Columnas

Viajando en drone por Yanquilandia

¿Te has quedado sin plan para las vacaciones? Prueba algo diferente, como por ejemplo alistarte en el ejército de Estados Unidos y recorrer el mundo de base en base en aviones inteligentes preparados para el asesinato selectivo. ¿Vienes?

Una ruta veraniega por seis bases norteamericanas repartidas por todo el mundo, desde las proximidades de Kosovo a la lejanía de Diego García y Guam. Seis lugares en los que pasar unas agradables vacaciones de intencionalidad política rodeados del imperialismo yanqui y el exotismo del eje del mal. ¿Vienes?

Es un fastidio. Te tiras la primavera de festi en festi y llegas sin carburante al verano, cuando todo el mundo parece esforzarse en machacarte el cerebro con estampas de calas, de Bangkok a Palamós. ¿Y qué nos queda cuando la cuenta corriente tiene la sequedad de la piedra? Vale que la familia está para lo que está, y siempre habrá un hueco de camino a un complejo en la Costa Blanca, y a lo mejor también hay plazas de última hora como personal de cocina en las colonias de estiu. Otra opción es apuntar mucho más alto y ganar dinero con ello. A fin de cuentas, el ejército de Estados Unidos siempre tira del reclamo turístico para sumar gente a su causa. Es más: gracias a su programa de asesinato selectivo y ejecución sumaria por drones podrás recorrer el mundo sin salir de la cabina de pruebas. La técnica de tripulación tampoco encierra ningún misterio. Matar personas desde lejos es como montar en bici. Salvo el quién o el cuándo, los aspectos técnicos no se olvidan. Y a lomos de los MQ-1 Predator apenas se notan los kilómetros o las vísceras de los terroristas. Aquí van unas propuestas de recreo low cost para salvar el verano.

1. Tan-Tan (Marruecos)

No son las tranquilas aguas de Maspalomas en Gran Canaria, pero está cerca. Tan bonita y tan barata es la base de Tan-Tan que los sarracenos juzgaron que su apertura suponía un respaldo de los intereses de Mohamed VI sobre las posesiones españolas de ultramar. ¿Todo ese despliegue por cuatro peñones con nombre de condimento? Para nada. Los yacimientos petrolíferos que Repsol piensa explotar junto a Fuerteventura, así como la concesión de nuevos permisos para la perforación de las tierras saharauis son arena de otro costal. Y en cuanto a la Primavera Árabe –pues qué decir–, los franceses hicieron el trabajo sucio. Hollande acaudilló los bombardeos en Libia. Aventuró sus huestes sobre Mali. En la base de Tan-Tan no se trabaja. No se tortura. Los reclutas pasean de la mano. Los nómadas viven su vida. Enormes camellos blancos se besan sobre la carretera nacional. Un mundo idílico donde todo es buen rollo. Una lástima que la base –su localización, su construcción, su existencia– sea un bulo.

2. Bondsteel (Kosovo)

Los Balcanes. Nudistas playas en Dalmacia además de un pitote de tres pares de narices desde siempre. Pero los yugoslavos han cambiado. Se han dejado de tanto vivalavirgen y papista el último. Nadie quiere más lanzadas a moro muerto. ¿Choque de civilizaciones? Ya no se oyen esos rumores. Bondsteel, la mayor base yanqui del lugar, ha contribuido a cambiar los aires. Aunque los aviones de la OTAN no salían de aquí. Fueron los alemanes quienes 45 años después pusieron en marcha la Luftwaffe para garantizar la independencia de Croacia y de Eslovenia frente a la malvada banalidad de los serbobosnios. Cierto es que algunas insidias rodean Bondsteel. Han pasado siete años desde que llamaran a este lugar “una versión reducida de Guantánamo”. Birra a buen precio.

3. Lemonnier (Yibuti)

Si llegas a Lemonnier no pierdas la oportunidad de estrechar lazos con Dileita Mohamed Dileita. Moha fue presi hasta ayer mismo. Su partido controla los escaños del Congreso desde 1978. Las similitudes con España asustan. El asunto es que DMD permitió que las Combined Joint Task Forces tuvieran su centralita del Cuerno de África en Yibuti. No te apures si tienen que buscar el país en Google Maps, a todos nos pasa. ¿Y qué hace tanto fortachón aquí?, te preguntarás. ¿Has visto “Black Hawk Derribado”? Pues eso y hacer footing como Tom Cruise. Provide Relief, Restore Hope y cosas así –para disimular– es como llaman a sus chapuzas a domicilio.

4. Shamsi (Pakistán)

Los pakistaníes son raro-raro-raro. Y esto no va por los lateros de Barna, porque más inquietante que el servesa/biar resulta la política exterior de Pakistán: primero financia a los talibanes en la guerra civil afgana y luego pasa a ser una base de operaciones americana. Islamabad debe ser el punto donde el cateto del mal se corta con la hipotenusa del bien. Cosa de ejes. Y si no que se lo digan a Osama. Total, bienvenido a Shamsi, ruinas del Imperio. La base estuvo en posesión de Estados Unidos hasta 2011. Entonces, como en un casting de “Apocalypse Now”, algunos helicópteros de los nuestros abatieron a varias docenas de soldados suyos. ¿El motivo? Cruzar de incógnito la frontera con Afganistán. Está visto: el fuego amigo, los daños colaterales y la invasión de la región –con unos jamones navideños– se soluciona. Si comieran cerdo, claro.

5. Diego García (Archipiélago Chagos)

A babor, por la ventanilla, admirarás la silueta de herradura de Diego García. Este islote fue comprado a los británicos en 1966 por el importe de un submarino en rebajas. En cuento a los nativos, tales como el ejemplar que porta –todo músculos y bien ceñudo– ese coco a mano izquierda, son descendientes de los africanos que portugueses y franceses contrataron –ejem– para las plantaciones de árboles frutales. Muchos fueron invitados –ejem, ejem– a abandonar el lugar por Washington. Yendo al grano, en Diego García apenas hay sino aviones estacionados y plátano en cantidades masivas. Desde aquí despegaron en 2001 los primeros B-52 en dirección a Afganistán. Y aquí pasan una temporada los huéspedes de Guantánamo – ejem, ejem, ejem– tomando caipiriñas y refrigerios varios.

6. Guam (Pacífico Occidental)

Escenario de una batalla crucial durante la II Guerra Mundial, Guam es famosa por el tiempo que un hombre puede estar agazapado con una metralleta esperando el momento de matar o morir. Ahora parece que los viejos tiempos han vuelto a la isla. Nos referimos a la animadversión que genera en el régimen norcoreano la presencia de los yanquis tan cerca. Cosa normal, por otra parte. Kim Il Sung solo permite 28 tipos de corte de pelo, y ninguno de ellos se cuenta entre las melenazas que exhiben anualmente Miss Earth Guam, paradigma de desacato a la autoridad. Ignoramos si las coletas y las trenzas están en el origen de esta tensión nuclear, pero desde luego que, mientras los misiles se dirigen a sus objetivos, todavía podemos disfrutar de los fuegos de artificio, piña colada en mano.

Disfruta de tu estancia.

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