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Spain is Pain

Pulshar: por amor al dub

Pulshar Spain Is Pain Luis M. RguezLa escena electrónica de este país no se entiende sin la aportación de Pablo Bolívar. Como a tantos otros antes, a este apacible cántabro emigrado a Barcelona se le apareció una luz el día que su aún tierno cerebro fue expuesto por primera vez a la radiación de Basic Channel –familia de iniciativas que lograran redefinir el techno de los noventa insuflándole una cualidad reflectante y acuosa, minimalista pero cálida, sintetizando en un sólo cuerpo la frialdad matemática y mecanicista de la producción electrónica y el latido orgánico y la espiritualidad cósmica del dub jamaicano–. La manera en que aquellos productores comenzaron a usar ecos y reverbs acabó creando escuela, marcando de manera indeleble a más de una generación de DJs y productores. Bajo ese influjo, Bolívar lleva desde mediados de la década pasada engordando una obra que siempre ha hecho gala de templanza, alternando producciones deep house, maxis de dub-techno crepitante y profundo de la escuela Berlín y excursiones ambient en sellos como Minuendo, Pulsewith, Galaktika, Dpress Industries, Justified Cause o, sobre todo, Regular, marca fundamental en lo que a techno “reducido” hecho aquí se refiere.

Hace ahora tres años, los lances del destino llevaron a Bolívar a reencontrarse con la voz soulful de un viejo conocido, Sergio “Aphro” Sainz, su Paul St. Hilarie particular. Desde entonces, la pareja viene moviéndose entre brumas de dub sulfuroso como Pulshar, un proyecto multigenérico (el dub es la argamasa, pero en sus soundscapes hay también techno reflectante, ambient, deep house de texturas translúcidas, downtempo humoso, reggae, briznas de soul, hip hop de intenciones abstractas, inflexiones space disco, dubstep y hasta psicodelia de cariz rock) que es sinónimo de equilibrio, de música profunda y sensual, enemiga de las brusquedades. Pulshar acaban de publicar su segundo trabajo largo, “Inside”, con el sello alemán Desolat, dirigido por Martin Buttrich y Loco Dice. Porque el suyo es un trabajo brillante, hoy toca hablar con Pablo Bolívar y Sergio Aphro.

Ambos sois de Santander. ¿Os conocíais ya de allí o vuestra relación surge en Barcelona? Más en concreto, quería saber si Pablo ya estaba por entonces al tanto de proyectos cántabros de roots reggae y dub como Lone Watti, Better Collie o Loud&Lone, con los que Aphro había colaborado a finales de los noventa.

Pablo: Sí, conocía a Aphro por Loud&Lone, ya que vendía sus vinilos en mi tienda, pero pensaba que él era más de hip hop, hasta que empezó a pasarse por la tienda a pillar electrónica de ~scape, Pole o Burial Mix. Acabamos compartiendo música a menudo. Recuerdo que nos gustaban Force Tracks, Maurizio, Dub Taylor, Luomo... Ese fue el principio de todo.

Sergio: Como dice Pablo, nos conocíamos desde Santander. Recuerdo el día en que me pasó una maqueta de su música, allá por 2001. Me encantó. Le dije algo así como: “Joder tío, esto es rollo Luomo, ¡mola!”, y él me contestó: “¡Joder, no sabía que te gustaba este tipo de música!”. Él me relacionaba con el mundo del reggae y el hip hop, y creía que la electrónica no me interesaba mucho. Así que alguna vez me pasé por su tienda a ver discos, y ahí cambió de opinión. Luego, por diversas razones, perdimos el contacto durante un tiempo, y volvimos a quedar ya en Barcelona.

Entonces, ¿surge Pulshar como punto de encuentro entre ambos en un terreno neutral o es uno de vosotros el que arrastra al otro hacia la idea de Pulshar?

S: La idea surgió de una manera muy natural. Un día quedamos en Barcelona y fui hasta su estudio. Creo recordar que le dije, “hace mucho que no canto, pero podríamos probar a hacer algo en plan electronic dub a ver qué pasa”, y Pablo se animó. “Claro, claro, venga...”. Diría que se nos ocurrió sobre la marcha, aunque yo era el que tenía más mono de hacer música, porque llevaba miles de años sin hacer nada. Creo que, de una manera inconsciente, todos estos años he ido escuchando, teorizando y coleccionando música con la idea de llegar un día a volcar todo eso en un proyecto que, la verdad, podría ser que nunca hubiera llegado a surgir. Coincidir con Pablo fue la salvación. ¡Creo que hubiera reventado si no!

