Columnas

“Spring Breakers”: deseo, armas y locura adolescente

Harmony Korine recluta a un cuarteto de ídolos pop adolescentes que se pasean en bikini y portando armas en una película tan lasciva como brillante. El hit del año.

Selena Gomez y Vanesa Hudgens en bikini son las protagonistas de la última canallada del director Harmony Korine, que acude a los clichés del sexo adolescente y la violencia pop para firmar una de las películas más locas y explosivas de la temporada.

Uno.

Hace más de una década que no se estrena comercialmente en España una película de Harmony Korine, director que en los 90 se convirtió en icono pop al menos por dos razones: el guión de “Kids” (1995), primer largo de Larry Clark y un filme muy polémico por la franqueza con la que mostraba la sexualidad y el consumo de drogas en la adolescencia, y su romance –supuestamente desequilibrado y tormentoso– con Chloë Sevigny, protagonista de la película en cuestión y, junto a Winona Ryder, una de las musas indie del momento. Contribuiría también a su culto su red de relaciones profesionales y personales: en 1998, Sonic Youth le encargaba el videoclip de “Sunday”, para el que contó como protagonista con el ex niño prodigio Macaulay Culkin, actor tocado por un malditismo precoz y otra de las figuras clave del underground de los 90. Korine ha levantado desde entonces una filmografía tan compleja como interesante, alejada del cine comercial, en permanente diálogo con otras disciplinas artísticas y con un pie en la experimentación; también con unas señas que a veces distorsiona hasta el punto de hacer imperceptibles, pero que siempre están ahí. Insólitas, dolorosas y extrañamente emocionantes, sus películas hasta hoy reflejan su interés por los personajes que avanzan por la orilla, las relaciones disfuncionales y la belleza de las parcelas objetivamente menos bellas (de la marginalidad a la locura). Todo eso está en “Gummo” (1997) y “Julien Donkey-Boy” (1999), sus dos únicas películas estrenadas en España, y en sus más abstractas e inasibles “Mister Lonely” (2007) y “Trash Humpers” (2009). Y también está en “Spring Breakers”, el filme que nos ocupa y la obra con más potencial comercial –y no por ello menos compleja– rodada por el cineasta hasta la fecha.

Dos.

Relato del spring break de cuatro adolescentes con ganas de marcha, de unas vacaciones ultra-hedonistas que mutan en viaje criminal, la película de Korine tiene más ganchos epidérmicos –y jugadas maestras– que sus anteriores trabajos. Eso no la hace más simple, pues “Spring Breakers” es un filme extraordinariamente complejo, arriesgado y extraño; pero sí más atractiva. El responsable de “Gummo” se agarra a técnicas de seducción de choque e infalibles, entre ellas la sexualización de las ex chicas Disney Selena Gomez y Vanessa Hudgens (coprotagonistas de la película junto a Ashley Benson, popular en Estados Unidos por la serie “Pequeñas Mentirosas”, y Rachel Korine, esposa del director), aquí mutadas en peligrosos objetos de deseo, eternamente en bikini y seducidas por el crimen. ¿Qué hay de maniobra comercial en ese gesto, en convertir al icono pop infantil en sex symbol de extrarradio? Pues muchísimo: es evidente que Korine, director que hasta ahora se había movido en un cine minoritario, utiliza esa atractiva perversión como estrategia para llegar a más espectadores. Pero no es un gesto gratuito. La elección/corrupción de esas chicas tiene todo el sentido porque “Spring Breakers” es, entre otras cosas, una celebración deliciosamente obscena y peligrosa de la cultura popular de los últimos años, algo que se refleja absolutamente en todo, desde la música (Cliff Martinez y Skrillex firman una banda sonora en la que también suena, por ejemplo, “Everytime” de Britney Spears, convertida en la melodía de una gloriosa secuencia musical) hasta la estética del conjunto, heredera por igual del estilo de los vídeos de YouTube y las fantasías pop más sofisticadas. Fotografiada por Benoît Debie, responsable del look de películas como “Irreversible” (2002) y “Enter The Void” (2009), ambas de Gaspar Noé, “Spring Breakers” es visualmente una burrada (en el buen sentido). Hipnótica, fluorescente y extrañamente etérea, convierte la atmósfera en reflejo de la peligrosidad, el deseo y la lascivia de los personajes.

Tres.

“Spring Breakers” es más que esa celebración pop. Es también una afilada captura del deseo juvenil y un original relato criminal. Cuidado, como deja bien claro su tono alucinatorio, no estamos ante un retrato de la adolescencia (ni siquiera de una parte de ella). En este sentido, “Spring Breakers” está a años luz en intenciones de los guiones de Korine para “Kids” o “Ken Park” (2002), ambas de Larry Clark (la segunda dirigida al alimón con Edward Lachman) y con cierta voluntad de crónica social. Pero sí estamos ante una propuesta que destila desde el género puro –en concreto desde el thriller sexual con chavales– y regodeándose en los límites de las intensísimas pulsiones de la adolescencia. La euforia, la celebración de la inconsciencia, el deseo sexual sin modular, la atracción por lo desconocido y lo prohibido… Todas esas variables se acumulan en “Spring Breakers” y contribuyen a la intensidad de una historia criminal de la que es mejor no hacer spoiler pero sí puede avanzarse la originalidad en la estructura (la película de Korine es una especie de película-canción, estribillo incluido) y la inclusión de ideas poco comunes en los thrillers con chicas armadas hasta los dientes. La relación entre el cuarteto protagonista y el gangster interpretado por James Franco, su iniciador en el crimen, es fascinante por atípica, por cómo están planteados los roles de los personajes y por su inesperada evolución, deliciosamente escurridiza, sorprendente y radicalmente alejada del cliché. Una locura.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar