Columnas

Perdona Que Te Diga

Por SouverDJ

SouverDJ Perdona que te digaOctubre ya está aquí, y eso significa que el curso ha empezado. Con ganas, además. Las nuevas propuestas nos inundan y nos falta tiempo para asimilarlas. ¿Apabullado? ¿Indeciso? ¿No sabes por dónde empezar? ¿Te estresas y no puedes con tu vida? Tranquilo entonces, que aquí estoy de nuevo para pasar la actualidad que nos interesa por el filtro de “Perdona Que Te Diga” y quedarnos, cómo no, con lo que más interese, siempre según nuestro particular punto de vista (faltaría más). Vamos allá.

Casey, Graham y Nicki

Este mes empezamos oteando el panorama musical. A lo lejos nos llegan tres puestas de largo en solitario, las tres muy diferentes entre sí pero todas la mar de curiosas. Alguna incluso familiar. A Casey Spooner, por ejemplo, ya le conocíamos de cuando era el refinado frontman de Fischerspooner, el proyecto que comparte con Warren Fisher. Denostados por parte de la crítica musical por su decidida apuesta por el exceso visual y por asemejar sus directos más una performance que un concierto, sus tres discos publicados hasta la fecha están llenos de grandes canciones que demuestran por activa y por pasiva que lo de “Emerge” –que continúa siendo su gran éxito– no fue flor de un día. Ahora, Casey presenta su primer álbum en solitario, “un proyecto espontáneo, todo emoción, sin imagen ni concepto, simple y directo”, según sus propias palabras, y que en ningún caso significa que la aventura Fischerspooner haya acabado. Un disco lanzado también en plan independiente –lo vende en su propia web, se supone que muy escarmentado de la industria después de lo mucho que le costó editar “Entertainment”, el tercero de Fischerspooner. Bajo el título de “Adult Contemporary”, Casey presenta ahora doce temas que podrían formar parte, algunos de ellos, de su anterior trabajo, pero otros en los que se aparta tangencialmente del electropop por el que le conocíamos.¿Hacia dónde va el neoyorquino? Un poco hacia el rock, con mucho uso de guitarras y vientos y un sonido cercano a la new wave. Aunque con Mr. Spooner nunca se sabe: “Spanish Teenager”, el dúo que se marca en compañía de Jake Shears ( Scissor Sisters) parece un homenaje a The Beatles. Por lo que se dice, Casey forma parte de la pandi de amigos de las tijeritas, tanto es así que el grupo le ha llegado a ofrecer que les acompañara de gira por Estados Unidos en condición de telonero. Spooner organizó una colecta entre sus fans, vía web, para recaudar el dinero para pagarse los gastos de los desplazamientos: en una semana consiguió reunir 13.000 dólares y, voilà!, ya se ha desvirgado en directo y a solas. (Interesante el dato del dinero, ya que acaba de salir: ¿recordáis aquel famoso millón de dólares que pagó Ministry Of Sound por editar en Inglaterra el primer disco de Fischerspooner? Habrá que suponer que todo ese pastizal ya está más que gastado).

Ya que hablamos de Scissor Sisters, más información candente. Leemos, por ejemplo, y con sumo júbilo, que durante buena parte de 2011 van a estar teloneando a (redoble de tambores) ¡Lady Gaga! Esto promete. Parece que los Scissor se llevan bien con todo el mundo y les encanta colaborar con todo aquél que lo pida (siempre y cuando haya buen rollito). Aunque en esto de estar en todas partes y con todo el mundo hay alguien que les gana. Hablo, cómo no, de la mariliendre oficial del pop, Kylie Minogue, a la que tanto se le puede ver con Rufus Wainwright en Central Park como en el disco debut de Hurts.

