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Spain is Pain

Mapa sonoro: ejercicios de cartografía pop

Thelemáticos, el mismo al que si le preguntas por momentos televisivos concretos que en su recuerdo aún brillen con luz propia, te suelta perlas como “me remito a la famosa actuación de Sabrina. El vídeo de Europe también causó bastante furor en su momento. Pero en “Barrio Sésamo” había unos viejos que cantaban algo así como 'hay un agujero en el cubo, tía pepa tía pepa tía pepa' a ritmo de banjo; eso siempre me pareció de lo mejor”.

Sabrina, Europe, Barrio Sésamo. Desde luego que no le falta razón, aunque la relación de otros con el medio televisivo parece haber sido más fructífera y decisiva a lo hora de apuntalar la estructura de su universo musical. Antonio Luque de Sr. Chinarro nos cuenta como “la antena parabólica del piso de la playa cambió mi vida". En el caso de Abel Hernández (ex Migala, Emak Bakia, cerebro único de El Hijo), esos espacios televisivos jugaron “un papel definitivo para aclarar mis gustos musicales. Recuerdo sobre todo unos programas infames sobre la lista de éxitos, y así que me hicieron darme cuenta de eso de que hay dos tipos de música: la buena y la mala. Entre toneladas de nanas mouskouris y cobos a veces salían The Cure, Battiato, The Pogues, Radio Futura o 091 […]. Recuerdo de forma especial A UAN BA BULUBA BALAM BAMBÚ, FM2, a veces Plàstic (cuando no se pasaban de listos), los especiales de Metrópolis, un poco de La Bola de Cristal, y la señal de la MTV robada a alguna parabólica cercana. También recuerdo lo mucho que me impresionaron algunas actuaciones del 1, 2,3. Por ejemplo la de Leonard Cohen con 'First We Take Manhattan’”. Para Ibon Errazkin (ex Le Mans, mitad productora de Single), de una generación anterior, la televisión musical también tuvo su relevancia, “aunque quizás no tanta como la radio, que era donde realmente descubrías la música cuando Teresa y yo teníamos doce o quince años”. Trascurridos más de 20 años desde algunos de aquellos momentos, su memoria aún es capaz de casar artistas y programas con sorprendente precisión: “Me acuerdo muy bien de Popgrama (donde vi a los Sex Pistols, los New York Dolls, los Stranglers), de Aplauso (Bowie, Magazine, Alaska y los Pegamoides) y por supuesto de La Edad de Oro (Tom Verlaine, John Cale, Cabaret Voltaire, Gun Club, Duruti Column, Parálisis Permanente…). Y también de aquel polémico “Caja De Ritmos” en el que salieron las Vulpess, no por ellas sino porque fueron dos horas de videoclips de grupos españoles de la época (¿era 1983?), muchos de ellos muy desconocidos, ¡un sábado por la mañana!”.

Hugo Sierra, de Margarita y Prisma en Llamas, se muestra aún más apasionado, declarándose un gran devorador de televisión musical. Su apetito, por lo que cuenta, era insaciable. “Recuerdo que me veía todos los programas que había de música. Me daba igual que no me gustasen los grupos. Siempre me han molado esos programas: Tocata, La Bola de Cristal… Todos. Luego, ya de adolescente, tuve la suerte de pillar la MTV gracias a una antena parabólica y ahí ya se lió la marimorena. Podía estar días y días viendo la MTV, cuando todavía no era lo que es hoy. A los vídeos, además del título, le ponían el nombre del director, y me los sabía todos. Me bastaba ver el primer fotograma para saber qué video era y quién lo había hecho. Recuerdo cuando vi por primera vez en el 120 Minutes a Frank Black o a Henry Rollins, por ejemplo. Era alucinante. Me grababa cintas de VHS con todos aquellos programas y me los aprendía de memoria. Tengo actuaciones grabadas de Jesus Lizard o Afgan Whigs que aún hoy en día me emocionan”. En el frente contrario, Guillermo Farré (alma de Wild Honey y miembro de Mittens) no tiene grandes recuerdos asociados a ver música por televisión, pero acierta al reconocer la influencia fundamental que sobre el oído musical de muchos de nosotros han tenido las sintonías de algunos programas televisivos, en su caso particular, aquellas que introducían una buena sesión de fantasía animada. “Recuerdo canciones de La Bola de Cristal, un programa que creo que marcó a toda una generación. Y, sobre todo, recuerdo las sintonías de muchas series de dibujos animados, que es lo que me volvía loco de pequeño y podía escuchar durante horas. Las mejores son las que hacían los hermanos De Angelis (esto lo he averiguado ya mayor, claro), canciones ultra pegadizas, con unas producciones y unas melodías muy chicle: ‘D’Artacan Y Los Tres Mosqueperros’, ‘Willy Fog’, ‘Ruy, El Pequeño Cid’. Son canciones que, de tanto oírlas de pequeño, están grabadas a fuego en mi cerebro”. Ya lo ves: videoclips, entrevistas y playbacks, actuaciones y sintonías... la música como ingrediente fundamental de la experiencia televisiva.

Para quienes gastamos parte de nuestra adolescencia con los ojos hundidos en la pantalla en busca de alimento musical, el fin de siglo no pintó para nada bien. Durante las últimas dos décadas, la televisión en este país no se ha mostrado interesada –o no ha sabido cómo articular de manera acertada ese interés, cuando lo ha habido– en crear espacios de visibilidad para las músicas no comerciales. ¿A qué puede haberse debido ese vacío? A juicio de Wild Honey, “la música se ha considerado siempre como algo de relleno, en los últimos años ha habido muy pocos programas que hayan girado completamente alrededor de la música. Tengo la sensación de que no se considera la música pop como algo cultural, sino como algo con fecha de caducidad y relacionado con las modas pasajeras. Así que en televisión, o bien hay hueco para superestrellas en un programa de variedades (generalmente en playback), o bien es música clásica o de vanguardia que tiene un tratamiento de alta cultura en un canal cultural tipo La 2. La música pop queda en tierra de nadie, como fondo para ilustrar un resumen de la liga o relegada a programas de tendencias”. Para Errazkin, ese desierto es aún más amplio, aún más árido, y afecta a muchos otros ámbitos de creación además además del musical ( “Creo que lo que ha desaparecido de la tele en los últimos veinte años es la cultura en general, no sólo la música. En la época de La Edad de Oro y la Bola de Cristal también había programas sobre literatura, teatro, música clásica, cine de autor, documentales históricos… Todo eso ha sido sustituido por un tipo de televisión que no es más que entretenimiento”), mientras los chicos de Pony Bravo, más airados, no dudan a la hora de señalar culpables dentro de las instituciones y de la propia industria del disco: En nuestra opinión, ese vacío se debe a la presión constante del mercado discográfico por absorber esos espacios y usarlos como publicidad para sus lanzamientos. Son empresas con mucho dinero y mucho poder político, y faltan gestores culturales y profesionales de la televisión que luchen contra esos poderes y protejan la verdadera creatividad. Si los políticos deciden sobre qué es buena música estamos perdidos. Falta cultura musical en España y sobran las visitas de Bisbal, Alejandro Sanz y las grandes estrellonas horteras de la música a la Moncloa para hacerse la fotito. (...) Faltan políticos y gestores con la cultura general necesaria para distinguir entre La Oreja de Van Gogh y Radio Futura. Es así de triste el panorama”. Antonio Luque apunta en la misma dirección: La televisión es el culo de las multinacionales. Por ahí nos sueltan sus productos.

En mitad de ese triste panorama, acaba de surgir un pequeño oasis alentador. Hace ya un par de meses, en uno de nuestros paseos rutinarios por la Red, nos acabamos tropezando con las líneas maestras de Mapa Sonoro, el mejor programa musical que uno recuerda haber visto en la televisión de aquí en mucho tiempo.

Cartografía pop.

Mapa sonoro, una producción de Goroka para TVE, nació como contenido destinado a Cultural·es, el canal de signo cultural de TVE, una apuesta lanzada al aire hace cosa de dieciséis meses con el objetivo de potenciar, impulsar y difundir la cultura española . Cosas de esa crisis lacerante que no para de darnos disgustos, la apuesta por la cultura es hoy un gasto redundante: a primeros de este mes de junio, el Consejo de Administración de RTVE aprobaba prescindir del canal Cultural·es, decidiendo reubicar sus contenidos en La 2. No hay mal que por bien no venga, dirán algunos.

Las cámaras de Mapa sonoro viajan, se lanzan a un constante trasiego por el territorio español al encuentro de sus protagonistas, empapándose a su paso de la atmósfera especial de los lugares, buscando capturar la resonancia aumentada de las situaciones más corrientes. Esa es una de las señas de identidad del programa: los músicos aparecen retratados en su entorno natural, en su propio ambiente, haciendo aquello que suelen hacer, ni más ni menos. No hay pose. No hay lugar para la autorepresentación. Se renuncia a la zona segura del plató televisivo, se evita la imagen típica del músico sentado a responder preguntas en serie desde la falsa comodidad de una habitación de hotel alquilada, para buscar capturar impresiones al vuelo, casi siempre en movimiento, confiriéndole a los entrevistados el total protagonismo, dándoles voz y dejando que hablen, sin miedo al titubeo o al silencio incómodo. Así, a lo largo de la veintena de capítulos que llevan entregados, hemos podido ver a Sr. Chinarro recortándose las barbas en el afeitador de su barrio, a Single opinando sobre el estado de las cosas en el pop contemporáneo subidos a un autobús turístico perdido en el marasmo urbano de Madrid, a Margarita ensayando algunas de sus nuevas canciones antes de pasarse por el taller gráfico de un amigo a serigrafiar sus propias camisetas, a Pony Bravo en plena audición de clásicos del post-punk mientras trabajan en la grabación del disco de Fiera, a Tarántula callejeando por La Banda Trapera del Río, a Thelemáticos devorando cafés y pastas artesanas - “hechas por monjas, que nos encantan porque las hacen con mucho amor- en el centro de Barcelona, a Griffi y Mbaka de compras en el Mercat de la Boquería, a Wild Honey tocando en plena calle, a sólo unos metros del portal de la oficina en la que trabajan... Nunca se le había hecho tanto caso a este tipo de bandas –protagonistas de la escena independiente de aquí, sobre todo la de adscripción pop, pero no sólo– en la televisión de este país, y nunca esa atención había estado tan bien dirigida, tan bien enfocada.

“No creo que Mapa sonoro sea un programa especialmente indie. Lo que ocurre es que intentamos tomarnos en serio la premisa de que una televisión pública debe ofrecer un servicio público. Aunque parezca de perogrullo, muchas veces no se tiene en cuenta esto. ¿Tiene sentido entrevistar una vez más a artistas sobreexpuestos en todo tipo de medios? Lo que intentamos es mostrar las que para nosotros son algunas de las propuestas más interesantes del panorama actual. Lo importante no es que el artista sea indie o mainstream, sino su interés artístico o periodístico. Nos lo cuenta Roberto Herreros, coordinador de contenidos y guionista de Mapa sonoro, personaje al que algunos conoceréis por su implicación en Ladinamo o su papel como voz cantante de Grande-Marlaska. ¿Se ha encontrado el equipo de Mapa sonoro con presiones o cortapisas a la hora de tratar de desempeñar ese servicio público? Parece que de momento no. “En Mapa sonoro se nos ha permitido hacer un programa de música en condiciones, con confianza y sin presiones. Lo único que nos han pedido desde TVE es que saquemos más caras conocidas. Solucionamos esto pidiendo de vez en cuando a personajes famosos que nos cuenten lo que están escuchando en ese momento”.Gracias a esas caras famosas, en el programa hemos podido verle las facciones a Paco Loco, Cohete, Juan de Pablos, Karlos Osinaga de Lisabö, The Pastels, El Guincho, Liars, Oscar Mulero, Los Punsetes, Thalia Zedek, Nisei... Esa mayoría de caras de aquí, ¿es premeditada o es fruto de la cercanía, de una mayor accesibilidad? “Mapa sonoro es una radiografía musical de la península, así que es lógico que la mayor parte de los artistas que salen en el programa sean de aquí. La idea es ver a los grupos en su salsa, forzando lo menos posible las situaciones, aunque a veces, si el artista se presta a ello, también nos gusta grabar piezas más raras. Nos interesa mostrar todas las caras posibles del mundo musical. También nos gusta hablar de música y de lo que surja con gente que no se dedica a ella, pero para la que la música juega un papel importante en su vida”. ¿Cabe entonces pensar que Mapa sonoro, como nosotros, cree en la buena salud del panorama musical de este país? “Creo que vivimos un momento especialmente bueno. Personalmente, no he conocido ninguna otra época en España con tanta variedad, calidad y personalidad. Hay gente que me dice que se nos van a acabar los grupos para sacar en el programa. Siempre me sorprende esta afirmación. Grupos chulos hay siempre”.Basta dejar caer los ojos sobre un par de capítulos de Mapa sonoro para darse cuenta de su espíritu integrador. Personajes como Ruper Ordorika, Kiko Veneno, Morfi Grei, Ilegales, Antonio Arias o Jaume Sisa son pruebas fehacientes de una política de contenidos que busca tender puentes entre generaciones. Uno siempre ha pensando que aquella explosión noise pop que se vivió en España a principios de los años noventa forzó una ruptura -entonces quizás necesaria- un tanto artificial con nuestro pasado, generando una gran ola de negación del patrimonio musical patrio en beneficio de modelos de influencia claramente anglosajones. Para el bien de nuestra bolsa de creatividad, parece que en tiempos recientes hay cada vez más grupos interesados en volver a investigar esas raíces más autóctonas. “Creo que tu enfoque es bastante acertado. El periodista Nando Cruz se refería a aquella explosión noise pop como un antibiótico comprensible para romper con la herencia de La Movida, asumiendo que lo mejor vino mucho después. Incluso muchos artistas surgidos entonces se han dado cuenta de esto. No hay más que escuchar a Grupo de Expertos Solynieve para comprobarlo. Ocurrió también con el hip hop. Casi todo lo que se hizo en los 90 en España, salvo algunas excepciones (me vienen a la cabeza Solo Los Solo), no pasaba de la categoría de anécdota hasta que surgió Mala Rodríguez. Su primer álbum supuso todo un soplo de aire fresco. Mala no intentaba convencernos de que vivía en el Bronx como parecían querer hacernos creer algunos grupos de rap de entonces, sino que construyó su propio discurso, claramente influido por su entorno más inmediato y tomando referencias de allí pero también de aquí. No se trata de renunciar a la anglofilia, musicalmente creo que casi todos somos bastante anglófilos, sino de llevarla a tu terreno. Es lo que hicieron grupos como Negu Gorriak a principios de los 90. El ejemplo de Tarántula es perfecto: hace unos años nadie se hubiese imaginado que un grupo así iba a surgir en una ciudad como Barcelona. Es un caso insólito, pero lo mejor de todo es que cada vez lo es menos”.Y si hablamos de futuro, ¿hay perspectivas de continuidad? “De momento estamos terminando de grabar esta primera temporada. A partir de ahí, todo está abierto. Confiamos, claro, en grabar una segunda. Sólo nos faltan dos capítulos por entregar de esta primera tanda, así que mejor reservamos la sorpresa sobre sus contenidos”.

Huelga decir que aquí apostamos por su continuidad, y parece que no somos los únicos. ¿Han quedado contentos los artistas ya retratados con el resultado final de sus intervenciones? Aquellos a los que hemos consultado sólo tienen buenas palabras para Mapa sonoro. Para Wild Honey, “el resultado desde el punto de vista formal es perfecto: me encanta el tono que le dan a las entrevistas, la realización, el ritmo… me encanta que exista un programa así, sin concesiones comerciales absurdas, con una vocación clara de hacer algo así como televisión de autor. Tiene una visión personal. Da cabida a música que no aparece nunca en televisión y se nota que cuidan y les gusta lo que hacen”. Hugo, de Margarita, se muestra igual de asertivo: “El resultado final nos parece muy bueno. Hicieron un montaje con cariño y respeto. Se nota que saben lo que hacen. Además, la selección de grupos y artistas es buena y variada. Yo, si fuese un chaval y viera algo así, me acercaría a la música que ahí presentan, querría ver más programas de esos”. Para El Hijo, Mapa sonoro es un ejemplo de “buena televisión y, además, es buena televisión musical. Trata exquisitamente al público y a los que participan”. Participantes que, en muchos casos, como bien apunta Ibon, lo tendrían muy difícil a la hora de encontrar un hueco en televisión. “ Es el único sitio donde se puede ver, no ya a un grupo como nosotros, que grabamos en un sello indie pero más o menos conocido (Elefant), sino a grupos que se autoeditan sus discos y que de otra forma no van a salir jamás en la tele. Ya sólo por eso…”. Pony Bravo asienten, y aunque dejan entrever su apetito por otro tipo de formatos algo más transgresores, se muestran suficientemente satisfechos con una propuesta que “aporta sobre todo difusión para los grupos que aparecen, y un poco de esperanza, porque hacía mucho tiempo que nadie hacía algo parecido. La cultura española reside en el underground, que es el que realmente aporta las nuevas ideas. La música no sólo es entretenimiento para que unos pocos ganen dinero. Hay que proteger el arte y bloquear de una vez las presiones comerciales; sin ese espíritu estamos perdidos”. Antonio Luque quedó “ encantado y aseado. Un placer ”. Y los amigos Thelemáticos, ¿también contentos? “El resultado nos pareció muy bien, aunque pensábamos que conoceríamos a la voz en off, y no fue así”. Otra vez será. Mapa sonoro se emite los domingos a las 22:00 horas en el canal Cultural·es, y los lunes a las 19:30 horas en La 2. Todos los programas emitidos hasta ahora están disponibles en su página web.

Ilustración de Angel Pastor.

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