Columnas

Treme, una carta de amor a Nueva Orleáns

Ha comenzado la tercera temporada en Estados Unidos y analizamos, al hilo del estreno, las claves de la enésima serie de culto de la HBO

Coincidiendo con el estreno en Estados Unidos de la tercera temporada de “Treme” (obra del creador de “The Wire”) repasamos las claves del éxito de una de las mejores series que tiene actualmente en la parrilla HBO, un vibrante retrato de las muchas caras del Nueva Orleáns post-Katrina.

El 8 de mayo de 2008 mucho seriófilo quedó huérfano. Terminaba la quinta y última temporada de “The Wire”, considerada por muchos una de las mejores series de televisión. Cuando su creador, el ex periodista David Simon, anunció su nuevo proyecto, “Treme”, una serie ambientada en el Nueva Orleáns post-Katrina con el jazz como telón de fondo, la euforia se disparó y la confianza en la cadena norteamericana se reactivó tras un par de años de dudas. Hace unos pocos días se estrenó en Estados Unidos su tercera temporada (este domingo se emite el segundo capítulo, “Saints”), y teniendo en cuenta su estatus de culto y el público minoritario al que llega, queremos hacer un repaso de qué es lo que tiene esta producción que la hace tan genuina, tan digna de admiración. Si ya la has visto, te servirá para ponerte al día, y si aún no lo has hecho, confiamos en que corras a tu tienda de confianza para hacerte con los packs de las dos primeras temporadas (a ser posible en glorioso Blu-ray).

1. El escenario

Aunque a muchos les pueda extrañar, los puntos en común entre “The Wire” y “Treme” son más de los que se pueda pensar. Ambas se desarrollan en una ciudad que hasta la fecha se había ninguneado en la televisión, si bien es cierto que Nueva Orleáns tiene más tirón turístico que Baltimore. “Treme” es una radiografía de una urbe, de su perfil social, más que político (aunque de eso también hay un poco, especialmente en la segunda temporada), que sigue los pasos de una serie de personajes dispares (cocineros, músicos, profesores, abogados, policías, constructores…) en su afán por salir adelante. Se retratan sus lugares más emblemáticos y sus celebraciones más conocidas, pero siempre desde el prisma de estos personajes. David Simon dio con el clavo a la hora de darle enfoque. En lugar de recurrir a lo fácil, es decir, que el piloto reviviese esos dos días de devastación de 2005 con un capítulo de producción fastuosa y narración épica, situó la acción tres meses después de la catástrofe. Se reflejan, pues, las secuelas del huracán, el lento despertar de una población y sus ciudadanos, esos momentos en los que se levantan y ven que el suministro del agua se ha cortado, o que el techo de su bar aún no ha sido reparado por las autoridades, que el cheque con la indemnización aún no ha llegado. Ese dramático instante en el que se detienen unos segundos a meditar y responden: “A la mierda con todo, amo esta ciudad, y voy a salir de ésta”.

2. Los personajes

Es lo que piensan la mayoría sus personajes, unos con más fuerza de voluntad que otros, unos pronunciando esta frase con más vehemencia que otros, pero el discurso viene a ser el mismo. Estamos, de nuevo, ante un elenco coral, que a diferencia de lo que ocurría en la primera temporada de “The Wire”, que, siendo honestos, era lenta y costaba entrar en calor, aquí aporta ritmo a la historia. David Simon ha tenido a bien recuperar alguno de los actores que ya utilizó en su anterior obra. Wendell Pierce, el detective Bunk Moreland, aquí interpreta al carismático trombonista Antoine Batiste. Es imposible que después de su presentación en el piloto saliendo de un taxi no caigas rendido a sus pies. Clarke Peters, el detective Lester Freamon, por su parte, ahora adopta el papel de un orgulloso indio de Mardi Gras (una tradición que se remonta a hace más de un siglo en la que los afroamericanos, como muestra de gratitud, se visten de indios y entonan cánticos de inspiración india), cuya incansable determinación es admirable. Teniendo en cuenta el alto componente musical de la serie, tenía su lógica que también repescase a Steve Earle, que esta vez hace de músico callejero.

Para la elección del resto del elenco, David Simon empleó el mismo método que con “The Wire”: apostar por una mezcla de caras conocidas y actores locales semidesconocidos. Entre los primeros se encuentran una Melissa Leo espléndida, guapísima, convertida en madre coraje, en defensora de los casos perdidos, en una abogada infatigable que ayuda a sus vecinos a salir adelante. Es una de las principales estrellas de la función y cada escena suya es un regalo. Más aún si su marido está interpretado por John Goodman, un profesor universitario que utiliza YouTube para soltar unos elocuentes chorreos contra la Administración Bush y todos aquellos a quienes Nueva Orleáns les importa una puta mierda (que los hay, y muchos). Aunque menos conocido, Steve Zahn se pone en la piel de un DJ radiofónico adicto a la música, con mil y un proyectos relacionados con ella, y un poco gañán aunque con buen corazón.

Aquí, precisamente, es donde se puede encontrar uno de los leves defectos de “Treme”. Tras dos temporadas, los personajes no es que sean planos, pero tienden demasiado hacia la bondad. La situación límite en la que viven algunos no les fuerza tanto como cabría esperar a incurrir en maldades y, cuando caen en ellas, son más bien nimias. “The Wire” era una serie en la que los buenos tenían mucho de malos y viceversa, pero aquí se echa en falta un poco de esa mala hostia. Con todo, la serie refleja como su predecesora las miserias sociales: hay negligencia policial, abusos por parte del poder, corrupción en los estamentos políticos, ciertas pinceladas de especulación inmobiliaria, delincuencia callejera, un sistema educativo con muchas carencias, drogas… pero todo aparece con cierta lentitud (aunque pedirle otra cosa a Simon sería de ingenuos). Por ello esperamos de la tercera y cuarta temporada, con la que se acabará la serie, que todo esto gane protagonismo aunque en ningún momento se deje de lado lo que más importa aquí, que no es otra cosa que la música.

3. La música

Ésta cobra aquí un papel especial, como en ninguna otra producción. No es 100% exacto considerar a “Treme” como una serie de jazz, pero sí tiene una importancia capital. No hay capítulo en el que no se vea por lo menos una actuación musical, muchas de ellas con músicos reales y en locales emblemáticos de la ciudad, como el ya citado Steve Earle, Lucinda Williams, Dr. John, Galactic, Coco Robicheaux, The Pine Leaf Boys y decenas más. De hecho, algunas escenas del último capítulo de la segunda temporada están ambientadas en el célebre New Orleáns Jazz & Heritage Festival (Jazz Fest). Pero hay mucho más que jazz en “Treme”, también tiene cabida el bounce, el blues, el folk, el funk, el hip hop, el indian de Nueva Orléans o el R&B. Cada episodio es, pues, una lección magistral y abierta de música. Para calibrar su importancia, sólo basta con recordar que uno de sus contenidos extra más destacados de su edición en DVD y Blu-ray son los comentarios a cargo de dos ex locutores de la radio de Nueva Orleáns WWOZ (precisamente donde trabaja intermitentemente el personaje de Zahn) que escribieron un análisis sobre la música de la serie en NPR.

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