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El rastro visible de los Panteras Negras en el hip hop, de Public Enemy al “Yeezus” de Kanye West

Una de las muchas lecturas del último álbum de ‘Ye es en clave política: incluye alusiones a los derechos de la comunidad negra, lo que reabre la vinculación de su familia al extremismo afroamericano. Y no ha sido el único en el rap: esta es la historia.

A principios de los setenta The Last Poets acusaban al hombre blanco de creerse dios (“White Man's Got A God Complex”). Cuatro décadas más tarde, Kanye West, hijo de un destacado miembro de los Panteras Negras, canta que es un dios en “Yeezus”: el discurso del ‘black power’ ha calado hondo.

Hablar de Panteras Negras es despertar los fantasmas y miedos de esa sociedad norteamericana que veía legítimas las reivindicaciones de Martin Luther King Jr., pero que no aceptaba la línea de acción y pensamiento de otros movimientos en defensa de la comunidad negra, como tan bien retrató Tom Wolfe en “La Izquierda Exquisita y Maumauando al Parachoques”. No debería sorprendernos, sabiendo que el reverendo King negociaba con el poder cada uno de sus movimientos, y que si las altas esferas se lo pedían acallaba las voces de los más díscolos, como sucedió en la célebre marcha sobre Washington. Los Panteras Negras estaban hechos de otra madera: influenciados por Malcolm X (malinterpretado, sojuzgado y muy incómodo), creían más en la acción que en la retórica. Años de lucha por los derechos civiles no habían dado más que victorias pírricas: de poco servía que las leyes de Jim Crow hubieran sido abolidas si aún existía otra forma de segregación en forma de marginalidad.

Así nació el Partido de las Panteras Negras en Oakland (una de las regiones más empobrecidas de California) a mediados de los 60, con un programa de diez puntos que reivindicaba derechos tan básicos como una vivienda digna, pleno empleo, sanidad gratuita, el fin de la opresión, una educación en la que se estudiara además la historia y el papel de la comunidad negra... No pedían cosas descabelladas, y algunas de sus reivindicaciones son las mismas que se hacen en Europa ahora que andan desmantelando el estado de bienestar, pero el hecho de que apoyaran abiertamente la autodefensa en vez del pacifismo y la resistencia pasiva no les ayudó a cosechar muchas simpatías. Edgar J. Hoover, el director del FBI, inició una auténtica cruzada contra los revolucionarios que pasó por una campaña de desprestigio (a menudo criminalización mediante) y una feroz represión que no sólo terminó con la organización, sino que aún hoy trae cola: hace poco Assata Shakur (tía de Tupac Shakur) se convertía en la terrorista más buscada dentro de Estados Unidos por la muerte de un policía, aunque nunca se ha llegado a probar su culpabilidad. La propia organización terminó degenerando con el paso de los años, y desde el principio arrastró lacras como un feroz machismo. Sin embargo, los Panteras Negras lograron establecer auténticas redes de ayuda a través de diversos programas (el más conocido fue el de los desayunos para niños), además de poner sobre la mesa una serie de reivindicaciones que, con el tiempo, han acabado cuajando –como la incorporación de estudios afroamericanos– y ayudar a construir el imaginario del ‘black power’.

El mensaje y la lucha de los Panteras Negras caló hondo entre deportistas (ya es célebre el puño en alto de Tommie Smith y John Carlos en los Juegos Olímpicos de México), escritores (Elridge Cleaver, James Baldwin), cineastas (Melvin Van Peebles) y músicos como Chaka Kan, Nile Rodgers, Fela Kuti o Gil Scott-Heron, quienes participaron de forma activa en el partido o bien mostraron su simpatía por los Panteras Negras en canciones que se hacían eco de su lucha (hasta The Rolling Stones y John Lennon y Yoko Ono dedicaron sendas canciones a una de sus líderes indiscutibles: Angela Davis).

La relación de la música con los Panteras Negras, sin embargo, no terminó con la caída en desgracia del partido, y son muchos los raperos que han recogido el testigo: parece una obviedad que cuando se es víctima del racismo no quede otra que simpatizar (o cuando menos profundizar) con según qué líderes y discursos, y eso es exactamente lo que llevan haciendo incontables raperos durante años. Aquí nos vamos a centrar en algunos artistas que son especialmente significativos por la estrecha relación que tienen con los Panteras Negras, porque su legado no se circunscribe a cuatro nombres.

Uno de los primeros nombres que viene a la cabeza cuando se habla de hip hop y Panteras Negras es el de Public Enemy: el grupo tomó su nombre de la forma en que Hoover se refería a la organización ( “el enemigo público número 1 de América”) y rescató la estética de sus militantes. En sus rimas hablan de autodefensa, luchar contra el poder (Spike Lee dirigió el vídeo de “Fight the Power”) y reivindican a Assata Shakur. Chuck D lleva su lucha incluso a Twitter, donde cargó contra Jay-Z y Kanye West por su tema “Niggas in Paris”: pese a la creencia generalizada de que ‘nigga’ es una palabra aceptada en la comunidad negra, Chuck D (que siempre ha dejado claro que no concibe un hip hop apolítico) vino a decir lo contrario y eran muchos afroamericanos quienes le daban la razón a través de la red social desaprobando su uso. Ni Jay ni West respondieron a las interpelaciones de Chuck D.

La cruzada de Public Enemy contra otros raperos no es nueva, y en “Politics of the Sneaker Pimps” cargaron contra el gangsta rap y esa cultura de convertir el hip hop en un vehículo para vender zapatillas de lujo. El último movimiento del grupo ha consistido en regalar mediante BitTorrent su último single, “Get Up, Stand Up” (que además tiene licencia Creative Commons) y en el que cargan contra el 1% y contra esos artistas que comprometen sus valores a cambio de la fama: la edad no los ha domesticado un ápice.

A menudo se asocia a N.W.A. con el rap más comprometido por canciones como “Fuck tha Police” o “Straight outta Compton”, en las que se hacían eco de la brutalidad policial y de la vida en el gueto, pero en realidad el grupo californiano fue progenitor del gangsta rap y se cuestiona continuamente hasta qué punto sus rimas contenían una intencionalidad política clara (Eazy-E llegó desembolsar 2.500 dólares por asistir a una cena organizada por George Bush para recaudar fondos). De hecho, fue una antigua Pantera Negra, Angela Davis, quien se enfrentó a Ice Cube por la misoginia de sus letras: “Si estamos hablando de toda una comunidad luchando contra la pobreza y del racismo, los hombres tendrán que aprender a desafiar el sexismo y luchar del lado de la mujer”, le espetó Davis. Junto a Assata Shakur, Davis es una de las figuras más reivindicadas por muchos raperos: Jay-Z y Will Smith produjeron el documental “Free Angela & All Political Prisoners”, mientras que Questlove y Talib Kweli participaron en “The Black Power Mixtape”, una cinta sueca que documentaba el movimiento de los Panteras Negras.

Un líder indiscutible del gangsta rap es Tupac Shakur: hijo de Afeni Shakur y sobrino de Assata, el norteamericano creció en el gueto y pronto acuñó el término ‘thug life’, acrónimo de “The Hate U Give Little Infants Fucks Everyone” (el odio que transmites a los niños nos jode a todos) y que expresa el odio y la frustración con las que se crece en el gueto y que resumió muy bien con un ejemplo: si tienes hambre, te asomas a un hotel de lujo en el que se está desperdiciando comida y pides algo, las primeras veces pedirás esas sobras con educación, pero al final terminarás por estallar, entrar por la fuerza y coger lo que quieras. Se trata de una idea que bebe tanto del ideario de los Panteras Negras (que no creían en esperar a que les hicieran concesiones, sino en coger lo que se les debía); el propio Tupac se refería a este mantra como un nuevo “black power”. Incluso más adelante, cuando toda su carrera gravitaba en torno al gangsta rap, Tupac siempre tuvo claras en qué condiciones vivía su comunidad y no dudaba en señalarlo en cada entrevista. Mención aparte merecen las canciones “ Keep Ya Head Up” y “Brenda's Got a Baby”, que muestran una empatía con la mujer poco habitual en el rap o en el propio partido y que llama más poderosamente la atención si tenemos en cuenta esa acusación (y posterior condena) por asalto sexual y de la que él siempre se declaró inocente.

Al Jazeera se preguntaba en los albores del movimiento Occupy si Lupe Fiasco es la estrella de hip hop más activista. Hijo de militante del Partido de Panteras Negras, Fiasco no sólo ha apoyado la causa del 99%, sino que se ha convertido en una voz muy crítica con la política exterior de Estados Unidos. Conociendo a Fiasco, sorprende que los Obama lo invitaran a cenar en 2011 junto a otras voces muy críticas con su administración, como la de Common (que en su día dedicó una canción a Assata Shakur). Parece que no aprendieron (o que alguien se la jugó a Obama desde dentro), porque Lupe fue invitado a participar en un acto inaugural del segundo mandato de Obama y éste aprovechó la ocasión para interpretar “Words I Never Said”, en la que ataca directamente al presidente norteamericano y su postura ante conflictos como el de Gaza ( “Gaza Strip was getting bombed, Obama didn't say shit”): lo echaron del escenario sin miramientos.

Tal vez la relación de Kanye West con los Panteras Negras sea menos conocida: hijo de Ray West, activista del partido, ‘Ye vio como su propio padre le recriminaba que en sus letras no hiciera más que perjudicar a la comunidad afroamericana: “ le he dejado muy claro que necesita superar todo ese lenguaje negativo. (...) Una cosa es decir “puta” o “gilipollas” en la calle, pero cuando empiezas a operar a otros niveles no puedes hablar así. Entiendo que quiera lograr la aceptación de la calle, pero ahora que la tienes, vuelve a tus raíces. Sabes que no vienes de ahí. Sabes que no es así como te educamos”, dijo Ray West en una entrevista a Rolling Stone. West no ha seguido el consejo de su padre a rajatabla (basta con recordar la ira de Chuck D por “Niggas in Paris”), pero sí parece haber cambiado de rumbo en su último disco: no es la primera vez que Kanye habla de racismo, pero nunca había compuesto un álbum tan abiertamente político como “Yeezus”: la inclusión de “Strange Fruit” (en voz de Nina Simone, aunque fue Billie Holiday quien popularizó esta canción sobre los linchamientos), la denuncia a cualquier forma de racismo, ya sea socioeconómico o cultural –como cuando da por sentado que se le perseguirá si se acuesta con una mujer blanca, que era la clásica acusación que se usaba para linchar a cualquier afroamericano, independientemente de que fuera o no verdad, y sin juicio previo– y que se autoproclame dios, a medio camino entre la boutade y el dar la vuelta a la tortilla al “complejo de dios del hombre blanco” del que hablaban The Last Poets. Algunos críticos han ido aún más lejos señalando que el famoso puño que menciona en “ I'm In It” y que compara con la declaración de Derechos Civiles podría referirse al célebre saludo de los Panteras Negras, aunque dado el contexto de la letra (una oda al sexo oral) parece muy cogido por los pelos.

La relación entre Panteras Negras y hip hop llega a muchos más raperos: Kendrick Lamar ha rendido homenaje a Bobby Seale y Huey P. Newton (fundadores del partido) en “HiiiPoWeR”, The Roots pusieron la banda sonora a “Night Catches Us”, Bobby Steels, del entorno de Wu-Tang Clan, hace un guiño a Bobby Seale con su nombre, y los más conspiranoicos dicen que la administración Obama trató de usar el viaje de Jay-Z a Cuba para llegar hasta Assata Shakur. Pero lo que es indudable es que la victoria de Edgar J. Hoover para desacreditar a los Panteras Negras no sirvió de mucho: su mensaje y su legado siguen más vivos que nunca. Ahora al hip hop sólo le queda superar la misma lacra que arrastraban los seguidores de Seale y Newton: la misoginia.

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