Columnas

Quemar después de leer #005

Los diez libros y cómics del momento

Un mes más, os ofrecemos una selección de libros (y cómics) de contenido ameno y a veces denso, crudo y futurista, con tipos raros y seres extraterrestres, libros (y cómics) que hay que leer, o tener en cuenta, para ocupar las horas de ocio e instrucción.

Vuelve Arthur Dent, el terrícola que huyó de milagro y gracias a una toalla de la Tierra un segundo antes de que ésta fuera demolida para construir una autopista hiperespacial (o Eoin Colfer fingiendo que puede ser Douglas Adams y continuar la “Guía Del Autoestopista Galáctico”), y vuelve la chica que no es como todas las demás, Miranda July, con lo que pasó cuando empezó a citarse con tipos que vendían cosas extrañas vía un periódico de clasificados ( “Te Elige”). También vuelve Richard Ford, esta vez con una de chismorreos literarios que es a la vez una reflexión sobre el ser escritor y una suerte de biografía escogida ( “Flores En Las Grietas”) y se reedita por fin un clásico inencontrable de Philip K. Dick, “Tiempo Desarticulado”, la novela en la que Peter Weir se basó en secreto para montar “El Show de Truman”. Y hay historias tristes, como la del adolescente que odia a todo el mundo y sueña con vivir en una cabaña ( “Algún Día Todo Este Dolor Te Será Útil”, de Peter Cameron) y luego hay historias divertidas, como la del tipo que tiene que empezar a vivir con una máscara (de cara de santo) para poder casarse con la chica que le gusta ( “El Farsante”, de Max Beerbohm, tipo al que admiraba nada menos que Roberto Bolaño). ¿Qué, empezamos el repaso?

Philip K. Dick: “Tiempo Desarticulado” (Minotauro)

No hay mejor presentación para esta novela que la que sigue: “El Show De Truman” está más que parcialmente basado en “Tiempo Desarticulado”. Sí, sí, “El Show De Truman” de Jim Carrey. La película del tipo que vivía atrapado en su propio programa de televisión, un reality con plató propio y actores que hacían las veces de vecinos, padre, madre, novia y posterior esposa del protagonista. Ragle Gumm, el protagonista de “Tiempo Desarticulado”, vive del dinero que gana respondiendo a una pregunta estúpida que hace a diario el periódico local. La pregunta estúpida tiene que ver con un hombrecito verde, una especie de marciano. Los tipos del periódico quieren saber dónde estará la próxima vez el hombrecito verde. Gumm, que no es tan simpático como el Carrey de “El Show De Truman”, de hecho, vive encerrado en casa y gruñe a quien se acerca, sospecha que el concurso en cuestión es algo más que un concurso cuando un día decide dejar de contestar la pregunta y recibe una extraña visita en casa. Sus vecinos también parecen decididos a que Gumm no haga otra cosa que lo que tiene que hacer y esto es contestar la maldita pregunta. Cuando en un solar en ruinas al que le impiden acercarse con tretas similares a las que usan en “El Show De Truman” para impedir al personaje de Carrey abandonar la ciudad (desde controles en la carretera hasta falta de gasolina) descubra una fotografía de una actriz (Marilyn Monroe) que nadie, en su mundo, parece conocer, porque lo cierto es que en su mundo no debería haber existido, Gumm empezará a sospechar que en realidad no se encuentran en 1960 sino mucho después y que el estúpido concurso del diario es algo más que una ridícula manera de ganar dinero. Dick en estado puro. Modo paranoico on.

Peter Cameron: “Algún Día Todo Este Dolor Te Será Útil” (Libros del Asteroide)

James Sveck es un chico listo, pero cuando tienes la sensación de que el mundo te queda grande, de poco importa lo listo que seas. James trabaja en la galería de arte de su madre, y aunque está en el centro de Manhattan, James se aburre porque casi nunca entra nadie. Las clases han terminado, pero la amenaza de la universidad (oh, es una universidad importante, porque todo lo es en América) no deja a James dormir tranquilo. James se pregunta si quiere ir a la universidad y para qué demonios le servirán todas esas horas de estudio. Lo que de verdad le gustaría a James es comprarse una casa en el campo y pasarse el día leyendo sin que nadie le molestara. Sí, James odia a todo el mundo, en especial, odia a la gente de su edad, porque no cree que sean como él. James es de otro planeta. O al menos, así es como se siente. Nada que el fin de la adolescencia no cure. Si llega, claro. Una de esas novelas (con aspecto de diario personal) que te acompañan durante mucho, mucho tiempo.

Max Beerbohm: “El Farsante feliz” (Acantilado)

A Lord George Hell le gusta una bailarina digamos que poco despierta. Le gusta tanto que, aunque es adicto a los romances, está dispuesto a dejar de enamorarse para siempre. Pero ocurre que cuando se decide a pedirle que se case con él, ella le dice que ni pensarlo. Le suelta un: “Oh, lo siento, pero no voy a casarme con cualquiera, voy a casarme con un hombre que tenga cara de santo”. Así las cosas, a Hell no le queda otro remedio que cambiar de cara. Pero, ¿cómo se cambia de cara? Pues muy sencillo, llevando siempre una máscara. En este caso, de santo. Roberto Bolaño adoraba a Max Beerbohm, el autor de “El Farsante Feliz” y basta la sinopsis de esta suerte de Don Juan malogrado para entender por qué.

Eoin Colfer: “Y Una Cosa Más...” (Anagrama)

El maestro Douglas Adams, creador de la brillante y sideral “Guía Del Autoestopista Galáctico” murió cuando su carrera acababa de despegar. Apenas era autor de seis novelas (cuatro pertenecientes a la saga galáctica y otras dos a una más que prometedora serie detectivesca comandada por Dirk Gently, el primer investigador privado holístico que ha tenido que vérselas con Thor) y apenas tenía 49 años. El éxito de la saga protagonizada por Arthur Dent, el terrícola con menor concepto de sí mismo del mundo (y único superviviente del planeta, salvado únicamente de desaparecer con la demolición de la Tierra como el resto por tener un amigo extraterrestre sin saberlo y por llevar una toalla encima en el momento adecuado), iba a convertirle en algo así como el Stephen King de la ciencia ficción (el número de fans de Dent y la saga galáctica es tan grande que el día 28 de mayo será para siempre El Día de la Toalla, en honor a semejante genialidad intergaláctica), pero no pudo ser y sus muchos fans se quedaron con las ganas de que hubiera una sexta entrega de la trilogía en cinco partes que se había cerrado, prematuramente, con “Informe Sobre la Tierra: Fundamentalmente Inofensiva”. Pues bien, Eoin Colfer, autor de la conocida serie para adolescentes y amantes de los dragones y lo fantástico “Artemis Fowl”, se ha atrevido a volver al mundo de Dent, Ford Prefect, Zaphod Beeblebrox y Tricia McMillan (Trillian, convertida en la reportera más famosa de la Galaxia) para continuar sus aventuras. Y aunque el intento, quizá por el elevado grado de respeto que Colfer sentía por Adams y la sensación de no estar a la altura constante que debió sentir mientras escribía, es capaz de sumir en el caos más absoluto al más fiel seguidor de la saga (por exceso de detalles, pues hay tantos y tan variados que por momentos, la trama desaparece), devuelve a la vida un universo que echábamos de menos (o que muchos echábamos de menos) y sólo por eso vale la pena darle una oportunidad. Por eso y por el disfruta (las risas) intergaláctico (intergalácticas), claro.

Miranda July: “Te Elige” (Seix Barral)

Mientras escribía el guión de su segunda película, “El Futuro”, Miranda July (cineasta, artista, escritora, cantante) se cruzó con PennySaver, una bizarra publicación de anuncios por palabras, y se volvió adicta. La leía de forma compulsiva. No podría creerse que hubiera tipos que pusieran anuncios como el que sigue: “Vendo renacuajos a 2,50 dólares”. Y: “Cazadora grande de piel, 10 dólares”. Y empezó a preguntarse qué clase de personas serían. Qué esperaban de la vida. Ese tipo de cosas que sólo alguien como Miranda July piensa cuando lee los clasificados. Así que se hizo acompañar de una amiga fotógrafa y recorrió Los Ángeles en busca de los autores de esos anuncios. Con su particular estilo, a la vez naïf y aterradoramente cotidiano, July reconstruye sus encuentros con 13 de ellos, encuentros que fueron publicados originalmente por McSweeney’s.

Kenneth Cook: “El Lagarto Astronauta” (Sajalín)

¿Acaso los lagartos van al cielo? Al cielo entendido como espacio exterior... ¿Acaso lo hacen? No, claro que no, pero el protagonista de la última chifladura de Kenneth Cook, el autor del divertido y, por increíble que parezca, cierto, “El Koala Asesino”, vuelve con la historia del Joven Bill, el protagonista del relato que da nombre a esta colección, y que está convencido de que puede fabricar un cohete casero y convertir a su lagarto en el primer reptil en entrar en semiórbita. Así es que Cook vuelve a adentrarse en el rincón más salvaje de la aparentemente amigable Australia para relatar lo que pasa cuando te topas con guías turísticos con aspecto de tortuga, pescadores de la tercera edad y animales aparentemente inofensivos (canguros, koalas, todo tipo de fauna autóctona) que no lo son tanto. Basados en hechos reales, porque, oh, sí, todo por increíble que parezca, como decíamos, es rigurosamente cierto, los relatos de Cook constituyen algo así como el cuaderno de bitácora maldito a la vez que desternillante de un amante de la naturaleza capaz de lanzarse, sin complejos, al trabajo de campo. Para echarle un buen vistazo.

