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Sangrado libre contra el abuso de los productos de higiene para la regla

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No existe, todavía, un debate público y abierto que persiga romper con el tabú que sigue suponiendo la menstruación. Tampoco hay una propuesta para regular los precios de los productos que, en muchas ocasiones, suponen un bien de lujo

clara gil

02 Junio 2017 16:21

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El pasado miércoles comenzó la campaña informativa "Nuestras reglas". Impulsada por Casals de Joves de Catalunya, la propuesta pretende acabar con el tabú de la regla, abrir talleres de educación sobre la menstruación e informar sobre métodos alternativos a los tampones y a las compresas, como la copa menstrual, la esponja o el sangrado libre, este último de gran controversia.

Ya lo intentó, sin éxito, el partido político de la CUP en 2016, cuando propuso una enmienda en el Ayuntamiento de Manresa (Cataluña) para instar a educar a los más jóvenes, de ambos sexos, sobre su cuerpo, sobre la menstruación y para que los centros de atención a la mujer entregaran un pack gratuito a cada mujer de métodos alternativos más ecológicos y más económicos como las copas menstruales o las esponjas.

Además de no conseguirlo, el debate se vio enturbiado por los medios de comunicación. Les tildaron de querer declarar una guerra "anticapitalista" contra los tampones; bromearon con que a Cataluña no le bastaba con querer la independencia, sino que ahora los antisistema querían obligar a las mujeres a volver a los paños de tela que utilizaban nuestras abuelas, renunciando así a la modernidad occidental que representan los tampones y las compresas.

Algunas periodistas como como Empar Moliner, en lugar de aprovechar la ocasión para reivindicar el alto coste que suponen los productos de higiene femenina que usamos cada mes y que pueden llegar a rondar los 15 euros mensuales (hagan cuentas), se limitó a indicar que "las esponjas las utilizan las prostitutas", "con todo el respeto" a las trabajadoras sexuales. Y es que los tampones y las compresas, con un IVA del 10%, suponen para muchas personas un verdadero artículo de lujo en un país en el que el 25% de la población no tiene dinero para pagar la luz o el gas.

La atención se centró en lo "desagradable" de la técnica del sangrado libre. Y, una vez más, perdimos la oportunidad de generar un debate público y necesario: el tabú que, a día de hoy, sigue suponiendo la regla y el elevado precio de los productos de higiene femenina más comercializados y que, por ende, son los más conocidos entre las mujeres.

El polémico sangrado libre consiste en no utilizar ningún método para retener la sangre. Las terapeutas que defienden esta práctica aseguran que, teniendo conocimiento del cuerpo y un buen desarrollo muscular del suelo pélvico, las mujeres pueden "controlar" su sangrado. No es ninguna novedad: es la forma en que antiguamente las mujeres vivían su regla antes utilizar los paños y, más tarde, las compresas y tampones.

Según explica la terapeuta Lara Manzanera, "igual que se les enseña a los niños a contener el pis, las mujeres también pueden desarrollar esta capacidad". Se trata de una opción que muchas mujeres han decidido llevar a cabo. Algunas por reivindicación. Otras para sentirse más empoderadas. Otras, simplemente, por cuestión económica.

La gran mayoría sigue rechazándola porque les parece poco higiénica o porque, simplemente, no les funciona. Ahí está la decisión libre de cada una.


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Quizás ninguno de los métodos sea el más adecuado. Quizás todos lo sean. Pero, más allá del método idóneo, el verdadero problema radica en la vergüenza de "manchar", de visibilizar la menstruación. Esa sensación de horror y pudor que nos invade cuando "ensuciamos" nuestra ropa o las sábanas, porque, a fin de cuentas, es una contínua "diana" roja que la hace visible.

Y es que las mujeres sangramos cada mes y manchamos. Y esa mancha es roja, no azul como se empeñan en representar los anuncios de televisión. Porque la regla es dolorosa, engorrosa y un calvario para los bolsillos. Pero también es vida. Sin embargo, todavía hoy, tener la regla es sinónimo de vergüenza y de tabú. Un estigma muchas veces heredado y una cuestión que, más allá de cualquier postura política y feminista, debería aceptarse con la naturalidad que merece.

La solución parte, en primera instancia, por la educación que muchas jóvenes no tuvimos. Por el autoconocimiento del propio cuerpo, por la aceptación y la concienciación. Y esa educación debería comenzar en los centros escolares.  En segundo lugar, debería informarse de la gama de alternativas disponibles en el mercado.

No se trata de "retroceder", sino de hacer visibles las distintas opciones y no quedarnos tan solo con las que se anuncian en televisión. ¿Alguien se imagina a Shakira anunciando la copa menstrual o la esponja? La respuesta es no. Pero las alternativas existen, y está en la libre elección de cada mujer optar por el método que más le favorezca. Ya sea comodidad, higiene o economía.

Y con respecto a la economía, es necesario que se reduzca el IVA o que la Sanidad Pública subvencione los productos. Porque, por mucha libertad e información que se tenga a la hora de elegir, si no puede costearse, no sirve de nada.

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