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Top 10 videntes: el ranking definitivo de la adivinación en la era pop

Los que parten la pana en el mundo de la videncia, diez cracks de la futurología comenzando por Pitito y acabando con el puto amo de esta historia

Aquí va el ranking definitivo de la videncia. Los 10 futurólogos que más lo han petado en los últimos años. Los herederos de Cagliostro. Los Fulcanelli del siglo XXI (y finales del XX). Los ases del Tarot, los que manejan el péndulo. Ellos ya sabían en qué posición iban a figurar en esta lista, pero para ti, que aún no has visto el futuro, aquí está el top 10 de precognición. Un panteón inigualable.

España, la última frontera. País de fantasmas, leyendas, brujas y alquimistas. País de videntes. Nuestra patria siempre ha dicho sí a la futurología. España es una tierra con una extensa tradición ocultista que va de Sebastià d’Arbó a Íker Jiménez, pasando por el doctor Jiménez del Oso, Tristranbraker y J.J. Benítez. Una tradición, claro está, que ha propiciado el florecimiento de una cultura de la videncia rompedora y avanzada a los tiempos que corren. Porque cuando Anne Germain servía bocadillos en un Subway de Eaton para pagarse un xilófono, en nuestras tierras ya teníamos a Paco Porras anunciando el apocalipsis con la mirada fija en una cesta de champiñones. Porque sólo en un país en el que se ha emitido el reality “El Castillo de las Mentes Prodigiosas” podría leerse un top como este, el ranking definitivo de los videntes, adivinos, magos, futurólogos y nigromantes de la piel de toro. Y recordad: hacedme el favor de ser felices.

10. Pitito: monos tití

¿Quién es Pitito? Una sombra. Una leyenda. El Hombre del Saco. Pitito es el Kayser Soze de los videntes. Qué digo videntes… En realidad nadie sabe a qué se dedicaba Pitito. ¿Bohemio? ¿Escritor? ¿Tarotista? ¿Notario? ¿Relaciones Públicas de Boccaccio? Quién sabe, muchos aseguran que tenía extraños poderes. Otros, que se crío en una familia de monitos de Madagascar. Los hay que dicen que por las noches se montaba en un huevo de Fabergé y salía volando por la ventana.

Eduardo José Federico Francisco María de Constantinopla Gamir y Pavessio de Molina Marteli Vargas y Fernández de Córdoba y de Carvajal era un personaje harto singular. Dicen los escritos que las fiestas de la alta sociedad eran su hábitat. Que procedía de familia noble. Que vivía al día. Envuelto en una irresistible aura de misterio, acentuada sobremanera por su look de reinona exótica decadente –plumas, túnicas de seda, ropajes arabescos, sombra de ojos, labios repasados con esmero–, Pitito consiguió que muchos lo tomaran por alquimista, nigromante, aventurero, espiritista, profeta… O sea, la reencarnación de Fulcanelli o Cagliostro, o los dos a la vez.

Pitito era muchas cosas en la imaginación del populacho, pero lo que sabemos a ciencia cierta sobre su persona es que adoraba a los animales. Por supuesto, sus alimañas favoritas no encajaban con el canon de mascota occidental. A Pitito le pirraban las zorras, de hecho convivía con varias, pero había una bestia que le volvía especialmente loco: el mono tití. No es broma. Pitito tenía monos tití. Los atesoraba en su piso, junto a incontables perros y otros miembros de la fauna terráquea, hacinados todos en una suerte de patio interior que habría vuelto majara a Frank de la Jungla. Y los dichosos monos tití le costaron varios disgustos al maestro; al parecer los juguetones simios se pasaban el día gritando como posesos, y el vecindario se levantó en armas contra el zoológico que PTT tenía montado.

La caza de brujas de siempre. Conocemos la historia. Las antorchas persiguen al monstruo de Frankenstein. Bah. Los haters de Pitito se revelaron como unos insensibles, unos bastardos que, seguramente enrabietados por la clase, elegancia, cuenta corriente y estilo de un Pitito en la cúspide de su vida, utilizaron a sus dicharacheros monitos tití como excusa para destrozarle. Quizás por eso, he decidido incluirle en esta lista de videntes. Honestamente, el único futuro que podía ver el pobre diablo era el de su tupé a lo José Oneto, pero sólo por sus túnicas, sandalias y amistades simiescas, Pitito es más vidente que tú, yo y la madre que nos parió a todos.

