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Spain is Pain

K**O presenta: Espanish Boogie

Kigo Spain is Pain Luis M. RguezTener de compañeros de juergas y empresas musicales a Delorean te sitúa sin remedio en la trayectoria de muchas miradas. Puede que Íñigo Elósegui, alias Kigo, aún sea para muchos “el amigo de Delorean”, el quinto agente en la sombra, pero basta seguir su rastro por la Web para entender que es sobre todo él quien aporta el músculo de Desparrame (el club itinerante y el blog), una de esas células de agitación ineludibles en la escena musical de este país. Su última fiesta off-Sónar fue poco menos que antológica; sus lazos de amistad con plataformas como Arkestra, Lo Fi Funk, Butterz o Numbers son síntoma de la existencia de una generación de DJs, productores y promotores que han aprendido a desenvolverse sobre el tablero de juego global definido por la red y las nuevas tecnologías de la información. Los contactos se amasan, las distancias se acortan y muchos de los que antes eran simplemente ídolos se van convirtiendo en colaboradores y amigos.

En su papel de DJ y prescriptor musical, K**O es un hombre de gustos y horizontes amplios. Un síntoma: acude a su espacio personal en la red y fíjate en la dirección escogida para su cuenta. En MySpace, K**O es “el chico más blanco”, un guiño a la figura incomparable del malogrado Poch (Derribos Arias es uno de sus grupos favoritos de siempre) y alusión irónica a su condición –él habla de contradicción– de joven blanco y burgués enamorado de las músicas negras del guetto –el rap es otra de sus primeras pasiones–. En su maleta encontrarás dosis generosas de house, dubstep, UK funky, grime o juke, sonidos casi siempre asociados a la nueva escena bass global, aunque luego, a la hora de salir a rascar cubetas, para él pueda ser tan preciado un clásico del house de Chicago como un oscuro single de techno-pop cañí editado en España durante los primeros años ochenta.

Signo de esa pluralidad y de esa falta de prejuicios en el consumo musical son los dos volúmenes que K**O lleva compilados hasta la fecha de su serie “Espanish Boogie”, saga de mixtapes dedicadas a representar la influencia que los sonidos electro-funk y boogie (disco-funk electrónico de principios de los ochenta despachado desde sellos como Prelude, West End o Radar) tuvieron en la música popular española en tiempos de resaca post-Movida. El primer capítulo llegó hace ahora dos otoños juntando cortes de Remedios Amaya, Martirio, Platino, Vicio Latino, DJ Ventura o Iván en una mezcolanza de encanto desarmante. Hace apenas dos semanas, K**O repetía jugada poniendo en circulación su “Espanish Boogie Vol.2” (puedes descargarlo desde aquí), otro sorprendente surtido de “flamenco funk sintético, freestyle cañí, discofied pop, o italo” de aquí. Tamaña lección de diggin' se merecía un espacio destacado bajo el epígrafe de Spain Is Pain. Es hora de revisar nuestra historia más bizarre de la mano de K**O.

Ya que tus “Espanish Boogie” son ejercicios de memoria histórica, ¿recuerdas tu primer contacto con la música?

No sé si el primero, pero uno de mis primeros recuerdos es, seguro, la canción de Barrio Sésamo, la intro.

¿Y la primera canción que llegó a obsesionarte?

La canción que recuerdo escuchar on repeat cuando era pequeño es “The Look”, de Roxette. De hecho, mi primera cassette de un grupo fue “Look Sharp”. Antes de eso mis padres me compraban bandas sonoras de dibujos animados y ese tipo de cosas para críos.

¿Tu primera música favorita para bailar?

Cuando tenía 12 o 13 años recuerdo que me gustaba el eurodance, recopilatorios como “Zona De Baile” y “Lo Más Disco”. Era especialmente fan de 2 Unlimited.

¿Cómo era el ambiente musical que se respiraba en tu casa cuando eras niño? ¿Tienen tus padres algo que ver en tus “vicios vinílicos”? ¿Recuerdas haber escuchado a mediados de los ochenta algunos de los temas que has acabado incluyendo en tus mixtapes?

