Columnas

Retrato de una generación egoísta y adolescente

La escritora alemana Meredith Haaf titula su último libro con el provocativo título de “Dejad De Lloriquear” (Alpha Decay) y vapulea la cultura de la queja. Y avisa: “politizaría a mi generación”

A sus 29 años, Meredith Haaf, alemana licenciada en Historia y Filosofía, decidió abordar su segunda obra de no ficción: nada menos que un llamamiento a su generación para que espabile y deje de lloriquear. ¿Pero de qué se quejan los menores de 30 años?

Fotografía de Tanja Kernweiss

“Dejad De Lloriquear. Sobre Una Generación Y Sus Problemas Superfluos” ( Alphay Decay, 2012), el último trabajo de la alemana Meredith Haaf, se publica en España en uno de los contextos más desalentadores para la juventud a la que se dirige el libro: un paro del 31,2% entre los menores de 30 años, matrículas universitarias prohibitivas, descenso de la ayuda en becas, desaparición de las ayudas de alquiler y, en el mejor de los casos, precariedad laboral, prácticas mal remuneradas o estudios que se extienden hasta pasada la treintena a falta de oportunidades laborales. Luego está esa otra parte de la juventud de la que apenas hay cifras oficiales y que no ha tenido más remedio que emigrar. Como en los sesenta, Alemania y Reino Unido se han convertido en los destinos favoritos de muchos jóvenes españoles. A diferencia de lo que sucedía en los sesenta, eso sí, quienes ahora emigran tienen idiomas, carrera y experiencia laboral. Pero aquí, eso ya no basta.

¿Y en Alemania? Pues sí, ciertamente también notan la crisis, pero la tasa de desempleo no es tan alta (del 5,5% en agosto), el Estado beca a cualquier estudiante que haya aprobado la Abitur (el equivalente a nuestra Selectividad) y que deba estudiar fuera de su ciudad (la mayoría de los casos, puesto que la Universidad en que se estudia no la elige el alumno, sino el Estado en base a las notas del mismo) y si bien Haaf nos habla de casos de becarios que ganan poco más de 400 euros, también es verdad que pone el ejemplo de un amigo arquitecto cuya beca era de nada menos que 2.800 euros y que decidió cambiar de trabajo porque no estaba dispuestos a hacer horas extras ¿Significa eso que Alemania es la tierra prometida del joven? Pues no, pero desde luego, la situación de un joven alemán y sus expectativas, están a años luz de las de un español, un griego, un portugués, un italiano o un irlandés (los países que la UE conoce con el despectivo “P.I.G.S.”).

Puedo entender que un joven de España se pregunte qué motivo tiene para llorar un alemán que no vive al borde del rescate y que tiene asegurada su beca, su práctica remunerada y si apuramos, hasta su jubilación. Y esa misma pregunta es la que se hace Meredith Haaf, que da un golpe sobre la mesa y decide que ya va siendo hora de que su generación se politice, tome conciencia, deje de mirarse tanto al ombligo y de quejarse vía Facebook de lo dura que es su vida. Es cierto que Haaf no recurre a la arenga (ella misma reconoce que no tiene ni idea de qué hacer) y que a veces peca de una crítica un tanto tibia y autocompasiva: Haaf más bien se limita a aportar datos, citar conversaciones y desmenuzar estudios sobre la juventud alemana. Una juventud que ella misma describe como egoísta, apolítica, narcisista, excesivamente mimada, que añora su infancia y que se niega a renunciar a nada. Y pese a todo, es la que más apoyos tiene, la que menos conflictos generacionales ha padecido y de la que se compadecen hasta sus abuelos (los mismos que se jugaron la vida en el frente). Una generación, que pese a lo que alguno pudiera pensar, se desmarca del cinismo nihilista de sus predecesores y que según Haaf sólo ha creado una subcultura relevante: la “hispter”. Reclaman una forma de vida cómoda, pero no están dispuestos a luchar por ella, huyen de la confrontación, sea del tipo que sea, y admiten sin pudor que no tienen un duro pero van hechos un pincel. ¿Es la juventud alemana exportable al resto de Europa? ¿Qué podemos esperar de esta generación? Y tal vez, lo más importante, ¿qué puede esperar esa juventud de sí misma si esto es lo que hay?

