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Spain is Pain

Discos Capablanca, Los Massieras y la rumorología del disco-edit

Los MassierasBerlín es un polígono de infinitas caras, una ciudad-isla que, a modo de pesado iceberg, asoma su cambiante perfil en mitad de una cuadrícula no del todo bien diseñada. Quien haya pisado más de una y de dos ciudades germanas sabrá que Berlín, la Bundeshauptstadt, se parece muy poco al resto de Alemania. Casi habría que hablar de micro-estado, de invernadero psíquico levantado sobre las costuras de un escenario urbano difícilmente repetible en el que las cicatrices del pasado son, a la vez, los hilvanes de una realidad nueva y en construcción permanente. Así venía siendo, al menos hasta hace bien poco. Recuerdo la primera vez que puse los pies en la ciudad: la fascinación fue absoluta, cada día de aquella primera visita nos deparó sorpresas. Década y media después, las circunstancias son otras. El sueño subvencionado dio paso, hace tiempo, a la restricción económica. La antigua apuesta por el desgobierno, por la exploración y el riesgo va dejando paso a más seguras y descafeinadas fórmulas encaminadas al ocio liviano. Buena parte de la sociedad le da la espalda al Berlín bohemio, creativo, discrepante y contestatario de antaño en favor de una más normalizada calidad de vida que empieza a tener un claro reflejo en las aspiraciones, las conductas y los ritmos de quienes hoy habitan bajo los cielos abiertos del que fuera corazón herido de la vieja Europa.

Hugo Capablanca siente de forma parecida. Nacido en Burgos –aunque ya verán que el chico salió con alma nómada; el suyo es uno de esos culos inquietos que no duda en moverse de acuerdo a lo que en cada momento le pida la cabeza y el cuerpo–, acabó echando raíces en la capital alemana tras su particular periplo iniciático. Es así como comienza su historia. Él nos la cuenta.

“Llegué a Berlín hace ahora seis años, después de acabar Artes en Kassel, hogar de la archifamosa Documenta, una de las expos de arte más grandes del mundo. Mi background es arty. Estaba frustrado con el infantilismo, la cerrazón de miras y la subnormalidad reinante en la Facultad de Artes en España, particularmente en Salamanca. Tuve dos buenos profesores y unos cuantos buenos amigos. El resto era todo basura, un teatro, un timo más grande que la última gira de los Sex Pistols o Los Massieras, sin ir más lejos. Así que me fui lo más lejos que pude, y tras tantear Londres, París y otro par de sitios más, acabé en Berlín y me enamoré al instante. ‘Berlín no es lo que era’ es un cliché de proporciones triásicas, pero es cierto. El Berlín bohemio está dando paso a una ciudad más comercial, más estandarizada, más acorde con el resto. Tiene sus cosas buenas y malas. Me considero afortunado de haber conocido ese otro Berlín. Era fresco y divertido y no se tomaba muy en serio. Ahora los nuevos berlineses se toman muy serio su recién adquirida modernidad (¿legítima?). ¡Hay que relajarse un poco! ¡Meterse el dedo en la nariz! ¡Saquen los complejos a pasear y olvídenselos por el camino!”.

Capablanca comenzó a asentar sus reales en Berlín, y no tardó en andar relacionándose de tú a tú con la flor y nata de aquel underground local, bohemio y canalla que a mediados de la década pasada festejaba la vida cada fin de semana entre las cuatro paredes del club Rio de Chaussee Strasse, toda una leyenda en la noche berlinesa más ecléctica (su apuesta musical era ejemplo de riesgo y bastardismo: se alternaban en una misma noche conciertos y sesiones de DJ en las que se mezclaba sin rubor electro y post-punk, weird funk y mutant disco, músicas que poco tenían que ver con los patrones techno que se estilaban en la mayoría de clubes de la ciudad) y anárquica, un reducto abierto al más sano libertinaje que, de la mano de su promotor, Conny Oper, supo fidelizar a una parroquia con ganas ilimitadas de música y de fiesta, un público entre el que abundaba el espécimen sexy, estiloso e interesante, a veces tirado un poco más hacia el fashionismo afectado y otras, las más, bien provisto de ese espíritu airado, disparatado, paroxista, extravagante y trashy que siempre ha caracterizado a una parte del underground fino y gamberro de esta ciudad.

Allí, en medio de aquella agradecida fauna, hay que acudir a buscar el rastro de las primeras andanzas musicales de Hugo Capablanca en Berlín. Según sus propias palabras, un buen día se animó a preguntar si podía poner unos discos, y poco tiempo después su nombre se contaba entre los deejays residentes del Rio. Nada mal.

¿Qué más recuerdas de aquellos días?Tenía una compañía independiente dedicada a las visuales que fundé con Héctor Muelas, aka Herr Mueller, más tarde redactor jefe de Vice Alemania, y con Mario Campos, que ahora anda por Madrid partiendo la pana con su innovador modo de ver las artes gráficas en particular, y la vida en general. La fundamos al poco de llegar yo, y una de mis primeras noches en Berlín, poco después de haber pasado por una operación que casi me cuesta la vida, me escapé del hospital con la bata aún puesta para ilustrar con píxeles y niebla los sonidos de LCD Soundsystem y Peaches en un histórico concierto en el Maria. Luego hubo que volver a la sala de operaciones por saltarse el periodo de convalecencia en rojo, pero mereció la pena. A partir de ahí, fue todo muy rápido: el grupo se disolvió, mi ordenador petó, le pregunté a Conny si en vez de visuales podía poner discos, y la residencia llegó tan rápido que casi ni me enteré. Río fue uno de los clubs más grandes del mundo. Word!

¿Y qué hizo de Rio un enclave tan especial?Realmente no se puede explicar con palabras. Era mucho más que la suma de las partes, era la atmósfera, el todo absoluto e indivisible. La esencia pura de lo que era Berlín en aquellos días. Nunca se había visto nada parecido, y cuando estabas allí sabías que iba a marcar un antes y un después tal y como hicieron en su día Studio 54, Regine, CBGB o Paradise Garage. La auténtica cultura de clubs, ese término que estaba en boca de todos a finales de los noventa pero nadie sabía muy bien lo que era. Como dice James Murphy: “I was theeeeeeeeere!”.

¿Existirían Los Massieras, Discos Capablanca o Bananamania si Rio nunca hubiera sucedido? O dicho de otra manera: ¿qué importancia hay que atribuirle a aquellos días en Rio en tu continnum vital como DJ, promotor de club, productor y remezclador? Muchísima importancia. Casi toda. Allí crecí. Son mis raíces en Berlín. Era como el patio de mi casa y sabía que mi patio era el más chulo del barrio, así que tampoco iba a muchos otros sitios. Absorbí todo lo que merecía la pena y el resto pasó por el filtro y cayó en el olvido. Digo casi toda porque el otro 30% es Nueva York y descubrir de dónde viene la música disco de la mano de auténticos innovadores del género como Jacques Renault, Speculator, Rub n Tug... una experiencia que también me influyó profundamente. Aunque a esas alturas ya me había visto “After Hours” de Scorsese un trillón de veces, y sabía que, si quedaba aunque fuese sólo una pequeña parte de lo que llevó a Martin retratar la ciudad de aquel modo, allí habría romance.

Desde que la aventura del Rio se dio por finiquitada, Hugo Capablanca ha tenido ocasión de diversificar y multiplicar su acción en varios frentes. Hace cosa de dos años fundaba su primer sello discográfico, Discos Capablanca, enseña de catálogo aún escaso (apenas dos referencias en formato de 12”, Jungle de Grackle e In A Daze de Mutant Beat Dance, ambas recomendables, aunque servidor sienta cierta predilección por la segunda, una pequeña gema de jacking house en crudo regada por la voz negra de Eric D. Clark) que lista entre sus influencias a John Carpenter, Richard Hell, Sister Sledge o P.i.L.

Si hacemos caso de lo que reza en su MySpace, Discos Capablanca sería un conglomerado integrado por el sonido disco de Nueva York, el Chicago house, jams psicodélicas, cosmic dub y la tradición motorik teutona, todo bien envuelto en un deje tropical. En su manera de jugar a mezclar esas referencias está su sugerencia.

¿Qué planes de futuro inmediato tienes para Discos Capablanca?Hay tres nuevos EPs preparados que verán la luz durante los próximos meses. Escapismo, vibraciones cósmicas, psicodelia y un tono bastante ácido en general es el tono dominante. Túneles secretos que van de Brooklyn a tumbas egipcias por descubrir. Habrá a quien le suene a mamarrachada, pero tampoco es que me importe demasiado. Mi sello es un proyecto que llevo con mucho amor, dedicación y esmero. Me da igual sacar un disco que tres al año porque sólo saco música que me llega al alma. El resto me da igual. No es un negocio. Es música.

Grackle . Jungle (Unit 4 Remix).mp3
T. Keller. Ambos rehicieron en clave de plácido space disco el “ Jungle” de Grackle, y también juntos firmaron un 12” para Gomma, “La Konk Fiesta”, que hace poco era elegido por Optimo (Espacio) entre los cortes que incluyeron en su contribución a la serie de discos de sesión de Fabric.

¿Tenías en Gomma, además de amigos con los que comparte gustos y actitud, un referente a la hora de decidir lanzarte al ruedo discográfico? Los comienzos de Gomma me marcaron mucho. Soy un gran fan de aquellas recopilaciones, cosas como “Anti NY”, Rammellzee, Sexual Harrassment, Vivien Goldman y esas cosas que sacaron al principio. Súper fan. Pero con Discos Capablanca quise aportar mi granito de arena y no fijarme en otros, intenté ser original con todo lo que conlleva. Seguí mis instintos y no escuché a todos los que me aconsejaron abandonar la ‘loca idea de empezar un sello en estos tiempos’, y creo que fue la decisión más acertada de mi vida, por cómo ha enriquecido mi vida a un nivel personal y creativo.

Grackle . Jungle (T Keeler and Capablanca Mix).mp3
Tausendisco, casi siempre en noche de viernes, en el Tausend Bar, elegante local situado en el número 11 de Schiffbauerdamm, muy cerca de la estación de S-Bahn de Friedrichstraße), el año pasado venían al mundo Los Massieras, una pareja de gamberros (H. Massiera y D. Massiera, o lo que es lo mismo, Capablanca y el francés David Ducaruge, personaje al que algunos recordarán por su implicación en Sex In Dallas) amantes de los sonidos añejos de la era disco, el boogie, el italo, la psicodelia analógica de regusto cósmico o el mutant disco de filiación neoyorquina que disfrutan pasando las canciones de otros por su filtro psicodélico. Porque sí, lejos de querer gastar las horas en replicar desde cero aquellos sonidos, Los Massieras han optado por dedicarse al re-edit, por re-arreglar e intervenir canciones de otros de acuerdo a unos parámetros desprejuiciados en los que prima el descaro y la frescura.

¿Por qué optar por el edit como vía de expresión? Como reto. Es un género tan sobado y abusado (es la vía rápida de muchos DJs sin talento para alcanzar la fama rápida) que merecía la pena intentar hacer algo fresco. Yo tengo mi sello y el otro Massieras tiene un proyecto que está petando mil, nuestros motivos eran otros. Además, nos apetecía trabajar juntos.

Ya lo ven, más que querer apuntarse sin más a esa fiebre del disco-edit que tiene en Pilooski, Dirty Sound System o Greg Wilson a algunos de sus nombres más visibles, Los Massieras surgen a la vez como reacción a los desmanes de esa escena y como síntoma de admiración sincera por el trabajo de otros, comenzando por el de Jean-Pierre Massiera. Si lees habitualmente PlayGround, sabrás que la primera referencia de Los Massieras llegó a ver la luz a principios del pasado mes de marzo a través de Bananamania (nuevo proyecto editorial de Capablanca) y Discoteca Océano. En los surcos de aquel primer 12” había espacio para tres cortes disímiles pero siempre curiosos, edits que oscilaban entre el disco-funk loopeado y espolvoreado de guitarras de acento rock, el post disco más suelto y libérrimo (como si el Bill Laswell de Material se dedicará a jamear con Konk o el Arthur Russell de Loose Joints o Dinosaur L, dijimos en si día de “Bananamania”), o la psicodelia sintética con regusto a John Carpenter y a suspense giallo de “Shroom Heaven” (en realidad, un segmento del “Heaven & Hell” de Vangelis).

Los Massieras . Shroom Heaven.mp3
Adriano Celentano y Rafaella Carrá) mientras desde el título le guiñan un ojo a las gentes afines de Italians Do It Better. Los Massieras también la saben meter, de ahí que el 12” se titule “Better Than Italians”.

Los Massieras . Allrighty.mp3
Bananamania. Carpetas de 12” sin créditos, a la manera del disco underground, con el plátano de Andy Warhol como único motivo estampado. ¿Podríamos entender que en el uso de esa imagen gráfica (una reproducción de una de las imágenes más icónicas que ha dado de sí la historia del rock, firmada por el poster boy del pop art, primera corriente artística que apostó por la reproducción seriada, por el valor de la copia, por el facsímil) hay implícita cierta declaración de intenciones, un aceptar que la razón de ser de Los Massieras está en el apropiacionismo, en la copia deformada? “Nos gusta jugar con las referencias y el apropiacionismo. Después de todo, es un proyecto de (meta) edits. Además, ¿quiénes son estos Massieras, de todos modos?”.

¿Habrá algún día un 12” de Los Massieras dedicado a dar su visión de clásicos del legado musical español?. Si un lunático angelino como The Gaslamp Killer puede samplear el “sonido caño roto” de Las Grecas para servírselo en bandeja ácida al místico Gonjasufi , ¿por qué no podrían Los Massieras tocarle las entretelas a Barrabás, Alacrán, Alfonso Santiesteban, Max B, Los Chorbos, Platino, Iván o los Derribos Arias de “Disco Pocho”?¡Me encantaría meterle mano a Las Grecas! (¡diosas! Gracias, Kali, por las cassettes de tu coche en esos veranos tan míticos). Y ya que los mencionas, Barrabás caen en el 99% de las sesiones que pincho. ¿Sabes que Dave Mancuso vendía sus discos en The Loft e incluso se los llevó a toca a NY? Los descubrió por error, buscando cosmic disco de influencias africanas, y pilló su LP de viaje por Europa porque venía un tema llamado “Wild Safari”. Y cuando lo escuchó, flipó. Hablando en plata, Barrabás fueron, son y serán los putos amos para mí.

Toca hablar de presente y de futuro inmediato. ¿A qué piensa dedicar Hugo Capablanca sus horas en estos días de canícula berlinesa? Estoy haciendo bastantes remezclas y experimentando bastante. Y acabo de hacer una colaboración con Uslu Airlines (que ya trabajaron con Ed Banger o Headman) para diseñar un pintauñas disco. ¡Creo que sale esta próxima semana! Muy underground no es, pero de nuevo, me da bastante igual. Si antes citaba a James Murphy, aquí podemos meter a Alaska.

Para terminar: si algún científico loco con acceso a una tecnología que permitiera viajar en el espacio-tiempo os brindara la posibilidad de usar su máquina, ¿a qué cinco momentos y lugares viajarían Los Massieras? París Situacionista pre-mayo 68. NY No Wave '79-'83. Berlin 1980. L.A. y San Francisco en los 70's. Cairo 1.500 BC.

Ahí tienes cinco pistas para ubicar el mundo emocional de estos truhanes del disco-edit, aunque no estaría de más recordar aquello de que... “Los Massieras do not exist in your Time or Universe. Los Massieras are a Reality in your 70s MindBoogie State of Mind!”.

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