PD: Para más información, imprescindible hacerse con su obra maestra “Pitito Y Otras Gentes de Bien Vivir” (Planeta), un incunable buscadísimo por el que se pagan fortunas.

PD2: Desconocemos si Pitito sigue vivo o no. En una crónica que data del 2009, la periodista Teresa Berengueras, “Terebere”, hace mención a Pitito. Es el último dato que tengo del animalista. Si alguien le ha visto por la Diagonal de Barcelona con dos monos tití sentados en hombro y cabeza, y un par de zorritas silvestres a su vera, ruego nos lo haga saber.

9. Cristina Blanco: Más allá… de la Ley

La cosa estaba entre mi admiradísima Esperanza Gracia y una diosa de la talla de Cristina Blanco. En esta pugna de valquirias de la videncia, finalmente se ha impuesto la cordura, y la vencedora ha sido la Blanco merced a su historial de encontronazos con la Ley.

A Cristina Blanco era habitual verla en el programa de María Teresa Campos, un feudo de lo más favorable para quiromantes, videntes y soldados de lo oculto de la España cañí. En poco tiempo, la señora comenzó a forjarse una reputación entre las celebrities patrias. Tanto es así, que en los periódicos la llegaron a calificar como la vidente de los famosos, y razón no les faltaba, la mujer tenía contactos con la cremita del universo amarillo: Belén Esteban, Rociíto o Ana Obregón figuraban entre sus acólitas. Y si iban a su consulta tan elevados perfiles por algo sería, digo yo. Cristina era infalible, la Helena Blavatsky española, la mejor entre las mejores, por mucho que intentaran demostrarnos lo contrario desde las altas esferas del poder.

Algo olía a chamusquina. Blanco era demasiado buena, demasiado peligrosa para el bloque mundial de poderes fácticos consistente en farmacéuticas, petroleras, sector armamentístico, CIA, KGB, Club Bilderberg y José Mourinho. En cuanto la hechicera supuso una amenaza, se orquestó en la sombra una conspiración para apartarla del juego y minar su cordura. En el 2007, Blanco fue atrapada en una trama de robo en un hotel malagueño y condenada por los tribunales No entró en la cárcel de mujeres por falta de antecedentes, pero el daño estaba hecho gracias a un plan hábilmente orquestado por los Illuminati. Desde entonces, no se ha hecho más que especular sobre el paradero y salud mental de la vidente. Según el programa “Sálvame”, una de las fuentes más fiables de la actualidad con permiso de Wikileaks, está encerrada en un centro psiquiátrico donde Dios perdió la zapatilla, seguramente Arkham Asylum, en la celda que hay entre Clayface y el Sombrerero Loco.

Cristina, si estás leyendo esto, debes saber que PlayGround te apoya. En estas oficinas siempre hemos creído en tus artes adivinatorias, por eso celebramos tus asombrosos poderes, no los tememos. Estés donde estés, te damos las gracias, pero no por tus vaticinios exactos, infalibles, siempre acertados, sino por traer al mundo a Miguel Ángel Muñoz, alias M.A.M. Sin “UPA Dance” la post-pubertad de mi quinta no habría sido la misma.

8. Octavio Aceves: ¿Hay alguien ahí?

Con un acento argentino que te rasga el oído interno cada vez que pronuncia una elle –¡shama!–, Octavio Aceves ha conseguido lo imposible: sobrevivir a su propio éxito, que no es poco. En los 80, las mejores casas de Marbella olían al aceite corporal que usaba el delicado vidente. Cuando el reinado de Rappel parecía incontestable, apareció un tímido garzón de Rosario –como Messi– que gesticulaba como una geisha y ponía boca de pitiminí cada vez que le contabas un chiste verde. Y el argentino descarado retó a Rappel. Le tosió. Hasta le arañó algún título al Jordan de los futurólogos, como Mourinho a Guardiola.

