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Throbbing Gristle: guía para principiantes (y no tan principiantes)

Repasamos la carrera del incendiario grupo británico, padres de la música industrial, justo cuando se publican su disco de despedida, que incluye el“informe final” y su revisión del “Desertshore” de Nico

1978: el punk ha muerto oficialmente y las listas de ventas están copadas por los Bee Gees y Boney M. Pero en la trastienda del sistema un nuevo grupo ya ha logrado el título de “destructores de la civilización” gracias a sus performances y están a punto de publicar un disco que marcará un antes y un después en la historia de la música. Su nombre: Throbbing Gristle, que es la forma en que se denominaba entonces en jerga una erección.

La historia de Throbbing Gristle es una de las más fascinantes de la música del siglo XX y atípica desde sus orígenes: nada de adolescentes tocando en el garaje de casa ni de tipos atormentados componiendo en la soledad de su cuarto. En realidad, Throbbing Gristle empezaron en Londres, a principios de la década de los 70, como COUM Transmissions, un proyecto artístico inaugurado por Genesis P-Orridge y al que pronto se unió Cosey Fanni Tutti. Sus performances no sólo atacaban la moral y el sistema de valores imperante, sino que además eran absolutamente radicales: sexo duro, defecaciones, automutilación, ingesta de orina y otras “formas normales de evitar los anuncios de televisión”, en palabras de Genesis P-Orridge.

El punto de inflexión definitivo tuvo lugar en 1976, tras la exposición “Prostitution”, en la que se exponían desnudos pornográficos, tampones usados, cuchillos y una serie de fotografías que hicieron que el político conservador Nicholas Fairbairn les acusara de ser “destructores de la civilización”. Sin embargo, lo más relevante de aquella exposición es que fue la transición del proyecto escénico/artístico para pasar a ser Throbbing Gristle, una banda musical que iba a cambiar las reglas del juego: Genesis y Cosey decidieron montar el grupo junto a Peter “Sleazy” Christopherson y Chris Carter, que entonces se encargaban de la parte musical de las performances de COUM Transmission.

Como era de esperar, si ninguno de ellos había sido convencional con anterioridad, el grupo tampoco iba a serlo por mucho que se alejaran, al menos aparentemente, de la radicalidad de sus performances, porque formalmente, su música y su puesta en escena siguieron rompiendo moldes: el mensaje no había cambiado, sólo lo hizo el formato.

El primer disco no tardó mucho en llegar: en 1977 publicaban en su propio sello, Industrial Records, “The Second Annual Report”: sí, “the second”, el segundo. No es que “el primero” se perdiera en el limbo (de hecho se publicó dos años más tarde, aunque primero sacarían el tercero, en 1978: “D.O.A: The Third and Final Report”). En realidad no hacían más que ser fieles a su espíritu dadaísta e incluso situacionista. Ese primer “informe anual” era atonal, esquizoide y provocador. Constaba de seis temas (dos de ellos, “ Slug Bait” y “ Maggot Death”, con hasta tres y cuatro versiones distintas) que suponían una bofetada al punk: aquí nacía una música que era aún más provocadora, mucho más rupturista y mil veces más intelectualizada que lo que poco antes habían desarrollado Sex Pistols. Y detrás no había ningún experto vendedor de ideas como Malcolm McLaren, sino cuatro chavales que se cuestionaban la moral e ideologías imperantes en una conservadora Inglaterra.

Pero aún estaba por llegar el verdadero hito del grupo: en 1979, Throbbing Gristle publicaban “20 Jazz Funk Greats” que, por supuesto, ni tenía jazz, ni funk, ni éxitos, ni son 20 canciones, pero que vendría a revolucionar la música industrial y sentar las bases de buena parte de la electrónica experimental de los años venideros. No hay lista con los mejores discos del siglo XX que no incluya este álbum, y si no lo incluyera, sería una lista poco de fiar. Hay discos con los que se puede o no se puede comulgar, pero que no deben ser ninguneados. Éste es uno de ellos. No en vano, el periodista Jon Savage escribió del álbum, para su reedición en Mute en 1991, lo siguiente: “saludo al futuro. Hoy nos han enseñado que hay poco, que no hay nada”. Ese nihilismo, esa desolación y hasta esa angustia que se respira en “20 Jazz Funk Greats” siguen vigentes; en realidad, nunca dejaron de estarlo, porque el álbum se sitúa en los márgenes de lo aceptado por la sociedad y la cultura de la subvención o patrocinada por capital privado (el diagnóstico social de la Gran Bretaña de la época, con unos niveles de paro y de población subsidiada alarmantes, y con el partido conservador de Margaret Thatcher recién llegado al poder).

