Columnas

The Strokes: luces y sombras alrededor de los últimos grandes iconos del rock

La llegada de “Comedown Machine” es inminente, y por tanto un buen momento para intentar dilucidar por qué el quinteto de Nueva York despierta tantas pasiones como odios

El próximo 26 de marzo The Strokes publicarán “Comedown Machine”, el quinto álbum de su carrera. Su hermetismo acerca del disco hace pensar que quizá sea el último que editen juntos.Sea cierto o no, repasamos los altibajos de su turbulenta trayectoria.

El pasado 15 de marzo The Strokes estrenaron el vídeo para “All The Time”, primer single del que será su quinto álbum de estudio, “Comedown Machine”. El clip muestra una recopilación de los mejores momentos de la carrera de la banda, entre los que se incluyen conciertos en los principales festivales del mundo, actuaciones con Lou Reed, amor fraternal entre bambalinas e imágenes inéditas del documental “In Transit”. Aparentemente, se trata de un ejercicio de nostalgia que muchos han achacado a la pereza de volver a juntarse para rodar un videoclip, pero, ¿y si la banda estuviera mandado un mensaje? ¿Podría ser que esta suerte de antología visual sea el primer signo de una despedida? A día de hoy esto no son más que conjeturas, pero lo cierto es que, hasta el momento, todo lo que ha rodeado el nuevo trabajo de los neoyorquinos ha sido un tanto extraño. Primero fueron las constantes evasivas acerca de su actividad en el estudio, luego la aparición sorpresa de esa desconcertante “One Way Trigger”. Al poco se anunció la llegada de su nuevo disco pero, casi al mismo tiempo, se confirmó que la banda no saldría de gira para presentarlo. Esta sucesión de señales contradictorias ha provocado que vuelvan a aflorar toda clase de especulaciones. Pero son solo eso, rumores. Y Julian Casablancas, Albert Hammond Jr., Nick Valensi, Nikolai Fraiture y Fab Moretti están más que acostumbrados a vivir entre habladurías. No en vano, desde que se formaron hace tres lustros, la historia de The Strokes siempre ha estado muy marcada por los mitos y leyendas que les han rodeado.

Más allá del soplo de aire fresco que su sonido representó en un panorama musical alternativo por entonces dominado por estilos pomposos como el nu-metal o el emo, uno de los factores que más impactó en la eclosión de The Strokes en 2001 fue la fascinación que desprendían. No solo eran insultantemente jóvenes y extremadamente talentosos, sino que todo en ellos rezumaba coolness; sus apellidos exuberantes, sus peinados alborotados, sus chaquetas vintage, el hecho de haberse conocido en colegios elitistas... Todo parecía demasiado perfecto para ser real. Al poco de darse a conocer con “The Modern Age EP”, empezaron a surgir fábulas sobre el modo en que la banda había nacido. Uno de los rumores más persistentes fue que se trataba de un producto prefabricado orquestado por John Casablancas, padre de Julian y fundador de la agencia de modelos Elite. Pero nada más lejos de la realidad. De hecho, la relación del cantante con su padre siempre ha sido distante, y si hubo una figura masculina importante en su desarrollo artístico fue su padrastro, el artista ghanés Sam Adoquei. “Es un tipo increíble. Me enseñó todo lo que sé sobre el arte y la filosofía. Me enseñó que los mejores artistas son los que han trabajado más duro”, explicó a la revista New York.