En casa sonaba música siempre, eso hizo que me interesara desde pequeño por todo tipo de músicas. Mi padre y yo tenemos vicios muy parecidos: él colecciona libros y yo discos. De todas formas, aparte del “Arriquitaun” de Lain, no recuerdo haber escuchado ninguno de los temas del mix en su momento. Todos estos discos los he ido descubriendo durante los últimos años a base de diggin’. Piensa que nací en 1979, así que mi interés real por la música surge a principios de la década de los noventa. Sin embargo, es curioso, ahora siento que los ochenta me marcaron más.

¿Qué papel dirías que jugó la televisión (programas como Aplauso, Plàstic, Tocata, La Bola de Cristal) en la formación de tus primeros gustos musicales?

Recuerdo ver La Bola de Cristal y Tocata, pero yo no entendía aquello, me parecía todo muy oscuro y me daba miedo más que otra cosa. El primer programa de la tele que jugó un papel importante de verdad y que recuerdo seguir religiosamente fue el de los 40 Principales en Canal +, el que emitían los sábados al mediodía, presentado por Fernandisco. Molaba porque intercalaban grunge, eurodance, pop español, de todo un poco.

Si, como cuentas, no existía un vínculo emocional previo con estas canciones, ¿de dónde y cuándo surge la idea de hacer el primer “Espanish Boogie”?

La idea surge hace unos 3 años. Por aquel entonces, Ho$oi (Igor de Delorean, con quien suelo pinchar a menudo) y yo estábamos muy a tope con el freestyle, el boogie, el soul ochentero, y enganchados a Chromeo. Un día encontré un 7” de 1983 del grupo Platino que sonaba a todo eso, sólo que la voz en castellano hacía que la cosa molara el triple. Automáticamente me puse a buscar más, con la idea de hacer un mix tan pronto como reuniera los discos suficientes.

¿Cuánto tiempo tardaste en materializar el primer volumen?

En reunir los diez discos que metí en el primer volumen tardé poco menos de un año. Aquello no fue nada comparado con los más de cuarenta que he conseguido juntar desde entonces. Sigo encontrando nuevas joyas cada semana. La verdad es que podría sacar un tercer volumen mañana.

¿Aquel primer volumen fue un trabajo de amor de K**O en solitario o ya hubo amigos que se involucraron entonces, pasándote temas o dándote soplos sobre discos que podían merecer la pena?

El primer mix fue cosa mía, pero sí es verdad que a raíz de aquello me contactó mucha gente, coleccionistas que me fueron dando pistas y amigos que me pasaban temas (ahí están, en los agradecimientos). Aún así, la mayoría de discos son de cosecha propia, ¡que quede claro!

Ambos volúmenes de “Espanish Boogie” están grabados a partir de discos de vinilo originales. Esa es una de las premisas de la serie, utilizar sólo vinilo. ¿Por qué prefieres hacerlo así?

Sí, esa fue una de las premisas desde el principio. Si quisiera, habría podido hacerme un “Espanish Boogie” fácilmente a base de emepetreses, pero a mí lo que me divierte es ir de tiendas. Además, es la única forma de descubrir todos esos discos que todavía no existen en la red.

¿Hay algún tema que se haya quedado fuera por el hecho de no haberlo encontrado en vinilo?

Sí, Discofobia, de Tino Fernández de Parchís, para mí la cumbre del boogie patrio, y alguno de Aviador Dro, que es un grupo que se cotiza. Yo por principios nunca pago más de 9 o 10 euros por un disco de segunda mano. A la hora de cazar joyas españolas, ¿qué puedes recomendarnos? ¿Hay alguna tienda en particular a la que le tengas especial aprecio?

Mi recomendación principal es no subestimar nunca una tienda, por muy cutre que parezca. En realidad, cuanto más chunga mejor. La segunda recomendación es ir directo al cajón de ofertas. La tercera es ser paciente, pasar los discos con calma, uno a uno. Luego, los diggers habituales tenemos un sexto sentido que nos hacellegar al disco que nadie ha visto. Una de mis tiendas favoritas es Discos Edisons en Barcelona, a punto de cerrar por jubilación. Un drama.

Cuando estás de diggin', ¿en qué te fijas? ¿Eres de los que compra atraído por una portada o de los que repasa a conciencia los créditos del disco en busca de algún dato clave (un productor, un sello, un año, unos instrumentos en particular)?