Mirando hacia el ámbito local, en España tenemos una versión propia, más fresca y más joven, de Casey. Se llama Graham Newey y, desde hace años, realiza su propio show, absolutamente do-it-yourself, con un descaro increíble. La primera vez que le vi en directo, con su pose y unas tablas increíbles, me quedé fascinado. Tiene canciones con unos arreglos electrónicos que rozan lo naïf, pero suple sus carencias con buenas ideas y una puesta en escena con dos bailarines y unas coreografías sobradísimas de sentido del espectáculo, algo que más de una vez se echa a faltar en muchos directos. El propio Newey ha llegado a dirigir sus videos con resultados más que aceptables, ya sean del tipo amateur como los producidos con más medios, al estilo de “Maria Antonieta”. Graham, ahora más adulto –pero sólo lo justo– y con la guapura subida como siempre, publica su primer disco, “Neonium”. ¡Por fin! Ahí tenemos, como siempre, las letras imaginativas, ingenuas, su pasión por lo tecnológico y el electropop, rebosando de teclados analógicos y homenajes descarados a New Order. Incluso sus temas antiguos, reelaborados para la ocasión, suenan mejor ahora (mi favorito es “Oh La La”). “Neonium” tiene todos los pros y los contras de una ópera prima (y además es un disco conceptual, con su intro y sus interludios), pero atrévanse, dejen los prejuicios a un lado y bailen.

Más música. De la que también vamos a oír hablar en los próximos meses –y mucho– es de Nicki Minaj. La vimos en los MTV Video Music Awards desplegando su poderío galáctico, a punto de coronarse como nueva figura excéntrica de la escena pop y urban. Reina de las mixtapes, eso sí, que no se ha estrenado en disco todavía (no llegará hasta noviembre). Pero como si ya lo hubiéramos escuchado: en “Pink Friday” nos encontraremos con temas que ya han circulado como “Massive Attack”, “Your Love” y “Check It Out” (con la colaboración de will.i.am, otro omnipresente). ¿Qué tiene Nicki Minaj para que nos guste tanto? Lo tiene todo, básicamente. Imagen poderosa, por supuesto, pero también un sonido hip hop que roza lo mainstream, múltiples personalidades para reforzar esa locura estética, flirteos con la bisexualidad y videos potentes que podrían convertirle en “the next Lady Gaga”. De momento va por buen camino, demostrando que en el hip hop y alrededores hay cabezas pensantes, no como otros (¿alguien dijo 50Cent?) que vomitan en Twitter lo poco que les sale de su sesera (aunque lo intenten arreglar después, se les ve el plumero).

Acabaremos esta sección musical volcándonos en la pista del club. La sensación del momento, si atendemos a lo bailable, es absolutamente retro, pero no se trata de ningún comeback (y no porque no haya habido candidatos intentándolo: Aqua, Ace of Base y hasta Vengaboys, que ni aliándose con Perez Hilton ni haciendo chistes malos – Rocket To Uranus, ¿en serio?– han conseguido armar ruido). Pero me estoy desviando del tema. Les decía que lo que no puedo parar de bailar es lo último de Duck Sauce (o sea, el proyecto de Armand Van Helden y A-Trak). La portada del maxi es impagable, el riff de la canción es adherente (un sample a piñón de “Gotta Go Home” de Boney M, una de mis canciones favoritas), y ya tenemos “Barbra Streisand”, uno de los hits del año. No puedes parar de cantarla. So rough, Barbra Streisand! No es que vaya a ser un hit, es que la canción va a in-va-dir todas las pistas de baile del planeta. Yo aviso por si acaso.