Más que a un maquiavélico plan promocional, pues, el nacimiento de The Strokes respondió a una mezcla de sueños de juventud y caprichos del destino. En 1994, siendo todavía adolescentes, Casablancas, Moretti, y Valensi se conocieron en la Dwight School, un instituto privado del Upper West Side conocido por aceptar alumnos problemáticos de familias adineradas (ahí coincidieron con Paris Hilton, por ejemplo). Pronto empezaron a tocar juntos y a fantasear con formar una banda. El deseo se convirtió en realidad en 1998 con la aparición de Albert Hammond Jr. Hammond, hijo del popular compositor Albert Hammond, y Casablancas se habían conocido durante el periodo que pasaron internos en el colegio Le Rosey de Suiza. La casualidad hizo que años después, cuando Hammond se mudó de Los Ángeles a Nueva York para estudiar cine, acabara viviendo enfrente de las oficinas de Elite, donde Casablancas trabajaba como becario, lo que desembocó en el re-encuentro. La energía y el torrente de ideas que aportó Hammond acabaría por prender definitivamente la mecha de la banda.

Aunque muchos creyeron que el éxito les sobrevino de la noche a la mañana, la banda tuvo que quemar muchas etapas antes de alcanzar la popularidad. Durante dos años, y mientras ensayaban obsesivamente, tocaron sin cesar en pequeños locales de Nueva York sin llamar la atención de nadie. Lo cierto es que, tal y como demuestran las grabaciones de la época, a pesar del ímpetu que desprendían aún estaban lejos de alcanzar su cénit.

Al mismo tiempo que afilaban su directo en salas subterráneas de su ciudad, The Strokes empezaron a grabar sus primeras demos, con resultados a menudo decepcionantes. No es extraño, pues, que fueran rechazados por todos los sellos con lo que contactaron, incluyendo marcas como Matador o Hollywood. Todo cambió, sin embargo, cuando entraron en contacto con Gordon Raphael. Desanimados por sus experiencias previas, le explicaron al productor que su principal objetivo era capturar el espíritu de su sonido de directo y sonar como “nada de lo que estuviera de moda en ese momento” (cabe recordar que esa época el sonido del rock clásico estaba de capa caída) . La decisión de Raphael fue desprenderse de toda la tecnología en boga y emprender el camino opuesto a las recargadas producciones que por entonces se estilaban. La solución pasó por grabar a la banda tocando junta en una misma habitación y mantener las imperfecciones y la crudeza que se derivaba de ello. Así fue como The Strokes dieron con un sonido grumoso y descarnado, que remitía a bandas garageras de los 70 pero con una pátina de sofisticación contemporánea y una afilada sensibilidad pop. Un sonido que huía de trucos y artificios y lo apostaba todo al don de Casablancas para las melodías y al pulso primario pero increíblemente preciso de sus cuatro escuderos.

Por fin contentos con el resultado de sus grabaciones, dieron forma a la demo de “The Modern Age EP”, compuesta por el corte titular, “Last Nite” y “Barely Legal”. Por medio de su manager, Ryan Gentles, hicieron llegar una copia de la demo a Geoff Travis, capo de Rough Trade y el hombre que había descubierto a bandas como The Smiths o Pulp. Sin duda, esa fue la decisión que cambió su vida. Dos días después, Travis respondió con una oferta para ficharles. Habiendo escuchado únicamente esas tres canciones, les llevó de gira por Inglaterra y les consiguió una portada en NME. A partir de ahí todo se desmadró y en pocas semanas lograron toda la exposición por la que habían estado luchando durante años en Nueva York. Así lo recordaba Valensi en Pitchfork: “Nos llevó dos años hacernos un nombre en Nueva York, incontables conciertos, trabajo duro y muchos sacrificios en otras áreas de nuestra vida. Y Geoff logró que dejásemos atrás todo eso simplemente editando nuestra demo y consiguiendo un artículo en una maldita revista. La gira entera estaba sold-out incluso antes de que llegásemos a Inglaterra”.

