Columnas

Sean Penn cardado, Johnny Depp histriónico y un amor de juventud

Atracón de estrenos en la cartelera: de la delicadeza de Mia Hansen-Løve al exceso de Tim Burton (y un tributo velado a The Cure)

No hay un estreno destacado que domine la cartelera: hay muchos y muy interesantes. Tenemos músicos en crisis, amores adolescentes y caducas fórmulas de autor en una esquizofrénica colección de películas que repasamos de una en una, hasta un total de tres.

1. A vueltas con la identidad. “Un lugar donde quedarse”, de Paolo Sorrentino

Decir que una película es rara, que es muy extraña, es una manera muy habitual de quitarse de encima, de ventilarse de un plumazo, una propuesta difícil de abordar o que, como mínimo, implica un esfuerzo extra hacerlo. Pero a veces, caso de “Un Lugar Donde Quedarse” (2011), una película es rara y ya está. Es rara hasta el punto de preguntarte cómo llegó a ella su director, cómo consiguió sacarla adelante, cuál de las mil ideas que suma –extrañamente combinadas y a cuál más peculiar– tenía en mente desde el principio. Director de “Las Consecuencias Del Amor” (2004) y, aún más importante, “Il Divo” (2008), curiosa e insólitamente excitada aproximación a la figura del político italiano Giulio Andreotti, el napolitano Paolo Sorrentino juega a la extrañeza y a lo esquivo, por otro lado, algo común en su obra. Y juega al límite.

Para empezar, propone a un personaje extremo. Extremo hasta el punto de ser una caricatura, no de flirtear puntualmente con ella (el protagonista de “Il Divo” tendía al caricato, cierto es, pero el de ésta simplemente lo es). Sigue con una mezcla imposible de géneros: comedia excéntrica, drama existencial, road-movie obsesiva y thriller bizarre. Y remata con relaciones imposibles entre personajes, situaciones chifladas y un objetivo de juzgado de guardia: Cheyenne ( Sean Penn), el protagonista, una vieja gloria del rock que afronta sus 50s sumido en un hastío atroz, recorre los Estados Unidos más solitarios y menos amables en busca del criminal nazi que atormentó a su padre. La mezcla de ideas, géneros y objetivos es indigesta. Por extenuante y forzada, carece del encanto de lo extravagante, de lo que lucha por salirse de la corrección y la normalidad. Pero aún así, tiene un par de cosas que me parecen fascinantes.

Una es su manera de hablar de la autoconciencia del protagonista, la habilidad de Sorrentino para huir de los tópicos sobre la fama, el fracaso y la imposibilidad de reinventarse a la hora de tantear la relación de ese personaje con su pasado. En lugar de eso, enfoca desde una perspectiva emocional, puramente emocional de hecho, la imposibilidad del protagonista de romper por completo con el personaje (decir que no está inspirado en Robert Smith, el líder de The Cure, es absurdo) que creó en el pasado y le dio fama y dolores de cabeza. La clave está en una escena brillante. En ella, el gótico en horas bajas trata de hacer entender a David Byrne, que se interpreta a sí mismo (también firma las canciones con Will Oldham), que hacer canciones depresivas para chavales depresivos, al margen de su valor y de su alcance, no tiene por qué convertirte en artista. Bonita manera de relativizar al creador y darle el valor a las canciones. La otra cosa a destacar es la idea que coge forma cuando “Un Lugar Donde Quedarse” entra por completo en la película de carretera, cuarteada por personajes inesperados y con un humor tristón: la busca en lugares extraños y remotos de la propia identidad. La mirada del protagonista, a la vez fascinada y depresiva, coge entonces fuerza y, pese a lo excesivo del personaje (el pobre Sean Penn da palos ciego en su intento por humanizar la caricatura), conmueve extrañamente.

2. No infravalorar el primer amor. “Un Amour De Jeunesse”, de Mia Hansen-Løve

La historia es sencilla: la adolescente Camille (Lola Créton) está muy enamorada de Sullivan (Sebastian Urzendowsky), su novio de 19 años, que no duda en posponer el romance para hacer un largo viaje por Sudamérica con sus colegas. Y sencillo parece todo en “Un Amour De Jeunesse”. Sencillo por natural, por asombrosamente creíble, porque es una película que está tan viva que no sólo no se le ve el soporte, los cimientos, sino que de tan real parece improvisada, parece ejecutada sobre la marcha, en función de las decisiones, los humores y los amores de la protagonista. La francesa Mia Hansen-Løve, autora de las magníficas “Tout Est Pardonné” (2007) y “Le Père De Mes Enfants” (2009), firma una de las películas más lúcidas y bellas sobre la adolescencia que se recuerdan. En una nueva demostración de la precisión de su mirada, atenta pero ni indiscreta ni sentenciosa, la cineasta captura con tanto tacto como agudeza, sin cargar las tintas del drama, un abanico de emociones que abarca desde el descubrimiento del amor (eleva, preciosa decisión, los primeros amores a la categoría de los grandes, de los que importan, de los que definen el carácter, marcan las relaciones que están por venir y encauzan el futuro) hasta las primeras decepciones determinantes y los primeros intentos de fuga.

Entre las claves de la transparencia de “Un Amour De Jeunesse”, de la sensación de verdad que transmite, está la habilidad de la cineasta para convertirlo todo en importante, para detenerse igual en los gestos bruscos, en las decisiones fuertes y determinantes de los personajes, y en los ademanes cotidianos (inexistentes a ojos de otros) y los procesos. De ahí, del detalle que delata y del impasse que no lo es tanto, brotan tantas revelaciones como de los movimientos más rotundos. A favor de esa verosimilitud juega también su busca de la mayor naturalidad posible en la interpretación de los actores, dirigidos con maestría, y la huida de toda suerte de afectación y subrayado. En la vida real, ni la tristeza ni las tragedias tienen el poder de cambiar la atmósfera, de virarle el color o ensombrecerla. En el precioso filme de Hansen-Løve, tampoco. Y esa manera de explicar las cosas sin artificios, en un esfuerzo constante por reproducir con fidelidad y sin jugar al descarte obvio (qué bien maneja esta señora el detalle, el silencio y las elipsis), hace que las emociones de la historia de “Un Amour De Jeunesse” nos lleguen puras y, en consecuencia, nos importen, nos afecten y nos conmuevan profundamente.

3. ¿Remontará Tim Burton por fin el vuelo?

Esta semana se estrena también “Sombras Tenebrosas” (2012), una de las nuevas películas de Tim Burton (anda también ultimando “Frankenweenie”, puesta de largo de su corto homónimo de 1984), cineasta del que, como lleva unos cuantos años sin dar pie con bola, a veces olvidamos que tiene genialidades: “Batman” (1989), “Eduardo Manostijeras” (1990), “Ed Wood” (1994), “Mars Attacks!” (1996)… No está mal, vamos. Basada en una serie de televisión de los 60s y protagonizada por un Johnny Depp en su salsa (es decir, bien disparado), “Sombras Tenebrosas” no tiene pinta de estar llamada a engrosar ese saco de obras mayores. Pero ojalá sea, como mínimo, correcta y con brillos puntuales. Esperemos que no tienda, como sus últimos trabajos, a la autoparodia involuntaria, el refrito de gestos propios ya agotados y el humor fácil. Es Burton. Quien tuvo retuvo. Voto de confianza, siempre.

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