Columnas

Perdona que te diga

por SouverDJ

SouverDJ Perdona que te digaYa casi acaba el verano y aquí seguimos, mirando la vida pasar desde nuestra playa particular. Eso sí, ni hablar de estar recostado sobre un pareo, que no los soporto –no sé qué es lo que pasa, pero ahora TODAS las modernas van a la playa y, en vez de toalla, usan pareo–. Lleven una toalla, oigan, y si quieren no perder un ápice de su trendiness hagan como yo y posen sus cuerpos serranos sobre las toallas BUTT, el ítem del verano. Llaman la atención como ninguna otra y, además, las ganancias obtenidas de su venta van destinadas a fines solidarios. ¿Qué más se puede pedir? Lo que decía, encima de mi toalla y en chanclas –yo uso las chanclas sólo donde toca, o sea, en playas y piscinas: su uso generalizado everywhere sólo gusta a los podólogos, que se frotan las manos ante tantos futuros pacientes– pensaba ahora sobre lo que ha dado de sí el período vacacional, que no es poco.

Two can keep a secret...

Empecemos por la tele. No hay verano que se precie sin un guilty pleasure en toda regla, y el de este verano es Pretty Little Liars”. A medio camino entre “Gossip Girl”, “Veronica Mars” y “Sé Lo Que Hicisteis El Último Verano”, esta serie ha sido uno de los musts de la temporada estival –y de lo que le queda; hasta el momento sólo ha emitido 10 episodios de su primera temporada y nos ha dejado con ganas de más–. La historia: cuatro chicas que aún van al instituto (eso sí, con modelazos, arregladas y maquilladas a todas horas) se reencuentran un año después de que desapareciera su mejor amiga, que reaparece muerta, y empiezan a ser acosadas vía SMS por un/a misterioso/a entidad llamada A que lo sabe todo acerca de algo malo que ocurrió un año atrás.Los espectadores vamos conociendo todo el secreto poco a poco a la vez que transcurren amores y desamores teen (que de eso se trata, por supuesto). Tenemos también un toque lésbico –a una de las protagonistas le va bastante el tema– y, ya era hora, cuando las chicas se tienen que morrear, lo hacen sin problemas, no como en “Modern Family”: cómo bien les acusaba Ryan Murphy, el creador de “Glee” y “Nip/Tuck”, no puedes plantar una pareja gay entre los personajes de una serie si no se van a tocar jamás. Mucha atención también a los títulos de crédito con banda sonora de The Pierces: la canción “Secret” (¿lo pillan?) le va como anillo al dedo a la trama.

Los SMS parecen ser los grandes protagonistas de la tele veraniega. Otro de los pleasures del estío (esta vez sin culpabilidad ninguna) es la nueva versión de Sherlock Holmes en BBC, “Sherlock”, una versión absolutamente 2.0 del detective de Baker Street, con un Dr. Watson llegado de Afganistán –como en el relato original de Conan Doyle, pero esta vez se trata de “otra guerra” de Afganistán, claro– y con un Holmes adorable que va de sobradísimo en sus deducciones. Hablamos de 2.0 por gran acierto de la serie de adaptar las tramas originales al siglo XXI: Holmes es adicto a los mensajes de texto como medio de comunicación (además de tener su propia web sobre investigaciones detectivescas, The Science Of Deduction), a la vez que Watson tiene vacíos creativos para actualizar su blog. Es el signo de los tiempos. Y una sorpresa: reencontrarnos en el papel del inspector de policía Lestrade al actor Rupert Graves, todo un icono al que seguro recordarán por su papel de Scudder, el que lo tenía más claro en “Maurice” (la versión cinematográfica de la novela de E. M. Forster que James Ivory bordó en 1987). Ese descaro en medio de la tantísima hipocresía de la época es de los que no se olvidan. Volviendo a “Sherlock”, hay que decir, por lo que nos interesa aquí, que está plagada de guiños acerca de la ambigüedad en la relación Holmes-Watson y la propia sexualidad de Sherlock. Por lo demás, es una obra visualmente impecable, moderna, con grandes interpretaciones: sus 3 episodios de 90 minutos saben a poco aún siendo un gran divertimento. Ya han anunciado que volverán.

