Columnas

Vs. The (Pop) World

Por Juan Manuel Freire

Juan Manuel FreireMi edificio es una cápsula del tiempo, al menos en términos de ambientación sonora. Los arqueólogos, antropólogos e historiadores que deseen conocer los hábitos de escucha del humano moderno en 1989 solo tienen que pasarse por mi escalera, donde los peores éxitos del mainstream de la época (a veces, en versión karaoke) son el hilo musical de cada día. Podría tener su gracia, de no ser porque las mismas canciones se repiten sin cesar en un continuum de terror opresivo: “Right Here Waiting” ( Richard Marx), “It Must Have Been Love” ( Roxette), “I Wanna Sex You Up” ( Color Me Badd)… Sí. Color. Me. Badd. Suena gente que ni siquiera KissFM se atreve a recordar. Si esta odisea vital fuera un proyecto de película, la tag line sería: “Atrapado en el tiempo meets Jacuzzi al pasado meets Corredor sin retorno”.Tengo la suerte de compartir planta con los responsables del entuerto, pero no hablo su idioma, ellos tampoco el mío, y, de todos modos, mi timidez congénita me impediría sacar el tema en el ascensor, aunque más de una vez he fantaseado con la idea de grabarles CDs, no por proselitismo, sino por aportar diversidad a sus escuchas. Por ahora me limito a enviar ataques de ira sonora desde la ventana de la cocina: algo de material de Digital Hardcore, Gnaw, Admiral Angry, temas vintage de Black Dice… Pero a este paso será a mí y no a ellos a los que echen del edificio. ¿Cómo se arreglan estas guerras? ¿Por dónde se sale de este laberinto AOR? Sugerencias legales y realistas en comments de abajo, por favor. Y ahora, al lío. Música de gimnasio.La contaminación sonora acecha en todos los rincones de la ciudad, sobre todo en aquéllos con mancuernas y bancos de abdominales como mobiliario. Ir al gimnasio es un calvario que sólo hace peor la clase de música que suelen escupir sus altavoces: producciones de David Guetta, en esencia. Para estos templos de dolor compone ahora Kele Okereke de Bloc Party, quien ha dejado las guitarras angulosas y los ritmos tensos, que no la épica, en un primer disco en solitario menos apto para el mosh que para el spinning. Arropado por XXXchange, Okereke traslada sus melodías de pop épico a terrenos de electro distorsionado y euforia house, y a menudo se la pega. ¿Cómo es posible que New Musical Express haya colocado a este hombre en portada de su número dedicado a los artistas desafiantes del momento? El desafío debe ser, en realidad, escuchar “The Boxer” de principio a fin. Entre sus pocos aciertos figuran “On The Lam”–2-step con la voz de Kele filtrada en plan Pitufo– y ese dueto con Jodie Scantlebury, una serena “New Rules”.

Nuevas reglas.Eso dicen que ha traído consigo “Perdidos”, cuyo extraordinario último episodio cerró una época de la televisión. Y digo cerró porque, hasta nuevo aviso, lo que parece que imperará en la parrilla son ejercicios de absoluto conservadurismo, sobre todo en una España esclava del costumbrismo indigesto en raciones de 70 minutos. La única serie con afán (aparente) de recoger el testigo del misterio en forma de caja de Pandora es “Persons Unknown”, una creación de Christopher McQuarrie ( “Sospechosos Habituales”) que podría definirse –otra tag line– como “Lost meets Cube meets Drive”. Esta última fue un malogrado “Lost” sobre ruedas en torno a una misteriosa carrera ilegal a través de Estados Unidos; el piloto de “Persons Unknown” acaba, vaya por Dios, justo igual que el de aquella. Malos tiempos para la mística.