"El aura elitista que rodeaba a los miembros de la banda era demasiado golosa para que la prensa no los exprimiera"

Resulta obvio que The Strokes tienen mucho que agradecer a la prensa, especialmente a los medios ingleses. Sin embargo, su relación con los medios siempre ha sido complicada. Existe una vieja entrevista de Agosto de 2001 (poco antes de la edición de “Is This It”) con el ínclito Nardwar que captura a la perfección la lucha contra los prejuicios que la banda tuvo que acometer desde sus inicios. Durante más de media hora, Julian Casablancas y Nick Valensi esquivan referencias a Spinal Tap, alusiones a sus poderosos progenitores y recordatorios de todos los adjetivos que les dedica la prensa e intentan insistir en que la gente no les juzgue hasta que escuchen la música. Pero, muy a su pesar, el aura elitista que rodeaba a los miembros de la banda era demasiado golosa para que la prensa no los exprimiera y etiquetas como “chic garage”, “fashion post-punk” o “rock pijo” empezaron a ser recurrentes. Aunque todas ellas tienen algo de cierto, el problema venía cuando estas consideraciones obviaban la música y les restaban credibilidad por ser demasiado guapos, elegantes o bien educados. Esto hizo que levantaran una coraza a su alrededor e intentara marcar distancias con los medios. Una actitud a la defensiva que, tal y como ocurre en la mencionada entrevista, a menudo les hacía mostrarse altivos y un tanto arrogantes.

Con la llegada de su álbum de debut la alimentación del hype por parte de la prensa llegó hasta el paroxismo. Les llovían calificativos como “los padrinos del renacimiento del rock”, “la mejor banda de rock desde los Rolling Stones” o “el segundo advenimiento de The Velvet Underground”. Esta condición de “salvadores del rock” era tan exagerada como poco buscada, y pronto se convirtió en un lastre. “Eso es jodidamente ridículo”, manifestaba Casablancas en una vieja entrevista con NME. “Todo esto del hype es una basura, creo que somos bastante buenos y quiero que tengamos éxito. Todo se reduce a eso, nada más. Pero para ello tenemos que seguir escalando. Tenemos que componer mejores canciones. Simplemente mejorar. Si nos creemos demasiado este mierda vamos a estrellarnos y consumirnos extremadamente rápido”. The Strokes no se estrellaron pero su lucha contra la imagen que se proyectaba de ellos siguió siendo una tónica habitual en las entrevistas que acompañaban cada uno de sus lanzamientos. En 2005, coincidiendo con la llegada de su tercer disco, Fab Moretti seguía mostrándose vehemente. “No, no somos ricos. Odio ser estos malditos niños bonitos que vienen de entornos pudientes. No es verdad. Hemos trabajado muy duro para conseguir lo que tenemos. Somos muy respetuosos con lo que tenemos. Estamos muy orgullosos de formar parte de esta banda”.

Durante los primeros años de su carrera era habitual que permitieran que los periodistas convivieran con ellos y de ello resultaron diversos artículos que les retrataban como lo que eran; una panda de veinteañeros con ganas de comerse el mundo y pasarlo todo lo bien que pudieran por el camino. Las referencias a sus festines alcohólicos, las drogas y los grupos de chicas que les esperaban tras los conciertos eran constantes y el grupo no parecía estar incómodo con ello. Pero todo cambió con el artículo que apareció en Rolling Stone en noviembre de 2003. En él, Neil Strauss retrataba a Julian Casablancas como un personaje de conducta errática y carácter bipolar, bañado en alcohol e incapaz de mantener una conversación coherente. La pieza disgustó sobremanera a la banda y especialmente a su líder, quienes acusaron a Strauss de exagerar las situaciones. Pero si algo nos enseñó “Almost Famous” es que si la banda se enfada por un artículo es porque, probablemente, lo que relate sea la verdad.

