Columnas

“Sin Tregua” y otros bombazos recientes del cine de policías

Aprovechando el estreno del nuevo thriller de David Ayer, repasamos lo que ha dado de sí ‘la madera’ en la gran pantalla en los últimos años. ¡Estás detenido!

El estreno de “Sin Tregua” nos da la doble oportunidad de recomendar la película, una de las cintas policiacas recientes con ritmo más trepidante y tensión más insoportable, y de paso repasar lo mejor que ha dado el subgénero en los últimos años, de Michael Mann a James Gray y Scorsese.

Hoy se estrena “Sin Tregua”, traducción del título original “The End of Watch”, una película de policías que ha arrasado en Estados Unidos. Dirigida por David Ayer, cineasta familiarizado con el thriller (es director de las estupendas “Harsh Times” y “Dueños de la Calle”; y guionista de “Training Day” (“Día de Entrenamiento”) y “The Fast and the Furious”), coge el molde de la buddy movie (película de colegas) para seguir las rutinas de dos policías angelinos: Brian Taylor (Jake Gyllenhaal) y su compañero, el mexicano Mike Zavala (Michael Peña). Rodada cámara en mano, en una búsqueda desesperada de la sensación de realidad (trampas narrativas a un lado, entroncando con la tendencia found footage hoy tan en boga), “Sin Tregua” es imbatible como thriller: sus personajes son carismáticos y tiene interés, pulso y nervio. La acción, además, está bien ejecutada y su violencia es a la vez tajante y verosímil. Pero su interés va más allá. “Sin Tregua” entronca con un modelo de thriller que intenta dibujar con precisión el entramado policial, el papel de la justicia en un mundo desgajado y la cercanía entre la ley y la ausencia de la misma.

He aquí una galería de películas espléndidas que han jugado a lo mismo estos últimos años. ¿Qué hace peculiar a “Sin Tregua”, le da interés y la aleja del grueso? Su inesperada apuesta por sintetizar en dos personajes las diferentes caras del prisma policial en vez de jugar al mosaico: Mike Zavala y Brian Taylor son a la vez víctimas y héroes, legales y tímidamente corruptos, engreídos y modestos, superhéroes y vulnerables, buenas y malas personas. Son, en definitiva, humanos.

“La Noche Es Nuestra” (2007), de James Gray

Dirigida por James Gray, uno de los mejores cineastas en activo, “La Noche Es Nuestra” es sin duda la mejor película de policías de los últimos años. El responsable de “La Otra Cara Del Crimen” (1999) y “Two Lovers” (2008), autor de una filmografía breve pero impecable, partía de la relación entre un veterano jefe de policía (Robert Duvall) y sus dos hijos, un agente dócil y miedoso (Mark Wahlberg) y un vividor con conexiones con la mafia (Joaquin Phoenix), con un triple objetivo. Se trataba de hablar de la ciudad como un hervidero de corrupción, radiografiar con agudeza el cuerpo policial (su visión de la justicia no es frontalmente crítica, pero sí muy pesimista) y hablar por extensión de la condición humana. Rodada con maestría, tiene una persecución automovilística que, literal, pone la piel de gallina. Y Eva Mendes jamás ha estado tan bien.

“Cuestión de Honor” (Pride & Glory) (2008), de Gavin O’Connor

No aguanta la comparación con “La Noche es Nuestra”, película estrenada sólo un año antes y superior, pero siempre me pelearé por “Cuestión de Honor” porque me parece un título realmente importante. Fruto de la unión de dos tipos talentosos, Gavin O’Connor, director de la extraordinaria (e inédita en España) “Warrior” (2011), y Joe Carnahan ( “Infierno Blanco”), que aquí ejerce de guionista, habla con lucidez y rotundidad del flirteo del cuerpo de policía con el crimen. Las decisiones de varios miembros de una familia de agentes, magníficamente interpretados por, entre otros, Colin Farrell, Edward Norton y John Voight, son la base de un thriller que habla con solidez de la corrupción, la doble moral y las visiones distorsionadas de la justicia. El tono, tristón. De aliento pesimista.

