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La noche en que Truman Capote actuó en Eyes Wide Shut

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¿Qué hacen Frank Sinatra, Andy Warhol y Marlene Dietrich en una fiesta a oscuras?

Servando Rocha

26 Marzo 2014 12:13

En noviembre de 1966, Truman Capote organizó una extraña fiesta que se presentó como el evento del siglo. Los invitados lucían máscaras y disfraces grotescos, como si fuesen faunos urbanos, sodomitas, depredadores. Aquella fiesta no ha soportado bien el paso del tiempo. Nos parece siniestra y aterradora. Aquel caótico zoo recordaba a las sesiones de los infames Clubes del Fuego Infernal.

Un hombre camina despreocupadamente. Luce un elegante abrigo negro (sobrio y de formas rectas). Nuestro hombre es un célebre médico cuya clientela pertenece a la alta sociedad, el tipo de gente habituada a vivir en su perfecta e invulnerable burbuja de oro. De pronto, tras recorrer varias calles, se da cuenta de que transita por un lugar que no conoce. Jamás ha estado allí, en aquel barrio. Entonces se siente desprotegido, justo en el instante en que se desata algo de viento y su correcto abrigo comienza a perder la forma. Sueña con dar marcha atrás, pero parece que hay una fuerza interior, una confianza lo suficientemente fuerte como para incitarle a continuar. Su rostro se contrae y comienza a aparecer un gesto de preocupación. Volver es imposible. Recuerda una y otra vez quién es y se lo repite para asegurarse de que no hay temor alguno. Todo eso le consuela, al menos por el momento, porque entonces aparece un grupo de hombres marchando hacia él. El viento aumenta y su abrigo se agita a los lados. El barrio es un decorado fantasmagórico: los siniestros campos de El Mago de Oz bajo la amenaza de la malvada Bruja del Este. Uno de aquellos hombres, al pasar justo a su lado, le golpea un hombro. «¡Mira por dónde vas!», grita uno. «¡Marica!», dice otro. Él intenta disculparse pero es inútil. La humillación es dolorosa y su hostilidad injustificable y cruel. Este no es lugar para gente como él. Lo que sucede a continuación es la inevitable consecuencia de su vida cayéndose a pedazos. El descenso es vertiginoso; su reputación, su esposa y su normalidad se hacen añicos cuando conoce a una prostituta llamada Domino e inicia una incursión en clubes privados y exclusivos, sociedades secretas, bailes de disfraces, orgías, perversiones…

Esta es una de mis escenas favoritas de la película Eyes wide shut (Stanley Kubrick, 1999), protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman, o al menos tal y como la recuerdo.

La película, estrenada con Kubrick ya fallecido y sin que este pudiera finalizar el montaje, desató toda una serie de teorías en torno a sus supuestas conexiones con la imaginería oculta. En realidad, la película recreaba las prácticas de los Clubes del Fuego Infernal, surgidos en Inglaterra a comienzos del siglo XVIII, cuyos miembros, que practicaban ritos sexuales y orgías, recibían los nombres de “El rey del infierno”, “El guardián de las puertas del infierno”, “El viejo dragón”, “Lady Sodoma”, “Lady Gomorra”, “Lady poligamia”, “Lady fornicadora” o “Lady Hell Fire”, y pertenecían a la alta sociedad. No sabemos con seguridad si las mujeres que participaban en las sesiones de sodomía eran prostitutas o provenían de familias acomodadas, porque el constante uso de disfraces y máscaras de todo tipo permitía el anonimato. Gracias a las fiestas y los excesos, los participantes cumplían fantasías reprimidas y el juramento de secretismo absoluto lograba mantenerlos a salvo de la delación. A pesar de las acusaciones de satanismo, los Clubes del Fuego Infernal estuvieron más cerca de Baco o Venus que de las doctrinas diabólicas. Eyes wide shut es eso mismo, aunque en medio de una trama sobre la que uno puede percibir la hecatombe personal de sus protagonistas, que se adentran en oscuros lugares machete en mano.

El Club de Fuego de Capote

El 28 de noviembre de 1966 Truman Capote organizó una extraña fiesta en el Hotel Plaza de Nueva York: las fotografías que documentan aquello tienen todo el aspecto de un moderno Club de Fuego Infernal en plena era de Vietnam y del movimiento hippie.