P: Yo nunca había grabado con vocalistas, pero en la primera sesión de estudio que hicimos lo vi clarísimo. Trabajar con voces es inmensamente más divertido que producir sólo electrónica, y la mezcla del estilo de Aphro con el mío me encanta. La verdad es que todo encajó en el momento adecuado: yo tenía el control de producción definido y Sergio necesitaba sacar las ideas de su cabeza.

El dub ha estado presente en las producciones de Pablo Bolívar desde el principio de todo, en discos como “Next Player” para Regular. ¿Qué buscabas explorar con Pulshar que no pudieses incorporar a tu música como Pablo Bolívar?

P: En realidad no hubo premeditación. Un día nos dio por probar algo con voz y la primera reacción fue muy fuerte; no nos lo creíamos. Aquello se convirtió en una producción adictiva. En Pulshar podemos experimentar sin límites. No nos importa que salgan tracks que no se publiquen mientras disfrutemos produciendo. Cuando firmo con mi nombre, lo que hago está más orientado al club, ya sea deep house o techno, y producciones ambientales para estados de calma. En las producciones de Pulshar se nota claramente la presencia de Aphro.

¿Es fácil alimentar ambas criaturas? Eres un tipo trabajador y prolífico, pero, en todo este tiempo, ¿recuerdas haber sufrido algún momento de bloqueo creativo?

P: Doy gracias, nunca me ha pasado. Soy trabajador, pero también sé decir basta. Hay temporadas en las que antes de esperar a que llegue el momento del bloqueo creativo doy al stop y desconecto del estudio durante unas semanas. Eso pasa cuando lo que estoy produciendo me aburre, y llego a odiarlo. Ése suele ser el detonante de unos días de descanso creativo, un descanso que deja lugar a otros proyectos como AvantRoots o Regular.

Desde fuera, se diría que Pulshar es una fusión de vuestros bagajes: Bolívar llevaría la producción y Aphro pondría el aliento soulful y el carácter roots del proyecto. ¿Existe esa división a nivel de áreas de responsabilidad?

S: Casi todo el mundo ve en mí la parte más roots, y puede que sea así, pero no es del todo exacto. A veces es a Pablo a quien le apetece hacer el track más roots y soy yo el que le dice “vamos a meter un poco de tiza, ¿no?”, y al revés. La verdad es que nuestra forma de producir es un caos y a veces no sabemos ni cómo hemos llegado a acabar un tema. Pablo se sienta a los mandos y solemos empezar con un sample. A partir de ahí todo es: “Necesitamos un bajo, ¿no?”. Tocamos el bajo en el teclado. “Necesitamos un sinte, ¿no?”. Elegimos el sonido. “A este track parece que le pega un Moog... Vamos a probar”. Probamos. “Hay que subir y filtrar esto, y ¿te parece ahora meter unos arreglos de cuerda?”. Así vamos trabajando, un poco a impulsos, sobre la marcha. Todo lo comentamos y decidimos al 50%. No recuerdo que hayamos discutido nunca. Yo me veo más dirigiendo, componiendo y aportando ideas; la parte del software me resulta más coñazo, y Pablo es un maestro en ello, así que perfecto.

P: Cada track tiene una producción distinta. El proceso siempre es distinto, pero el acabado final suele ser el mismo, creando así nuestro sonido o estilo. Nos entendemos muy bien en el estudio, hablamos el mismo lenguaje, y son pocas las veces que no estamos de acuerdo. Todo lo decidimos al 50%. Luego hay ideas que sirven y otras que no. Digamos que él toca más la parte humana y yo la tecnológica.

A la hora de comenzar la aventura de Pulshar, ¿había premisas? Pulshar aparece muchas veces descrito como “proyecto dub”, pero en vuestra música hay muchos otros elementos. ¿La práctica dub es una meta, o el dub es más bien una herramienta de la que os valéis a la hora de articular vuestra propuesta?