Para mí la portada es clave, muchas veces razón de compra suficiente, y las pintas del grupo también. Después el año, y en el caso del “Espanish Boogie” hay bastantes más posibilidades de que el disco mole si data del período 1982-1985. Luego hay que fijarse en el sello y, sobre todo, el productor y el arreglista. También es una pista básica encontrar en los créditos a alguien que toque los sintes o que programe ritmos. Este análisis es vital, ya que en muchos casos la tienda no cuenta con un puesto de escucha y uno tiene que jugársela.

¿Alguna vez te has “peleado” con alguien en una tienda por querer los dos llevaros un mismo vinilo?

Qué va, pero una vez en un Cash Converters un tipo me suplicó para que le cediera un disco de temas inéditos de Michael Jackson como si le fuera la vida en ello. No sucumbí.

¿Cómo le explicarías a alguien que no esté demasiado puesto en la materia qué tipo de sonidos querías representar con “Espanish Boogie”?

Buscaba reunir música disco y funk sintético de principios de los ochenta, todo made in Spain. Sobre el papel, el concepto suena guay, aunque luego lo cierto es que casi todos los nombres representados son grupos de pop haciendo “funky”, como lo llamaban en la época.

¿Por qué crees que estas músicas, que en su día a lo mejor nos parecían horteras por culpa de las pintas o por tenerlas todo el día presentes en la radio o en la tele (y por esa tendencia a preferir siempre lo anglosajón), resultan tan atractivas al ser escuchadas después de tanto tiempo? Tus mixes son una prueba de que parte de la música que se hacía en España en aquellos años ochenta era bastante más “avanzada” o “contemporánea” de lo que podría parecer.

No pienso que lo que sonaba en la radio en los ochenta fuera más hortera que lo que suena ahora, más bien al contrario. En lo estético sí, desde luego, pero en general fueron unos años buenísimos para la música y nos dieron algunos de los mejores productores de todos los tiempos, como Trevor Horn o Jimmy Jam & Terry Lewis. En España fue una época súper productiva, los grupos no tenían ningún miedo a experimentar y fusionar estilos. Incluso las grandes discográficas apostaban todavía por grupos nuevos y originales. Por eso muchos de estos discos suenan tan bien, porque se grababan en grandes estudios con un despliegue de medios enorme.

Las notas que preparaste para acompañar el tracklist de “Espanish Boogie Vol. 1” daban a entender que detrás de la selección de los temas había cierto trabajo de investigación. Durante esas pesquisas, ¿has llegado a encontrar algo que para ti supusiera un filón?

Sí, a medida que pillaba discos iba descubriendo nuevos datos y atando cabos. En España, lo más parecido a un sello como Prelude –del que prácticamente puedes comprar a ciegas cualquier disco del catálogo, porque sabes que va a ser bueno– sería la primera época de la discográfica Blanco y Negro, de Barcelona. Pero, sobre todo, el filón de máximo interés lo encontré en las varias docenas de discos que pasaron por las manos de Julián Ruiz durante la primera mitad de los ochenta. Mi consejo es: si ves escrito “Julián Ruiz” en los créditos, cómpralo.

Desde tu experiencia personal de digger dedicado a escarbar aquella época, ¿se podría hablar de tendencias o de diferentes escuelas en las músicas parientes del boogie que entonces se hacían en España?

A grandes rasgos, yo distinguiría dos escuelas. Por un lado estaban los grupos de pop que hacían “funky” porque era el sonido de moda. Alaska y Dinarama, Objetivo Birmania, Presuntos Implicados o Cadillac, todos ellos colaron singles de funk-pop en los primeros puestos de las listas de ventas. Productores como Miguel Ángel Arenas, conocido por haber descubierto a Alejandro Sanz entre otros, hacían estos discos porque era lo que tocaba. Luego, por otro lado estaba el llamado “Sonido Sabadell”, que surgió de la extensa red de sellos independientes de Barcelona y alrededores (marcas como Blanco y Negro, Max Music, Dondisco, Key, Leiber, Mama Luna, etc.). Estos sellos se dedicaban a importar discos de “dance” de Italia y otros países europeos y además editaban música de artistas locales como David Lyme, Alan Cook o Vicio Latino. Hay temazos a patadas, la pena es que en el 90% de los casos los grupos cantaban en un inglés patatero. También en Cataluña encontramos una corriente de boogie más ortodoxo formada por grupos como Atlanta y artistas como Joan Bibiloni, con un sonido más clásico y tirando a jazzy. A mí esta última corriente no me interesa tanto.

