Columnas

Spain is Pain

El Guincho: el viaje hacia Pop Negro

El Guincho Luis M. Rguez 1. El alumbramiento de una estrella

Han pasado tres veranos desde “Alegranza” (Discoteca Oceáno, 2007), y el disco con el que muchos descubrieron a El Guincho sigue mostrándose asombrosamente vivo, reafirmándose como baza infalible cuando lo que se busca es excitar los humores, propagar los brillos de la alegría primaria, hacer de cada cuerpo un ingenio para el baile, de cada cara una percha de la que colgar sonrisas intercambiables. El disco llegó a las tiendas a finales de aquel año, casi sin hacer ruido, pero la red no tardó en sumar todas sus voces para hacerse eco de las virtudes de aquel desbordante ejercicio doméstico de sampledelia exótica, un corta-pega a borbollones de sonoridades y ritmos isleños que, paradojas de este mundo global, se acabó metiendo en el bolsillo a los oídos inquietos del más desahogado “primer mundo” a base de reivindicar la riqueza sonora de las periferias afro-latinas y afro-caribeñas. Doce meses después de ver la luz, XL Recordings se había hecho con la licencia internacional de “Alegranza”, Pablo Díaz-Reixa volvía de girar por Europa abriendo para Vampire Weekend, y se preparaba para estrenar 2009 cumpliendo con placer con sus primeras fechas en Ghana y Australia. Casi de la noche a la mañana, El Guincho se había convertido en el artista con mayor proyección internacional salido nunca del ámbito independiente español gracias a un disco grabado sin apenas medios en la habitación de su propia casa, y raro era el medio de comunicación –de aquí y de fuera– que no se mostraba interesado en dedicarle cuanto menos unas líneas. Gran triunfo, y por sorpresa.

Situación ideal, pensarán algunos, la que vivía Díaz-Reixa a principios del año pasado, tocando sin apenas descanso por medio mundo, y con los medios más atentos de ambos lados del charco pendientes de seguir su pista de cerca. Pero lo cierto es que el éxito también se cobra sus facturas, y en el caso de El Guincho las cosas crecieron tan rápido que el canario acabó optando un buen día por desaparecer de la vida pública durante un tiempo. Después de dar más de 120 conciertos en un año, el cansancio y la repetición de esquemas (el sentir que aquellas canciones ya no daban más de sí a menos que mediara un cambio de formato) convencieron a El Guincho de la conveniencia de parar la máquina. Reixa buscó sosiego en Gran Canaria, se largó a grabar sus nuevas canciones a Berlín, gastó unos meses trabajando en Madrid a la vuelta de Alemania, antes de regresar a Barcelona con el grueso de su tercer disco bajo el brazo, ese prometedor “Pop Negro” que llegará a la vuelta del otoño vía Young Turks.

2. Hacia un sonido multidimensional

“Este disco parte de una inmersión en la estética del hi-fi, de los grandes estudios, de la época dorada de las grabaciones, la compresión de la radio. Sé que es algo arriesgado de decir, porque es obvio que no existe tal cosa a priori, como estilo. No sé si hay una Estética del Hi-Fi, si acaso muy heterogénea, o muchas. Sin embargo, después de leer bastante sobre los 20 o 30 ingenieros-productores que más trabajaron en esa época y que de alguna manera definieron los parámetros de lo 'radio-friendly' entonces, te das cuenta de que coinciden en algunos puntos casi con militancia: el trabajo con la línea, por ejemplo, es clarísimo, aunque luego a final de siglo perdió prestigio; también las manías o los trucos con la compresión de entonces, el plano de coro, el uso del pad, la idea de groove o de loop, distinta según quién la explique, pero que en verdad es la mismo desde Afanasiev, Tony Visconti hasta Allen Sides, por poner casos opuestos. Todo esto fue de gran inspiración para el nuevo disco”. Así se expresaba Pablo Díaz-Reixa al hilo de su nuevo trabajo en una entrevista concedida a Heineken Música a mediados del pasado abril, tan sólo unos días antes de ofrecer en Madrid y en Sevilla los que fueron sus primeros dos conciertos como El Guincho después de casi todo un año ausente. Aquellas dos noches sirvieron para estrenar etapa e introducir un nuevo formato ampliado, más cercano al concepto de banda tradicional, con el que Reixa se presentará en directo a partir de ahora: El Guincho, otrora hombre-orquesta pegado a un sampler ajetreado y a un timbal de golpeteo primario y casi obsesivo, se presentó en escena en compañía de dos miembros de Extraperlo, Alex Clavera al bajo (ya presente en el último tramo de su gira anterior) y Borja Rosal a la guitarra. Juntos presentaron varias canciones nuevas que ya dejaban entrever una nueva orientación más pop en la que los instrumentos reales de toda la vida ganan presencia en detrimento del sampler. Esa, la casi total ausencia de samples, parece ser una de las claves para entender “Pop Negro”.