Una de las imágenes muestra a Capote confiado y exultante, observándose a sí mismo frente a un espejo. Lleva un antifaz negro y sonríe.

"Los invitados lucen máscaras y disfraces grotescos. Faunos urbanos, sodomitas, depredadores. Un zoo caótico."

Hay algo en Capote que causa rechazo. Cuando leemos su nombre tenemos la sospecha de encontrarnos ante una persona situada permanentemente tras la trinchera, y que se encuentran justo en ese lugar por una elección personal y vital. Él cree que este es su lugar natural. Está a buen recaudo, seguro, distante. Su pretendida confianza en sí mismo es esnob y elitista; es un Tom Wolfe histriónico y sibarita, o un Warhol de la literatura. Capote pilló lo peor de ambos, e incluso lo amplificó. Esa sonrisa resume una carrera. Y esa sonrisa fue la misma que lució a los invitados de aquella fiesta, cuando durante dos largas horas, en la entrada del hotel, junto a su amigo Kay Graham —director delThe Washington Post—, estrechó cientos de manos, dando la bienvenida a los invitados al llamado Baile en Blanco y Negro, un extraño, perturbador y a todas luces excesivo evento.

Capote parece el mejor anfitrión posible para darse un paseo por el infierno. Él es “el rey del infierno”, “el guardián de las puertas del infierno”, “el viejo dragón”.

Tan sólo un año antes acababa de publicarse su A sangre fría, un libro destinado a convertirse en un manual de literatura capaz de pasear a través de distintos géneros sin detenerse en ninguno, y al mismo tiempo abarcarlos todos. La obra era aterradoramente dura, intensa, casi glacial. Escrita magistralmente, un año después se estaba convirtiendo en un fenómeno de considerables magnitudes, pero Capote soñaba con alcanzar el cielo de la manera más rápida posible. Astuto y decidido a rentabilizar su éxito y potenciar su carrera como escritor con fuertes vínculos entre las clases altas y la aristocracia americana, tomó un atajo para divisar cuanto antes las nubes celestiales, y dejándose una increíble suma de dinero organizó una fiesta de disfraces que vendió como el evento del siglo. Para ello desplegó todos sus contactos y utilizó trucos de tahúr.

¿Qué hacen Frank Sinatra, Andy Warhol y Marlene Dietrich en una fiesta a oscuras?

"Lamentablemente, sobre lo que sucedió a lo largo de la noche y hasta bien entrada la madrugada no hay testimonio"

Los famosos cayeron como piezas de dominó (un nombre, aunque no estuviera totalmente confirmado, conducía a otro), y de pronto nadie en Nueva York quería perderse aquello. Inicialmente, estaba prevista la asistencia de medio millar de invitados, elegidos entre lo más selecto de la vida cultural y social de la ciudad, pero al caer la tarde la cifra alcanzaba los 540 invitados. Entre otros, allí estaban Frank Sinatra, Marlene Dietrich, Greta Garbo, Mia Farrow, Andy Warhol, Sammy Davis Jr., Tennessee Williams, Nelson Rockefeller, Henry Fonda, los Kennedy o los duques de Windsor. También acudió un grupo numeroso de escritores, agentes y editores, pero la prensa los trató como seres invisibles (curiosamente, Norman Mailer, uno de estos, fue de los pocos que no lució máscara alguna), lanzándose a devorar los rostros más famosos. Por supuesto, no había chusma, ni nadie dispuesto a aguarle aquella noche. «El viejo dragón» atravesaba las puertas del cielo.

Hoy, aquella fiesta no ha soportado bien el paso del tiempo. Nos parece siniestra y aterradora. Los invitados lucen máscaras y disfraces grotescos. Faunos urbanos, sodomitas, depredadores. Un zoo caótico. Lamentablemente, sobre lo que sucedió a lo largo de la noche y hasta bien entrada la madrugada no hay testimonio alguno, ni tampoco fotografías. Sabemos, eso sí, que hubo un gran baile, pero que al caer la medianoche sucedió algo más: «La historia comienza después de medianoche», comentó sarcásticamente el historiador Arthur Schlesinger, uno de los invitados, para luego guardar silencio. Sin embargo, puede que lo sepamos. O quizás lo intuyamos. Tan solo basta imaginar a Capote como el gran Duque de Wharton, poeta, adinerado, amigo del alcohol y los excesos y uno de los fundadores de los primeros y más celebres Clubes del Fuego Infernal. Él es el rostro que se sonríe a sí mismo frente al espejo. El infierno son ellos.

