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Spoiler Room, #S1 Ep4

Las mejores series de televisión del momento: hoy, el adiós de “House” y el fenómeno “Girls”

La nueva entrega de la columna de series de PlayGround toca cinco puntos candentes: el final de “House”, el éxito que está cosechando “Girls”, los continuos fiascos de JJ Abrams, la renovación de “Derek” y el pack de la última temporada de “Entourage”. Mes caliente.

1. Main feature

El final de serie que tienes que ver antes que tus amigos: “House”, octava temporada

¿Quién me pone la pierna lesionada encima para que no levante cabeza? Gregory House es un hijo de la gran puta. Mejor dicho, es el hijo de la gran puta que todos llevamos dentro. Un salvaje que se mueve a dentelladas por la sociedad, vulnerando sus principios más básicos de cortesía y cohabitación. Un estado de conciencia utópico, una idea por todos codiciada: la de decir siempre la verdad por muy dura y cruel que sea. La de joder al prójimo recordándole que la vida es una mascarada y que, al fin y al cabo, todos mentimos, todos morimos. Nadie quiere sobrellevar esa carga. Pocos suicidas tienen los bemoles de ponerse a la humanidad en su contra. Por eso le amamos.

House es uno de los iconos más insondables y fascinantes que ha dado la televisión de principios de siglo. Está a la altura de los grandes. Comparte magnetismo popular y laureles con Tony Soprano, el agente Cooper y otras “Coca-Colas” y “Rimmels” que han quedado para siempre grabadas en la historia catódica de la cultura pop. Su poder es prácticamente infinito y comparte con los mitos más llorados la dignidad de haber desaparecido de la pantalla con el aprecio de los fans intacto, más alto que nunca. Con “House” uno tiene la sensación de que la gente nunca se cansaría. De hecho, no ha sido el agotamiento del público el que ha dejado al doctor tullido en el limbo, ha sido el propio Hugh Laurie quien, desoyendo las cifras astronómicas de su salario y las súplicas de la Fox, ha enterrado a su personaje aterrado por el riesgo de vivir perpetuamente en los tics y la piel de una leyenda icónica de tal magnitud.

El 21 de mayo se emitió el episodio final de “House”, uno de los The Ends más esperados que recuerdo en mucho tiempo, sensacional capítulo con una conclusión a la altura de las circunstancias cuyo magnífico guión en forma de flashback tiene la virtud de contentar tanto a los que pedían compasión como a los que pedían sangre. Hubo gente ahí fuera que se levantó a las seis de la mañana para conectarse a Fox España y ver la última trastada del cojo, el culmen de un rush de final de temporada que ha golpeado a los fans con dureza en la boca del estómago. Después de un recorrido irregular en su última andadura, la octava campaña comenzó a revelarse infernal a partir del episodio 18. El falso estado de felicidad del viejo Greg se desmorona en un episodio sin concesiones en el que tanto su amor como su amistad más pura se ven cercenadas sin compasión.

"La miseria ajena atrae al gentío y la de House es nuestro alimento. Verle feliz no es divertido"

The end. Es una tarea harto compleja relatar el final de la serie sin destrozarle la vida a los que no lo han visto –recordemos que Cuatro está a punto de emitir el capítulo 19–, pero lo cierto es que el recorrido hasta la última página de este drama no es agradable. Nada nuevo, por otra parte. Los finales de temporada de la serie han puesto casi siempre a House contra las cuerdas: abuso de pastillas, cárcel, manicomios: los guionistas nunca se lo han dejado fácil, sabedores, los muy ladinos, de que al público le pone el Greg más drogata, mal nacido y autodestructivo. Ese patetismo propio de los seres débiles y renqueantes, acrecentado incluso por una lesión en la pierna extremadamente dolorosa, se ve contrarrestado por un magnetismo innegable y patrimonio exclusivo de tan peculiar personaje. La miseria ajena atrae al gentío y la de House es nuestro alimento. Verle feliz no es divertido.

