Columnas

Retro Necro

Momus

Una tragedia está afligiendo a la música popular, una tragedia a la que me sumo –cuando intento explicarme cosas como ésta a mí mismo- con el nombre Retro Necro. Retro implica echar la vista atrás. Necro significa muerte. Mi idea es que la mayor parte de la música popular se dirige hacia la muerte por su tendencia a mirar hacia atrás en lugar de hacia adelante.

El Retro Necro es en parte la fiebre por el archivo que ha existido desde que se lanzó el formato de CD, y la bonanza de la reventa para los sellos – y la recompra por los consumidores ansiosos por “el sonido perfecto por siempre jamás”- de su catálogo previo. Compré mi primer reproductor de CD en 1990, así que podemos ponerle fecha al comienzo de esta “enfermedad” en ese año. 1990 resulta ser también la cresta de la ola de el movimiento que muchos ven como la última revolución con miras hacia adelante para transformar la música popular: el Acid House.

El Retro Necro también se refleja en la plétora de títulos “conmemorativos” de revistas de rock que celebran el pasado en lugar del presente o el futuro del rock. Un ejemplo obvio sería la británica Mojo que se lanzó en 1993 y se dedicó a los artistas del pasado, o a los artistas del presente que sonaban como ellos. ¿Adivinad quién esta en la portada de la Mojo a la vez que escribo esto? Oasis, una banda Retro Necro por excelencia.

El Retro Necro es una reflexión de la demografía del Baby Boom de la post-guerra, que asegura que una generación que envejece seguirá viendo sus propios gustos reflejados en el mercado, porque hay más de ellos, porque ellos “inventaron el rock”, y porque a ellos les sobra más pasta que las menguantes legiones de la juventud.

En el 2004, el periódico británico The Guardian reportó un fenómeno conocido como “El Hombre de las 50 libras” (50 libras son aproximadamente 56 euros): Por primera vez la gente de cuarenta y pico está comprando más discos que los adolescentes, y todo se reduce al “Hombre de las 50 libras”, el hombre (o mujer) que ha dejado atrás ya la treintena y que es feliz de dejarse la pasta en un puñado de CDs. Como se esperaba que la gente joven incrementara las descargas de música de manera gratuita, el mercado se desplazó a principios de la década hacia los gustos de la gente de cuarenta y pico que están dispuestos a gastarse 56 € en una visita a la tienda de discos. Es probable que en estos momentos “el hombre de 56 euros” este bajando mp3’s también, pero sus gustos continúan dominando el mercado; porque son más propensos a pagar por sus descargas.

Sin embargo el Retro Necro no es sólo demográfico, técnico y económico. También refleja algo cultural. Es el resultado de la obsesión posmoderna con el sampleo, el reciclaje y la recontextualización del pasado. El Posmodernismo no cree – como lo hizo el Modernismo y como famosamente señaló Ezra Pound- en la obligación de "¡hacerlo nuevo!" La gente de hecho creyó en el periodo Posmoderno que prácticamente todo ya se había hecho antes, y que todo lo que podían hacer era nuevos híbridos, o usar tecnologías como el sampleo para poner sonidos viejos dentro de nuevos contextos.

El resultado fue la ansiedad auto-perpetradora de una generación de artistas epígonos del pop (un epígono es un seguidor débil, y en algunos casos actuales los epígonos del pop son los hijos de los famosos: el hijo de un Dylan, la hija de un Gainsbourg) atemorizados de romper con las reglas y comenzar de nuevo. Estos epígonos se contentaban a si mismos haciendo pastiches de las “clásicas obras maestras” del pasado.

El primer artista del que fui consciente de que que reproducía cuidadosamente el sonido del pasado fue Lenny Kravtitz, grabando su música exactamente con los mismos amplificadores, grabadoras y mesas de mezcla que alguien con un nombre similar, Jimi Hendrix, pudo haber usado veinte años antes. A Kravitz le siguió pronto Oasis – y todo lo que necesitáis saber acerca de ellos es que perdieron una demanda de plagio no de los Beatles, sino de Nil Innes por una canción en la que parodiaba a los Beatles. ¿El título? "How Nice to Be an Idiot".

