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#Tróspi2: Cómo conocí a vuestra madre

Una mirada profunda a la segunda temporada de “Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo”, el reality transformado en sitcom delirante que arrasa en las noches del jueves de Cuatro

Los jueves noche van a ser para mucha gente un momento dulce: es el día de la segunda temporada de “Quien Quiere Casarse Con Mi Hijo”. Antes del comienzo del segundo programa, analizamos las claves del renovado éxito tróspido.

El año pasado Cuatro estrenó con muy pocas esperanzas Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo, un programa de citas para encontrar pareja que tenía como principal novedad argumental la presencia de la madre de los chicos que buscaban novia o novio. Empezó mal, con cifras de audiencia discretas, pero a medida que fue avanzando la primera temporada, el show se convirtió en un producto de culto con fuerte resonancia en las redes sociales y en un target de público joven. Hoy, unos cuantos meses después de aquello, el estreno de la segunda temporada llevó a la cadena privada a liderar el prime time de la noche del pasado jueves y confirmó el éxito ascendente e imparable de un programa sin pretensiones pero con una desoladora y fascinante doble lectura sociológica.

1.

Más allá de su aportación televisiva, en la que entraremos más adelante, hay un dato significativo del estreno de la segunda temporada de “QQCCMH” que merece subrayado: el 14.1 % de share, récord histórico del programa de Cuatro, es, también, una constatación de que los fenómenos alternativos a los canales catódicos habituales pueden tener incidencia directa en el share. Hasta la fecha teníamos la sensación de que las corrientes de opinión que se generaban en Twitter no se correspondían con las cifras de audiencia, como si muchas veces hubiera dos vías distintas de ver y entender la televisión, y no siempre relacionadas entre sí. Pero si hay un ejemplo de producto ensalzado, revalorizado y encumbrado por las redes sociales, ése es este espacio de citas que arrancó casi a escondidas, como si la cadena se avergonzara de él, como si no confiara en sus posibilidades, y que ha acabado liderando el prime time nacional, en una de esas proezas televisivas que solo se explican gracias al boca-oreja. Al boca-oreja 2.0, por supuesto. Sirva “QQCCMH”, pues, como ejemplo contundente de que las redes sociales sí pueden marcar una tendencia y sí pueden tener parte de culpa en la popularización de un producto, en este caso procedente de la pequeña pantalla, por el que no apostaban ni sus principales responsables. Y esto no es un caso aislado: mucho me temo que si La Voz mantiene su amplia proyección comercial y popular será debido, en buena parte, al apoyo persistente y machacón de los Trend Topics y de este nuevo hábito de consumir televisión más pendiente del smartphone que del mando a distancia.

2.

La segunda temporada de “QQCCMH” empezó el pasado jueves con signos de gran inteligencia televisiva. Básicamente tres. El primero: ahondar sin miedo en la autoparodia, uno de los rasgos más destacados del formato. Con esto me refiero, sobre todo, a su obsesión por extremar los clichés de la generación ni ni –misoginia, incultura, pereza, frivolidad, pensamiento fast-food– para ofrecer un retrato fulminante de la sociedad española actual, en especial la que se mueve entre la adolescencia y los treinta años. Pero también a su capacidad para reírse abiertamente de un género televisivo histórico como es el de los programas para buscar pareja. El segundo: centrar más atención en las relaciones entre madres e hijos, que en esta nueva temporada ya tienen más interés y protagonismo que las posibles citas o relaciones entre candidatos. Por perverso, delirante y malsano. El casting ha centrado sus esfuerzos en dar con un concepto retorcido de pareja materno-filial, carne de psiquiatras y deleite sin límites para los espectadores, que celebran esta exposición en clave cómica de casos patológicos y enfermizos de complejo de Edipo. Y el tercero: desterrar por completo la idea de reality show para abrazar de manera clara esta idea de sitcom con actores no profesionales que ya despuntaba en los últimos capítulos de la primera temporada.

3.