Quizás por eso, la gente VIP le abrió las puertas de sus villas y Octavio se dejó querer por la bonanza de la noche madrileña (malagueña, en verano). Enseguida le cayeron contratos televisivos, a su puerta llamaban los chulazos más exquisitos, los mejores restaurantes del país le regalaban tostaditas de caviar iraní a cambio de alguna predicción, altos cargos de la nación se ponían a la merced de su Tarot. Lo tuvo todo. Era el vidente-confidente. El amigo íntimo que las urracas de la nobleza española más decadente querían en su mesa en las galas benéficas. Pero como suele pasar en estas historias de éxito fulgurante, siempre hay un momento para la caída, y a fe de Dios que la de Acebes fue una santa hostia de las de verdad.

Con el tiempo, el brillo del vidente con voz de castrato se convirtió en un reflejo aceitoso, seborreico de sí mismo. El oro se tornó bisutería. Aceves dejó de ser el entrañable Rasputín gáyer de España para convertirse en pasto de revistas del corazón y programas amarillistas como “Dónde Estás Corazón”, donde no hace mucho le vimos embutido en un bañador slip incapaz de contener sus esponjosos michelines y en brazos, literalmente, de un apolíneo mancebo que jugaba con él en la playa como si fuera una muñeca repollo. Atrás queda el biógrafo de Victoria de Los Ángeles, el erudito, el argentino refinado, el comensal más deseado, el cotizado autor de Obelisco, la editorial ocultista por antonomasia. Lo que tenemos ahora es un personaje inflado, abatido, relegado a una franja horaria incompasiva en un programa al que no llama ni Dios; un futurólogo en pleno ocaso, protagonizando interminables silencios en primer plano, dedicando estrepitosos sorbos a un vaso de vino rancio y tosiendo unas flemas que parecen venidas de otra dimensión. Este el Aceves que nos deja Zapatero.

7. Maruja Zorrilla: Vas a morir y lo sabes

Del mismo modo en que en los juegos de alcoba hay personas que para disfrutar deben cruzar el umbral del placer hasta sentir puro dolor, en el universo de la videncia también hay un sector de público necesitado de emociones fuertes, una horda de creyentes que quiere sentir un buen tacón de aguja en el ojal en forma de predicción catastrófica. ¿Y quién se encarga de hacer tan sucio trabajo? Maruja Zorrilla, una malévola señora que cuando abre la boca escupe orcos y cuando se rasca la axila hace relinchar a corceles negros.

Puritana en el vestir, portadora de un crepado de peluquería salmantina, amante de las blusas estampadas de acrílico y los abalorios estilo Margarita Landi, la gran Zorrilla ejerce de ídem y se porta muy pero que muy mal con sus fieles. No se trata de una vidente al uso, de hecho su principal afición es advertir a los ilusos que llaman a su programa sobre una muerte violenta en la familia, una enfermedad incurable, un fracaso laboral, una mascota aplastada en alguna cuneta o un novio aficionado a la coca y a las meretrices de carretera provincial. La Pitonisa Lola a su lado es una mindundi.

Maruja hurga en el dolor ajeno con disciplina castrense y saña, sin morderse la lengua: si hay que decirle a alguien que se muere de cáncer de esófago, se lo dirá. Si hay que informar a un chico con tendencias suicidas que su novia se dedica a limpiar los sables del equipo de hockey patines del Voltregà, no se callará. Zorrilla es apasionada de un deporte que muy pocos futurólogos se atreven a practicar: destrozar vidas. Y lo hace de cine, enarbolando sus cartas de Tarot como si fueran cimitarras y clavándolas en la mesa con furia, mientras dispara al cliente salvas letales de negaciones – “¡no, no y no!”– y predicciones apocalípticas. Ni una sola alegría. Ni un mero, “tranquila, todo irá bien”. Maruja es una dominatrix del Tarot y si marcas su número, sabes que tu cavidad anal no saldrá indemne. ¿Querías dolor? Toma dolor.