S: Para nosotros el dub es más un medio que un fin. Si no hacemos un track que contenga elementos dub evidentes, no pasa nada. Aunque siempre habrá una pulsión dub en ello. El lenguaje dub tiene una manera especial de jugar con los espacios, el ritmo y el sonido. Es el pegamento perfecto para unir estilos. No siempre son necesarios reverbs o delays (aunque es cierto que nos encantan, claro). El fin es hacer música con alma. Quién sabe si dentro de 5 años no habremos ya quemado todo lo que teníamos que decir con el dub y nos apetece meternos en otros terrenos totalmente diferentes. Lo importante es sentir que lo que hacemos aporta algo.

Además del plano formal, ¿la influencia dub en Pulshar llega hasta el plano espiritual?

S: En mi caso, el reggae dub me formó musicalmente, es parte de mi cultura. Pero aparte de todo el placer espiritual que puede aportarme el escucharlo y el mensaje y actitud que transmite el propio sonido, no sigo ninguna doctrina, es más, el rollo Haile Selassie I (con todos mis respetos para quienes lo profesan) no me va nada. P: Lo que nos apasiona es el sonido reggae. Si por espiritual te refieres a religioso, la religión me da totalmente igual; si con lo de espiritual te estás refiriendo al alma espacial que tiene la música negra, ahí sí que estoy de acuerdo. Centrándonos pues en el sonido: tres discos de iniciación fundamental al reggae dub clásico.

S: Difícil quedarse sólo con tres, pero ahí va: “Hearth Of The Congos” (The Congos / Lee Perry), “King Tubby´s meets Rockers Uptown” (Augustus Pablo) y “Big Showdown” (Scientist vs Prince Jammy).

¿Y tres productores que hayan usado el dub para llevar su música a nuevas dimensiones?

P: Moritz Von Oswald, Deepchord y Pole.

Dadas esas coordenadas, ¿cómo le explicaríais a alguien que no haya tenido un contacto profundo con la música jamaicana en qué o en dónde reside el poder del dub.

S: En su hipnotismo, el latido del corazón... el poder del bajo.

“The drum represents the heart beat; the bass is the thought, a line that flies. Walking bass, talking bass, comes from the brain”. Lo decía Lee Perry. Buscando la frase he encontrado un concepto médico, el “Lub Dub Effect”: hace referencia a un experimento que en los sesenta demostró que los niños recién nacidos duermen mejor, ganan peso con más rapidez y equilibran antes sus constantes respiratorias (la frecuencia y la hondura de sus inspiraciones) cuando se les hace escuchar grabaciones de un corazón latiendo. ¿La música de Pulshar tiene un efecto balsámico, curativo, desestresante?

S: Te voy a contar una anécdota que ilustra el comentario perfectamente. Mi primo Marco y su novia Cris tuvieron una niña hace más de 2 años. Era la época en la que salió “Brotherhood”. En el transcurso del embarazo, la madre escuchaba Pulshar constantemente. Decía que cuando escuchaba el disco, la niña se tranquilizaba y dejaba de dar patadas. Después de nacer, cuando la niña tenía uno o dos meses, otro primo mío, Emilio, llegó a casa de visita y la niña estaba llorando. Marco le dijo: “Vas a flipar, escucha”, y puso “Mantistyle”, una de las canciones de “Brotherhood”. La niña dejó de llorar al instante. ¿Te lo puedes creer? Me parece alucinante que un ser humano pueda verse influido hasta tal extremo por la música. A mí, a la hora de hacer música, me motiva mucho más eso que cualquier otra cosa.

Si os dijeran que vuestra música, por invitar al disfrute lento y plácido, al saboreo profundo, llega a constituir una proposición política, una postura opuesta a las dinámicas actuales, sociales o de mercado, siempre apostando por un relevo vertiginoso a nivel de modas, tendencias, ideas, sonidos, ¿cómo os lo tomaríais?

S: No vas nada desencaminado. Vivimos inmersos en una sobredosis de información y estímulos exagerada. Es una época muy competitiva y son muchos los que creen que para sobresalir hay que hacer más ruido, ser más fuerte y más rápido. Nuestra música dice algo así como: no entramos en la competición, jugamos con otras normas, hay otras maneras. Casi siempre parar y pensar te hace ganar tiempo, a pesar de que pueda parecer lo contrario.

