Columnas

Salas de conciertos en España: fallan las constantes vitales

Los recientes cierres de salas, entre ellas Caracol en Madrid, y los últimos datos facilitados por la APM confirman todas las sospechas: la música en directo en España no goza de ninguna buena salud y su caída en picado es evidente. ¿Se hunde el negocio?

La subida del IVA para los espectáculos empezó afectando la contratación de giras, y ahora está afectando a las mismas salas de conciertos: en pocos días han cerrado Caracol, Rockstar y Mephisto, síntoma evidente de que la música en directo está gravemente enferma en España. Aquí van los datos.

Cuando llegó la crisis del CD, la opinión general se puso de acuerdo en el siguiente análisis: el futuro de la música está en los conciertos. Si ese futuro de hace diez años es hoy y está sucediendo ahora, podemos afirmar que la opinión general se volvió a equivocar, como le ocurre habitualmente en tiempos apocalípticos. Entre los años 2008 y 2011, la música en directo ha perdido el 23 por ciento de espectadores.

La subida del IVA del 8 al 21 por ciento que entró en vigor en septiembre del año pasado ha acelerado vertiginosamente la agonía de la música en vivo, que actualmente se encuentra en la unidad de cuidados intensivos, víctima de un amago de infarto. Para aproximarnos al cuadro del enfermo, es muy útil el IV Anuario de la Música en Vivo, dirigido por Joan S. Luna y publicado por la Asociación de Promotores Musicales hace pocos días; los datos que aparecen en este artículo tienen ese trabajo como fuente. Ahí leemos que la venta de entradas, desde la subida del impuesto, ha caído un 28,9 por ciento, “ y me temo que es solo el principio de una debacle que nos afecta muy profundamente a los promotores”, señala Barnaby Harrod, director de Mercury Wheels.

La entrada de un concierto que antes costaba 20 euros, debería subir ahora a 23,30 pero, “ ¿cómo vamos a subir las entradas si nadie tiene un duro en el bolsillo?”, escribe Barnaby. La opción de los promotores es pagar menos a las bandas, lo cual colocará a España en un escaparate menos interesante para las giras internacionales. La situación se parecería a la de 1995, cuando los grupos aceptaban cachés reducidos para tocar en España, ese sitio exótico al que nunca iban y donde, cobrando menos, se abría mercado. Obviamente, esas motivaciones han desaparecido y tras la etapa de escalada de cachés asociada a la vitalidad de los festivales, venir a España para ganar poco o perder dinero sólo se explica por la locura de los promotores locales o la compasión de los grupos internacionales. En ese sentido, es interesante el dato que aporta Mercury Wheels: de las ocho giras que estaban negociando para la primavera de 2013, cuatro grupos han confirmado que pueden venir por menos dinero y otros cuatro han cancelado, prefiriendo añadir fechas en Francia y Alemania para rellenar los huecos.

"Si en estos cuatro últimos años no se hubiera registrado un declive de la música en directo, se hubieran celebrado 17.000 conciertos más de los que han hecho"

Cuando la promotora Sturm Promotions canceló su Dark Christmas Festival en Barcelona y Madrid el pasado de diciembre lo explicó de esta manera: “ debido a circunstancias imprevisibles”. Una cita que venía celebrándose durante diez años y siempre con alta asistencia de público. En esta ocasión, dos grupos de tirón en la escena oscura –Ordo Rosarius Equilibrio y Dive– se quedaron en casa ante el riesgo de encontrarse las salas Ramdall y la [2] con cuatro asistentes, los camareros y un frío aterrador. Ante un 28,92 por ciento de caída de la recaudación entre septiembre y diciembre y los 25 millones de euros de pérdida de facturación de ese periodo respecto a 2011, el eufemismo “circunstancias imprevisibles” parece un mal chiste.

