Columnas

The Newsroom (HBO), la serie que odias amar

Razones para ver y no ver la última locura de Aaron Sorkin

HBO tiene en funcionamiento una serie que ha generado y sigue generando polémica: “The Newsroom”, la última acrobacia como guionista de Aaron Sorkin. Excesivamente intelectual, ágil en los diálogos, vibrante, pedante… Analizamos los pros y contras de este producto televisivo pensado para molestar.

1. Situando a Aaron Sorkin

Aaron Sorkin atesora en su cerebro un intelecto de tantos quilates que intimida a los más acomplejados, y, como suele pasar en estos casos, despierta filias y odios de gran intensidad. Artesano donde los haya en el arte del diálogo, el cotizado guionista dejó una muesca indeleble en los dominios del drama político con la magistral “El Ala Oeste De La Casa Blanca”, serie de referencia que no ha vuelto a verse superada en su terreno. Sorkin presentaba sus constantes en una obra monumental cuya propuesta era clara: si queremos, si nos lo proponemos, podemos hacerlo bien, podemos tener un gobierno decente. El comandante en jefe Joshua Bartlett, interpretado por un Martin Sheen en estado de gracia, ha quedado grabado para siempre en la historia de la televisión como el mejor presidente americano de ficción jamás visto, y como la personificación de los ideales que marcan la ética del universo Sorkin. Una visión desencantada de la actualidad pero no por ello catastrofista: estamos muy jodidos, de acuerdo, pero todavía podemos hacer algo para evitar que se hunda el Titanic; tenemos la iniciativa, los medios y los cerebros.

"The Newsroom es Sorkin imitándose a sí mismo, rozando el histrionismo, pero con una brillantez deslumbrante"

Sorkin no sólo propuso, también innovó a su manera. Creó un estilo: diálogos disparados a velocidad de crucero, réplicas ingeniosas a mansalva, conversaciones larguísimas con los interlocutores en movimiento, humor judío de alta catadura intelectual, personajes altamente complejos, pasión por la épica americana y algo que muchos no supieron digerir, un afán permanente por tratar al espectador en los mismos términos intelectuales que los protagonistas de sus series. Su siguiente esfuerzo, “Studio 60 On The Sunset Strip”, pretendía introducirnos las entrañas de un programa de televisión y analizar este mundo desde una perspectiva siempre incómoda, atípica, amargamente crítica. La ironía del destino es que una de las mejores series sobre los mecanismos de la tele y la tiranía de las audiencias acabó siendo devorada por las leyes del share, y fue cancelada después de emitirse la primera campaña.

Muchos pensaban que Sorkin arrojaría la toalla después de estamparse contra el muro del show business catódico; de hecho sus posteriores incursiones en el cine –ahí quedan los sensacionales guiones de “Moneyball” y “La Red Social”– recibieron el respaldo del público y la crítica. La sensación era que ya no necesitaba la televisión. Pero uno tiene el pálpito de que al tipo le escocía el forúnculo de “Studio 60” y que la llamada de HBO le sirvió para ajustar cuentas con las audiencias. De esa rabia nace “The Newsroom”, un drama que vuelve a hincar el aguijón en el universo de la tele, aireando sus entrañas y dinámicas internas. Es la tercera radiografía catódica de Sorkin –recordemos que en su haber figura también “Sport’s Night”, recomendable producción sobre un programa deportivo–, pero ahora el paciente es un informativo de máxima audiencia, y se detecta una mala leche, una inquina, una cantidad de letra y una velocidad mucho mayor que antes. Es Sorkin imitándose a sí mismo, rozando el histrionismo, pero con una brillantez deslumbrante, con unos guiones que rivalizan con los mejores textos de “El Ala Oeste De La Casa Blanca”. Es una de esas series que te repele o adoras incondicionalmente. Que te fascina o aborreces. Vamos a ver por qué hay que amarla… y odiarla. Nadie dijo que ambas sensaciones fueran incompatibles.

2. Razones para amarla

Guiones como templos. No hay una sola serie en antena que exhiba semejante complejidad de guión. Sorkin lleva su horror vacui dialéctico a extremos imposibles, rebañando cada escena con varias líneas de diálogo que se entrecruzan a toda velocidad, réplicas inteligentes cada cinco segundos, monólogos brillantes… Ni un solo silencio, pero no sobra ni una sola palabra. Una abundancia verbal que exige la máxima concentración del que está al otro lado del plasma. Un reto. Sorkin más cabrón que nunca.

"Un periodista rápido, agresivo y brillante que no conoce el miedo"

Will McAvoy se folla vivo a Piqueras. Jeff Daniels es Dios. Para empezar. El actor da un auténtico recital en la piel del principal protagonista de este drama, el presentador Will McAvoy. Veterano, superdotado, inteligente, cultivadísimo y siempre escéptico, todo lo sobresaliente que puede ofrecer en su puesto de trabajo, lo pierde a espuertas en el trato humano con los que le rodean. Pero Will McAvoy vale por lo que ofrece en pantalla. Un periodista rápido, agresivo y brillante que no conoce el miedo, y apuesta por el rigor periodístico más absoluto. Pongámoslo así: Pedro Piqueras a su lado no se ganaría la vida ni como animador de circo. Carne de Emmy, amigos.

