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Rihanna está cansada de ser Rihanna, y esto es una buena noticia

ANTI es el disco más interesante de la carrera de Rihanna

En noviembre de 2012 Rihanna embarcó a trescientas personas —entre periodistas, ejecutivos discográficos y fans que habían ganado un concurso— en un Boeing 777 alquilado para la ocasión y se los llevó a visitar 7 países en 7 días para asistir a 7 conciertos suyos.

La idea la había tenido ella misma para promocionar Unapologetic, su séptimo álbum en siete años. Pero tal y como confiesa su manager, Jay Brown, en el documental que capturó la gira, el verdadero objetivo era otro: que la gente pudiera hacerse la idea de cómo es vivir como Rihanna.

A juzgar por los artículos que escribieron los periodistas invitados, su vida es una sucesión de trayectos entre aeropuertos y salas de conciertos sin ver la luz del sol y durmiendo poco y mal. Es decir, un poco coñazo.

Cuatro años después, ANTI es la constatación de que Rihanna se ha cansado de ser Rihanna.

Para la mayoría de artistas, cuatro años es un periodo relativamente normal entre dos álbumes. Pero en su caso, ha sido una espera eterna. Recordemos: estamos hablando de alguien que, entre 2005 y 2012, publicó un disco cada año.

Ese fue un ritmo endiablado que la dejó exhausta, cansada de todo lo que implica ser una de las mayores estrellas pop del mundo. Necesitaba aire. Y un replanteamiento de su carrera.

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ANTI es el octavo álbum de estudio de Rihanna. Pero en cierta manera, es el primero. El primero que no responde a la aplicación estricta de una fórmula, sino a un verdadero ejercicio artístico. Esto, per se, no lo convierte en un disco mejor ni peor. Pero sí en uno mucho más interesante.

Rihanna tenía la receta por la mano. La fórmula de 2 o 3 hits rotundos, algunas baladas y unos cuantos cortes de relleno la había convertido en una de les estrellas pop más eficientes de esta generación. Ahí están las cifras: 13 números uno (siendo la más rápida de la historia en conseguirlo solo por detrás de los Beatles), más de 40 hits en el top 10 y más de 260 millones de copias vendidas.

Pero Rihanna ya no necesita ser el producto pop perfecto que un día imaginó Jay Z. De hecho, tampoco tendría sentido seguir ofreciendo lo mismo en un mercado cuyas reglas se han trastocado.

Para empezar, ya no le hace falta vender discos. Convertida en icono global, tiene oportunidades de ganar dinero en cada esquina. Puede regalar su música y seguir batiendo récords. Que es lo que, de hecho, ha hecho con ANTI.

Bueno, más o menos.

El pasado viernes, a las pocas horas de la llegada del disco, Rihanna celebraba en Twitter que ANTI se hubiera convertido en el disco de platino más rápido de la historia. El lunes, el New York Times aseguraba, citando una fuente de Nielsen, que el disco había vendido menos de 1.000 copias en Estados Unidos.

¿En qué quedamos?

La realidad es que el disco fue lanzado en Tidal con la esponsorización de Samsung, que regaló la descarga de un millón de copias a los fans. Estas descargas fueron las que llevaron a la RIAA (Recording Industry Associate Of America) a certificar el disco como platino inmediatamente. A ellas hay que sumarle los 5 millones y media de veces que Tidal afirma que el disco se ha reproducido en su plataforma.

La lista Billboard, sin embargo, no cuantifica las copias que forman parte de promociones gratuitas, por lo que el disco se estrenó en un discreto 27º lugar, el más bajo de toda su carrera.

¿Hit o flop, entonces? Depende de como se mire. Según el esquema antiguo, la acogida del disco ha sido un desastre. Según el nuevo, un éxito inapelable.

Sea como sea, todo ello refuerza dos ideas realidades que llevan tiempo gestándose: el mercado musical está sumido en el desconcierto y las ventas de CDs son, en todos los sentidos posibles, absolutamente insignificantes.

En lo musical, ANTI también deja atrás muchas de las preconcepciones que podíamos tener sobre Rihanna.

Es un disco raro. Cuyo 13% corresponde a una versión descafeinada de Tame Impala. El resto son canciones cortas en las que no hay ni rastro de los bombásticos hits EDM que venía firmando en sus últimos disco. De hecho, por no haber, no hay ni un solo hit al uso. En la era del single, ANTI es un disco anti-singles.

