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Trucos y claves para detectar al típico camello español

Es uno de los animales de la fauna urbana más omnipresentes en todos los ámbitos, pero de los que menos se habla. Siempre al margen de la ley, pero con más clientes que El Corte Inglés, el camello merece una aproximación sociológica

Nadie quiere hablar de ellos en público, pero se ha convertido en una de las profesiones esenciales para comprender el mapa del ocio en el siglo XXI (y mucho antes también, por supuesto). ¿Cómo visten? ¿Cómo son? ¿Cómo tratar con ellos? Hoy nos acercamos al escurridizo mundo de los ‘dealers’.

Todas las imágenes que ilustran este artículo pertenecen a la película The Criminal (1960, Joseph Losey)

Empecemos por la cuestión básica.

Qué es un camello

Para definir y conocer cualquier cosa, yo que en el fondo soy una señora clásica, recurro a la Wikipedia, pero me temo que en este caso no me ha resultado de gran ayuda, porque la ciberenciclopedia me habla de un animal mamífero artiodáctilo que poco o nada tiene que ver con el tema del que he venido hoy a hablar aquí.

Hoy quiero dedicar mis más inspiradas líneas a una profesión no contemplada en la legislación más que desde la penalización. Como desconozco sus rudimentos y manejos a gran escala, no voy a hablar del narcotráfico o los cárteres de la droga. Me voy a centrar en el camello de poca monta; en el que menudea con sustancias de curso ilegal.

Ocurre con él lo mismo que con los yonkies, que pasaron de ser una amenaza y un ser malvado y desconocido en la década de los 80 a convertirse en un tipo entrañable que la imaginería popular ha incluido en series y películas.

Aunque no me considero aficionada a las drogas, me resulta un mundo conocido, y resultaría pueril y falso decir que no sé nada al respecto. El simple hecho de salir, leer, relacionarse con todo tipo de gente y tener curiosidad es suficiente para conocer a este respecto, incluso sin necesidad de consumir.

El camello, les decía, es un ser adorable y perdedor; un pringado que en algún momento quiso ser malote o pretendió detentar cierta autoridad… Pero tiene un problema: o bien el consumo de droga, o bien está un poco payá. (O una peligrosa mezcla de ambas cosas).

Cómo reconocer a un camello

Si usted visita un club de moda, una discoteca de extrarradio, un bar de viejos con palillo en la boca, o una playa de Ibiza, es probable que haya un camello por allí. Fíjese bien. Si algún individuo cumple la mayoría de estas características, no cabe duda: está ante el típico y autóctono camello español.

- Lleva una camisa horrorosa. Al menos para el momento actual. En cuestiones de camisas y cazadoras, los camellos van muy por delante y/o muy por detrás de las modas.

Hasta hace bien poco llevaba camisas ochenteras y estampadas, un poco al estilo del tristemente de actualidad ahora Miguel Ricart. Sin embargo, como los estampados coloridos y abstractos son tendencia, hoy los camellos van más de finales de los 90: camisa oscura, entallada marcando la posible musculatura y con los cuellos almidonados. Podría decirse que el camello tipo viste como un turco saliendo de fiesta en Talavera de la Reina.

- Tiene una piel estropeada y llena de cráteres o bien un cutis muy fino como de niño de 7 años; no hay término medio en la tez camellil.

- El camello es un animal territorial y tiene apego a su manada; aunque un buen día desaparece, imagino que para crearse su espacio y clientela en otro lugar. Conocer al dealer de un barrio, de una discoteca o de una zona, supone conocer un barrio, una discoteca o una zona; pertenecer y ser parte de algo…

- Tiene un sobrenombre o apodo, pero todos saben cómo se llama: el camello es Jorge “El Chino”, o Marcos “El Rendija”, es decir, conserva nombre y mote casi siempre junto.

- Es hetero y es de los que baila –muy mal, además– en las discotecas. El pobre cree integrarse así, y no se da cuenta de que desentona siempre.

- Tiene un tic nervioso muy evidente, o bien parpadea más de lo normal o tartamudea. No sé si esto se debe al consumo de drogas o a qué, pero incluso los camellos de porros son extremadamente nerviosos, aerodinámicos, tensos y móviles.

- Le gusta siempre una música fea y sin gracia, y lleva tatús de esos que tienen un significado profundo.

Tipología de camellos

Como cabe esperar, los camellos se dividen según el género que trabajan.

Los cannábicos llevan chaquetas de chándal, se les ilumina la mirada al hablar de cultivos hidropónicos y manejan elevadísimos conceptos culturales. Fueron los empollones de su clase y siempre han tenido sed y curiosidad de conocimiento. Los hay extremadamente lúcidos, y alguno –pocos, la verdad– están un poco quedados.