The trip.Los necesitados de viaje místico-alucinógeno en condiciones siempre podrán acudir al intoxicante debut largo de Tame Impala, ese 60s pero dancey “Innerspeaker”, una forma de iniciarse en la cultura del ácido sin el riesgo de pasarse la vida viendo dragones por todas partes. Solo hay que colocarse los auriculares y dejarse impulsar o acunar por el inventivo zumbido retroactual de una música enmarañada sólo hasta cierto punto, no hasta el punto de perder cierto centro, extraviarnos sin sentido. La alucinante “Jeremy’s Storm” tiene algo de virtual score para película de coches de los 60 –personalmente, me gusta calzarla con la mente en la gran persecución de “Bullitt” (1968)–, mientras que el grupo se revela maestro en las lides pop con “It Is Not Meant to Be” o “Solitude Is Bliss”, para la que Megaforce ha dirigido este videoclip de órdago. Arcade Fire.Si hay que atenerse a los dos temas del single “Month of May” y los recién caídos singles americano ( “Ready To Start”) y británico ( “We Used To Wait”), el regreso de Arcade Fire debería señalarse, mejor, de advenimiento. Hay nervio, inspiración melódica y una magia indescriptible en este puñado de canciones, y en particular en “Ready To Start”, que forma parte, desde ya, de sus clásicos. Ignoro en qué momento Arcade Fire dejaron de ser dioses para ser un grupo divisorio, pero si todo “The Suburbs” suena como esta “Ready To Start”, los detractores deberían publicar retractaciones en primera plana de periódicos de tirada nacional.

Stars.Sin salir de Canadá, nos paramos a mirar a Stars. No sé ustedes, pero a mí su último álbum –el algo desapercibido “In Our Bedroom After The War”(2007)– me sonó incómodo, a grupo forzando la máquina, con ganas de hinchar el pecho pero a rastras de algo parecido a la respiración artificial. “The Five Ghosts” ya es otro asunto: en él recuperan su mejor aliento pop sin perder la grandeza de sonido adquirida con “Set Yourself On Fire” (2004). El primer single ya tiene un título esclarecedor: “Fixed”. Ya están arreglados, ya tienen acceso a nuestros corazones y cerebros.

Cómo está la vida. Christina Aguilera avanzó “Bionic” como una revolución del pop mainstream y, al menos en los primeros momentos, lo parece. El tema titular abrasa, aunque su estribillo sea mejorable; y lo mismo puede decirse de la infecciosa “Woohoo” (con Nicki Minaj) y la atrevida “Elastic Love” (con M.I.A.), sin “aunques” que valgan. Pero luego llegan los resbalones, las baladas y el aroma a esquizofrenia y a oportunidad de redención perdida. Seguramente su sello ha limado las ansias vanguardistas de Xtina para no dejar de vender discos del todo. En cualquier caso, el premio a la Bajona del Mes no es para “Bionic”, sino ex aequo para “LP4”, el poco estimulante nuevo disco de Ratatat, y “Flashover”, el número brit-rock estilo Mansun con que regresan Klaxons en pleno 2010. “Éramos un proyecto de arte salido de madre, pero ahora somos una banda”, dicen ellos. Considérenme oficialmente preocupado.

White Inc.No, no hablamos de una nueva empresa de Walter White, antihéroe de “Breaking Bad”, sino del conglomerado roots de Jack White, Third Man Records. A este paso, pronto podríamos empezar a referirnos a Jack como un nuevo Liam Gallagher: un personaje bastante más jugoso –o, al menos, entretenido– en sus entrevistas que en sus discos. Porque cuanto sale del sello-estudio-establo de White suena no tanto a poderosa reivindicación de las esencias rock como a reproducción con déficit de punch: The Dead Weather deberían pulverizar, pero ni siquiera distraen –y se han permitido rechazar una remezcla a Skream–, mientras que la modelo Karen Elson (esposa de Jack) ha grabado un disco algo mejor que “Baby Woman”, de Naomi Campbell, pero tampoco mucho mejor. Elson debería grabar un disco de cabaret, cercano a sus raíces en la música, en lugar de ceñirse a un personaje de country girl que cuesta algo creerse.

