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Superhéroes: el último gran fenómeno del cine de entretenimiento

“Iron Man 3” arrasa en taquilla y ya ha superado el fulgurante arranque de “Los Vengadores”, confirmando a la saga Marvel como la más espectacular y rentable de los últimos años. ¿Cuáles son las razones de este boom?

El más importante fenómeno del cine de entretenimiento en los últimos años es el de la adaptación de cine de superhéroes, subgénero que ha dado varias películas cruciales para entender el estado actual de Hollywood y el de nuestro tiempo. Con “Iron Man 3” recién aterrizada en la cartelera, es el momento de ir más al fondo del asunto.

Uno.

De las tendencias que han marcado en los últimos dos años el cine de estudio, el cine de entretenimiento, ganan por goleada las adaptaciones de cómics de superhéroes. Ganan por encima de los remakes de clásicos y películas de culto del cine fantástico y de terror, las versiones posmodernas de cuentos y los folletines románticos con elemento sobrenatural, las otras modas que han cubierto la cartelera de la última década como un manto. La saturación de propuestas en la misma línea suele generar pereza y rechazo: estamos un poco cansados de actualizaciones de intocables, de revisiones de Blancanieves y de derivados insulsos de “Crepúsculo” (2008). Sin embargo, pese a la estampida de propuestas, el cine contemporáneo de superhéroes mantiene intacto su interés. La mayoría de las veces, las razones de los fenómenos son puro capricho o coyunturales. Pero en el caso de las películas recientes de superhéroes es posible detectar ciertos motivos, encabezados por la evidencia de que los lectores de ese tipo de tebeo son muchos y también es mucha su curiosidad por ver cómo ha sido interpretado un personaje del que es un erudito y tiene una imagen mental muy clara.

Dos.

Reflejo de un espectro amplísimo de la cultura popular, el cine de superhéroes tiene, pues, un público potencial amplísimo y con una curiosidad brutal (esté formulada desde el entusiasmo o desde la desconfianza), la garantía de generar expectación y abrir un diálogo animado entre lectores de tebeos que se traduce en ruido de calidad, en valiosa publicidad indirecta de cara al estreno de un filme. Obviamente, la curiosidad no sería tan intensa y duradera si el subgénero no estuviera incontestablemente vivo, si no hubiera dado perlas. Las ha dado: algunas de esas películas figuran entre lo mejor, entre lo más granado, de su año. Y, al ser propuestas sólidas, abren varias líneas interesantísimas de debate, entre ellas el respeto hacia el original, las reinterpretaciones, alteraciones o perversiones de un personaje o la pertinencia de determinados añadidos.

El cine de superhéroes genera un debate maravilloso en Internet que puede hacer partícipe al lector-espectador de las mutaciones del subgénero a muy corto plazo. También es tremendamente atractivo para tomarle el pulso a la cultura popular y al cine de entretenimiento contemporáneo. Y, de alguna manera, cumple una labor pedagógica: las nuevas generaciones de lectores de tebeos pueden hacerse con una hoja de ruta, pueden hacer un cursillo acelerado en, pongamos, veinte películas y sacar de ahí ciertas pautas para introducirse en un terreno tan fascinante como, por una cuestión de años de historia, cantidad de material y número de personajes, imposible de abarcar.

Tres.

Dentro del amplísimo terreno del cine de superhéroes hay dos jugadas clave de estos años, determinantes del devenir del subgénero y, por extensión, del cine de entretenimiento. Una es responsabilidad de Christopher Nolan, que, influido por la obra de Frank Miller, daría ya desde “Batman Begins” (2005) una dimensión más adulta, cerebral, melancólica y, en última instancia, oscura a un subgénero, las películas de superhéroes, asociado por defecto (salvo excepciones y ciertos matices) con el entretenimiento más o menos festivo. Su aportación es fundamental, y su obra, al margen de conectar más o menos con ella (hablamos de uno de los cineastas que divide al público con más contundencia), interesantísima. No lo es tanto la mala interpretación que han hecho de su enfoque una estampida de imitadores, lanzados a oscurecer de forma impostada y a empapar de falsa trascendencia parte importante del cine de entretenimiento de los últimos años.

La otra jugada interesante conecta con “Iron Man 3”, película que se estrenó el viernes pasado y recuperamos hoy porque la cartelera de esta semana es tremenda. Se trata de dar un paso más (en realidad, de dar varios pasos atrás, pero no en un sentido negativo, sino de recuperación de un modelo antiguo) en la idea de saga, continuidad e interrelación, de fidelizar al público mediante el mecanismo de los viejos seriales. Marvel Studios lo está haciendo muy bien con los personajes de los que dispone (algunos de los más importantes de Marvel Comics, entre ellos Spider-Man, están en manos de otros estudios) al activar un irresistible diálogo entre ellos, al hacer que sus películas interactúen de alguna manera y deriven así en un todo rotundo e imparable. La razón de la eficacia de los cliffhangers, las referencias cruzadas y los guiños en las películas que orbitan en torno a la extraordinaria “Marvel Los Vengadores” (2012), entre ellas “Capitán América: El Primer Vengador” (2011), “Thor” (2011) y la saga abierta con “Iron Man” (2008), se debe, sin duda, a la absoluta familiarización del espectador con las dinámicas de las series de televisión contemporáneas, cuya relación con el cine de entretenimiento de los últimos años no puede ser más clara y directa (de hecho, algunas de sus figuras claves han saltado al cine o tienen más presencia en él).

Cuatro.

Pues bien, entre los personajes del universo Marvel mejor tratados por el cine reciente se encuentra, sin duda, Iron Man. Jon Favreau conseguiría con las magníficas “Iron Man” (2008) e “Iron Man 2” (2010) reactivar el interés hacia el personaje de Marvel. A una puesta en escena magnífica, decididamente orgánica y alejada de la estampida digital agotadora, se unían un irresistible sentido del humor y, sobre todo, la elección del actor perfecto para encarnar al protagonista: Robert Downey Jr. Hablamos de una de las mejores decisiones de casting de los últimos años. Shane Black, guionista de “Arma Letal” (1987) y director de la gloriosa “Kiss Kiss, Bang Bang” (2005), recoge ahora el testigo de Favreau (que en “Iron Man 3” ejerce de productor y actor) en el tercer y mejor capítulo de la saga. Black, director y también coautor del guión de la película con Drew Pearce, jugaba con ventaja al no tener la misión de mejorar una saga ya magnífica (no se trataba de reactivar nada, sino de darle buena continuidad) y disponer de un personaje principal fuerte, bien diseñado, rabiosamente carismático. Por lo que ha centrado sus esfuerzos en varias direcciones, entre ellas una huida desesperada de la pereza en la escritura de la historia, una búsqueda de nuevas fórmulas para generar espectáculo y una apuesta mayor por el humor que en las entregas precedentes.

El resultado es una película visualmente apabullante, con un millón de ideas formales sobre la mesa. La acción, por ejemplo, está rodada con un pulso extraordinario y no hay caos, no hay ruido. También hablamos de una propuesta que prueba la comedia sin miedo, en muchas de sus variaciones (todo lo que tiene que ver con el personaje del Mandarín es directamente antológico), que dialoga con el contexto, con la época en la que nace y de la que nace, sin caer en tesis superfluas o falsas trascendencias y, muy importante, demuestra que en el cine de entretenimiento no está todo inventado, que los guiones perezosos son nada más que eso, guiones perezosos. “Iron Man 3” es novedosa, ingeniosa e imprevisible. Está llena de ideas, giros y sorpresas que sólo pueden hacerte muy feliz.

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