Aunque considerasen a la prensa como un engorro, las acometidas de los periodistas nunca supusieron una amenaza real a la estabilidad de The Strokes. Los problemas, de hecho, llegaron desde dentro. Desde sus inicios, el proceso creativo del grupo había estado capitalizado por Julian Casablancas. No solo escribía toda la música y las letras sino que indicaba a cada uno de los miembros como tenían que ser exactamente sus partes y moldeaba el sonido global junto al productor. Durante las sesiones de grabación de “Room On Fire”, sin embargo, los demás componentes empezaron a dar sus opiniones sobre el proceso compositivo. Y ahí fue donde empezaron las tensiones. La imagen de camaradería y amor fraternal que habían mostrado en el documental “In Transit” empezaba a resquebrajarse. Así lo explicaba el propio Casablancas en una entrevista con la edición francesa de Rolling Stone en 2010: “Estaba demasiado involucrado. Siempre había querido construir esa imagen de cinco tipos unidos. Pero siempre hay alguien que hace las cosas difíciles, que quiere la atención para sí mismo y que insiste en mantener ese solo de guitarra... En los primeros tiempos, durante las giras, había habido algunos problemas, y me convertí en una suerte de director de orquesta, yo era el que le decía a todo el mundo lo que debía hacer. ¿Cómo podría explicarlo? Quería que fuésemos iguales, pero era imposible, lo compartíamos todo, pero algunos no hacían realmente nada, eso creó un sentimiento que intenté reprimir”.

A esta lucha de egos se le unieron las consecuencias del desmadre colectivo en que se había convertido la vida de los Strokes desde su ascenso al estrellato. Durante la gira de “Room On Fire”, los excesos de Casablancas con el alcohol llegaron a su punto culminante, convirtiendo su comportamiento en cada vez más errático y complicando sobremanera la comunicación con los demás componentes del grupo. Durante esa época, el cantante se sumergió en una espiral de alcohol, fiestas y chicas que incluyó romances con modelos como Chrissie Cornell, cantantes como Regina Spektor o, incluso, un no confirmado escarceo con Courtney Love (quién, por esa época, le dedicó la canción “But Julian, I'm a Little Bit Older Than You”). Viéndose al borde del abismo, finalmente Casablancas decidió retomar las riendas de su vida y dejar de beber. Esta decisión, paradójicamente, resultó perjudicial para la salud de la banda. Fraiture lo explicó de este modo: “Cuando Julian dejó de beber se empezó a apartar de nosotros. En gran medida, nuestra relación se basaba en eso, en estar en el bar bebiendo. Fue un poco frustrante”.

Al finalizar la gira de su segundo disco tocaba centrarse en dar forma a su tercer trabajo pero ninguno de los miembros del grupo parecía estar por la labor. Alrededor de ese mismo período, Julian se casó con Juliet Joslin, Nikolai fue padre por primera vez y Nick formalizó su relación con la fotógrafa y actriz británica Amanda de Cadenet. Mientras ellos se centraban en sus vidas personales, bandas que habían surgido en su estela como Franz Ferdinand, The Killers o Kings Of Leon empezaban a ganarles terreno entre el público. La mezcla de desgana y presión convirtió las sesiones de “First Impressions Of Earth” en un infierno. Apenas quedaban rastros de la unión primigenia y la grabación del disco se había convertido en una mera obligación que había que sacarse de encima. La falta de comunicación y el hecho de que todos los miembros de la banda rara vez coincidieran en la misma habitación convirtió el proceso en complicado y tedioso, lo que, inevitablemente, acabó reflejándose en las canciones. El resultado fue un disco extraño, en el que muchos de los signos de identidad de la banda quedaron enterrados en la búsqueda de un sonido más lustroso con el que pretendían llegar a nuevos segmentos de público. No sólo no lo lograron sino que, por el camino, perdieron a muchos de los adeptos que habían ganado con sus dos primeros discos.