M.I.A. on fire.Al contrario que Jack White, Maya Arulpragasam es tan divertida en sus discos como en sus entrevistas. Lanza algún eslogan rompedor, alguna declaración bruta ( “tengo suficiente dinero para hacer que te maten”, etc.) y, por el camino, puede irritar a gente como Lynn Hirschberg, cuyo reportaje sobre la artista en el dominical del The New York Times ha hecho correr ríos de tinta digital. La periodista pone en duda un radicalismo con sede en Beverly Hills, se sirve de antiguos amantes y allegados para revelar nuevas sombras y certifica que la censura de YouTube del videoclip de “Born Free” estaba prevista de antemano y era parte de la estrategia promocional de ///Y/” , con esa portada con M.I.A. encerrada entre barras de progreso. Uf, el reportaje hace daño: Maya llegó a colocar el número de la periodista en Twitter. Y sus fans nos rascamos la nuca. Pero luego uno escucha “XXXO” –en su versión original, no en el remix con poco lustroso rap de Jay-Z– y, en fin, casi perdona cualquier clase de ambigüedad ética. PS: Mientras pico estas líneas descubro que acaba de filtrarse el álbum, pero en una versión de sonido funesto; reservaremos el posible backlash para el próximo mes.

Eclipse.De nuevo, entre los recopilatorios del año se colará uno con ídolos adolescentes en portada y tipografía de novela fantástica de saldo. Hablamos de la banda sonora de “Eclipse”, la nueva entrega de la saga cinematográfica de “Crepúsculo”, que por fin cuenta con la presencia de Vampire Weekend –¿lo pillamos?– con una “Jonathan Low” de notable componente adictivo. Hay temas de Muse y The Bravery, pero también, agárrense, Band Of Horses, The Black Keys –su nuevo disco supera de largo al de The Dead Weather en fronteras parecidas–, Cee-Lo Green, Fanfarlo, Metric –también en “Scott Pilgrim Vs. The World”– o Beck a dúo con Bat For Lashes. Kudos para la supervisora musical Alexandra Patsavas ( “O.C.”, etc.), aunque no me devolviera los mensajes que le envié cuando preparaba un reportaje sobre su envidiable oficio para la añorada revista Travelling (RIP).

La canción del verano.¿ “California Gurls”, de Katy Perry? No, gracias. Porque es horrible y porque, como dice Best Coast, ella no representa a las chicas de California. Respeto más a Perry desde que sé que es la sobrina de Frank Perry, el director de “El Nadador”, pero como hit mainstream veraniego me quedo, de lejos, con “ONE” de Sky Ferreira. Entre lo indie ganarían The Drums con “Forever and Ever, Amen”, “Let’s Go Surfing”, “Best Friend” o, en fin, casi cualquiera de las canciones de su gran álbum de debut. Y respecto a la tercera vía –ni mainstream ni indie–, la ganadora sería Robyn con “Dancing On My Own”. De hecho, me pregunto cómo esta última no está considerada ya la canción del verano.

5 x 140.Cinco discos que no supe cómo incluir en los puntos anteriores y merecen una mención, aunque sea en forma de mensaje de Twitter (ya no digo tweet porque The New York Times ha prohibido su uso fuera de un contexto ornitológico).

1) Wolf Parade/ Expo 86: Spencer Krug y Dan Boeckner, unidos de verdad en tensa armonía. Himnos sobre querer estar donde sea menos aquí.2) Here We Go Magic/ Pigeons: Con banda, el folk de Luke Temple gana en flexibilidad y emoción. No es casual, es desgarrador. Y roza a BSS.3) Ariel Pink’s Haunted Graffiti/ Before Today: Con banda y en estudio, el pop de Ariel Pink gana en dinámica y fuerza. Y la insania continúa.4) Wild Nothing/ Gemini: Una palabra: “Chinatown”. Pero no todo acaba en ella: el primer Wild Nothing es un disco de hallazgos (pop) infinitos.5) Foxes In Fiction/ Swung From The Branches: Reedición (con extras) de esta gema ambient-pop bajo el yugo de Stars Of The Lid y el vacío.

En el próximo capítulo: el backlash de M.I.A., el comeback de Sofia Coppola, The Situation hace rap, un análisis en profundidad del Blu-ray de 15º aniversario de “Showgirls”, etc.

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