“20 Jazz Funk Greats” es un disco que se regodea en el terrorismo sonoro, en la no-música y en la provocación... pero no en la provocación burda, ésa de enseñar carne o pezones en plan sexy o de decir barbaridades para epatar al personal. No. Aquí estamos ante una provocación pensada, intelectualizada y mucho más retorcida, hermanada ya no sólo con el situacionismo, sino también con el futurismo de Marinetti. Todo en el disco es retorcido, hasta la portada: aparentemente estamos ante un grupo dócil, que posa sonriente en un paisaje bucólico. Pero ojo, que ese paisaje es Beachy Head, uno de los lugares más conocidos en Sussex entre los suicidas. Basta además con dar la vuelta al disco para descubrir una versión alternativa de la foto de la portada, en blanco y negro, y con una ligera peculiaridad: ante ellos, yace el cadáver de una mujer desnuda.

"En sus directos se encargaban de despertar mediante el aturdimiento y el ruido a cualquiera que se acercara a verlos"

Sin embargo, donde realmente revoluciona, sorprende y epata “20 Jazz Funk Greats” es en su interior: música electrónica e industrial que, pese al tiempo transcurrido, sigue acojonando porque, sí, canciones como “ Discipline” (incluida como bonus en la reedición de Mute) o “ Convincing People” parecen himnos de esa sociedad post-industrial y capitalista en la que el ciudadano debe consumir y obedecer (34 años más tarde, las cosas no han cambiado tanto, ¿verdad?). Por supuesto, tampoco faltan otras constantes del grupo como el contenido sexual (“ Persuasion”, “Hot On The Heels Of Love”), el tedio (“ What A Day”) o el dolor en sentido no sólo físico y emocional, sino el que el sistema puede infligir al individuo ( “Six Six Sixties”). Hay que tener en cuenta, además, que el disco se grabó cuando aún no existía Ableton ni software para electrónica: unos teclados Roland, un secuenciador, violín, corneta, cintas, guitarras, bajos y mucha paciencia, imaginación y trabajo fueron los responsables de ese sonido que ha influido a todos los que vinieron después, de Einstürzende Neubauten a Matmos pasando por aTelecine, Aphex Twin o Liars.

En sus directos, por supuesto, incorporaban varios de los elementos de las performances de su etapa en COUM Transmissions, así como iconografía militar y nazi (el logo del grupo es un rayo sobre un círculo rojo), imágenes de campos de concentración, a la vez que ofrecían una experiencia cercana a la catarsis: si el capitalismo aliena y adormece, Throbbing Gristle se encargaban de despertar mediante el aturdimiento y el ruido a cualquiera que se acercara a verlos.

Desafortunadamente, el grupo se separó sólo dos años más tarde. A partir de ese momento, Throbbing Gristle se limitaron a publicar discos en directo o material inédito, como en el caso de su primer CD, titulado con un simple “CD1”). Durante ese hiato –el grupo se reuniría más adelante, entrado ya el siglo XXI–, Genesis P-Orridge fundó Psychic TV, un grupo cercano a la psicodelia más ácida, y se volcó en el desarrollo de su propio cuerpo buscando la androginia, operándose varias veces hasta llegar a ser una réplica física de su mujer (P-Orridge dejó de pasar por el quirófano en el momento en que Lady Jaye falleció). Peter Christopherson se dedicó al diseño gráfico y la dirección y también formó parte de Psychic TV y Coil. Por su parte, Chris Carter y Cosey Fanni Tutti han estado publicando álbumes en solitario y en pareja (como Chris & Cosey o como Carter Tutti). Su último trabajo, Transverse (grabado junto a Nik Void de Factory Floor) se publicaba a principios de año.

¿Y Throbbing Gristle? Pues desde que comenzó el siglo XXI han tenido una carrera bastante intermitente, con reuniones y giras accidentadas (llegaron a tocar como X-TG sin la presencia de Genesis P-Orridge, aficionado a abandonar los conciertos sin previo aviso), durante las que se produjeron hechos importantes como la publicación de dos ‘informes’ más y la muerte de Peter Christopherson hace dos años. Para despedirse definitivamente y cerrar un ciclo histórico de gran relevancia, el grupo ha optado por presentar ahora su informe final ( “The Final Report”), que pone fin a una demoledora y convulsa carrera. Pero, como todo en Throbbing Gristle, es una despedida atípica y desafiante, porque este último informe viene acompañado de una particular versión que hacen de “Desertshore”, el álbum grabado en los 70 por Nico y en el que el grupo ha pasado años trabajando, con las colaboraciones, nada menos, que de Blixa Bargeld, Marc Almond, Sasha Grey, Gaspar Noé y Antony Hegarty. Que hayan elegido el álbum más triste, árido y experimental de Nico no es casualidad. Throbbing Gristle supieron manejar como nadie su carrera y su puesta en escena, así que su despedida no podía quedar a la zaga.

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