Absolute beginners

En lo que se refiere al cine, empezamos con una de las sorpresas del TIFF 2010, el Festival Internacional de Cine de Toronto. Se trata de “Beginners”, el nuevo film de Mike Mills, a quien recordarán por su curiosa obra anterior, “Thumbsucker” (2005). Cinco años ha tardado Mills en volver a dirigir, y lo hace con una historia basada en sus propias vivencias: el protagonista (Ewan McGregor), en plena crisis existencial pre-40, recibe con sorpresa la llamada de su padre, ya muy mayor (Christopher Plummer), que le da dos noticias: la primera, que tiene un cáncer terminal, y la segunda, que es gay. Sale también Mélanie Laurent, la gran sorpresa de “Malditos Bastardos” de Tarantino (Hans Landa aparte), en la que es su primera película en inglés. Podemos esperar, por lo tanto, un tratamiento distinto del asunto de la homosexualidad, vista la buena acogida que tuvo por parte de la crítica en Toronto, y que le va a garantizar una buena carrera comercial. ¿Alguien ha hablado ya de nominaciones a los Oscar?La cartelera nos trae también un documental y un curioso musical. El documental, “The Adonis Factor”, de Christopher Hines, es el segundo de su autor después de “The Butch Factor”, que investiga en plan sociológico la obsesión del colectivo gay de Los Ángeles por la imagen y el físico. ¿Qué se puede esperar? Mucha entrevista en los gimnasios y mucho tópico.

El musical al que me refería entra dentro de la nueva subcategoría indie-gay musical, que parece hacer furor en los limited releases de la cartelera americana, esas cintas que se estrenan en pocas y muy bien escogidas salas de Nueva York, Los Ángeles y alguna ciudad más. En temporadas anteriores se pudieron ver títulos como el sutil “Were The World Mine” y el directo “The Big Musical”, dos obras que tuvieron una repercusión notable.Ahora se ha estrenado Fruit Fly, del director de origen filipino H.P. Mendoza, un creador que se apuntó a esta corriente del cine con canciones en 2006 con una película curiosa, Colma: The Musical, y que ahora se vuelca con la peculiar historia de una performance artist filipina en una comuna artística en San Francisco. En este film se mezclan comedia y drama sin que falten los habituales números musicales de todo tipo, incluidos dos especialmente memorables: una loa a las mariliendres ( “Fag Hag”) y otro en el que dos chicos, en una cita a ciegas, descubren que no tienen casi nada en común excepto su rol sexual de pasivos versátiles (¿ein?). Promete ser un buen entretenimiento mientras esperamos con nervios a que llegue el gran delirio que promete ser “Burlesque”, la película en la que coincidirán Cher (en su regreso al cine) y Christina Aguilera (en su debut como actriz). Qué ganas, oigan. Huele a bluff en taquilla, pero nos lo vamos a pasar en grande.

True disappointment En cuanto a televisión, ando un poco desencantado. Uno de nuestros musts veraniegos ya ha acabado su 3ª temporada (hablo, cómo no, de “True Blood”) y el final ha sido totalmente decepcionante. No ya por la tristeza de tener que aceptar que no habrá más raciones semanales de vampire sex durante unos cuantos meses, sino también porque a la serie de Alan Ball se le ha acabado sumando, en sus últimos capítulos, una sosería inadmisible. Hay mucho guarrerío, eso sí, pero muy poca emoción y aún menos intriga. Ni chicha ni limoná, o sea. A ver qué ocurre en Bon Temps durante el próximo verano, confío en que remonte el asunto. Menos mal que hace pocos días que ha vuelto “Glee”. A muchos nos entran las ganas de decirle a su creador, Ryan Murphy, que se deje de una vez de rollos de autoayuda con Julia Roberts y se vuelque más en este proyecto televisivo, que le sienta infinitamente mejor. “Glee” ha empezado el curso a todo gas, con un primer episodio de reencuentro plagado de éxitos actuales y con un segundo dedicado a Britney en el que, a pesar de tanta publicidad, Ms. Spears herself sólo aparece durante 30 segundos. Pero miren, me la suda por completo: la Brittany de la serie le suple muy dignamente. Y es que Heather Morris, la actriz que interpreta el papel, lo borda como alumna al límite de la estupidez con esas líneas de diálogo que son pocas pero todas memorables. La primera temporada nos dejó perlas como aquel “ los delfines son los tiburones gays” o la revelación de su relación lésbica con Santana: “ sexo no significa estar saliendo, si así fuera, Santana y yo estaríamos saliendo”, tras lo cual se quedó tan ancha. Parece que esta relación bollo continuará su curso, así que no descarten más tema en los próximos episodios. A Kurt, por cierto, le buscan novio, así que por ahí también habrá diversión. Y enlazando con la columna del mes pasado, antes de que se me olvide, aprovecho para mencionar que en “The Modern Family” la pareja gay ya se ha besado (eso sí, no en primer plano, pero que no se diga).La nueva temporada de ficción televisiva siempre trae novedades, aunque este año no sé yo si se salvará algo; la cosa no pinta muy fina. Tenemos “Undercovers”, por ejemplo, una novedad más de la factoría Abrams que prometía recoger lo mejor de “Alias”, juntarlo con “Mr. And Mrs. Smith” y divertirnos con hazañas imposibles de espías, pero el conjunto es tan ridículo que no se disfruta ni por lo malo que es. Para agentes de la CIA en plan post-teenager, acción y escenas costumbristas vergonzantes ya nos quedamos con “ Covert Affairs”, otra de las revelaciones del verano que roza, a veces, lo infantil aunque en el fondo, eso sí, resulta disfrutable (quizás sea por su protagonista, la simpática Piper Pirabo). Los personajes de “Undercovers”, en cambio, estarían mejor si no abrieran la boca.