El legado de esta serie nos deja cosas interesantes. La primera es un modelo de protagonista que hasta su estreno no se estilaba con tanto éxito en televisión. Misántropo, cruel, infantil y dotado de un sentido del humor tan despiadado como vitriólico, racista, humillante, manipulador, egoísta hasta el tuétano. Greg es el tipo al que amas odiar y viceversa. Su disidencia moral se ha convertido en santo y seña de un antihéroe que, desde su aparición e inesperado éxito, ha visto cómo fructificaban réplicas suyas en infinidad de series empeñadas en tener su House particular.

La segunda es un formato curioso en el que el argumento es secundario y solo importa el personaje central. Vista desde fuera, “House” puede pasar por una ficción médica innovadora tanto en lo visual como en lo formal –un médico que resuelve sus caso con el método deductivo de Sherlock Holmes–, pero en cuanto uno se mete en la mitología de la serie enseguida aprecia que los quirófanos sólo son ruido de fondo: lo que nos lleva al sofá es la autodestrucción, las bromas pesadísimas, la relaciones truncadas, la desintegración social de House. Vivir ocho temporadas con esto, sin rebajar las audiencias y ejercitando una y otra vez la misma fórmula argumental en cada episodio tiene mérito.

Y la tercera es que Hugh Laurie ya no es el actor británico de comedieta de antaño, aquel patito feo con ojos de sapo y tofa menguante. Ha cambiado una carrera estancada por el estrellato más rutilante en los despachos de Hollywood. Adiós depresión, hola champán y hola strippers. Conseguir que un tipo encorvado, con cuello de tortuga, globos oculares de camaleón y silueta pajaril sea el sex symbol más codiciado al otro lado del tubo catódico no es moco de pavo. Quién le diría al bueno de Laurie hace diez años que todas las pepitillas de Los Ángeles harían palmas cada vez que se pronunciara su nombre. Quién le diría que acabaría anunciando tónica Schweppes o que su pelo de estropajo gris se convertiría en bandera capilar de L’Oreal. Por cierto, a los que ya sientan los rigores del mono, quede la más que correcta “Nurse Jackie” como la metadona más eficaz: una enfermera adicta a los analgésicos, con una lesión incurable, actitud disidente y vida destrozada. ¿Nos va sonando?

2. Carne de Emmy

Personajes de culto de la jungla televisiva. Hoy, Lena Dunham, de “Girls”

Qué hace una chica como tú… Las modernas en edad de yogur necesitaban una serie así. La pedían a gritos. Una serie que se introdujera en su mundo y diseccionara sus inquietudes como las entrañas de una rana en clase de biología: sin miedo a que alguien se desmaye. “Girls” ha desarmado a los paladares más aguerridas de la resistencia hipster hablando a la juventud en su idioma y con una profundidad que ciertamente se echaban mucho de menos en una producción dirigida a un público veinteañero.

La nueva serie de la HBO –con Judd Apatow como productor, por cierto– es una hábil combinación de cine indie y retrato generacional cuyo mayor atractivo son las tribulaciones de toda índole de un grupo de cuatro amigas afincadas en Nueva York. Lena Dunham, nueva niña prodigio del cine independiente yanqui y responsable del film “Tiny Furniture”, se encarga de picar piedra a todos los niveles. Dirige, escribe y acapara el protagonismo de la serie, firmando lo que podríamos denominar un producto de autor en el que destaca su escritura neurótica e inteligente, y una frescura de diálogos impropia de una autora a priori tan poco experimentada –sólo 26 primaveras la contemplan–. Más cerca del retrato generacional que de la simple traslación de los tics de “Sexo En Nueva York” a un entorno adolescente, “Girls” apuesta por una naturalidad muy refrescante, sin tópicos. La forma de abordar capítulos como el sexo, las drogas o las relaciones parentales se resuelven en la libreta de Dunham con ingenio y reflexiones neuróticas bien trenzadas al más puro estilo Woody Allen, un estilo cuyo principal atractivo es la composición de diálogos, en general magníficos para alguien tan insultantemente joven.