Agustín Fernández Mallo: “Yo Siempre Regreso A Los Pezones Y Al Punto 7 Del Tractatus” (Alfaguara)

Coinciden este mes en librerías el primero y el último libro de poemas de Agustín Fernández Mallo. El primero, autopublicado en 2001 en una edición de 500 ejemplares que el propio autor presentó por locales de toda España cuando aún no se había oído hablar de la Generación Mutante/Nocilla, se titula “Yo Siempre Regreso A Los Pezones Y Al Punto 7 Del Tractatus” y es la historia de un tipo al que su chica ha abandonado en un hotel de una isla mediterránea y que mantiene una inquietante conversación con el monigote atornillado a la puerta del lavabo, que no deja de hablar y que aúna, en su discurso, literatura, o la belleza del caos que se extiende ante la ausencia infinita, con ciencia, o la fría rigurosidad carnívora del número exacto, del azar entendido como obra de arte que se decapita a sí misma a cada instante. Pero no hay historia, porque no hay un centro, hay recuerdos, que son como polaroids que el escritor lanza al lector, imágenes poéticas que conforman un diálogo, o, mejor, un monólogo en el que el hombre abandonado trata de reconstruir la ruina en la que se ha convertido su historia de amor. Intenso y nocillesco.

Richard Ford: “Flores En Las Grietas” (Anagrama)

Cita Ford a Raymond Chandler, dando un consejo de escritor: “Cuando dudes, pon a un hombre cruzando una puerta con un revólver en la mano”. Y reconstruye su relación con otro Raymond, éste Carver, que parte de la admiración, por su genio y por su increíble historia de amor (con Kristina). Y analiza, desde dentro, desde el centro mismo de la narración, a Chéjov, a quien admite no haber leído como debería hasta que era ya casi demasiado tarde porque al principio no le gustaba especialmente ni tampoco entendía por qué todo el mundo lo consideraba tan bueno, hasta que “llegué a tener la experiencia de la literatura que F. R. Leavis describe en su famoso ensayo sobre Lawrence, como la del medio supremo por el cual operamos una renovación de la vida sensual y emocional y adquirimos una nueva toma de conciencia”. Pero hay más en “Flores En Las Grietas”. Hay biografía (recuerda en “El Hotel” los veranos que pasó en la casa de huéspedes de su abuelo, que fue boxeador, en Little Rock, y recuerda cómo miraba, desde las ventanas, la ciudad a lo lejos, como vivía dentro, sin pensar demasiado en el mundo exterior, estando, sin estar) y otros escritores, colegas y no tan colegas (desde John Cheever hasta Richard Yates, pasando por Joseph Conrad). Especialmente apto para fans del autor de “El Periodista Deportivo” y para aquellos que gusten de conocer chismorreos literarios (yanquis) de primera mano.

Brian Michael Bendis/Michael Avon Oeming: “Powers: Los Vendidos” (Panini)

Conoce a Christian Walker y Deena Pilgrim, los detectives de Homicidios que investigan asesinatos de superhéroes. Creados por Bendis, el genio y el dibujante (de dibujos animados) Oeming a imagen y semejanza de los míticos Mulder y Scully, lo de Walker y Deena no tiene desperdicio. Se las ven con los medios (en especial, con “Powers”, algo así como el “Hola” de los superhéroes) y se las ven con los tipos que intentan amenazar a sus jefes con destruir la ciudad (supervillanos retirados que se dejan los brazos por todas partes). Todo empezó con el asesinato de Retro Girl, aún sin resolver, y a cada nueva entrega ha ido profundizando en la vida de la pareja de detectives, que en esta sexta entrega, tendrá que enfrentarse al escándalo sexual de uno de los miembros de los supergrupos más populares de todos los tiempos, un escándalo que cambiará para siempre lo que el mundo piensa de los superhumanos. Con la publicación de “Los Vendidos”, Panini se pone al día de la saga de más éxito de la pareja ganadora del Premio Eisner, de la que ha publicado ya hasta el volumen 13. Hasta hace no demasiado los derechos de las seis primeras entregas pertenecían a Planeta deAgostini, y la serie había permanecido, para los lectores recién incorporados, incompleta hasta la fecha. Así que buen momento para subirse al carro de “Powers”. Porque los superhéroes pueden tener diálogos a la altura de cualquier serie de la HBO. Al menos, los superhéroes que protagonizan “Powers”.

Alexis Nolla: “La Isla Del Diablo/Escondite” (Apa Apa Còmics)

El volumen que recupera la colección de grapa de la pequeña pero beligerante Apa Apa Còmics lo firma Alexis Nolla, un habitual de los fanzines gráficos que se publican últimamente. Amante de los tipos con barba, pipa, gorros y escopetas, Nolla narra en su pequeño (y modesto) pero profundo primer cómic la historia de dos hermanos que van en busca de la isla del Diablo con su padre y que después de un millón de días en alta mar descubren que jamás la encontrarán porque lo más probable es que ni siquiera exista. Pero, qué demonios, uno de ellos, el que más se parece a Albert Serra, piensa escribir un libro repleto de aventuras, un libro diario de viaje en el que se miden con dinosaurios resucitados y otros monstruos por el estilo. Decidido a reivindicar la aventura que no es aventura, o la promesa de aventura que jamás se cumplirá, Nolla da los primeros pasos de un estilo, ya el suyo propio, que bebe y mucho del cine de Wes Anderson.

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