En relación a Berlín como base de operaciones para la grabación del grueso de su nuevo disco, Reixa le comentaba a Jenesaipop en abril que “necesitaba una sala muy grande, que fuera súper versátil, con paneles que nos sirvieran para recrear otras más pequeñas según la naturaleza de cada sonido. Me habían hablado de este estudio en Berlín construido por Franz Ehrlich en los 50 para la radio, con techos altísimos y los mejores materiales. Con la ausencia de samples en este disco me hacía falta un lugar así, poder situar los sonidos en un plano irreal o poco convencional si me apetecía. Plantar una P.A. en medio de la sala y generar nuestras propias reverbs, la caída del grave en los bombos, combinar sonidos pre-grabados con otros tocados al momento y que sonara lógico, en la misma casa. Al mezclarse estas primeras grabaciones con las cosas que hicimos luego en Madrid, Gran Canaria y Barcelona se ha dado como una atmósfera rara, muy divertida para mezclar, y creo que fue gracias al trabajo de chinos que hicimos en Berlín”. De la capital alemana también se trajo El Guincho grabadas las voces de Adora Ariam-Odilli, tan sólo una de las varias colaboraciones vocales que sazonarán un disco al que Jens Neumaier (ex 12twelve, Coconot) ha aportado saxos, y en el que Boris Israel Fernández toca congas y otras varias percusiones. De momento, lo único que nos han dejado oír de ese “Pop Negro” es “Bombay”, una postal de pop exótico de tintes líricos escapistas en la que Reixa se presenta cantando más alto y claro que nunca, demostrando una vez más que, a pesar de las buenas vibraciones, del humor soleado que asoma en la superficie, en las canciones de El Guincho hay espacio para los sentimientos de trasfondo amargo. La cosa promete.

El Guincho . Bombay.mp3
Person Pitch”, el medio (el sampler, el loop rítmico como base estructural de unas canciones que bebían de fuentes muy distintas a las del Panda) se acabó confundiendo con el fin, con la forma, y los logros de El Guincho quedaron en cierta medida diluidos y encerrados en el cajón de sastre de la tendencia “tropicalista” (en una línea “fourth world”, recreación aligerada de ciertas sonoridades de regusto exótico para el oyente occidental, blanco y hipster). Y eso, a pesar de que el propio Díaz-Reixa se esforzó entonces en explicar que las músicas que usó para construir sus dos primeros discos tenían más que ver con la idea de intentar combinar un montón de músicas de raíz afro-caribeña (sonidos y ritmos procedentes de Cuba, Jamaica, Trinidad, Haití o Puerto Rico) que con la imaginación del Brasil tropicalista. A raíz de la publicación de “Alegranza”, Reixa hablaba con nuestro compañero Zigor Cavero al respecto de esa etiqueta, “tropicalista”, no siempre utilizada con rigor. “ Cuando digo latinoamericano no me refiero a tropicalista. Tropicália fue un movimiento muy concreto en el Brasil de finales de los 60, principios de los 70 y con unos pocos personajes muy reconocibles que lo definieron. Cuando leo o alguien me dice que “Alegranza” es un disco tropicalista me parece bien, y seguro que algo de eso hay porque es una música que llevo escuchando obsesivamente desde hace unos 6 años. Pero no me gustaría quedarme ahí. De alguna manera siempre es un pequeño fracaso no poder superar una influencia y que todo lo que hagas recuerde a eso. Supongo que igual debe haber una pequeña confusión entre tropical y tropicalismo y la mayor parte se referirá a lo primero. Los sonidos de las islas me fascinan… cómo en esas pequeñas porciones aisladas en medio del océano pueden generarse músicas tan absolutamente únicas. Lugares que en general han sufrido procesos de colonización muy duros que de alguna manera han quedado reflejados en sus composiciones; pero lugares también, y curiosamente, con una querencia total por los sonidos de celebración y las canciones de encuentro cantadas a coro”.

Milton Nascimento, Caetano Veloso, Gilberto Gil o Tom Zé se cuentan entre los favoritos de Reixa en materia de Tropicália, pero su apetito devorador de músicas de todas las latitudes le ha llevado a desarrollar un especial afecto por otras muchas formas de folclore latinoamericano, desde la rumba o la trova cubana hasta la salsa panameña. Esas inquietudes son la base de la serie “Piratas de Sudamérica”, un proyecto enfocado al ejercicio reinterpretador de standards y clásicos olvidados del acervo musical latinoamericano que Reixa describe de manera más vistosa como “una aventura en la baja fidelidad de El Guincho, una colección de melodías escritas por los más celebrados autores hispanoamericanos del siglo XX. Una serie de disco de corta duración. Un truco”.

