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Varias preguntas peliagudas al respecto del boom actual de la literatura erótica

Luna Miguel nos entrega unos breves apuntes sobre la moda explosiva de la literatura erótica. ¿Es buena? ¿Mala? ¿Quién se apunta al carro? ¿La estrategia es vendernos lo que sea, cuanto más mejor? Por ahora preguntas. En breve, quizá, tengamos respuestas.

Durante los últimos meses la prensa, los blogs y las redes sociales han sido escenario de múltiples debates a propósito del fenómeno provocado por la célebre trilogía de “Cincuenta Sombras de Grey”: comentarios a favor, comentarios en contra, muchas pasiones, mucho odio, muchas ventas, muchas malas copias pretendiendo convertirse en muchas ventas… la polémica estaba servida desde el primer momento en que su publicación en España fuera anunciada por Plaza & Janés y las primeras reseñas, foros y artículos surgieran.

Sin embargo, más allá del fenómeno del libro en sí, lo más interesante de todo ha sido ese resurgir del género erótico, comentado y reclamado en esa misma prensa, esos mismos blogs y esas mismas redes en donde las cincuenta sombras eran puestas en tela de juicio continuamente. Si tengo que quedarme con algo, me quedo con esto: con esa pasión que todos (detractores o amantes del best-seller) hemos vuelto a mostrar por la literatura de tintes eróticos. No hay quien no se haya dado prisa en volver a recomendar, leer o incluso reeditar al Marqués de Sade, o “Lolita”, o a Bataille, o “Las Edades De Lulú”, o a cualquiera de esos clásicos que tanto nos gustaron en su momento, y que a veces, incluso, leímos a escondidas ¡no quiero que nadie me vea leyendo Las once mil vergas!, por Dios, qué van a pensar de mí!

Pero entonces me pregunto ¿es esta una buena o una mala técnica? ¿No es raro que las editoriales “indies” o penoso que los críticos y periodistas culturales se sumen al carro de lo que más dicen detestar? ¿No tendríamos que ser todos un poco más honestos y reconocer lo que está ocurriendo? Sea como sea, queda demostrado nuevamente que un best-seller puede ser un arma de doble filo y que en ocasiones debemos mirarnos a nosotros mismos cuando temamos que la literatura está en peligro. Prestemos atención, por ejemplo, a la colecciones especializadas en novela negra que las grandes editoriales han ido elaborando durante los últimos años, porque hay autores de quienes no dudamos de su calidad ¿pero no siguen acaso la estela de unos cuantos nombres nórdicos que en su día causaron furor? ¿Y qué pasa con las novelas sobre magia, las novelas sobre monstruos y vampiros, las novelas sobre las guerras civiles, mundiales, los nazis, etc.?

¿Qué pasa con los ensayos sobre señores cada vez más indignados o con los autores de nombre monosilábico Mi Man, Chi Chon, Mon Tón, ahora que el desconocido y enigmático autor chino Mo Yan ha ganado el Nobel? ¿Qué pasa?

Un tema peliagudo este: cómo vender, a quién y desde dónde... sin que se nos vea el plumero...

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