La selección de concursantes es incluso mejor, pero eso responde a estas intenciones de intensificar el retrato paródico de un sector de la población del que hablaba antes. Es por ello que el target de público del programa es tan variopinto: de la misma forma que el perfil del espectador de “Mujeres Y Hombres Y Viceversa” está mucho más definido y encorsetado, “QQCCMH” ha llamado la atención de espectadores de muy diversa índole y de muy diverso pelaje cultural y social. En ambos programas se busca a concursantes con pocas neuronas, hambre de celebridad y discutible capacidad intelectual, pero la manera de jugar con ellos es diametralmente opuesta. Mientras “MYHYV” es una representación teatral en la que actores, director y maestro de ceremonias intentan darle credibilidad y seriedad al sainete, lo que genera más vergüenza ajena que diversión, “QQCCMH” es una comedia alocada y pasada de vueltas en la que no existe la mínima intención de disimular. Y eso nos permite enfrentarnos al horror y al abismo con total impunidad, sin cargo de conciencia ni debates morales de ningún tipo. En el país de Torrente, Rafa Mora, los saboteadores de Vallecas o “Hermano Mayor”, lo que plantea el programa de Cuatro no deja de ser otro bocado de realidad perfectamente maquillado y acicalado por un equipo de guionistas y montadores que ha entendido que para ofrecer una radiografía de toda una generación de analfabetos y holgazanes es más eficiente el humor que el ensayo o el hiperrealismo. Una sola frase de Isidoro es más contundente, desde el punto de vista del análisis sociológico de nuestro país, que todo cuanto intentó “Generación Ni Ni” y su maquiavélico engranaje.

4.

El segundo acierto de esta temporada, decía, estriba en esa enfermiza proximidad afectiva entre madres e hijos. Es evidente que en esta ocasión el programa no buscaba concursantes sino parejas. Y el show ya no está tanto en las citas y las candidatas como en la relación familiar que mantienen los protagonistas. La idea, obviamente, funciona como un rodillo, sobre todo cuando vemos cómo alguno de ellos le toca los pechos o el culo a su madre o cómo los lazos emocionales entre ellos se salen por completo de cualquier mirada convencional u ortodoxa, pero también funciona, y de qué manera, para entender muchas cosas. Aquello de “de tal palo tal astilla”. Y es interesante este matiz sociológico porque siguiendo el comportamiento de uno entiendes el de la otra y viceversa. Las citas ya parecen una mera excusa para seguir de cerca, entre la fascinación, el horror y la risa floja, cómo entablan diálogo y cómo interactúan estas parejas, y de esto tomaron buena nota los responsables del programa cuando vieron que los momentos más comentados y polémicos de la primera temporada siempre tenían que ver con reacciones maternas a según qué situaciones. Aquí han ido deliberadamente a por ello, y lo han conseguido.

5.

Y qué duda cabe que todo este conglomerado de elementos –casting brillante y con intención, trasfondo sociológico desolador, gags humorísticos– no tendría cabida si el programa hubiese optado por acogerse a las leyes más o menos básicas del reality show. Si “QQCCMH” fuese una serie de ficción, con los mismos giros, las mismas situaciones, los mismos diálogos y las mismas escenas, probablemente sería un rotundo fracaso. Pero en su carácter de comedia ficcionada con personajes reales estriba el secreto del éxito de su propuesta, no se sabe si porque extrema la realidad con elementos de guión o si porque naturaliza la ficción con elementos de la realidad. En la segunda temporada, y este es el principal problema que detecté en su estreno, los protagonistas son mucho más conscientes de todo ello que en la primera, y es imposible no tener la sensación de que hay una sobreactuación o una impostación del carácter y las carencias intelectuales de cada uno con el objetivo de darle aún más comicidad al contenido. No le resta valor humorístico al conjunto, pero sí al contexto realista, que es uno de los principales baluartes del programa y de la particular fórmula televisiva que emplea. Pero incluso así “QQCCMH” ya se ha convertido en la (no) serie favorita para las noches de los jueves. La realidad siempre supera a la ficción, y si no que se lo pregunten a “Cheers” o “Estamos Okupa2”.

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