¿En el imaginario de Pulshar se deja sentir la cornisa cantábrica? A veces uno puede perderse mentalmente en vuestra música, como cuando uno clava la vista en el mar o pasea a través de un bosque húmedo, en silencio.

S: Santander es una ciudad pequeña, no hay muchas cosas que hacer y tienes tiempo para pensar y abstraerte. Hay muchos días grises y lluviosos. Puede que incluso depresivos. Necesitas buscarte una salida creativa. Por esa razón hay tan buenos músicos y quizá con un punto diferente al resto, por estar más aislados. El entorno de Santander y Cantabria tiene un punto ancestral, místico. El folklore mitológico se mantiene muy vivo; sólo tienes que visitar Cantabria en invierno y pasear por un pueblo para darte cuenta de ello. Y sí, por supuesto, esa influencia puedes verla en nuestra música y en nuestra gráfica. Por ejemplo, la portada de “Babylon Fall Collection” es una mezcla de Barcelona con la bahía de Santander al fondo, todo nublado a tope.

Hablemos de imágenes. Si Pulshar fuera un gas, ¿qué tipo de gas sería?

S: Helio.

¿Si fuera un momento y una luz del día?

S: Puesta de sol, claro.

¿Si fuera un color o una combinación de colores?

S: Negro, naranja apagado, gris.Pulshar - Down By The River

[Sigue leyendo en la página siguiente]

Cuando escuchas un disco, la mente tiende a crear un escenario para lo que escucha. Hay músicas que suenan urbanas y nocturnas; otras que sugieren imágenes de espacios abiertos. En vuestro caso, esas asociaciones no son tan inmediatas. ¿Qué opináis al respecto?

S: Uno de nuestros objetivos a la hora de hacer música es aunar en un todo lo que tenemos en la cabeza, dar un orden al caos de nuestro interior, aceptar todos nuestros contrastes y que convivan en el mismo espacio en equilibrio. Creo que no nos quedaríamos contentos si sólo transmitiéramos un estado de ánimo, porque nos dejaríamos otros muchos, y no queremos definirnos. No hay nada más aburrido que definirse. Suena un poco esquizo, ¿no?

A nivel de trabajo interno, de comunicación entre vosotros a la hora de buscar una determinada atmósfera para un track, ¿recurrís a este tipo de imágenes?

S: Sí, a menudo.

Tenéis títulos como “Down By The River”, “Montparnasse 2 AM” o “California State Of Mind” ¿Aluden algunas de esas canciones a lugares o situaciones reales?

S: Ninguna, todos imaginarios

“Past + Future = Present” es el lema que se se puede leer en vuestra web. ¿Os sentís cómodos con el tiempo y el lugar en el que les ha tocado vivir? Si pudierais viajar cinco veces en el espacio-tiempo, ¿a qué cinco lugares y momentos viajaríais?

P: Me encantaría viajar hasta Japón, periodo Nara; Londres en los años sesenta; Jamaica en los setenta; Egipto antes de Cristo y a algún otro planeta en el 2700. S: Supongo que sí estoy cómodo con el tiempo que me ha tocado vivir. Quién sabe si iba a estar mejor en otra época y lugar. Para eso está la imaginación, y la imaginación me lleva a soñar con Grecia antes de Cristo; Jamaica en los sesenta; Nueva York en el 2300; Santander en 1920; y la China Shaolin.

Santander-Kingston-Detroit-Barcelona-Bristol-Berlín-Londres. ¿Podríamos aceptar ese eje como itinerario vital de Pulshar?

S: Podríamos...

¿Sería muy distinto a ese el itinerario de Pablo Bolívar en solitario?

P: Yo sería Santander-Berlín-Londres-Detroit-Barcelona-Kingston.

En vuestra música hay un componente dubstep. En los últimos años, la escena dubstep no ha parado de transformarse, dando lugar a ramificaciones en múltiples direcciones estilísticas. ¿Cómo habéis vivido esa evolución, qué os ha gustado y que no os ha gustado?