6. Marqués de Araciel: Zzz…

Según Diego de Araciel, todos los videntes famosos tenían algo en común: se habían dado un mamporrazo en la cabeza. Esta era su teoría para explicar los asombrosos poderes que Dios le había concedido. El Marqués siempre se sintió más cómodo en el más allá que en el más acá, básicamente porque la gente de carne y hueso le tomaba por un chalado, y él tenía la capacidad para contactar con fantasmas, espectros y entidades de todo tipo con las que pasaba interesantes sobremesas de risas, ratafía y mus. De hecho, él mismo aseguraba que había dos espíritus con los que mantenía una relación fluida, de tú a tú: Raimon y Radune.

Desconozco si Raimon y Radune formaban parte del equipo de limpieza sudamericano de la mansión Araciel o eran unos simples vendedores ambulantes de aspiradoras que el vejete, en plena decrepitud, confundió con emisarios de Orión, pero lo cierto es que el Marqués tuvo uno momento de gloria indudable allá por los años 80, una década en la que todo creyente celebraba sus oscuros vaticinios como si fueran el Gordo de Navidad. Sí, al Araciel pre Javier Cárdenas se le respetaba como hechicero supremo e incluso salía en los periódicos.

Lo cierto es que no fueron pocas las cotorras de la jet set que se pasaron por su tenebrosa consulta. El tipo se codeaba con la crema y lo disfrutaba. De hecho, tuvo un papel protagonista durante el secuestro del doctor Iglesias Puga, difunto padre de Julio Iglesias, pues vaticinó la semana exacta en la que el autor de la mítica frase “raro, raro, raro” sería liberado. Hombre, se habría agradecido que Araciel hubiera piado la ubicación del pobre señor, para que fuera debidamente rescatado por las fuerzas del orden con celeridad. De todos modos, a buen seguro que su tranquilizadora predicción apaciguó los ánimos de Julito, al que veo lanzando un sonoro ¡wea! a la atmósfera, sabedor de que su progenitor no perecería a manos de sus captores.

Don Diego siempre se movió por los márgenes de la realidad: pelambrera blanca de tacto estropajil, cejas feroces como las de Saruman, rostro apergaminado, manicura de guitarrista flamenco, anillos barrocos, collares de oro con imágenes sacras, pantalones de pinza y camisas hawaianas. Vivía en la sombras, agazapado en un sillón donde daba rienda suelta a sus fastos narcolépticos de sobremesa –a Javier Cárdenas se le quedaba profundamente dormido en plena entrevista– y se dedicaba con ardor estajanovista a lo que mejor sabía hacer: facturar predicciones de futuro que sólo se cumplían en universos paralelos, nunca en el nuestro.

En una entrevista antológica con el doctor Jiménez del Oso que data de 1991, Araciel dejó constancia de una de sus últimas profecías: según él, en el 2003 se produciría una catástrofe colosal que convertiría la falla de San Andrés en comida para peces, y dejaría Rumanía e Italia para el arrastre. Y aún fue más allá: el cataclismo también arrasaría España, haciendo que el mar inundara la península hasta tierras de Albacete. Habéis leído bien, jóvenes nacionales: Murcia, las Baleares y Valencia a tomar por culo. Pues bien, en el 2003 el transbordador espacial Columbia se desintegró en pleno vuelo con siete astronautas a bordo, el Real Madrid ganó la Liga con un brasileño tendente a la obesidad como delantero y la casa real oficializó el noviazgo del Príncipe Felipe con una presentadora de telediario repelente. Rumanía, Italia, Murcia, las Baleares y Valencia, que yo sepa, siguen ahí.

5. Aramís Fuster: Ponte peluca

“Hacedme el favor de ser felices”. Y lo seréis, vaya si lo seréis. Felices como perdices. Porque si Aramís os lo pide como un favor, vosotros obedeceréis como fieles perritos. Resulta imposible categorizar a esta señora de prietas carnes y voz de estanquera. Se hace pasar por vidente, pero todos sabemos que lo de la futurología es una tapadera, una excusa para poner a prueba un potencial artístico que produce ceguera –de tanto color fosforito que gasta la tipa–.