"La sensación de que están sacrificando a toda una generación es algo que se extiende por toda Europa"

Desde que escribiste el libro, las protestas se han extendido por todo el mundo: Grecia, Portugal, España, EE.UU.... incluso en Alemania tuvisteis Occupy Frankfurt. ¿Estas protestas han cambiado tu punto de vista sobre tu generación? Si es así, ¿cómo?

Incluso mientras escribía el libro, la gente de mi generación en España, Francia, Grecia y Reino Unido empezaron a tomar las calles para protestar contra unas políticas que estaban amenazando su sociedad, especialmente, la de la gente joven. La crítica de este libro respecto al letargo político se dirige sobre todo a mis contemporáneos alemanes, por lo que me sorprende la atención que tiene entre lectores de países tan distintos. Sin embargo, creo que uno de nuestros principales problemas es nuestra incapacidad para criticar las estructuras capitalistas –queremos que el capitalismo nos haga sentir seguros y felices, pero no queremos destruirlo, ni siquiera deconstruirlo–, y eso es algo que sigue ahí pese a las protestas. Además, el movimiento Occupy está bastante marginalizado en Alemania, la inmensa mayoría de gente joven ni siquiera se plantearía pasar una noche en un campamento de Occupy.

Uno de los conceptos que manejas es el de “problemas superfluos” (“luxusprobleme”): ¿temes que la gente se lleve la impresión equivocada sólo por el nombre? ¿Cómo se lo explicarías a alguien que no haya leído el libro?

Bueno, sí, es un término confuso, pero lo elegí por su significado ambiguo. Un problema superficial es un problema que te tienes que poder permitir. A mi generación se le ha dicho siempre que sus problemas en realidad no eran serios –lo que supone menospreciarlos y hacer que muchos de nosotros no nos los tomemos en serio. Pero a la vez, creo que muchos de los problemas que nos ocupan, en realidad no lo son tanto, como el exceso de libertad de elección.

Tras leer tu libro, la idea de una Alemania rica aparentemente se desvanece, al menos en lo concerniente a la juventud. ¿Te identificas con los problemas de tu generación en los demás países europeos?

Creo que la sensación de que están sacrificando toda una generación por las medidas de austeridad, el miedo al desempleo, la falta de representación política y la infelicidad respecto al reparto de riqueza es algo que definitivamente se extiende por toda Europa.

"En Alemania no hay un sentimiento de urgencia relacionado con el cambio"

Dices que tu generación ya no cree en la política. ¿Celebráis asambleas o tenéis alguna otra forma de organización para discutir los problemas, como en Occupy Wall Street, por ejemplo?

No hay un movimiento asambleario masivo en Alemania. Como he mencionado antes, Occupy no es relevante para la mayoría de la gente. En este país no hay un sentimiento de urgencia relacionado con el cambio.

¿Es tu generación consciente de que desvinculándose por completo de la política e ignorando a la gente en el poder, estos tienen en realidad más poder para tomar decisiones que empeorarán su forma de vida?

Eso asumo. Sin embargo, creo que la mayoría de la gente cree que sus vidas no se ven afectadas por la política (lo que es un grave error) y que si las cosas van bien con sus carreras y su vida privada, todo está en orden. No creen en el poder político.

Vives en Berlín, que es mucho más barato que el resto de Alemania pese al proceso de “gentrificación” por el que está pasando. ¿Crees que lo que describes es aplicable a otras ciudades alemanas?

Definitivamente, Berlín es muy diferente al resto de las ciudades alemanas, pero muchas de las cosas de las que escribí están basadas en conversaciones y observaciones en Múnich, donde la vida es mucho más cara que en otras ciudades. También es donde vivo ahora, acabo de mudarme aquí con mi familia.

¿Cuál crees que será la reacción a tu libro en España, donde el 25% de la población está en paro y muchos jóvenes no tienen empleo ni se pueden permitir seguir estudiando?

Bueno, espero que la gente adecuada se lo tome de forma personal y que la gente que no es la adecuada no se deprima demasiado con él –sé que el libro tiene este efecto, pero sólo pretendía que fuera una llamada de atención.