S: He tenido mi etapa de amor-odio con el dubstep, sobre todo al principio, cuando hace unos años no había tanto donde elegir. Me llegaban cosas muy raveras, con un sonido monstruoso y machacón que no me gustaba nada, y pensaba que había demasiado hype pero poca chicha. A la vez, por el rabillo del ojo siempre estaba pendiente de lo que iba surgiendo, porque aunque había cosas que me emocionaban de verdad, casi nada me quedaba satisfecho (excepción hecha de Burial, claro, pero es que le doy de comer aparte). En los dos últimos años han surgido muchas bandas y productores que han abierto definitivamente el estilo, para bien, y últimamente escucho bastantes cosas que me gustan. Sigo disfrutando del dubstep cercano al dub clásico tipo Roommate o Digital Mystikz, pero lo que más me atrae son las fusiones con beats, electro, ambient o techno, los híbridos. Me gustan Darkstar, Martyn, PANTyRAID, Joy Orbison y muchos tracks sueltos por ahí, aunque... ¡ya no sé exactamente qué coño es dubstep! P: Yo, si hablamos de cosas raveras, me sigo quedando con Prodigy para siempre. También me gusta la electrónica break que se produce ahora. Y además me encantan Burial, Darkstar, Scuba, Shed. Son producciones más profundas, con más alma. No me gusta el sonido rave que hay ahora. ¿Será la edad?

Acabáis de editar “Inside”. Al ser el segundo álbum, ¿estaba la dirección más clara esta vez?

S: La mitad del álbum estaba más o menos cerrada a finales del año pasado, antes de que yo me fuera a vivir al extranjero. Hemos estado separados casi todo el año. En ese escenario, era un poco caos lo de juntarnos, pero decidimos reunirnos y acabar el álbum a mediados de año. Me fui a casa de Pablo unas dos semanas, para trabajar a saco, sin distracciones, y así acabamos el álbum. Luego me volví a marchar de Barcelona, para volver hace apenas dos meses. De momento voy a quedarme porque vamos a tener trabajo, con la promo y preparando los directos.

En “Inside” hay menos dub que en su predecesor, el abanico de ritmos y de atmósferas es más variado. ¿Os sentís ahora más flexibles a la hora de probar cosas dentro del marco de lo que podríamos llamar “una atmósfera Pulshar”?

P: Exacto, ya sabemos que nos gusta el dub de “Brotherhood”, pero queremos experimentar con otros campos, aunque siempre dentro de las constantes de nuestro sonido. Quizá algún día grabemos un álbum únicamente de dub, al estilo de tracks como “The Price You Pay”. La verdad es que nos encantaría hacerlo.

El disco suena muy bien y además luce bonito. ¿Qué nos podéis contar del concepto gráfico y de la presentación de “Inside”?

S: Al ser yo diseñador, me resultaba muy duro delegar la responsabilidad de la imagen del grupo en otra persona. Así que a Desolat les comentamos que nos gustaría desarrollar el diseño, y no hubo problema por su parte. Nos ajustamos al presupuesto que nos dieron de la mejor manera posible, intentando hacer algo especial, con cariño. Queríamos crear una imagen “misteriosa” con la cubierta del digipak, casi neutra, pero con sorpresa en el interior. No hay más remedio que comprarlo para disfrutarlo.

Se percibe menos miedo a la hora de usar timbres más orgánicos. “Above The Wall” está construida sobre un loop que suena entre lovers rock y rock'n'roll de los años cincuenta. “Stepping Stones” se abre con unas notas de guitarra muy limpias. ¿Hay intención de avanzar en esa dirección en el futuro?

S: Nos gustaría grabar más con músicos e instrumentos reales, aunque no es una necesidad para nosotros por ahora. Nos encanta trabajar con samples rebuscados. Pero la experiencia que tuvimos con Roberto Sánchez en “Stepping Stones” fue muy buena. El grabó la guitarra, también las baterías, bajo y teclados de ese tema.

En el disco hay sitio para temas como “Empty Suitcase”, que son en esencia puro roots reggae. ¿Cómo han encajado esos momentos en Desolat, un sello de corte tech-house?

P: Curiosamente, la parte dub o reggae es la que más llamó su atención. Querían algo distinto que se alejara de sus lanzamientos habituales para ampliar así su catálogo a otro tipo de electrónica. Pero sí, hemos de decir que al principio nos extrañó.

