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El peligro real de la comida que promete acabar con el hambre del mundo

Estos son sus riesgos

Pregunta: ¿es tu vida mejor con los avances tecnológicos? Evidentemente, sí. Solo imagina que no pudieras coger aviones con relativa frecuencia o que no pudieras hablar por teléfono con aquella persona que no vive en tu ciudad.

Ahora bien, ¿hasta dónde ha solucionado la tecnología nuestras vidas y a partir de dónde ha comenzado a complicárnosla? Que tengamos smartphone significa que podemos jugar a Tinder y mandar fotos a quien quieras desde donde quieras. Sin embargo, también significa que somos máquinas más productivas, que no necesitamos que la empresa nos pague viajes de trabajo y que, ya puestos, nos haga producir desde cualquier lugar en cualquier momento. 

Otro ejemplo: que tengamos e-books y música en iTunes está muy bien. Pero eso también significa que las casas ahora son de 30 metros cuadrados. Las bibliotecas particulares, los vinilos y, claro, las casas que antes eran normales —y ahora se consideran “grandes”— han pasado a ser un lujo.

Ahora imagina que dentro de unos años ir a un McDonald's fuese un lujo. Y que colgar una foto de unos espaguetis con tomate en Instagram se convirtiera en algo que solo hacen los Rich Kids of Instagram.

Bienvenido a un mundo con comida Soylent.

Hasta ahora, la insípida y tecnológica pastalíquido marrón (también en polvo), con todos los nutrientes que necesita el ser humano, no ha sido más que una frikada. La excusa perfecta para experimentos del tipo: “Estuve una semana entera alimentándome de Soylent y esto es lo que me pasó”.

Sin embargo, esto no durará mucho más. La compañía fundada por Robert Rhinehart cuenta con el respaldo de 20 millones de dólares del fondo de inversión Andreessen Horowitz, el fondo que también apoyó en su momento a BuzzFeed, Facebook y Twitter. Es decir, todo lo que toca, lo convierte en oro, y Soylent podría ser lo siguiente.

Tiene sentido. La comida eficiente —así la definió el propio Rhinehart— es barata de producir, barata de comprar, se puede llevar a todas partes, es saludable, ES VEGANA, quita el hambre, alimenta, te pone fuerte y tampoco sabe tan mal. Sin ir más lejos, podría ser la solución al hambre en el mundo. El Soylent es demasiado bueno para ser cierto.

El Soylent será a comer lo que Facebook es a comunicarse

No obstante, aprendiendo de otros avances tecnológicos revolucionarios, el bloguero Dex Digital no ha tardado en imaginar un futuro distópico con Soylent y con sus efectos colaterales. En ese mundo, toda la comida elaborada pasará a ser algo al alcance de unos pocos y ya no tendremos “necesidad” de salir a comer durante la jornada de trabajo —y, de paso, cobraremos menos, porque nuestro gasto en comida se reducirá a 1,7 dólares la ración.

Adiós a los espaguetis de tupper. Y bienvenidos a una nueva arma contra la gente pobre del mundo.

Es asquerosamente común escuchar a gente que se indigna por ver a los pobres usando herramientas no estrictamente necesarias: “los refugiados tienen mucha cara porque piden ayuda pero tienen smartphones”, o “el indigente que vive en la calle fuma y, claro, con el dinero que se gasta en cigarrillos podría pagarse la comida”.

Así que con Soylent podría pasar exactamente lo mismo. Servirá para que cualquier pobre que no coma Soylent sea mirado con desprecio y como un desagradecido. Es decir, si eres pobre, come Soylent, que si comes otra cosa es que estás gastando en cosas innecesarias.

Parece grave, pero en realidad no está tan lejos de nuestro presente. Hace poco, el partido Republicano de Wisconsin (EEUU) pidió que en los programas asistenciales de comida no se pueda acceder a salsa de pasta, judías secas o patatas, por ser consideradas un lujo que el resto de la gente tiene que pagar a su precio normal.

Dex Digital dice algo más: que el Soylent vaya a ser la solución al hambre en el mundo solo es un bulo más. Los hermanos Wright inventaron la aviación pensando que terminarían con las guerras. Las guerras, sin embargo, solo han refinado su destrucción gracias a la aviación. Los padres de EEUU crearon la desmontadora mecánica de algodón para acabar poco a poco con la esclavitud, pero solo provocó más. Y como estos, hay algunos cuantos más avances que han prometido erradicar un mal que, al final, solo han potenciado.

En ese mundo, la comida elaborada pasará a ser un lujo, ya no tendremos “necesidad” de salir a comer durante la jornada de trabajo y cobraremos menos, porque nuestro gasto en comida se reducirá a 1,7 dólares por ración

Los argumentos de la otra parte son sencillos:

El Soylent no terminará con la comida tradicional. Es simplemente una solución para no tener que cocinar, ahorrar tiempo, ahorrar dinero y solucionar problemas puntuales. Además es una alternativa saludable, que da al cuerpo el número de nutrientes necesarios, evita engordar y mantiene el cuerpo mucho más en forma que un consumo de comida normal no muy disciplinada.

En definitiva, Rhinehart y sus amigos emprendedores no son catastrofistas.

La cuestión ahora es: ¿es necesario que hasta la comida tenga que ser jodidamente eficiente?

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