Columnas

Sónar São Paulo, caipirinha con crema catalana

¿Qué se cuece en la escena de clubes y en la música de vanguardia brasileña?

A pocas horas de que dé comienzo Sónar São Paulo, la rama brasileña de Sónar, hablamos con Dago y Chico Dub –vinculados a la primera edición del festival y agentes de la escena electrónica local– para conocer mejor la relación actual entre Brasil y música de baile vanguardista.

Mezclar deja más resaca. Pero también enriquece y a veces es inevitable. Escoger entre vodka, hip hop, whisky, precursores del krautrock, ron, ambient, Jägermaister, soul, birra, rock instrumental progresivo, caipirinha o funk brasileño no es nada fácil en Brasil. Y menos en São Paulo. Y menos en Sónar, que arranca su festival carioca este viernes con una apuesta radicalmente ambiciosa y ecléctica en la que estás obligado, por lo menos musicalmente, a emborracharte con un cartel que alterna gigantes mundiales de la talla de Kraftwerk, Mogwai, James Blake o Four Tet con la escena nacional más consagrada (estrellas como Emicida y Criolo) y también artistas emergentes de todo lugar, incluso de España (es el caso de Za!). Y todo batido en una mezcla de vanguardias y colores que va a dejar una larga resaca en São Paulo, que estaba pidiendo a gritos un festival de este tipo.

Pocas personas han escuchado e incluso emitido esos gritos con más intensidad que Dago, DJ presente en el cartel de Sónar São Paulo y también en la edición madre de Barcelona de este próximo junio, productor y dueño desde hace tres años del Neu Club, donde cada viernes agita la noche paulistana con lo que él llama “batidões globais”. Imperio de edificios gigantescos y con más de 11 millones de habitantes, São Paulo es hoy día una de las metrópolis con más energía cultural del mundo. Mucha de esa fuerza, según nos cuenta Dago, late en el subsuelo. “Yo diría que São Paulo es una ciudad de muchas escenas y muchas de ellas se conectan de algún modo. Siento la ciudad más viva que nunca, pero creo que las mejores cosas están escondidas, en acciones aisladas. A pesar de tener muchos clubes, siento una contradicción: oigo cosas parecidas en todos los lugares pero también veo cosas que me impresionan musicalmente también cada día”.

Tal vez el ambicioso Sónar sirva como punto de encuentro y de escaparate para todos esos talentos escondidos, si bien la cultura oculta y underground sigue siendo hoy uno de los grandes atractivos de São Paulo. Miembro del equipo artístico del festival en la ciudad, Chico Dub destaca “el intercambio muy interesante” que supone que artistas españoles como Za! y John Talabot visiten São Paulo y, al mismo tiempo, acudan a Barcelona brasileños como Psilosamples, Ricardo Donoso o el propio Dago. “São Paulo es sin duda la capital más cosmopolita de América Latina y la meca de la música electrónica del país. El aumento en la ciudad y en el país de productores de música electrónica es muy grande en los últimos años, ya sea en música de pista o experimental. Eso es fantástico para consolidar la escena”, culmina Chico Dub.

"En la fusión de raíz popular y música electrónica es inevitable hablar del funk carioca y la technobrega, según Dago, las verdaderas músicas electrónicas brasileñas"

El sonido de vanguardia brasileño es, al mismo tiempo, nacional y mundial. “Es curioso cómo al escuchar músicos brasileños de los más diferentes géneros, estos siempre tienen un sello nacional que les une”, aporta Ricard Robles, director y fundador de Sónar. En Brasil, confirman su teoría. “Quiera o no, el brasileño tiene una formación informal musical inevitable desde que es pequeño. Siempre va a oír música en la calle, en los bares, batucar con los amigos, cantar canciones populares o de samba. Por mucho que hagas música distante de esa ‘brasilidad’, es muy difícil alejarse del todo de ella”. Así como el tropicalismo y la bossa nova fueron en su día movimientos de vanguardia que no rompieron radicalmente con la música de raíz brasileña, sino que la incorporaron a su discurso, hoy día puede aflorar hasta en las sesiones de dubstep. “Al principio, la escena brasileña electrónica tenía una preocupación excesiva por tener un sonido internacional. Hoy, felizmente, esto está cambiando y viene abrazando elementos más tropicales. Psilosamples, que va a estar en SP y Barcelona, incorpora a la escuela Warp elementos de la música ruralista y folclórica del interior de Brasil”.

En la fusión de raíz popular y música electrónica es inevitable hablar del funk brasileño y la technobrega, según Dago “las verdaderas músicas electrónicas brasileñas”. Equivalentes al sonido machacón y comercial de la escena rave más barata –sobre todo el segundo; el funk carioca es una suerte de mezcla entre electro y samba–, estos géneros están siempre presentes en las sesiones de Dago pese al “prejuicio enorme que sufre entre la clase media brasileña”, según señala Chico. El funk incorpora un ritmo tribal y bailable (esos culos de mulatas con movimientos inverosímiles) sobre rapeados frenéticos y forma parte de la idiosincrasia de las favelas de Rio, donde nació, y del narcotráfico, que suele controlar todo lo que pasa en estos bailes y protagoniza (junto con el sexo) la mayoría de las letras. La technobrega, por su parte, elimina los instrumentos acústicos de la brega (música folclórica del nordeste brasileño) y los sustituye por sintetizadores, a la vez que se mantiene la misma melodía de voz.

Todo eso, en mayor o menor medida, se va a palpar en el sello local de los escenarios de Sónar São Paulo. Y, seguramente, algo de ese aroma quedará también en junio en Barcelona. El Guincho y Extraperlo, amigos de Dago, ya tienen preparados buenos lugares para llevarle a comer. “Me muero de ganas por conocer la belleza, la vida cultural y las fiestas de la ciudad”, afirma él, que nunca ha estado allí. Y calienta motores en la edición brasileña con su batida global.

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