La Dolly Parton catalana trasciende predicciones y profecías, es un icono eterno de las varietés como Paco Clavel, Martirio o Paca Carmona. Armada con un arsenal de pelucas que pueden producir ataques de epilepsia y nauseas entre los espectadores, Aramís ha sabido cultivar con esmero su aura de entertainer castiza apareciendo ora sí ora también en incontables realities de caspa 100% colombiana, como “Hotel Glam”, donde si mal no recuerdo pudimos disfrutar de toda su rotundidad cárnica gracias a un dispositivo de rayos UVA que, desde aquella misma noche, reposa en el punto más profundo de la Fosa de las Marianas, contenido en un superbloque de cemento armado de 800 metros cúbicos.

4. Sandro Rey: El Hombre

Es el vidente más rematadamente cool que existe en España y en nuestro sistema solar. Sandro Rey es un forajido, no pertenece a ninguna facción reconocible de la videncia patria, es un maldito solitario que ha inventado un nuevo estilo, qué diablos estilo, ha inventado una nueva videncia, mucho más audaz, moderna y punk. Videncia del siglo XXI, reclutas.

Y lo ha hecho construyendo un personaje fascinante, una suerte de hechicero new age extremadamente fibrado –podría protagonizar la segunda parte de “Warlock”, si alguien tiene huevos de rodarla– que se asemeja a un híbrido del flautista de la Elèctrica Dharma y Nuno Bettencourt. Además, Sandro The King no sólo ha propinado un sonoro manotazo a la hasta ahora estética imperante del vidente masculino –túnicas, collares, rimmel, etc.–, sino que también ha tenido tiempo para acuñar un nuevo estilo de adivinación pop, mucho más acorde con los tiempos que corren y las necesidades del gentío.

Para empezar, Sandro sabe dominar la escena como nadie. Deja que una subalterna de verbo fácil concite la atención de la clientela y, ya que le paga una pasta, la obliga a loar sus aciertos a base de epítetos ensordecedores. Sandro se mantiene concentrado en un segundo plano, paciente, silente, respirando… Entonces entra la llamada, el Dios durmiente aparca su letargo y, con una dialéctica entre marciana y de Bellvitge, consigue diseccionar a sus interlocutores como si fueran ranitas en una clase de biología.

Y lo mejor es que cuando está en racha, cuando se ha crecido en el escenario, el Hombre te puede hasta soplar el próximo número de la ONCE, la combinación ganadora del Euromillón o los números de la Primitiva –no es recochineo, practica la adivinación para ludópatas habitualmente– y hacerte millonario por el módico precio de una insignificante llamada. No se juega con Sandro. Sandro es el punk de la videncia española. Sí, he dicho punk, porque el Rey es el único futurólogo para el que no hay más futuro que el que él se inventa cada madrugada. Bendiciones y buenas noches.

3. Paco Porras: El destino en un nabo

¿Se puede saber el futuro de Ortega Cano observando el interior de una coliflor? Sí. ¿Se puede invocar al oráculo de la Santa Mariliendre con una remolacha mordisqueada y una corona de perejil? Claro, socios. Paco Porras fue el primero (y el último) en enseñárnoslo. Un pionero. Un dadaísta. Un vidente que rechazó las vías arcanas más tradicionales para embarcarse en una cruzada pro-verdura sin parangón alguno.

Porras demostró que una zanahoria o un brote de apio te pueden hablar del futuro con la misma precisión que una bola de cristal o unas cartas. Y eso merece un respeto. Le gustaba demasiado la farándula, de acuerdo. Paquito se dejó seducir por el papel couché, los focos y el micrófono de Javier Cárdenas. Y fue eso lo que nos vendó los ojos y nos impidió vislumbrar al Porras futurólogo en toda su grandeza. Un radical. Un artista experimental de la adivinación. Ese Porras es el que nos interesa, el futurólogo innovador debajo del disfraz de bufón, un héroe de la quiromancia que, armado con un puerro a modo de varita, solo trataba enviar al universo un mensaje de concordia: hombre y tubérculo son dos caras de la misma moneda.