No es extraño que tras el fiasco de “First Impressions Of Earth” la banda necesitara un respiro. Pero probablemente nadie pensó que sería tan largo. Durante el lapso que transcurrió hasta el que sería su cuarto álbum, los rumores sobre una disolución sonaron con más fuerza que nunca. Estos argumentos se vieron reforzados cuando cada uno de los miembros del grupo, a excepción de Valensi, emprendió proyectos por su cuenta. Hammond, Fraiture y Casablancas publicaron álbumes en solitario, mientras que Fab Moretti formó Little Joy junto a Binki Shapiro y Rodrigo Amarante. En una nueva muestra del distanciamiento en el seno de la banda, Valensi no tuvo problemas en mostrar su desencanto con el camino que emprendieron sus compañeros: “No soy demasiado fan de los proyectos en paralelo o en solitario. Soy de la opinión de que si estás en una banda eso es lo que tienes que hacer. Si hay material sobrante y tienes tiempo, adelante, haz lo que quieras. Pero si estás tocando material que ni siquiera has enseñado a tu banda principal y simplemente te lo quedas para ti mismo... eso no me gusta demasiado”. Aunque ninguno de los proyectos paralelos fue un éxito rotundo, fueron la constatación de que quizá The Strokes ya no se necesitaban tanto entre ellos, lo que ponía el futuro de la banda en entredicho.

"Por primera vez el peso de la composición no recayó exclusivamente en Casablancas, sino que se repartió de manera equitativa entre los cinco componentes"

Luchando contra su propia desafección, a principios de 2010 The Strokes regresaron al estudio para empezar a grabar “Angles”, su cuarto disco. La idea era empezar de cero y, para ello, la manera de enfocar el proceso creativo cambió radicalmente. Por primera vez el peso de la composición no recayó exclusivamente en Casablancas, sino que se repartió de manera equitativa entre los cinco componentes. Aunque este reparto de fuerzas podría llevar implícito un mayor esfuerzo colaborativo más bien sucedió lo contrario. Aún centrado en la promoción de “Phrazes For The Young”, su debut en solitario, Casablancas estuvo ausente durante toda la primera fase del proceso. Al poco de empezar, además, Hammond tuvo que abandonar la grabación para ingresar en una clínica de rehabilitación y tratar su adicción a las drogas. Así pues, durante la mayor parte del tiempo, Moretti, Valensi y Fraiture se encontraron trabajando solos en el disco junto al productor Joe Chiccarelli. Esperaban que Casablancas se uniera a ellos cuando terminara su gira en solitario pero esto nunca sucedió. Por el contrario, el cantante mandaba las partes vocales por correo electrónico, acompañadas de comentarios vagos y poco precisos. Esa fue la única comunicación entre los componentes de la banda y su cantante a lo largo de todo el proceso. En entrevistas posteriores, Casablancas explicó que ese distanciamiento fue deliberado y que buscaba favorecer la participación de sus compañeros (precisamente lo que habían venido reclamando durante años). Así lo exponía a Rolling Stone: “No creo que vuelva a actuar de la misma manera. The Strokes eran mi vida, todo lo que yo era y que parecía ser. A partir de ahora, dejaré responsabilidades en manos de los otros. Y si tengo una idea para un vídeo me la guardaré para mi mismo si a los demás no les gusta. Lo mismo para los posters, camisetas… Vemos las cosas de forma distintiva, esto es un hecho. Ya no puedo dedicar tanta energía como solía en The Strokes. Creo que voy a intentar que las cosas sean más simples a partir de ahora”. A pesar del aparente tono conciliador de estas palabras, no es difícil intuir que esconden un mensaje de resignación. Parecía que Casablancas se hubiera cansado de luchar por una idea y quisiera salir del paso con el menor desgaste posible.

Tras quedar poco satisfechos con el resultado de “Angles”, The Strokes anunciaron que su siguiente disco llegaría en cuestión de meses. En abril de 2011 entraron en el estudio pero poco después Julian Casablancas decidió cancelar las sesiones. Una vez más las desavenencias personales se interponían en el camino creativo de la banda. En esta ocasión el motivo de la disputa fue que, al parecer, Valensi quiso utilizar material que había compuesto para un proyecto en solitario. Tras hacer públicas estas rencillas en diversas entrevistas, el futuro del grupo, una vez más, parecía colgar de un hilo y ese quinto disco que debía ser “inminente” acabaría retrasándose dos años más.