"Periodismo de casta y a la antigua, como gran metáfora de una sociedad que necesita recuperar la fe, el rigor y la veracidad"

Sorkin rabioso. El episodio piloto, una obra de arte de cabo a rabo, empieza con uno de los monólogos más contundentes y duros que recuerdo en mucho tiempo. Al ser preguntado por unos ingenuos universitarios sobre la grandeza de América, Will McAvoy lanza un speech asesino contra Estados Unidos, derribando con datos fehacientes los falsos delirios de grandeza de un país que sigue considerándose el mejor del mundo. Es una muestra de que Sorkin ha vuelto con mucha rabia y ganas de tocar los cojones. A partir de ahí, la serie se decanta por reivindicar un periodismo inteligente, fundamentado, a cara de perro. Periodismo de casta y a la antigua, como gran metáfora de una sociedad que necesita recuperar la fe, el rigor y la veracidad, por muchos sarpullidos que esto produzca en los que todavía creen en los cuentos de hadas. Una de las frases recurrentes de la serie es “It’s not, but it can be”. Es decir, estamos mal, pero podemos aspirar a algo mejor. Tenemos todo lo necesario para conseguirlo.

Behind the scenes de un informativo. ¿Cómo se cuece una noticia antes de salir al aire? ¿Qué criterios rigen los mecanismos televisivos de la información? ¿Cómo se cocina la ética en semejante campo de minas? “The Newsroom” es una perfecta auscultación del sistema nervioso de un noticiario. Su valor radica en el antes, no en el después. Lo que importa en” The Newsroom” es el proceso que mueve a todo un equipo de gente a componer un rompecabezas informativo y presentarlo ipso facto a la audiencia. Sorkin conoce perfectamente el terreno y nos muestra lo que se hierve los fogones de la trastienda: el plato final no es más que la guinda.

3. Razones para odiarla

Pedantería made by Sorkin. En todas las series de Aaron Sorkin se impone la repelencia y la pedantería. Es un hecho que hay que reconocer. Sin tensar nunca la cuerda más de lo que dictarían las normas del ridículo, Sorkin dota a sus personajes de una inteligencia y una rapidez de réplica al alcance de unos pocos estudiantes de Harvard. “The Newsroom” es la serie del maestro en la que más se aprecia este lastre. Hay personajes tan resabidos, leídos, locuaces y armados con tantas frases lapidarias que resulta imposible, en algunos momentos, no sentir cierta aversión hacia ellos. Es el precio que hay que pagar, por cada cinco minutos de diálogos brillantes, siempre habrá un momento de repelencia que el espectador deberá sobrellevar sí o sí. Los fans pueden cargar con ese peso, los haters de Sorkin no. Los ignorantes no tienen cabida en este palacio de coeficientes intelectuales cósmicos.

Demasiado texto agotador. “Que se callen, coño”. Es la frase que muchos habrán pronunciado. Para muchos es una virtud, una marca de fábrica, pero la obsesión de Sorkin por llenar de texto todas las escenas y poner al límite la capacidad de concentración del espectador puede resultar exasperante. Todos los personajes son más parlanchines que un ejército de clones de Woody Allen enganchados al speed. Definitivamente los que buscan una serie plana para pasar el rato, deberían invertir el tiempo en “Anatomía De Grey” y otras chuminadas.

Sorkin contra Sorkin. Los que odian a Sorkin, que son legión, tendrán más alimento que nunca para vomitar toda su bilis sobre el flequillo del tipo. “The Newsroom” es la fórmula Sorkin llevada al paroxismo. Todos los tics del guionista estallan como napalm en nuestras narices. Todo está llevado al límite. Tanto que, por momentos, la serie parece un autoplagio desafiante, solo para tocarle las pelotas a sus detractores. No queréis mi caldo, pero os voy a dar dos cubos llenos. Sorkin al cuadrado es mucho potaje, quizás por eso, la crítica estadounidense no se ha mostrado ni mucho menos unánime a la hora de ensalzar la serie. Inesperadamente, han caído palos, palos duros. Se lo ha buscado, el muy cabrón.

Serie excluyente. “The Newsroom” es una serie de excesiva gradación cultureta, demasiado cultivada en términos de política. Los guiones de Sorkin exigen que el espectador ejecute una contorsión intelectual de primer orden, y eso no es plato al alcance de todos. Es una serie para unos cuantos, una serie arrogante, llena de tipos inteligentes, armados hasta los dientes con frases ingeniosas, datos, información… Si no sabes de política, si no conoces la actualidad americana, si no has leído más libros que Fernando Sánchez Dragó, entonces podrías sentirte gilipollas. No es para todos y eso, para qué engañarnos, jode un poquito.

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