En este tiempo de búsqueda, ¿te has encontrado con muchos casos de one-hit wonders, grupos que sólo llegaran a sacar un single de más o menos éxito o artistas que tengan una canción tremenda y el resto de lo que hicieron no mantenga el nivel?

La verdad es que no existen bandas que hicieran carrera en este sonido, porque la fiebre del “funky” fue pasajera; en cambio sí hay grupos de larga trayectoria que coquetearon con esos sonidos en un momento dado, como por ejemplo Tino Casal, Alaska y Dinarama o Presuntos Implicados. Luego abundan los grupos de pop que petaron con temas sueltos, como Cadillac con su “Arturo”, o one-hit wonders como Carlos Pérez y Jules Tropicana.

Mencionabas al popular Julián Ruiz (ingeniero de sonido y productor certificado por la propia RIAA, con más de un centenar de referencias en su currículo) como figura omnipresente en los créditos de muchas de las canciones de aquella época. ¿Podría hablarse de un “sonido Julián Ruiz”?La verdad es que de Julián Ruiz no sé demasiado, aparte de que odia a Animal Collective y, lo más importante, que produjo la mitad de mis discos favoritos de aquella época. La lista de grupos con los que trabajó es interminable: Tino Casal, Alaska, Objetivo Birmania, Azul y Negro, Aviador Dro, Rubí, a lo que habría que añadir sus proyectos personales. No me atrevería a decir que poseía un estilo único, pero al tipo le sobraba el buen gusto, sabía cómo hacerlo sonar y demostró un gran olfato para los hits. Aquí sería injusto no mencionar a su mano derecha, Javier Losada, arreglista genial y un maestro de los sintes.

¿A qué otros productores de la época habría que otorgarle crédito?

Además de Julián Ruiz y Javier Losada, destacaría a Carlos García-Vaso de Azul y Negro, a Luis Soler, Miguel Ángel Arenas e incluso a Luis Cobos, a quien le robé el diseño de la portada. De la escena catalana, mi favorito es el misterioso RT.1 (puedes seguir su rastro en discos de Iván, D.J. Ventura «Mr. Backer», Vicio Latino, etc.) junto a los hermanos Soler.

¿Podrían establecerse paralelismos entre los productores que operaban en España y el trabajo de otros productores extranjeros de la época? O dicho de otro modo: ¿la gente de aquí se esforzaba por ser original o se limitaba a imitar los sonidos que llegaban de fuera?

Ambas cosas. Lo que me fascina de aquellos años es la falta total de prejuicios a la hora de integrar los sonidos que venían de fuera con lo de aquí. Ahí tienes ejemplos como el freestyle-copla de Martirio, el flamenco-boogie de Laín y la electro-rumba de Azúcar Moreno. Otros se limitaban a imitar, lo que ocurre es que las voces y letras en castellano dan a las canciones un aire inequívocamente cañí, distinto a todo lo llegado de fuera.

Repasando los créditos de los temas de las mixtapes, llama la atención la conexión que había entonces entre escenas y estilos. Por ejemplo, sorprende encontrarse al legendario Gualberto de Smash componiendo para Remedios Amaya un tema que empieza sonando a electro de la vieja escuela o al entonces moderno Teo Cardalda de Golpes Bajos colaborando con Kiko Veneno y Martirio, gentes más apegadas al mundo gitano y la copla. Parece que esas cosas ya no pasan en España.

Eso es, ¡esto ya no ocurre! A mí, sobre todo, me llama la atención cómo se volcaron los gitanos con los sonidos sintéticos. A parte de los artistas que hemos citado, hay gente como Tijeritas o, por ejemplo, el guitarrista Enrique de Melchor, del que incluiré un tema en el tercer volumen, que es pura guitarra flamenca sobre un ritmo boogie. Incluso se daban colaboraciones que podríamos tachar de interdisciplinares, como el maxi “Ajoe / Marea” de La Fura Dels Baus con Servando Carballar. Fueron unos años muy creativos.