Las dudas se disiparon cuando a finales del pasado mes de enero la banda anunció que su quinto álbum estaba en camino. Contra todo pronóstico, The Strokes habían logrado vencer su lucha interna y estaban de vuelta. Desde entonces, sin embargo, todos los acontecimientos que han rodeado el lanzamiento han desprendido un extraño halo de secretismo.

Desde que se hizo pública la llegada del álbum el sello dejó claro que no habría nuevas fotos promocionales ni entrevistas para acompañar el disco. Del mismo modo, a mediados de febrero Nikolai Fraiture declaró a la BBC que no había planes de presentarlo en directo. Más allá de esta espantada promocional, tanto del título del disco, como el de algunas canciones (especialmente las dos últimas, “Happy Ending” y “Call It Fate, Call It Karma”) también se extrae la idea de pasar página. Por si fuera poco, al mencionado hecho de que el vídeo del primer single sea una suerte de “greatest hits” visuales de la carrera del grupo se le suma que el libreto interior esté compuesto por los mismos cinco primeros planos del de “Is This It”, solo que esta vez son únicamente siluetas. Aunque, quizá, el dato clave sea que el contrato que firmaron con RCA fue para cinco discos y que, por tanto, expira con “Comedown Machine”. A partir de aquí las especulaciones probablemente tomarán dos direcciones, y ambas son plausibles. ¿Puede ser que la banda haya querido sacarse de encima la obligación contractual para poder iniciar una nueva etapa lo antes posible? O, por el contrario, ¿aprovecharán el final de su contrato para poner punto y final a su carrera juntos?

Debido a su auto-impuesto silencio ante la prensa, probablemente no tengamos respuestas a estas preguntas hasta que los hechos hablen por sí solos. Curiosamente, en lo musical también hay argumentos que podrían abonar tanto una teoría como la otra. Por un lado se trata del trabajo más diverso que han firmado nunca, así como el más extraño y distinto respecto al resto de su obra, lo que asentaría la teoría de la reinvención. En ocasiones, sin embargo, uno no puede evitar pensar que más que el nuevo disco de The Strokes está escuchando el segundo disco de Julian Casablancas en solitario (en otras palabras, la continuación lógica a “Phrazes For The Young”), lo que indicaría que el momento en que cada uno emprenda su propio rumbo está más cerca que nunca. Un mar de contradicciones que, curiosamente, acaba resultando en el que probablemente sea su disco más honesto y disfrutable desde “Room On Fire”. No es un trabajo redondo, ni mucho menos, y precisamente los momentos más flojos son los que buscan recuperar su sonido más rockero ( “All The Time”, “50 50”), pero consigue algo que, a estas alturas, parecía difícil de recuperar; que escuchar un disco de The Strokes vuelva a ser divertido. Lo que no sabemos es si esto es resultado de que vuelven a congeniar o si, simplemente, han logrado que sus diferencias personales no interfieran en sus vasos comunicantes creativos.

Con todo, trece años después de su debut The Strokes son una incógnita más que nunca. A día de hoy nadie puede saber a ciencia cierta cuál será el futuro de la banda. Pero si “Comedown Machine” acaba siendo su último disco sería una despedida más que digna. Es más que evidente que nunca lograrán igualar una obra maestra como “Is This It”, pero parece que, al fin, tras años de tensiones, pasos en falso, desmanes vitales y crisis creativas, han vuelto a encontrarse a gusto siendo, simplemente, una banda de música que intenta hacer las mejores canciones posibles. E, igual de importante, con su hermetismo acerca del disco habrían conseguido algo por lo que han luchado toda su carrera; que, de una vez por todas, la música hable por sí sola.

* Entra en esta galería que hemos preparado para repasar la carrera de The Strokes en imágenes.

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