ex Sleater-Kinney. Si vieron sus vídeos online como ThunderAnt, ya sabrán de qué va esto: kill all hipsters, aunque con cariño. La serie parodia ingeniosamente los tics más visibles de la comunidad indie, alternativa, de izquierdas, de Portland, Oregon, según parece el lugar donde los jóvenes van a retirarse. Y también a hacer música perdurable, porque de allí salieron The Shins, Modest Mouse, The Decemberists

Una cierta polémica...

De estos últimos no podemos escapar. Su nuevo álbum, “The King Is Dead”, parece haber sido recibido con cierta displicencia por parte de la crítica y los melómanos. Mis cinco céntimos: tras los excesos prog y medievales de “The Hazards Of Love” (2009), esta colección de canciones luminosas en clave country-folk es maná para mis oídos. Colin Meloy ha recuperado su mejor intuición melódica, los arreglos son de una economía y una eficacia a celebrar, y todo ello mejora con la presencia (en 7 de los 10 temas) de Gillian Welch en el papel de June Carter Cash. En la maravillosa “Calamity Song” no está Welch, pero sí Peter Buck de R.E.M. Si no es un hito del año, ya no sé nada.

The Decemberists - Calamity Song ...Y un par de decepciones

Acaba de aparecer por fin “Zonoscope”, el esperado nuevo disco de Cut Copy tras “In Ghost Colours” (2008). No sé qué han hecho con los Cut Copy de aquel disco, pero estos de aquí, desde luego, no son. Si allí encontrábamos a un grupo expansivo y explosivo, deseoso de arrastrarnos hasta la pista para resarcirnos de todo lo malo –facturas olvidadas, declaraciones de renta, restos de mudanza–, aquí topamos con una banda que parece hacer por hacer, tocar por tocar. Synth-pop con posibilidades como muzak, pero no como salvación. Lejos, muy lejos del intenso despliegue psicodélico-sináptico del anterior álbum, al que benefició en gran medida la producción de Tim Goldsworthy. Lo mejor, esa gran portada con el skyline neoyorquino cruzado por una catarata. Del nuevo de Cold War Kids, por otro lado, no se salva ni la portada, tirando a cutre. Nunca fueron el colmo de nada, pero ahora suenan realmente blandos, huecos y aburridos. “Mine Is Yours”, se llama el disco. O sea, “Lo mío es tuyo”. Mejor no, gracias.

Más grande que la vida

Algo parecido ( “if I’m your world, then the world is yours”) exhalan Glasvegas en “The World Is Yours”, el single de adelanto de “EUPHORIC /// HEARTBREAK \”; se escribe así, en caja alta y con barra oblicua. Si algo nos enseñó 2010, y Arcade Fire y Kanye en particular, es que gigante puede ser igual a bueno, y por esa senda de maximalismo matizado caminan unos Glasvegas de melodías oceánicas y subtramas electro-shoegazer. Prometen. Pero para grandes y, además, buenos, The Joy Formidable, esa banda dispuesta a hacer que suframos menos la ausencia de Lush, y My Bloody Valentine, y Slowdive… Pop etéreo pero feroz, cargado de riffs épicos y ganchos mágicos, con un poderío melódico no apto para los débiles de corazón. No han venido a inventar nada –son más 90s que David Beckham–, pero ante temas tan bellos como “I Don’t Want to See You Like This”, ¿qué importa? Esto es pura emoción, puro vértigo. The Joy Formidable - I Don't Want To See You Like This Dar Cera

Eso está haciendo, según algunos, el bueno de Jesse Eisenberg con Michael Cera, pero el imborrable George Michael de “Arrested Development” es mejor actor de lo que se dice. Ahora mismo tan solo le hace falta ese papel –ese Mark Zuckerberg– con el que pueda demostrar sus capacidades dramáticas; fáciles de adivinar. Mientras espera, se ha entretenido tocando el bajo en Mister Heavenly, la banda de Honus Honus (Man Man), Nick Thorburn (Islands) y Joe Plummer (Modest Mouse). Un proyecto que, con o sin Cera, merece toda nuestra atención; enésima muestra de la capacidad de Thorburn para el trabajo en grupo; recordemos su trabajo con Alden Penner en The Unicorns y Jim Guthrie en Human Highway. Un par de temas del nuevo proyecto, “Mister Heavenly” y “Pineapple Girl”, pueden bajarse por la cara en la web del grupo: misterheavenly.com. ¡Buen provecho!

Mister Heavenly - Mister Heavenly

5x140

1 ) Fergus & Geronimo/ Unlearn: Peleones fans de Louis Pergaud, disparan dianas jangle-pop a gente tan odiosa como los críticos musicales.

2) MINKS/ By The Hedge: Aviso para todos los eternos adolescentes alrededor del mundo: este disco de pop sepulcral estilo The Cure no os ayudará.

3) Ducktails/ Ducktails III: Arcade Dynamics: El guitarrista de Real Estate encuentra el perfecto equilibrio entre el ensayismo sonoro y el espíritu pop.

4) Wanda Jackson/ The Party Ain’t Over: “Let’s Have a Party”, cantaba años ha. Y la reina sigue de fiesta, ahora del brazo de Jack White. Incansable.

5) MillionYoung/ Replicants: Ecos de Animal Collective, como siempre, pero también de Memory Tapes y Beach House. Es decir, un sueño de disco.

Next: Los niños quieren vivir en “Jersey Shore”, Cass McCombs se pone soft rock, la vida después de “Lost”, los stalkers de Zooey Deschanel, los ignorados Secret Cities y algunos saludos de rigor a grupos rescatados mientras buscaba en las cajas de la mudanza. Carmine, anyone? Juan Manuel Freire y sus cuitas habituales al respecto de la música, las series, el cine, la cultura en general y la vida pop en particular, que le está dejando sordo y ciego (aunque no se queja).

Alexandra Patsavas, supervisora de la música en las tres películas de Twilight y en series como Gossip Girl, The O.C. y Anatomía de Grey.

Tennis Cape Dory

Tennis "Cape Dory"

Crítica: " Cape Dory" de Tennis

Tennis Cape Dory Alaina Moore y Patrick Riley forman Tennis.

Destroyer "Kaputt"

Crítica: " Kaputt" de Destroyer.

Dan Bejar Dan Bejar

Maxxie, el chico gay de la serie Skins.

Fred Armisen y Carrie Brownstein (vocalista de Sleater-Kinney) en Portlandia.

The Decemberists

Crítica: " The King is Dead"

Crítica: " Zonoscope"

The Joy Formidable The Joy Formidable

Mister Heavenly, la banda de Michael Cera.

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