“Training Day (Día de Entrenamiento)” (2001) / “Los Amos de Brooklyn” (2009), de Antoine Fuqua

Uno de mis directores favoritos, Antoine Fuqua tiene dos películas inmensas sobre la policía, rodadas con casi una década de separación. “Training Day (Día de entrenamiento)” (2001) se ajusta al patrón de la buddy movie, arrancándole, eso sí, los gajos de humor que suelen brotar de los filmes levantados a partir de los contrastes de una pareja de policías (aquí encarnados por unos sublimes Denzel Washington y Ethan Hawke). La segunda, que pasó injustamente desapercibida en su estreno en España, juega al combinado coral de thriller y drama al mostrar el día a día de tres agentes. Pero ambas, la segunda claramente influida en estructura, tramas y ambientes por la serie “The Wire” (junto a “La Noche es Nuestra”, lo mejor que se ha hecho los últimos años sobre el engranaje y la lógica interna de la policía), son lo mismo en esencia. Las dos son retratos contundentes, descorazonadores y sin sombra de esperanza (en los que la heroicidad y la posibilidad de remisión no entran en la ecuación) de un mundo a la deriva y cuarteado por el crimen y la pérdida de la integridad personal, el decoro y los escrúpulos. Curiosidad importantísima: “Training Day (Día de Entrenamiento)” fue escrita por David Ayer, el director de “Sin Tregua”.

“Infiltrados” (2006), de Martin Scorsese

El éxito en taquilla en Estados Unidos de “Sin Tregua” es bastante curioso porque, por alguna razón, los dramas de policías con un enfoque más o menos trascendental no acaban de funcionar comercialmente. Ni “La Noche Es Nuestra” ni “Cuestión de Honor (Pride & Glory)” ni “Los Amos de Brooklyn” fueron bien en taquilla. Sí lo hicieron “Training Day (Día de Entrenamiento)”, la película que nos ocupa y “Corrupción en Miami” (2006), de la que hablaré después. Por una razón clara: son menos solemnes y más juguetonas, van más allá de la descripción psicológica de los personajes y abren juego, igualan la psicología a la acción o, directamente, anteponen lo segundo a lo primero. Fruto de un juego de influencias muy loco (Scorsese firma el remake americano de “Infernal Affairs”, película hongkonesa de 2002 claramente inspirada por su cine), la muy oscarizada “Infiltrados” ofrece un dibujo atento, aunque más caricaturesco, tanto del entramado policial como del mafioso. Pero su punto fuerte (y motivo de éxito) no es tanto eso como su condición de divertimento de género pluscuamperfecto, su estructura rocambolesca pero posible de seguir (pese a lo mucho que aquí se parecen Leonardo DiCaprio, Matt Damon y Mark Wahlberg, en la piel de los tres personajes principales), su ritmo chiflado y su granguiñolesca violencia.

“Corrupción en Miami” (2006), de Michael Mann

Un thriller soberbio, la adaptación cinematográfica de la popular serie de los 80, llevada a cabo por Michael Mann, uno de los productores de aquella, también tuvo un buen funcionamiento comercial. Probablemente fue así porque el director de “Heat” (1995) y “Collateral” (2004) hizo en ella una apuesta firme por la acción bien ejecutada, el nervio narrativo y la tensión dramática. Pero “Corrupción en Miami” es mucho más que un thriller sofisticado y sin arritmias. Ajustada al patrón de la buddy movie, esta película sobre las andanzas de dos detectives antitéticos, Sonny Crockett (Colin Farrell) y Ricardo Tubbs (Jamie Foxx), es también una radiografía minuciosa y afilada de los entramados policial y criminal de las grandes ciudades y los inevitables lazos entre ambos. Como de todo el cine de Mann, me sigue fascinando cómo las decisiones importantes de los personajes suelen tener siempre una razón sentimental.

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