El Retro Necro es también el resultado de una conservadora y crítica forma de pensar que cree que los músicos de rock Británicos y Americanos “dieron en el blanco” en la década entre 1967 y 1976. Un estadista sueco llamado Henrik Franzon pasó diez años coleccionando listas de los mejores discos de críticos musicales. Como muestro aquí, estas listas forman una especie de meta-narración de la historia artistica de las últimas cinco décadas de la música popular. Es una historia en la que la media nació a finales de los 50’s, y se mantiene más bien tambaleante y efímera hasta la última parte de los 60s, cuando repentínamente (con discos como “Sgt. Pepper's” y “Pet Sounds”) alcanza su Época Dorada, tiene un pequeño estallido cuando aparece el punk, se diversifica, y se desvanece en la irrelevancia. Sólo tres de los 100 discos que encabezan la lista de los álbumes más recomendados de la base de datos de Franzon se editaron entre 1997 y 2006 (discos de Radiohead, The Strokes y The White Stripes).

Hay un problema muy simple, un problema grave para el músico pop de hoy en día: si decides atacar al padre y romper sus reglas, el padre siempre te vencerá. Te vencera porque él hizo lo que tu estás haciendo antes, con más espontaneidad y pasión y de forma más irreverente. Si intentas romper las reglas de la música pop de tu padre y comenzar de nuevo, verás a la música pop convertirse en lo que la música clásica y el jazz se han convertido hasta cierto punto: formas de arte interpretativo dominadas por intérpretes que simplemente siguen los canones de un conjunto de obras maestras determinadas.

La música rock, en particular, se ha convertido en una cultura oficial. Los ministros tocan sus guitarras entre sesiones parlamentarias, el Papa ha acabado perdonando a John Lennon por aquel comentario de “más grande que Jesús”, y la música rock se toca en los aviones, ascensores y en restaurantes abiertos hasta bien entrada la noche de la misma forma que se hizo antes con la Música clásica, para tranquilizar y controlar los nervios de los pasajeros revoltosos. Cualquier tipo de connotación del rock como "música rebelde" ha desaparecido desde entonces, y con ella mucha de su transgresiva sexual y energía política.

Volver a los inicios (garage rock) no es la respuesta, porque volver al Punk o a los recopilatorios de Pebbles no te librará del Retro Necro. Pero romper las reglas y empezar todo de nuevo otra vez tampoco salvará el medio. Para hacer eso tendrías que tomar los riesgos y ser capaz de volverte mainstream con los resultados, algo que requiere un gran público con mente progresista para seguir a los experimentadores y hacer que sus experimentos cambien toda la práctica de hacer música para siempre. Esa especie de cambio mainstream aplastante parece que no sucederá nunca más, en parte por la fragmentación y personalización de los gustos y géneros musicales que ha traído consigo el IPod y la red.

Una solución sería simplemente rendirse al Retro Necro. No significa necesariamente comprar el nuevo disco de Oasis: puedes pasar un mes entero de Retro Necro de buen gusto viendo el excelente documental sobre Joy Division de Grant Gee, descargar “24 Hour Party People” de Michael Winterbottom, obtener un un DVD en oferta de “Control”, la película de Anton Corbjin, basada en la vida problemática de Debbie Curtis al lado de su marido epiléptico y su muerte al ahorcarse en 1980, basada en el libro "Touching from a Distance". ¿O que tal la elegante foto investigación de Katja Ruge en Fotoreportage23: En la búsqueda de Ian Curtis?

Todo esto es material de primera. Y es toda necrofilia enfermiza. Personalmente, yo me encuentro más fascinado con un par de libros con recortes engrapados que descubrí en una caja en mi ático recientemente, reseñas y entrevistas de Joy Division y New Order en sus tipografías y maquetas originales. Sí, parece que estoy echando la vista atrás, pero no es del todo negativo. Leyendo estos recortes, puedo imaginar las innovaciones, los descubrimientos y la frescura de la música que esta sucediendo ahora, y cambiando la música para siempre.

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