ANTI es un disco diverso. Incluso disperso. En sus canciones se cuelan influencias del dancehall, el dub, el acid-jazz y el doo-woop, que a veces suena a las alucinaciones cósmicas de The Internet, otras al R&B entre sábanas de The Weeknd y otras al trap gótico de Travis Scott. Es caótico, y en muchos momentos suena inconcluso. Está lejos de ser un disco redondo, y hay demasiadas canciones anodinas. Pero es refrescante: no suena a segmentación de mercado, sino a una playlist que se haría Rihanna para fumarse un porro en el sofá.

"I got to do things my own way darling”, canta en el estribillo de Consideration, la primera canción del disco. Y esto es, en efecto, exactamente lo que hace en las 12 que le siguen.

“No puedo imaginarme a Rihanna haciendo jogging. O yendo al dentista. Normalmente me imagino a Rihanna bajo el sol, fumando lánguidamente. En resumen, solo puedo imaginarme las cosas que ya nos ha enseñado”, escribía Mary H.K. Choi el pasado mes de septiembre en un perfil para The Fader. Esta transparencia es exactamente a lo que suena ANTI.

En Instagram, Rihanna es mucho más Miley que Beyoncé. Es decir, espontánea, provocadora y políticamente incorrecta. En este sentido, su nuevo disco es mucho más acorde con la imagen que proyecta. Si en las redes sociales le ha funcionado ser real, ¿por qué no va a funcionarle en la música?, parece haber pensado

El cénit de todo ello es Higher, la mejor canción del disco y una que debería pasar directamente al top 5 de las mejores que ha hecho nunca. En ella muestra una faceta que no nos había enseñado todavía. La Rihanna desesperada, que deja mensajes en el buzón de voz de madrugada sin preocuparse en disimular que está borracha. Es, como todo el disco, una canción extraña, que tiene una estructura tan insólita —un verso, un coro de exactamente la misma longitud que el verso y adiós— que parece inacabada.

En Higher Su voz de rompe, pero a ella le da igual. Higher es Rihanna siguiendo su instinto. Es Rihanna entendiendo la música como extensión de las entrañas. Es Rihanna emborrachándose para cantar sobre whiskey. Es Rihanna dando por buena la primera toma. Es Rihanna negándose a ajustar el formato de la foto, y obligándonos a comprar un marco nuevo.

Higher, y por extensión todo el disco (y todo lo que lo ha rodeado), funciona también como alegoría de una corriente cada vez más predominante en el mainstream: el factor imprevisible.

Tradicionalmente, las estrategias de marketing del mainstream estaban diseñadas al milímetro. Especialmente las de las grandes estrellas. Ahora todo parece cada vez más improvisado, casi patoso. El caso de ANTI, con sus pasos en falso, sus singles perdidos por el camino, su baile de fechas y su filtración final, es paradigmático. Pero no es el único. Con su último disco, Beyoncé intentó hacer crecer el hype durante meses sin demasiado éxito, pero luego lo lanzó por sorpresa y el mundo enloqueció. Más recientemente, el lanzamiento del nuevo disco de Kanye West se está convirtiendo en un vodevil tuitero, con enlaces de Soundcloud que vienen y van, tracklists garabateados en bloques de notas llenos de tachones y Kim Kardashian haciendo una encuesta acerca de cómo debería titularse.

Lejos de afectar negativamente, se está demostrando que todo este caos acaba dando buenos resultados. Por un lado, es una manera de llamar la atención en un mundo sobreinformado e inmunizado a los procesos informativos estandarizados. Por el otro, es un síntoma más del modo en que ha cambiado la relación de los artistas con el público. En un momento en lo que aquello que rodea a los músicos es tan importante o más que la propia música, todo se ha vuelto un eterno proceso de promoción. Y esto implica tener que hacer aspavientos cuando toca focalizar la atención.

Rihanna sabe que mientras siga utilizando las redes sociales de la manera adecuada le seguirán haciendo caso. Sabe que lo único que necesitan muchos de sus fans es una excusa para comprarse la entrada para su nueva gira, donde seguirán coreando sus hits de siempre. Sabe que yo es necesario acotar sus ambiciones creativas para asegurar el potencial comercial. En un momento en que la música se regala, Rihanna sabe que la pervivencia no pasa la conquista de las listas de éxitos, sino por la conquista de almas. Empezando por la suya.

Con ANTI, Rihanna ha intentado dar un vuelco a su perfil, trascender su condición de mera entertainer para reivindicarse como artista. Y lo ha logrado a medias. Para asegurarse seguir siendo trascendente en los próximos años, deberá tomar más riesgos y firmar discos verdaderamente icontestables. Pero es un buen comienzo.

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