La escena de grupos locales está siendo igualmente golpeada. El precio de las entradas es el más bajo posible –entre 5 y 8 euros– para no desanimar al público, el aforo se queda a medio llenar y los músicos ya no piensan que “el negocio” está en el directo sino que tocar, sobre todo fuera de tu ciudad, es hoy un lujo. En este contexto, el cierre temporal o definitivo de salas de medio tamaño, que son las que sustentan el día a día de nuestro tejido musical, es todo un traumatismo en la espina dorsal. En pocos días Ritmo y Compás y Caracol han cerrado en Madrid, Mephisto en Barcelona y Rockstar Live en Barakaldo. El cierre de Rockstar recuerda lejanamente al de la sala Aqualung en Madrid, que estaba ubicada dentro de un centro comercial. La de Barakaldo echa el cierre porque Megapark va a instalar ahí un mercado de abastos. El caso de Ritmo y Compás también está relacionado con el factor inmobiliario, pues los propietarios del inmueble que albergaba la sala y los locales de ensayo del barrio de la Guindalera pedían un precio por la renovación que los gestores del negocio no podían asumir. El caso de Caracol es más confuso: el 5 de marzo el departamento de Disciplina Urbanística –sí, disciplina– del Ayuntamiento de Madrid precintó el local de la sala de Embajadores en una decisión que ésta ha calificado de “trágica, injusta, inoportuna e inesperada”. Caracol tiene licencia para ejercer como taller de música popular, pero no como sala de conciertos. Para conseguir la reapertura tendrán que efectuar reformas en relación a “ un tema de aforo”, como explicaron a la agencia Europa Press. Hemos de enmarcar esta irregularidad en el enroque municipal para no conceder permisos para dar conciertos o abrir durante toda la noche, una circunstancia que ya viene de antiguo y que ahora se recrudece tras la tensión administrativa derivada del caso Madrid Arena.

Si en estos cuatro últimos años no se hubiera registrado un declive de la música en directo, se hubieran celebrado 17.000 conciertos más de los que han hecho, pues desde 2008 la cifra ha descendido en un 12,8 por ciento, según datos del anuario de la SGAE. En este tiempo, de pocos conciertos pero más caros y con mayores probabilidades de éxito, la recaudación ha caído un 11,3 por ciento. En 2012, Bruce Springsteen fue el jefe absoluto de la congregación, reuniendo 245.000 asistentes a seis conciertos. Leonard Cohen consiguió 36.000 con tan solo dos recitales de su Old Ideas World Tour con entradas entre 45 y 110 euros, al igual que Madonna, 36.000 entradas vendidas para dos conciertos. Coldplay, en cambio, necesitó uno solo concierto, todo un Vicente Calderón, para reunir a 50.000 personas, con entradas entre los 56 y los 90 euros.

De las giras más populosas, sólo las de Miguel Bosé y Raphael entran en el top 10 como artistas españoles –contaré a Enrique Iglesias como extranjero– reuniendo Bosé 92.000 en 14 conciertos durante su Papitwo, y 53.000 la gira del intensísimo intérprete de “ Yo Soy Aquel”, con unas extenuantes 48 galas. El anuario de la APM recoge una opinión interesante aportada por la promotora Planet Events: aguantan el tirón “ aquellos artistas con un target de público adulto con una capacidad adquisitiva alta”. Pero “ en la página de pérdidas del balance sigue el circuito nacional” opina Íñigo Argomaniz, director de Get In, “las 50 o 60 noches que tenían la mayoría de grupos de cierto nivel se han desvanecido” debido a que, según el promotor, “ la oferta ha caído para adaptarse a la demanda”. Los cachés de los grupos internacionales no bajan pero los nacionales sí, al menos en un 5 por ciento, según la promotora RLM.

Opinan los promotores que los festivales –208 en todo el año, entendiendo festival como evento de más de cinco grupos– han vuelto a salvar el año, pero no se puede caminar alegremente hacia la concentración y verticalización de la música en directo. Los músicos necesitan los pequeños aforos para crecer y el público los necesita para disfrutar sin atragantarse con el macromenú degustación del festival de música. Pero cuando el Gobierno aplica el ‘ivazo’ a la música en directo al considerarla como espectáculo en lugar de cultura o cuando los ayuntamientos multan a los bares que con una mínima infraestructura colocan a un grupo a tocar cinco canciones en formato acústico, están amasando una y otra vez la misma idea: control social. La música, a los recintos, fuera de los centros urbanos. Controlada, gravada, reducida, industrializada. No vaya a ser que a alguien se le ocurra volver a utilizarla como motor de sublevación.

Tags:

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar