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“R3sacón”: tercera parte de bajona

La trilogía desmadrada de Todd Philips, un pilar de la más reciente comedia americana, llega a su final (en principio) con su entrega más floja, pero igualmente interesante

La trilogía ‘Resacón’ llega a su final (de momento, nunca se sabe) con su entrega más floja, pero en la que todavía encontramos rastros del carisma humorístico de un equipo (dirección y actores) que ha hecho subir el listón de la comedia americana en los últimos años. Dicho esto, procedamos a descorchar la película.

Uno.

Entre los señores clave de la comedia estadounidense de los últimos años está, sin duda, Todd Phillips, responsable de la trilogía que cierra (bueno, por ahora) “R3sacón”, inspirada adaptación del título original y más convencional “The Hangover Part III”. Por la variedad de los proyectos en los que ha andado siempre metido (también como productor y guionista) no es tan fácil tomarle el pulso como a, pongamos, Judd Apatow, por citar al más popular de sus colegas. Pero aún así, son varias las constantes que se repiten a lo largo de su filmografía y están llevadas a su máxima expresión en su trilogía de la resaca atroz. El primero, la camaradería masculina, evidente en la saga abierta con “Resacón En Las Vegas” (2009) y en sus extraordinarias “Road Trip (Viaje De Pirados)” (2000), “Aquellas Juergas Universitarias” (2003) y “Salidos De Cuentas” (2010), actualización esta última (no acreditada) del clásico de John Hughes “Mejor Solo Que Mal Acompañado” (1987). El segundo, la idea del viaje y de la fiesta como remisión, como paréntesis lúdicos en los que los protagonistas de sus historias huyen de la rutina –y de sí mismos– y muestran una versión extrema y chiflada de lo que les gustaría ser o de lo que en realidad son. El jolgorio es, por ejemplo, el centro de sus tres resacas y de “Project X” (2012), de Nima Nourizadeh, importantísima comedia adolescente de la que Phillips es productor. El tercero, la reivindicación en la comedia mainstream del descaro, la incorrección y la provocación. No es precursor en esto. La comedia moderna americana está llena de adorables incorrectos (cada uno en su escala, en su estilo y en relación a su tiempo): el John Landis de “Desmadre A La Americana” (1978), Sacha Baron Cohen, la troupe de Jackass o los hermanos Peter y Bobby Farrelly, que por alguna razón que se me escapa últimamente nadie se acuerda de ellos pese a seguir arriesgando (sólo ellos podían firmar la osadísima “Los Tres Chiflados”, película que hace pequeña la etiqueta post-humor) y ser los responsables de algunas de las comedias más importantes de las últimas décadas ( “Vaya Par De Idiotas” o “Algo Pasa Con Mary”). Pero, aún sin inventar la sopa de ajo, el director de “Starsky & Hutch” (2004) reactivó de alguna manera la comedia popular descarada con la estupenda “Resacón En Las Vegas”.

Dos.

La primera entrega de la serie no era una película precisamente original. De hecho, se agarraba a pequeños subgéneros de la comedia: la que trata sobre despedidas de la soltería ( “Despedida De Soltero”, “Very Bad Things”) o la comedia ambientada o con aventura en Las Vegas ( “Lío Embarazoso”, “Algo Pasa En Las Vegas”). De hecho, salvo por su gloriosa aportación post créditos finales, aquellas fotos locas que resumían el lapsus de memoria del clan protagonistas (un recurso imitado hasta la saciedad en la comedia de los últimos años), tampoco encerraba ninguna idea innovadora. Pero rompió, sencillamente, porque era buena. Porque, aun agarrándose a un patrón común, era una película cuidada y, más importante, con una frescura y una gracia incontestables. Tenía todo lo que se le puede pedir a una comedia… Y que tan pocas tienen. Para empezar, personajes carismáticos, cuatro amigos unidos por lazos forzados (pero amigos, en cualquier caso) y con Alan, el sociópata borderline al que da vida Zach Galifianakis, como estrella de la función (hablamos de uno de los personajes más arriesgados y, en cierto sentido, peligrosos de la comedia reciente). Personajes carismáticos e interpretados por grandes actores de comedia. “Resacón En Las Vegas” también tenía situaciones, diálogos, gags y estampas para el recuerdo, siempre bañados en incorrección y delirio. Tanteaba varios modelos de humor (aunque cuando más brillaba era cuando tiraba a lo excesivo, obsceno y chiflado) y no tenía ni el más mínimo bajón de ritmo. Vamos, era un producto bastante ideal (salvo para el espectador alérgico por principios a lo incorrecto). Ideal y, precisamente por lo potente de su base, con muchas posibilidades para tener continuidad.

Tres.

La tuvo muy pronto. Todd Phillips rodaba dos años después “Resacón 2 ¡Ahora En Tailandia” (2011). Era tan fiel a la historia y al espíritu de la primera, que más que una continuación parecía un remake ambientado en Tailandia (bueno, de hecho era exactamente eso). No era tan sólida como “Resacón En Las Vegas”: le faltaba sorpresa, le sobraban ideas calcadas de la anterior y la grosería era más de garrafón. Pero aún así funcionaba porque el cuarteto principal seguía teniendo carisma, el diálogo con la primera entrega estaba formulado con picardía, reunía varias escenas para recordar y contaba con un nuevo personaje que, no por ser un recurso fácil, dejaba de tener mucha gracia: un mono capuchino (con chaleco tejano y fumador) que se unía al grupo de amigos en su aventura. “R3sacón” es la entrega menos inspirada de la saga y rompe con el espíritu de las otras dos: aquí la incorrección es mínima (de hecho, prácticamente se reduce a una magnífica secuencia post créditos finales que no hay que perderse bajo ningún concepto). No es, como las anteriores, un divertimento asalvajado, sino una comedia de acción bien armada pero con un sentido del humor más domesticado (casi para todos los públicos) y un brote sentimental muchísimo más agudo (la influencia de Apatow en la comedia americana contemporánea es escandalosa) que en “Resacón En Las Vegas” y “Resacón 2 ¡Ahora En Tailandia!” Le faltan gags emblemáticos y algunos recursos cómicos no están a la altura de sus artífices (es evidente que el guión está escrito con piloto automático), pero aún así funciona por lo sembrado en las anteriores entregas (los personajes y los locos vínculos entre ellos, las bromas cómplices que se arrastran desde el principio), su ramalazo nostálgico (hay algo ahí de la comedia de acción de los 80) y alguna escena con el brillo de Phillips y compañía.

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