4. Piratas de Sudamérica

El primero de esa serie de trucos –en el fondo, un campo de pruebas para experimentar con producciones más extremas– lleva dos semanas en la calle, brindándonos sus personales lecturas del “Hindou” de Armando Oréfiche y Armando Valdespi (canción popularizada en la Cuba de los años treinta por los Lecuona Cuban Boys), del “Mientes” del gran Migel Matamoros (referencia obligada en la historia de la música afrocubana, sección bolero y son, como alma compositiva de su Trío Matamoros, de su Septeto, o de su propia orquesta), de “Frutas Del Caney” de Felix Benjamin Caignet (un clásico son cubano que seguro conoces en la interpretación de Compay Segundo, Arsenio Rodríguez o el Sexteto Anacona), o “Marimba” de Noro Morales y Miguelito Valdés (pianista y director de orquesta de origen portorriqueño el primero, ex boxeador y cantante cubano famoso por su voz profunda el segundo). De Piratas de Sudamérica sabemos que hay un segundo volumen grabado (desde hace más de un año) y que el tercero está en camino. Si los deseos de El Guincho se cumplen, la serie constará de hasta diez volúmenes, a razón de cinco cortes (y siempre con dos colaboraciones) por entrega. La idea es ir sacando entre uno y dos EPs por año, de forma paralela a los discos propios de El Guincho.

Hace unos días quisimos hablar con El Guincho para profundizar en la inspiración que subyace a esta serie de EPs, pero Pablo, más pendiente de sus compromisos en directo, dijo entonces preferir dejar las cosas bien envueltas en silencio. “La gracia de estos EPs para mí es que queden como grabaciones piratas. Creo que pierde un poco la esencia hacer promoción y entrevistas a raíz del tema”. De ahí nuestra sorpresa cuando, casi a la vez, nos topamos por pura casualidad con un texto firmado por la mano de El Guincho con destino a las páginas de Dummy. En ese texto, Díaz-Reixa explica cómo la culpa última de todo habría que asignársela a la colección de discos de su padre. Nada de turismo cultural de raíz hipster. El Guincho mamó estas músicas desde pequeño y en el entorno de una tierra, las Canarias, cuya cultura popular está desde antiguo bien empapada de influencias latinas y africanas.

“Por aquel entonces”, explicaba, “él estaba bastante obsesionado con la salsa, el danzón cubano y, sobre todo, la música del panameño Rubén Blades. Aquellos eran los años en los que Blades publicó sus mejores discos para Elektra, justo después de dejar Fania Records, consiguiendo firmar uno de los discos más vendidos en la historia del sello con “Siembra” , y su hit “Pedro Navaja”. Escuchábamos sin parar canciones como “Buscando América”, “Escenas” o “Agua de Luna”. Bueno, al menos es lo que él me cuenta, porque yo sinceramente no me acuerdo de aquello. En realidad, comencé a familiarizarme con aquellos discos una vez que me marché a vivir a Barcelona, hace cosa de ocho años. Supongo que, movido por la nostalgia, le pedí a mi padre una lista con aquellos discos de mi infancia, a la vez que empecé a investigar por mi cuenta sobre aquellos artistas previos que podían haber influenciado a Blades, a Willie Colón y Hector Lavoe, a Ray Barretto, etc. Para mi sorpresa, me descubrí recordando un montón de aquellos estribillos, de las letras y los arreglos de aquellos discos, y me entusiasmé con la idea de descubrir más y más cosas sobre aquella música. Fue así como acabé llegando a descubrir a las grandes orquestas cubanas de los años 30, a bandas como Casino de la Playa, Lecuona Cuban Boys, Anacaona o Sonora Matancera, y a todos aquellos increíbles compositores (Armando Oréfiche, Armando Valdespí, Calixto Leicea, Bobby Capo, Daniel Santos, Miguel Matamoros, etc.) y cantantes (Myrta Slva, Leo Marini, Celia Cruz, Víctor Pineros, Bobby Capo de nuevo, y mi favorito: Miguelito Valdés) que trabajaron con ellas”.

“Lo que realmente me fascina de aquella música”, prosigue, “es su sentimiento criollo. Todas hacen gala de un poderoso sentimiento local que hace que, incluso cuando es obvio que algunos de ellos (pienso, por ejemplo, en mi banda favorita de siempre, Los Zafiros, y su disco “Bossa Cubana” ) estaban intentando referenciar el soul negro norteamericano o la samba brasileira, siempre conserven un elemento que les hace extremadamente únicos. Simplemente no podían evitar ser ellos mismos. Cuando comencé a conocer a otros músicos en Barcelona, siempre podía hablar con ellos de músicas más orientadas al club, de hip hop, de nuestras producciones favoritas a nivel de discos de pop, pero nunca pude encontrar a nadie con el que sintiera afinidad cuando me ponía a hablar de estos discos y compositores latinoamericanos. Así fue que pensé, ¿por qué no haces versiones de esas canciones, adaptándolas de acuerdo a valores de producción que ellos pudieran encontrar interesantes? Y eso es lo que hice. Realmente, esa es la razón por la que estoy haciendo esto. Encuentro que es una forma excitante de explicar de dónde viene una parte importante de mi música, de rendir tributo a esas influencias, y de paso hacer que mis amigos o la gente que puede disfrutar de mi música descubra un mundo fascinante de magnificas grabaciones”.

Y eso que no quería hablar al respecto... A ver si la próxima vez le cogemos con más ganas y nos lo cuenta todo a nosotros. Ahora sólo queda esperar a que asome la cara el otoño.

Próxima parada: “Pop Negro”.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video

cerrar
cerrar