También llama la atención lo tremendamente contemporáneas que suenan muchas de estas canciones a nivel de producción musical.

Como he comentado antes, los discos han aguantado bien el paso del tiempo porque había talento y medios. También es verdad que en los últimos años artistas como Chromeo y Dâm-Funk se han encargado de actualizar el sonido de aquella era, haciéndolo de paso más popular. Esto, unido al revival ochentero que parece haber empapado todas las escenas, hace que las canciones originales nos suenen mejor que nunca.

Sorprende igualmente la tendencia a escribir letras ligeras, orientadas a la pura diversión, sin miedo a resultar superficial. En lo que respecta a ciertas músicas de baile contemporáneas, esa tendencia al vacile se ha perdido. ¿Qué opinas?

Totalmente de acuerdo, hacen falta más letras divertidas y, sobre todo, más grupos que canten en castellano. Mola que sean letras sin ningún tipo de pretensión más allá de entretener y enganchar. Algunas hoy nos suenan horteras y muy cómicas, y creo que ésa es precisamente una de las claves del éxito del mix: la gente agradece poder entender las letras, cantarlas y reírse con ellas. De hecho, hay varias canciones que no molarían ni la mitad si no fuera por la letra.

Tú mismo lo acabas de mencionar: el boogie y el electro-funk están viviendo una segunda juventud, ahí están Chromeo, Dâm-Funk, Hudson Mohawke u Onra revisando esos sonidos. ¿A qué crees que se debe esta ola de revival?

Creo que esta revisión se debe a que la mayoría de estos artistas son niños que crecieron en los ochenta y lo natural es que reivindiquen los sonidos de aquella época. En el caso de Dâm-Funk, él es un tipo ya entrado en años que no ha podido vivir del funk sintético hasta que se ha puesto de moda.

Hablemos de repercusión. El primer volumen recibió piropos de gente de la talla de Dâm-Funk, Morgan Geist o Greg Wilson. ¿Te esperabas algo así? ¿Cómo llegó la mixtape hasta sus oídos?

Cuando hice la primera mixtape me pregunté a quién podía interesarle y empecé a mandar e-mails. Hoy en día, la mayoría de nuestros ídolos y artistas favoritos están al alcance de un mensaje en MySpace o Facebook. Todos ellos son coleccionistas de discos y el concepto les pareció original. Morgan Geist me dijo que “Fotonovela” de Iván es uno de sus temas favoritos de siempre, y me contó que él mismo hizo en su día un edit propio del tema que suele pinchar a menudo.

Parece que el lanzamiento de este segundo volumen de “Espanish Boogie” ha estado más preparado, se ha hecho un más refinado “esfuerzo promocional” para dar a conocerlo. Y ha funcionado: 48 horas después de su lanzamiento ya habías acumulado más de 1.000 escuchas, asegurándote un puesto entre los “mixes calientes” de Mixcloud durante días.

Yo diría que el esfuerzo ha sido parecido, lo que marcó la diferencia fue la promo que hice a través de Facebook. Me encargué de que la noticia llegara a todos mis contactos a primera hora de la mañana y a partir de ahí corrió como la pólvora, la gente empezó a compartir el enlace y el número de escuchas fue aumentando exponencialmente hasta colocar al mix en el primer puesto en Mixcloud. Estoy muy agradecido a todo el mundo por su apoyo y sigo sorprendido por la increíble acogida que ha tenido el mix. Esta vez no lo envié directamente a artistas, pero me ha hecho mucha ilusión que El Guincho lo citara en varias de sus entrevistas, y hasta Miqui Puig nos escribió el otro día para comentarnos.

Pienso en recopilaciones hechas aquí como “Improvisto” (HiTop, 2001), “Afrodisia Presenta Spanish Grooves” (Nuevos Medios, 2001), “El Ventilador” (Rumba Classics/K-Industria, 2005) o “Achilifunk” (Lovemonk, 2007), y se echa en falta un “Espanish Boogie” editado en soporte físico con profusión de información, a la manera de Soul Jazz. ¿Nunca has pensado en licenciar los temas con vistas a editar una recopilación de manera comercial?Claro que lo he pensado, sería la bomba y estoy convencido de que funcionaría. Eso sí, yo me encargo de supervisar el proyecto y el sello de conseguir las licencias, que suele ser un dolor de cabeza.

Tú mismo lo has sugerido hace unos minutos, pero por dejarlo claro: ¿habrá tercer volumen?

Habrá un tercero y me gustaría dejarlo ahí. Ya sabes: “Espanish Boogie, La Trilogía”.

Saltemos a tus otras aventuras. ¿Desde cuándo conoces a los chicos de Delorean? ¿Cuándo y por qué empezasteis Desparrame?

A la gente de Delorean la conozco de toda la vida. Como ellos son de Zarautz y yo de San Sebastián solíamos coincidir en conciertos y teníamos algunos amigos en común. Al cabo de un tiempo empecé a pinchar con Ho$oi, su batería, y cuando coincidimos todos en Barcelona hace cuatro años decidimos empezar con Desparrame. Ya que no había apenas clubs donde sonara la música que nos molaba (hablo de rap sureño, grime, Baltimore club, booty, etc.), decidimos montar nuestra propia fiesta y traer artistas de fuera que no solían venir por aquí.

¿Cómo has vivido desde dentro la explosión internacional de Delorean? ¿Le ves un techo cercano a su crecimiento?

Lo suyo lo he vivido con verdadera emoción. Creo que la repercusión que están teniendo es más que merecida y que su siguiente disco va a ser mucho más grande todavía. Aún así, nunca se sabe. Que una cosa funcione o no funcione depende de demasiadas cosas. Desde fuera se diría que el blog juega un papel fundamental en el entramado Desparrame.

El blog es el reflejo de nuestros gustos y actividades, y sí es cierto que ha sido una herramienta clave a la hora de darnos a conocer y hacer contactos, tanto a nivel nacional como internacional.

En los últimos tiempos habéis montado algunas de las fiestas más épicas, al menos a nivel de cartel, que se recuerdan en Barcelona. ¿Cómo responde la gente a vuestras convocatorias?

La mayoría de fiestas han sido un éxito, hemos demostrado poder de convocatoria y capacidad de montar carteles muy potentes. Lo triste es que no surjan más oportunidades. La mayoría de los clubs españoles siguen sin apostar por “lo nuevo” y se conforman con seguir yendo dos años por detrás. Ya parece imposible poder ver a tu DJ o grupo favorito en un lugar que no sea un gran festival.

Desde hace meses hay una frase que preside vuestro MySpace: “Buscamos residencia en condiciones”. ¿Cómo está ese tema?

Hemos recibido alguna oferta pero ninguna se ajustaba a nuestras necesidades. Nos sobran los contactos, tenemos los sponsors, sólo nos falta un garito. Pero todo llegará, estoy convencido.

Además de Desparrame formas parte de la bass crew Plat Du Jour. ¿Qué hay de diferente entre esos dos colectivos?

Plat Du Jour es un colectivo centrado 100% en la música bass claramente marcado por la cultura de club inglesa. En cambio, Desparrame abarca un espectro musical mucho más amplio. Podemos organizar tanto un bolo de rap como uno de rock, una fiesta a medias con Numbers con la plana mayor de la escena electrónica o pinchar boogie y house antiguo toda la noche si nos da por ahí… Los responsables de Plat Du Jour se mudan de Barcelona a Londres en breve, así que veremos qué pasa. Eso sí, ya está reservada la fecha para la fiesta off-Sónar de 2011.

¿Cómo ves la escena (musical y de clubs) a nivel nacional?

La escena musical nacional está pasando por su mejor momento en años, pero desgraciadamente los clubs no están sabiendo aprovechar la situación. En Barcelona tengo la sensación de que hace años que el indie le ganó la partida a la música de club y, la verdad, me gustaría ver restablecerse el equilibrio entre ambas. Yo ahora mismo flipo el doble con lo que hay en Madrid, fiestas como las de Touché, Black Book Sessions o Montaña Sagrada.

¿Qué intentan aportar Desparrame y Plat Du Jour a esa escena?

En medio de ese panorama, Desparrame y Plat Du Jour no intentan aportar más que fiesta y frescor.

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