Los de setas y alucinógenos bien podrían ser una facción más científica de los anteriores. Visten forro polar y se dedican al menudeo solo por sacar una rentabilidad a su afición. Suelen ser ecologistas y les flipa la montaña, estar solos y el País Vasco.

Los de pastillas están en peligro de extinción, porque ahora otros asumen su especie; pero el clásico camello dosmilero de pirulas, era pasto de discotecas y parkings, con gafas de sol siempre en la frente (día, noche, interior o exterior) y atacao como El Neng, o sudoroso, en momificación y cerúleo como Bret Anderson. Sin términos medios.

Entre los proveedores de farlopa es donde mayor rango de especies existe. Suelen ser delgados y con dentadura descuidada. A partir de ahí el abanico se abre hasta el infinito. Los hay de todas las nacionalidades y hechuras. A mí me parecen los más sórdidos de todos, pero sé que es una apreciación personal, y desconozco si apadrinan niños subsaharianos o colaboran con Unicef.

El camello de speed es de origen valenciano o vasco, y es sorprendentemente tranquilo. Tiene una belleza intangible, distraída… Y es empotrador por naturaleza. Para desgracia de heterosexuales fiesteras y maricas bulliciosos, tiene una novia sosaina a la que no saca jamás de casa, pero con la que parece enteramente satisfecho.

Existen también profesionales del ramo con servicio a domicilio que combinan varias sustancias: estos son moros y/o motoristas y/o con pelo rizado y/o charlatanes y/o miopes. Se quedan hipnotizados mirando los billetes de dinero cual perro siguiendo con sus pupilas una suculenta chuleta. Y su móvil echa humo. Hay que darle directrices claras para quedar, y se ubica sobre todo a partir de paradas de metro. Es un espécimen con el que nunca se sabe de qué hablar, porque da la impresión de que su monotema es el objeto de su trabajo. Miran de arriba abajo y sin disimulo a las mujeres, como si fueran una especie exótica y desconocida para ellos.

Curiosidades

"La gran mayoría de los grupos de música y DJs tienen jugosas anécdotas con drogas y camellos. Sin embargo muy pocos tratan el tema con la honestidad de Los Planetas"

- Otras formas de decir camello a lo largo y ancho del planeta son: dealer, traficante, transportero, mula, psiquiatra, narco, trapichero, pusher, cartero, clocker, aguinaldero, proovedor…

- La expresión “cambia de camello” se acuñó hace una década y en seguida quedó desfasada. Sirve para desprestigiar cualquier idea de un interlocutor. Hoy la repiten sin fuerza ni gracia los varones de 40-50 años que también dicen “Me daba vergüenza, no; lo siguiente” y expresiones por el estilo.

- La cultura pop está llena de guiños a la figura del camello: desde la canción de The Velvet Underground “I´m waiting for the man” hasta películas como “Clockers” (1995), la archiconocida “Scarface” (1983), “Blow” (2001), o una de mis favoritas, “Requiem por un Sueño” (2000). Eso sin contar las películas en las que se habla del tema de soslayo, que son cienes y cienes

- Achacar el éxito de “Breaking Bad” al argumento quizá es exagerado, pero las situaciones límite y la falta de horizonte de sus personajes se vertebran en torno al menudeo de metanfetamina. El tema camellil, bien explotado, da mucho de sí.

- Cuando frecuenté los ambientes del hoy llamado “tonti-pop” conocí al camello de la escena, Dani “El Loco”, que, todo hay que decirlo, no tenía mucha faena en aquellos lares. Como cabía esperar por su apodo, no estaba especialmente centrado: vivía frente a una comisaría porque decía que así no despertaba sospechas y se enviaba objetos desde el futuro: mecheros, cosas de uso ordinario. Cuando le pregunté por qué, me respondió “para avisarme a mí mismo de que estoy ahí, en el futuro”. No sé qué habrá sido de él.

- La gran mayoría de los grupos de música y DJs (mainstream o indie) tienen jugosas anécdotas con drogas y camellos. Sin embargo muy pocos tratan el tema con la honestidad de Los Planetas, que alejados de toda doble moral e hipocresía han contado y cantado a las drogas sin tapujos y a veces con crudeza. Yo misma he vivido con ellos múltiples anécdotas al respecto: desde dejar que un camello les dirigiera un videoclip hasta olvidarse de pagar a otro que les siguió por varias ciudades para cobrar su deuda. Sin embargo, me temo, lo más jugoso es lo que no sabremos… y me refiero a esos otros grupos que ejercen de niños bien en el escenario, pero incluso venden sustancias para sobrevivir, que haberlos, hailos. Hay mucha telita que cortar, pero mucho silencio hipócrita…

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