“No Ordinary Family” ha sido otra de las novedades dentro de la categoría “vergüenza ajena”, al menos en su episodio piloto. No sé yo si es por lo encasillada que tenemos ya a su pareja protagonista ( Michael Chiklis será siempre el fabuloso Vic Mackey de “The Shield”, un dilf en toda regla, y a Julie Benz sólo la visualizamos como la difunta mujer de Dexter), pero la cuestión es que hacen una dupla extrañísima, casi tan extraña como esos superpoderes que adquieren en un accidente de aviación durante sus vacaciones en Brasil. A ver cómo avanza el asunto, pero pinta fatal.En cuanto a personajes gays en las novedades de la tele no se crean que está la cosa como para tirar cohetes. Eso sí, se agradece que en series como “Running Wilde” salga un anciano homosexual, rara avis en televisión a menos que se piense en “Padre De Familia” (de todos modos, este título huele a cancelación, todo hay que decirlo). Si lo que quieren es alegrarse la vista y echarse unas risas, para lo primero quizás mejor decántense por los chulazos del remake de “Hawaii 5-0”, y para lo segundo por “The Arrangement” (en el canal Logo, cómo no), un reality que promete horrores –ya no sé si será en broma o en serio–: después de que en los últimos años hayamos tenido realitys de cocina, diseño, moda, peluquería y drags, ahora la cosa va de arreglos florales. Más queer imposible, así que habrá diversión.

Y si la oferta catódica no les acaba de convencer, hagan como yo, abandonen las pantallas y lean algún libro de vez en cuando. En cuanto acabe de escribir estas líneas me vuelvo a sumergir en el Nueva York de finales de los 60: estoy enganchadísimo a “Just Kids” ( “Eramos Unos Niños” en la edición española de Mondadori) , el libro autobiográfico de Patti Smith en el que narra su historia centrándose en su relación con Robert Mapplethorpe, de quien fue primero novia y después best-friend-forever cuando se enfrió la relación y él se dedicó a investigar la opción homosexual llevándola hasta lo más extremo, cuando la vorágine del free sex de los 70. En todo caso, uno siempre ha sido más de las fotos de Robert que de las canciones de Patti, pero admito que cuesta muy poco encontrar empatía con la estrella de rock, al menos con esa primera época pre-estrellato de ambos, sumergidos en la casi indigencia, sobreviviendo y creando sin parar. No se pierdan los videos de las presentaciones del libro (la primera edición americana es de la pasada primavera), con Patti leyendo fragmentos de sus páginas y después cantando “Because The Night”: imprescindible. De paso, que conste: los DJs también leemos, que no nos tomen por incultos, ¿o qué se pensaban? Hasta el mes que viene, que volveré cargado.

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