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Stop Gordofobia: una reflexión sobre el cuerpo y el lenguaje

Detrás de iniciativas como #StopGordofobia hay una reflexión sobre el cuerpo y la identidad más allá de las marcas; también hay un grito de alarma hacia una adolescencia enferma que parece desvanecerse kilo tras kilo.

Con las gordas pasa un poco como con las musulmanas, se percibe en el ambiente unas ciertas ganas de colonizar con las opiniones de “adelgaza” o de “libérate”. Nos incomoda tanto el hijab como las lorcillas que asoman felices por nuestras barrigas felices. Tenemos un problema con el símbolo, pero hemos declarado la guerra lenguaje.

El odio es lo más improductivo que pueda haber en este mundo, por eso cualquiera que luche contra las fobias merece aplausos varios. A finales del pasado verano tomó forma una iniciativa para visibilizar y combatir la gordofobia. Su página de Facebook ya suma más de 4000 likes, y en Twitter pronto llegarán a los 2000 seguidores. Su mensaje no da pie a confusiones: “A la mierda los estándares fascistas de belleza”. Frente a la moda del “ Bikini Bridge” —el hueco por ausencia absoluta de barriga— su resisténcia es el “Bikini Mountain”, los paisajes de la abundancia.

Con las gordas pasa un poco como con las musulmanas, se percibe en el ambiente unas ciertas ganas de colonizar con las opiniones de “adelgaza” o de “libérate”. Nos incomoda tanto el hijab como las lorcillas que asoman felices por nuestras barrigas felices. Tenemos un problema con el símbolo, pero hemos declarado la guerra lenguaje.

Hay situaciones en las que una misma palabra puede ser a la vez sentida como estigma o como escudo, incluso como una arma. Ahora ha llegado el momento a la palabra “gorda”, que está pasando por el mismo proceso que ya pasó la palabra “negra”. Victoria Santa Cruz es un buen ejemplo de ello. Siendo mujer, negra y peruana, oyó numerosas críticas en boca de otros, si bien la experiencia la empoderó. Su poema cantado “Me gritaron negra” ya es todo un himno. E igual que ella cantó “ ¿y de qué color?”, ahora iniciativas como # StopGordofobia son como el canto de “ ¿y rellena de qué?”. La respuesta es obvia: “rellena de realidad”. Un grito al estereotipo que ha marcado el píxel.

¿Por qué la palabra gorda se siente como un insulto? Le pedimos a Cristian Palazzi, filósofo y jefe de redacción de la revista Diàlegs, que nos oriente un poco por el pantanoso mundo de las drogas duras de pensar. Primer chute: “ Si es verdad que todo lenguaje instaura un mundo, cabría preguntarse qué tipo de mundo genera un lenguaje que no dice las cosas por su nombre”.

A estas alturas hay que estar ciego para no ver el engaño. Entre el running, el retoque digital y la dieta hemos perdido la cabeza, y ni las mujeres popularmente hermosas escapan de ser transformadas en versiones artificiales de ellas mismas. Algunas se resisten. A Kate Winslet, por ejemplo, no le parece bien que le reduzcan los muslos a golpe de Photoshop, pero aún es un caso bastante aislado.

Ser gorda es un insulto porque la publicidad nos ha hecho creer que ser gorda no vende, y su método ha sido eliminar las gordas del mapa público del deseo.

Porno, moda y thinspiration

Sin embargo, sólo hace falta comparar el tipo de cuerpos de las mujeres en la publicidad y en el porno. El retoque de imagen pornográfica es menos malvado y además está en movimiento. Generalmente nos muestra cuerpos muy variopintos, y aunque todos sabemos que hay categorías para todas las rarezas, las flacuchas no abundan. Abunda la generosidad y el volumen. ¿Qué nos dice eso sobre el deseo real?

Es posible que el estereotipo se haya propagado a través de la moda y de la publicidad, pero ahora anda suelto también por las redes tomando formas monstruosas. Laia Abril, fotógrafa de la pandilla de Colors Magazine, ha centrado gran parte de su trabajo personal alrededor de los trastornos de la alimentación y de la construcción de la identidad. Lo ha hecho reflexionando sobre la imagen, y se ha dado cuenta de una cosa bastante escalofriante: si para ella la fotografía siempre ha sido una herramienta de denuncia, ahora sabe que una comunidad formada principalmente por chicas adolescentes usa la fotografía para exagerar la radicalidad de sus formas huesudas.

"Son la generación Thinspiration, la peor de las consecuencias de la gordofobia"

El anhelo de delgadez que de algún modo se inició hace una década con Kate Moss ha pasado al otro lado del espejo en la red. Si escribes en el buscador de Instagram algo tan inocente como “Ana” o “Mía”, lo primero que va a aparecer es una pantalla de alarma, y un enlace que te redirige a nationaleatingdisorders.org. Eso sucede porque, por supuesto, ellas también juegan con el lenguaje. La comunidad pro Ana, en realidad, ha llevado el lenguaje a un nuevo nivel. Se hacen llamar princesas y tienen todo un código secreto establecido. Sus nuevas amigas son Ana (anorexia), Mía (bulimia), Deb (depresión), Abby (Adderall). Y etcétera. Son la generación Thinspiration, la peor de las consecuencias de la gordofobia.

Sobre el lenguaje de la comunidad pro Ana, Palazzi ha dicho algo muy clarividente: “ que un determinado grupo se dedique a enmascarar la realidad por medio del lenguaje significa, precisamente, que vive en un mundo disfrazado, oblicuo, un mundo que queda al margen, fuera los límites sanamente establecidos. Todo lenguaje significa algo que es real”.

El esfuerzo de # StopGordofobia vale la pena en momento en que alguien se siente gorda en el sentido más penoso que le podamos dar a la palabra. Su camino es mostrarnos un tipo de sensualidad que, a pesar de estar en nuestras mismísimas narices, a veces resulta difícil de admitir.

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