¿Cómo surgió el contacto con Desolat? ¿Por qué no habéis editado en vuestro propio sello, AvantRoots?

P: Realmente no andábamos detrás de Desolat, pero fue el primero que contestó interesado, y nos han apoyado de manera muy profesional desde el principio. Sabíamos que siempre podíamos editarlo en AvantRoots, pero el sello todavía es un proyecto muy joven y no tenemos herramientas de promoción ni tiempo para dedicar a eso. Teníamos en mente un sello más potente que Phonobox, y así ocurrió.

Hablando de AvantRoots. ¿Os resulta complicado encontrar nuevos productores que encajen con la idea sonora que queréis promover desde el sello?

P: Es muy difícil seleccionar la música que queremos en AvantRoots. Nos llegan muchas buenas producciones, pero no queremos sacar más de lo mismo, y es complicado dar con cosas que nos gusten de verdad.

La cosecha reciente del sello ha sido muy buena. ¿Hay próximas referencias ya cerradas?

P: Como próximos lanzamientos de AvantRoots tenemos EPs de Mikkel Metal y Scsi-9. También estoy preparando una recopilación de mis trabajos ambientales con vistas a Navidad, y hay álbumes de Hirotaka Miyamoto y Sensual Physics previstos para el 2011.

Pablo, tú has tenido una tienda de discos en Santander, La Industria. En Barcelona has trabajado en la distribuidora Decoder, has editado en sellos como Justified Cause o Regular. Tienes experiencia en casi todos los frentes del negocio discográfico. Desde esa experiencia, ¿cómo describirías el estado actual de la escena electrónica de este país en relación a hace seis años?

P: Desde que trabajaba en Decoder he visto como se ha hundido el mercado musical en España. Es así, y es muy triste. Hoy en día todo se ha digitalizado, y eso ha influido de manera directa en el cierre de muchas tiendas y distribuidoras.

Hace tiempo comentabas en una entrevista que tus primeros temas sólo se los mandabas a Jaume Pagès (alias Jaumëtic, jefe de Regular) y a HD Substance (entonces en Atlas). Comentabas que eran los dos únicos sellos del país que te parecían serios. La cosa ha cambiado mucho. De entre los pequeños sellos surgidos en este tiempo, ¿qué destacarías?

P: En estos últimos años ha habido muy buena música en este país. A nivel de sellos están los ya veteranos Dpress Industries, Deepexplorer, Minuendo o Justified Cause, pero también hay muchos nuevos sellos interesantes como Semántica, Paradigma, Area51 y muchos otros que se me olvidan.

También te dedicas a la docencia. En breve estarás impartiendo unos cursos de Ableton Live en la escuela Mad Center. ¿La proliferación de mejores herramientas musicales, o que hacen más sencillo el trabajo, está en relación con la calidad o la diversidad de lo que se produce?

P: Creo que ese desarrollo va parejo al crecimiento general de la tecnología, de la población y de la facilidad de vida. Pero exacto, hoy en día es muy fácil hacer música sin tener ninguna educación previa. Con tener un poco de control a nivel informático, tiempo e imaginación, puedes hacer un track con un laptop en un parque. Las posibilidades son impresionantes.

Coincidiendo con tu mudanza a Barcelona decidiste vender máquinas y pasarte al software. ¿Cómo han influido herramientas como Ableton Live en tu manera de hacer las cosas?

P: Positiva y negativamente. Antiguamente dedicaba más tiempo a trabajar el sonido, a ecualizar uno por uno. Ahora, con Ableton, hay demasiado donde elegir. El problema es que puedes trabajar con pistas infinitas, y eso tiene sus inconvenientes. Yo ahora utilizo ProTools, consiguiendo no trabajar con más de 12 pistas, y así defino más el sonido. Eso sí, a nivel creativo, cosas como Ableton son una maravilla, te permiten plasmar tus ideas más fácilmente.

¿Qué debería hacer ese instrumento o esa herramienta que aún no existe (sí, hablamos de ciencia-ficción) para que se convirtiera en tu aliado favorito en el estudio?

P: Lo hablaba con Sergio hace unos días. Necesito unos electrodos que trasmitan mis movimientos al secuenciador sin mover un dedo, simplemente pensando. Eso sería maravilloso.

Pulshar - The Price You Pay

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