Columnas

“Todas las noches mi mente vuela a Bagdad”

Aún hoy más de un millón y medio de iraquíes permanecen lejos de sus hogares por razones políticas

Las consecuencias de uno de los mayores éxodos en las últimas décadas siguen presentes hoy, aunque los medios y la opinión pública hayan dejado de prestar atención. Olga Rodríguez reorienta nuestra mirada a una de las mayores catástrofes de nuestro tiempo: Irak.

Fotografías de Olga Rodriguez. Foto superior, refugiados iraquíes en Damasco.

“Si regreso a Bagdad mi vida correría peligro. Huimos en 2006 porque recibimos amenazas de muerte serias. Tengo un pasaporte que me permite viajar a cualquier sitio, menos a mi propio país, porque soy un refugiado político”. Quien habla es Yaroub Ali, uno de los más de cinco millones de iraquíes que tuvieron que abandonar su hogar a causa de la violencia generada por la ocupación militar estadounidense y la guerra desencadenada tras ella.

Las consecuencias de uno de los mayores éxodos en las últimas décadas siguen presentes hoy, pero los medios de comunicación y la opinión pública ya han dejado de prestarles atención. Las revueltas árabes, la guerra de Siria —que a su vez ha provocado ya la huida de más de millón y medio de personas— y la propia naturaleza de aquello a lo que llamamos actualidad han condenado a Irak al olvido. Y sin embargo, en torno a un millón y medio de iraquíes continúan lejos de sus casas por razones principalmente políticas.

"A menudo siento que mi vida se detuvo al salir de mi país. Es como si desde octubre de 2006 estuviera viviendo en el margen de mi propia existencia"

El hermano de Yaroub, Jamal, pasó por cárceles estadounidenses en Irak, como la tristemente célebre prisión de Abu Ghraib, donde fue torturado por soldados norteamericanos. Aquella experiencia sigue grabada a fuego en su memoria. “Grabada en mi memoria y en mi corazón”, suele decir. Después de la cárcel llegaron las amenazas de muerte, la guerra sectaria, las persecuciones étnicas.

“Nos fuimos de Irak porque nos amenazaban de muerte y a día de hoy no podemos regresar porque parte de esa violencia continúa, aunque ya no lo cuenten los medios occidentales”, denuncia Yaroub desde Noruega, su refugio actual.

“A veces tengo pesadillas con muertos y cadáveres, otras veces sueño con mi niñez, con hermosas historias de mi ciudad. Mis hijos también lo añoran. Esta mañana mi hija Esraa ha probado unos dátiles y se ha puesto a llorar porque le recordaban al sabor de los dátiles que teníamos en nuestro jardín de Bagdad. A menudo siento que mi vida se detuvo al salir de mi país. Es como si desde octubre de 2006 estuviera viviendo en el margen de mi propia existencia”, murmura.

Su relato no es único. Fatima, una mujer de mediana edad, lleva años refugiada en Jordania, junto con su marido y sus hijos. “Me encantaría regresar a mi querida Bagdad, pero temo por mi vida. Ya no tenemos casa allí, un grupo armado se instaló en ella en 2006 y ya no es nuestra. La perdimos. En realidad hemos perdido todo, amigos, familiares, hasta la esperanza. Mi país está roto, destrozado, enterrado por la corrupción, por el caos, por el desempleo”, concluye.

El camino inverso: De Siria a Irak

"En Damasco miles de mujeres iraquíes se vieron abocadas a la prostitución para sacar adelante a sus hijos"

Yamila Hassan fue una de las mujeres prisioneras en la cárcel iraquí de Abu Ghraib. Sufrió humillación y tortura a manos de soldados estadounidenses. “Cuando el mundo supo lo que pasaba dentro de aquella prisión, cuando se publicaron las terribles fotos de tanta gente torturada por los americanos, me pusieron en libertad. Pero antes de salir un oficial estadounidense me dijo: ‘En cuanto salgas, lárgate de Irak. Si no, volveremos a detenerte’”.

Yamila huyó con su hija a Siria, como tantos otros compatriotas. En Damasco miles de mujeres iraquíes se vieron abocadas a la prostitución para sacar adelante a sus hijos. Después, estalló la guerra en Siria y poco a poco muchos de aquellos desplazados iraquíes han tenido que deshacer el camino y regresar a su país. La mayoría opta por no instalarse en sus ciudades de origen, por razones de seguridad. Son desplazados internos. Viven de forma provisional en casas de familiares o amigos, en campamentos de refugiados, o en chabolas que no disponen de las necesidades más básicas.

Como ellos, también han escapado a Irak decenas de miles de sirios que huyen de la violencia, en una de las peores crisis humanitarias de los últimos años. La llegada repentina de tantos nuevos refugiados, así como el regreso en masa de iraquíes que permanecen desplazados, agravará aún más la ya precaria situación de Irak.

Ahmed Hassan es uno de tantos iraquíes que acaba de volver a su país de origen. “He regresado a Irak porque en Siria nos iban a matar. Aquella guerra es terrible, desgarradora”, cuenta. A pesar de ser de Bagdad, ha optado por instalarse en el norte de Irak: “Sigue habiendo secuestros, atentados, asesinatos. No puedo arriesgarme a regresar a mi barrio bagdadí. Vivo en el norte de Irak de forma provisional. Aunque en realidad supongo que el resto de mi vida será provisional”.

“¿Quién puede dormir bien en Bagdad?”

"Irak se encuentra en un continuo estrés postraumático, este país está sumido en una profunda depresión colectiva"

No existen datos oficiales sobre el número de viviendas que han sido confiscadas en Irak por milicias armadas en los últimos años, pero es habitual encontrar relatos en Bagdad de gente que ha perdido su casa de este modo. La historia de Safa, un iraquí que trabajó con el cámara español José Couso en 2003, es una de tantas:

“Un día llegaron varios hombres armados y nos echaron de casa. Ni el Gobierno ni las fuerzas de seguridad hicieron nada. En 2006 confiscaron muchas viviendas de esta forma, echaron a familias, les arrebataron sus posesiones y nadie hizo nada para impedirlo. Desde entonces yo estoy sin hogar y sin trabajo buena parte del tiempo, soy un desplazado en mi propia ciudad”, dice Safa, con un rostro prematuramente envejecido.

“A raíz de la guerra tengo enfermedades relacionadas con la tensión, he contraído diabetes, y padezco insomnio, como buena parte de la gente que vive aquí. ¿Quién puede dormir bien en Bagdad?”, se pregunta. “Irak se encuentra en un continuo estrés postraumático, este país está sumido en una profunda depresión colectiva”, afirma con amargura.

Yaroub Ali, desde Noruega, lo explica de este modo: “Han pasado ya siete años desde que abandoné Irak y sin embargo las imágenes de tanta violencia, de los muertos, están incrustadas en mí. Es muy doloroso ver cómo siguen destruyendo tu país”. Y, al cabo de un rato de conversación con esta periodista, termina añadiendo, en su particular español:

“Todas las noches mi mente vuela a Irak. A veces pido a mis amigos que me describan cómo está el Tigris, o la luna de Bagdad. Cuando alguien menciona mi ciudad, como has hecho tú ahora mismo, no puedo encarcelar mis lágrimas”.

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