Algunos de los invitados:

Mr. and Mrs. Gianni Agnelli, Count Umberto Agnelli, Edward Albee, Mrs. W Vincent Astor, Mr. and Mrs. Richard Avedon, James Baldwin, Miss Tallulah Bankhead, Cecil Beaton, Mr. and Mrs. Harry Belafonte, Marisa Berenson, Candice Bergen, Mr. and Mrs. Irving Berlin, Sir Isaiah and Lady Berlin, Mr. and Mrs. Leonard Bernstein, Mr. and Mrs. Benjamin Bradlee, Mr. and Mrs. William Buckley, Mr. and Mrs. Richard Burton, Prince Carlo Caracciolo, Lord Chalfont, Dr and Mrs. John Converse, Noël Coward, Mr. and Mrs. Walter Cronkite, Mr. and Mrs. Sammy Davis Jr, Oscar de la Renta, Marlene Dietrich, Elliott Erwitt, Douglas Fairbanks Jr, Mrs. Marshall Field, Mr. and Mrs. Henry Fonda, Joan Fontaine, Mr. and Mrs. Henry Ford 2nd, Mr. and Mrs. John Kenneth Galbraith, Greta Garbo, Ambassador and Mrs Arthur J Goldberg, Mr. and Mrs. Samuel Goldwyn, Henry Golightly, Hamish Hamilton, Ambassador and Mrs. W Averell Harriman, Mr. and Mrs. William Randolph Hearst Jr, Mr. and Mrs. Henry J Heinz 2nd, Miss Lillian Hellman, Elizabeth Hilton, Horst P Horst, Christopher Isherwood, Maharajah and Maharani of Jaipur, Senator and Mrs. Jacob K Javits, Lynda Bird Johnson, Philip Johnson, Senator and Mrs. Edward M Kennedy, Mrs. John F Kennedy, Mrs. Joseph P Kennedy, Senator and Mrs. Robert F Kennedy, Alfred Knopf, Mr. and Mrs. Joseph Kraft, Mrs. Patricia Lawford, Mr. and Mrs. Irving Lazar, Harper Lee, Vivien Leigh, Mr. and Mrs. Jack Lemmon, Mr. and Mrs. Alan Jay Lerner, Mr. and Mrs. Alexander Lieberman, Mr. and Mrs. Robert Lowell, Mr. and Mrs. Henry Luce, Shirley MacLaine, Mr. and Mrs. Norman Mailer, Mr. and Mrs. Joseph Mankiewicz, Mr. and Mrs. Walter Matthau, Mr. and Mrs. Robert McNamara, Mr. and Mrs. Paul Mellon, Mr. and Mrs. James Michener, Mr. and Mrs. Arthur Miller, Mr. and Mrs. Vincent Minnelli, Mr. and Mrs. Samuel I Newhouse Sr, Mrs. Stavros Niarchos, Mike Nichols, Lord and Lady David Ogilvy, Mr. and Mrs. Gregory Peck, George Plimpton, Prince and Princess Stanislas Radziwill, Mr. and Mrs. Jason Robards Jr, Governor and Mrs. Nelson A Rockefeller, Philip Roth, Baroness Cecile de Rothschild, Baron and Baroness Guy de Rothschild, Theodore Rousseau, Mr. and Mrs. Arthur Schlesinger Jr, Mrs. David O Selznick, Mr. and Mrs. Irwin Shaw, Mr. and Mrs. Frank Sinatra, Steve Sondheim, Sam Spiegel, Mr and Mrs John Steinbeck, Gloria Steinem, Mr. and Mrs. William Styron, Mr. and Mrs. Arthur Ochs Sulzberger, Ambassador and Mrs. Llewellyn E Thompson, Penelope Tree, Mr and Mrs. Alfred Gwynne Vanderbilt, Mrs. T Reed Vreeland, William Walton, Mr and Mrs. Edward Warburg, Andy Warhol, Mr. and Mrs. Robert Penn Warren, Mr. and Mrs. John Hay Whitney, Mr. and Mrs. Billy Wilder, Tenessee Williams, Mr. and Mrs. Edmund Wilson, Duke and Duchess of Windsor, Darryl Zanuck.

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