Sagat And The Bears

En el cine la cosa también está calentita. De repente aparece por todos lados François Sagat en su salto de estrella del porno gay a revelación del cine underground. Por un lado, no sorprende que Bruce LaBruce le incluyera en el cast de su nuevo experimento, “L.A. Zombie”, esta vez sobre zombies salidos. De momento ya ha conseguido amplia repercusión en la prensa al ser prohibida su proyección en el festival de Melbourne. Pero de LaBruce ¿qué esperaban ustedes?, me pregunto yo. Eso sí, el director está encantado con el escándalo montado gracias a la publicidad gratuita (cómo no). El elenco, lleno de modelos y porn stars, sigue en su línea habitual. Y es que Bruce, que en su momento ya epató al personal con “Hustler White” o los zombis de “Otto”, ya sabemos de qué pie cojea.Aunque lo que quizá va a sorprender más es ver a Sagat en “Homme Au Bain”, la nueva película de Christophe Honoré –uno de los enfants terribles del cine francés– que se acaba de proyectar en el festival de Locarno. El proyecto empezó como un encargo comisionado por el ayuntamiento de la localidad francesa de Gennevilliers –en principio tenía que ser un corto– y ha acabado siendo un largo ambicioso con Chiara Mastroianni al frente, en medio de dos amantes gays en proceso de separación. La cosa, por lo que se cuenta, está subidita de tono en sus escenas sexuales, de ahí la polémica de un film que ha dividido a la crítica pero que ha sido alabado por biblias indies como Les Inrockuptibles. Es extraño ver a Sagat con ropa, pero como se puede comprobar en el tráiler, se la quita pronto.

El verano también ha visto la eclosión de dos películas sobre el colectivo osuno: los bears, es una realidad, empiezan a invadir las pantallas más alternativas. Por un lado, tenemos el documental de Malcolm Ingram, Bear Nation. A Ingram ya le conocíamos por haber paseado “Small Town Gay Bar” por diversos festivales, y ahora aborda el tema de lleno al tema volviendo a entrevistar a las mismas personas e incidiendo de nuevo en la cuestión del coming out doble: como gays y como osos. El propio autor reconoce que su obra es más bien de uso interno entre la comunidad, así que ha planeado su distribución entre las múltiples quedadas bear que pueblan el planeta, esas que toman sus curiosos nombres a partir de una variación de la plantígrada palabra.La otra peli osuna del momento es Bear City, dirigida por Doug Langway, y que se adentra en el terreno de la ficción. Ya desde su título se declara como una especie de “Sex And The City” para osos y se anuncia con la tagline “romance can be hairy”. A lomos de las divertidas historias de amor (y pelo) de sus personajes –el argumento explica que se preparan para un big bear weekend, cómo no–, la cinta ya ha triunfado en el prestigioso Outfest de Los Ángeles.

La vuelta al cole

Musicalmente, el verano ha sido un cúmulo de politonos playeros y festivales pensados para atraer al turismo, pero con el inicio de temporada la cosa se está animando (y que conste que no vamos a hablar ni de la esperada autobiografía de Ricky Martin ni del revuelo armado en Facebook a consecuencia de los grupos sobre “lesbianas que se parecen a Justin Bieber” (¡y es cierto que hay muchas que se le parece!). No, la cosa hoy va de regresos. El primero, el de Robbie Williams, que prepara su publicitadísima reunión con Take That con un par de canciones junto a Gary Barlow para un nuevo recopilatorio de sus grandes éxitos, “In And Out of Consciousness: Greatest Hits 1990-2010”, y que llega justo para celebrar sus 20 años en el mundo musical. El avance de esas dos nuevas canciones es “Shame”, con un video en el que Robbie y Gary juguetean un poquito en plan “Brokeback Mountain” pero sin pasarse demasiado: miraditas, abracitos, se quitan la camiseta y ya está. Pero están muy monos y se les agradece, aunque, la verdad, no hubiera importado que se echara un poquito más de carne en el asador. Y diré más: me encanta el nuevo concepto “topless bromance”. ¡Carnaza!

Otra que se apunta al comeback es la ya septuagenaria Amanda Lear. A finales del año pasado ya editó un álbum titulado “Brand New Love Affair” y que publicitó tirando de morbo, presentando a su nuevo amor (un yogurín italiano de 20 añitos: todo muy creíble, sí). El disco, con alguna canción nueva y los refritos habituales de estos casos (versiones imposibles y evidentes como “I Am What I Am”, más los reglamentarios remixes de relleno), no llamó mucho la atención, pero una de esas canciones, “I’m Coming Up”, ha sido rescatada en un EP con remezclas decentes como la de Special Ops (alias que esconde a Babydaddy de Scissor Sisters y a su DJ, Sammy Jo) y hemos vuelto a bailar con Amanda sin necesidad de recurrir al clásico “Fashion Pack”, obra maestra del eurodisco. Amanda no se conforma con lo musical y, a su edad –a la vejez, viruelas, como dice el dicho–, ha debutado en el teatro haciendo de abuela en la comedia “Panique Au Ministère”, que estará de gira por Francia durante los próximos meses.Otro que vuelve a la carga es Antony Hegarty con su proyecto Antony And The Johnsons. Personaje donde los haya, personalmente no le aguanto más de tres canciones seguidas, pero reconozco su magnetismo. Hace poco más de una semana se publicaba un EP, “Thank You For Your Love”, que incluye canciones nuevas, versiones de John Lennon y Bob Dylan y un video en el que recupera filmaciones arty en Super8 de sus inicios en el Nueva York de los años 90. Ahora, si me lo permiten, el humilde escritor de estas líneas querría contarles unas batallitas: viendo ese vídeo recordé de qué me sonaba Antony, justo cuando se producía el brutal estallido del hype: resulta que tenía una canción suya en un disco recopilatorio de drag queens neoyorquinas que me trajo un amigo... ¡en 1996! En ese disco, empaquetado con el adecuado título de “God Shave The Queen”, aparece la plana mayor de travestis del NY de la época, de Miss Lady Bunny a Sherry Vine, y viene repleto de temas disco-house al uso. Lo de Antony es una versión primitiva de Cripple And The Starfish –que posteriormente recuperaría en sus álbumes– y la verdad es que no pega nada con el resto. Los títulos de crédito hablan de performances bajo los alias de Fiona Blue, Justin Grey o Jennifer Honkytits (wtf!) y de “su nuevo grupo, The Johnsons”. Histórico. Volviendo a 2010, “Thank You For Your Love” aparecerá también en el nuevo álbum, “Swanlights”, que se lanza a lo grande en octubre con edición especial incluida en la que el CD (o vinilo) irá insertado en un libro cargado de ilustraciones, collages, fotos y escritos de Antony. En el disco irá también su esperado dueto con Björk, “Flétta”. Love it or hate it.

Vamos con el tercer comeback del momento, el de Alexander Bard, el hombre detrás (y al frente en muchos casos) de múltiples proyectos musicales suecos. Resumir sus más de 20 años de carrera en pocas líneas es difícil, pero vamos a intentarlo. Probablemente le conocen por su proyecto más conocido, Army Of Lovers, el mejor grupo eurodisco de los 90. Así lo afirmo, con todas las letras y con conocimiento de causa. Con “Crucified” y el posterior “Obsession” tuvieron éxito hasta en Estados Unidos, fueron un one-hit wonder en algunos países y dejaron unos cuantos álbumes a rebosar de esa extraña combinación de letras mordaces sobre los más diversos temas –en las que desplegaban un ácido sentido del humor– junto con una mala leche extraordinaria. Voy a ponerles unos deberes: escuchar la recopilación de videos “Videovaganza”, que es un must, lo más camp que se puedan echar a la cara, y después “The Gods Of Earth And Heaven”, su obra más completa: sólo Bard y los suyos se atreven con canciones sobre los tópicos judíos ( “Israelism”) o a explicarnos la triste historia de Madame Curie en “The Ballad Of Marie Curie”. Resulta que la ciencia siempre le ha apasionado a este hombre, prácticamente tanto como llevar al límite su pasión por el maquillaje y el vestuario histriónico. Les vi actuar en riguroso playback años atrás, y esta es una de esas experiencias que no se olvidan fácilmente. Cuando Army Of Lovers dejaron de brillar, Bard montó un nuevo proyecto, Vacuum, en el que la frialdad electrónica y los temas científicos iban de la mano. La parte lúdica la dejaba para otro proyecto que estaba dirigiendo en la sombra, Alcazar, en el que daba rienda suelta al cachondeo y a la pista de baile. Había tanta seriedad en su propio grupo que tuvo que dejarlo y montar otro, BWO (Bodies Without Organs), juntamente con un cantante al que descubrió en de la versión sueca de Popstars, y con el que consiguió el éxito (repitiendo fórmula, claro). Martin, el susodicho cantante, se está tomando un descanso ahora mismo, pero el incansable Alexander ya tiene nueva historia con otra voz, Andreas Öhrn. Se llaman Gravitonas, suenan algo más oscuro y electro-rock, y ya dominan los charts de su país con dos singles que anticipan un álbum que se tiene que publicar en breve. Como siempre pasa con Bard, hay que esperar looks imposibles, falsa seriedad y grandes canciones pop. Investiguen, que vale la pena. Volveré pronto. Echadme de menos.

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