Me pregunto dónde está ahora el bueno de Paco. La última noticia que recibí de él fue que en verano del 2012 estaba organizando un festival de cine espiritual y valores humanos en Almería, con un premio especial del jurado de nombre Manuel Fraga. Si dicho evento se celebró o no es algo que no debería importarnos lo más mínimo. Lo bueno está en lo que Porras declaró al diario elalmeria.es sobre la selección de invitados: “Iban a venir Juan Luis Galiardo, Pepe Rubio y Paco Valladares, pero este año ha sido terrible, y los tres han fallecido”. Pues vaya mierda de futurólogo.

2. David Trivín: Rasca y gana

Dotado de una epidermis en constante estado de irritación, poseedor de una silueta de simpático cetáceo, ataviado siempre con suéteres que parecen la sábana santa, David Trivín se ha convertido en el nuevo hype del universo quiromante. Ahora mismo, no hay vidente televisivo que despierte tanta admiración entre la nación insomne. Trivín come aparte. Vaya si come. Mucho. Y se rasca. Se rasca con dedicación simiesca. Como si bajo sus ropajes hubiera una boda gitana de pulgas en su máximo apogeo.

Plantéale lo que te apetezca, Trivín lo adivinará. Pregúntale dónde están las llaves del coche, Trivín te dirá que detrás de la cómoda. Interrógale sobre tus perspectivas laborales, Trivín aplacará tus miedos asegurando que en dos meses te contratará una central nuclear (aunque sólo tengas un cursillo CEAC de fontanería). Nada le parece imposible a su cerebro precog. Lo clava todo. Se encuentra en un momento dulce de forma, y Astrocanal ha sabido aprovechar la bonanza del Mozart de la cartomancia. Y lo de Mozart no lo digo porque se ría como Loreto Valverde, sino porque Trivín fue un niño prodigio en su ámbito. Como apunta la biografía del chamán astur, ¡a los 12 años ya le tiraba las cartas a las vecinas! No cuesta nada imaginar a Remigia, la señora del 2º 1ª, pagándole sus vaticinios pre-púberes con bandejas rebosantes de carajitos del profesor de Salas

Baraja española, péndulo, tarot de Marsella, tarot de Ride Waite, videncia pura… Trivín es el Iniesta de la futurología. Y aún diría más: es incluso mejor que el manchego, pues no solo sabe exprimir todos los recursos a su alcance y jugar en cualquier posición, también tiene la capacidad para emplear métodos adivinatorios radicalmente rompedores, avanzados a su época. Hablo de la pintalomancia, una arte arcano que consiste en pintar lo que te salga del bajo vientre en un bloc y a partir del garabato emitir profecías a la sopa boba. Sencillamente Dios.

1. Rappel: El puto amo

Veo a Rappel despierto a las cuatro de la madrugada en su mansión rococó de Marbella, con una copa medieval decorada con falsos rubíes (y seguramente llena de Dubois) en la mano; un dálmata ciego y sobrealimentado dormitando a sus pies; un batín burdeos de satén semitransparente deslizándose sobre sus gelatinosas tetillas y una televisión de 60 pulgadas –incrustada, por supuesto, en un mueble Luis XVI carmesí– encendida a un volumen demencial.

Veo a Rappel cogiendo sus icónicas gafotas de una mesita cubierta con un tresillo toledano de encaje de bolillos, mesándose la melena pajiza que le nace a mitad del cráneo, suspirando con desdén mientras acomoda las aparatosas lupas en su tabique nasal. Fijaos, bajo la montaña de sortijas hay unos dedos que parecen botifarres d’ou y bajo los dedos hay un mando a distancia que trabaja a destajo. El zapping es fiero, incesante, una lluvia torrencial de canales que se suceden a velocidad estroboscópica. En el plasma se acumulan los videntes: tipos disfrazados de faraón, mariposas nocturnas del petardeo ocultista, jovenzuelos inexpertos que no saben ni menear un péndulo, timadores de medio pelo… La futurología convertida en una feria de monstruos. El arte corrompido.

¿Y sabéis que veo? Veo a Rappel encogiéndose en su sofá barroco, en posición fetal, gruñendo como una perrita Marilyn poseída, mordiéndose los nudillos, y mascullando una combinación de dos palabras que repite en modo pulsátil: “putos principiantes”.

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