"Sólo por tratar a los jóvenes como personas y no como gilipollas, Lena merece un reconocimiento en los Emmy"

“Girls” es también un interesante estudio sobre las vicisitudes de una chica de veintipocos años intentando prosperar en un entorno de crisis con muy poco lugar para las esperanzas y las ilusiones. Su personaje focaliza la acción y se pasea por la ciudad de Nueva York intentando encontrar un trabajo que le permita dejar de chupar el dinero de los padres. Es el suyo un personaje fundamental, un personaje que ha despertado filias muy apasionadas, pero también arrebatos de odio, por ora parte comprensibles: su forma de analizar la realidad y sus aspiraciones culturetas pueden resultar cargantes, pero es un precio que servidor paga gustoso para disfrutar de una de las series de post-adolescentes más maduras que ha dado en mucho tiempo la parrilla estadounidense. Sólo por eso, por tratar a los jóvenes como personas y no como gilipollas, Lena merece un reconocimiento en los Emmy. Tiene mi voto.

3. Cliffhanger news

Abrams, el nerd, lo intenta de nuevo. ¡Pam! “Alcatraz” a tomar viento fresco. Se veía venir. La nueva gran serie de JJ Abrams se quedó en una promesa, en una idea brillante mal desarrollada y demasiado apegada a la fórmula procedimental. Tanto esfuerzo y tanta promoción para una sola temporada. Curiosamente, “Person Of Interest”, el estreno abramsiano del 2011 que más números tenía para irse al garete, ha sido renovada. Los fracasos se han convertido en alimento habitual para los proyectos del director estadounidense en tierras catódicas. Su trayectoria en televisión después de “Perdidos” ha sido poco menos que un desierto, aunque en el cine la gráfica ha experimentado un ascenso inversamente proporcional – “Star Trek” y “Super 8” son peliculones–. De todos modos, la marca Abrams sigue fuerte en la pequeña pantalla, pues el hombre de las gafas de pasta vuelve intentará retomar por enésima ocasión el éxito de “Lost” con “Revolution”, la apuesta más ambiciosa de la NBC para la temporada de otoño. Ya podéis ver el tráiler e intuir por dónde irán los tiros. La ficción propone un escenario post-apocalíptico, efectos especiales de entidad y mucha acción, pero resulta inevitable tener ciertas reservas sobre su viabilidad, especialmente después de ver cómo producciones muy similares y de gran calidad, como “Jericho” –recomendable a rabiar, por cierto– se quedaron en la cuneta criando malvas. Creo que vamos de Abrams en peor.

Derek, el monguer, triunfa sin proponérselo. Por otra parte, mientras Abrams intenta encontrar otra piedra filosofal despilfarrando presupuestos y cerrando persianas a tutiplén, resulta que Ricky Gervais se saca de la manga un modesto episodio piloto, un experimento muy sui generis en el que interpreta a un retrasado mental que cuida ancianos, y Channel 4 le confirma que habrá temporada entera. Es una gran noticia. Una reivindicación atendida que ya quedó patente en la anterior entrega de Spoiler Room y nos devolverá a uno de los antihéroes más patéticos y conmovedores de la televisión británica. Risas y lágrimas comprimidas en un producto diferente, innovador y peliagudo. La muerte, el patetismo existencial, la vejez y las disminuciones físicas diseccionadas por Gervais con una mezcla de humor humillante y drama lacrimógeno que pone los pelos de punta. A comienzos del 2013 la tendremos en pleno efecto. Ganas es poco.

4. El rincón del pack

“Entourage” 8ª temporada: qué grande es el cine. “Entourage” es una de esas series que hay que atesorar en pack, pues tanto su frescura, humor como formato invitan a revisitarla en años venideros. Este disparatado retrato de la vida de un actor de Hollywood y su grupo de amigos llega a su fin. Ocho temporadas de porros, tías buenas, polvos, fiestas exclusivas, coches caros e infinidad de celebrities interpretándose a sí mismas. Ocho años de risas en los que Vinnie Chase, Drama, Turtle y el ex pizzero Eric ponen patas arriba la industria del cine y dejan su huella gamberra allí donde van. La octava temporada empieza justo después de que Vinnie haya caído a los infiernos de la farlopa por culpa de la actriz porno Sasha Grey y es un cierre más que digno para un producto que estaba perdiendo ya el punch de sus primeras campañas. El 12 de junio, a la venta Amazon y unos diez días después directamente a la estantería de casa. Echaré de menos a esta panda de bastardos que un buen día salieron de Brooklyn para comerse el mundo (y toda vagina que se les pusiera por delante)… y lo consiguieron.

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