"Hemos duplicado nuestras vidas en la red, lo que significa que necesitamos mucha energía para gestionar nuestra propia representación, por no hablar del tiempo que pasamos en las redes sociales"

Al contrario de lo que le ha pasado a otras generaciones, la vuestra cuenta con el apoyo y la simpatía de generaciones anteriores. ¿Este apoyo os ayuda a recibir más atención de los medios de comunicación y de los políticos?

Hace que la vida sea más sencilla, pero no la lucha. Creo que la prensa dedica más atención a estos temas porque la juventud siempre ha llamado la atención, pero a los políticos no les importa, porque históricamente la juventud no ha sido una fuente de poder ni de financiación.

Perteneces a la primera generación “nativo-digital”. A la larga, ¿crees que os ha ayudado o ha supuesto un inconveniente? En tu libro, por ejemplo, reconoces que no pensáis en las reuniones sociales en términos de “networking”...

Creo que somos la última generación no nativo-dgitial, por lo que tanto las redes sociales como otras tecnologías nos ayudan tanto como nos perjudican. Hemos duplicado nuestras vidas en la red, lo que significa que necesitamos mucha energía para gestionar nuestra propia representación, por no hablar del tiempo que pasamos en Facebok, Twitter, etc.

También dices que las grandes ideologías y utopías han muerto. En vez de aceptar esa muerte, ¿por qué no crear algo nuevo?

No, yo hablo de la impresión que tiene la gente, de que las ideologías y utopías están muertas o deberían estarlo. Creo fervientemente que necesitamos algo nuevo, pero creo que lo que necesitamos debe encaminarse hacia grandes ideas no comerciales.

Describes tu generación como egoísta, obsesionada con su propia imagen en internet y con la firme convicción de que los privilegios no deben repartirse equitativamente. ¿Alguna vez te has sentido acusada de falta de empatía hacia el más débil?

¿Personalmente? Entonces la respuesta es no. Me culpo a mí misma por no hacer más, y he tenido discusiones con gente a la que consideraba de izquierdas o al menos liberales de izquierdas y que han resultado tener una falta de empatía sorprendente. Además, hay numerosos estudios que demuestran esto, al menos en Alemania.

"La vida debería ser mucho más que lo que la gente opine de ti cuando mira tu perfil en internet"

Reconoces que tu generación tiene miedo: a fracasar, a lo que piensen los demás, a tener menos que vuestros padres... ¿es ésa la razón por la que añoráis la infancia? ¿Crees que tu generación es insegura?

Sí. Creo que muchos de nosotros hemos tenido una vida bastante privilegiada y hemos recibido mucha atención. Nos dijeron que podríamos ser y hacer lo que quisiéramos, que éramos especiales y que lo único que necesitábamos era trabajar duro y prepararnos para competir. A la vez nos advirtieron de la inseguridad del mercado laboral, los desastres ecológicos y la inutilidad de la política. Así que creo que somos una generación de gente que no tiene agentes, y por tanto, tampoco seguridad.

También dices que la tuya es una generación mimada. ¿Crees que ése es uno de los motivos por los que tenéis tanto miedo a fracasar?

Definitivamente.

También os asusta cualquier tipo de confrontación. ¿Por qué?

Falta de práctica, miedo al rechazo y que estamos entrenados para ser constructivos y que toda la negatividad arruinará nuestra posición y proyectos. Las peleas y discusiones las vemos como algo negativo, como una conducta que no ayuda.

Afirmas que no se os permite ser adultos porque vuestro derecho a serlo termina el mismo momento en que dependéis financieramente de vuestra familia. ¿Tienes alguna esperanza de que esta situación cambie a corto plazo? ¿Cómo crees que este hiato afectará a vuestra forma de ver la vida?

Creo que afectará a muchos, y a otros pocos no. Creo que el efecto es que la gente es incapaz de tomar grandes decisiones o de asumir responsabilidades.

Si pudieras cambiar una cosa de tu generación, ¿qué sería?

La politizaría.

Y si tuvieras que dar un consejo a las próximas generaciones, ¿cuál sería?

No te preocupes por tu CV a la hora de tomar decisiones respecto a tu vida –cualquier decisión que tomes, salvo que se trate de drogas o de sexo sin protección, es algo con lo que podrás trabajar más tarde. Y también: la vida debería ser mucho más que lo que la gente opine de ti cuando mira tu perfil en internet. Y también: por favor, salvad el mundo, porque nosotros no lo hicimos.

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