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Pablo Iglesias en el país de Nunca Jamás

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Fui a un acto de Catalunya Sí Que Es Pot y esto es lo que me encontré

Luna Miguel

23 Septiembre 2015 06:00

Lo primero con lo que me encontré el lunes por la tarde en la Plaza Ángel Pestaña fue a abuelos paseando a perros.

Era la primera vez que ponía los pies en Nou Barris desde que vivo en la ciudad condal, y también el lugar donde el equipo de Catalunya Sí Que Es Pot iba a celebrar uno de sus actos principales de campaña, que contaría con la presencia de Pablo Iglesias.

Hacía unos días, mientras cenaba mirando El Intermedio, Wyoming hizo un chiste sobre que los adeptos a Podemos se diferenciaban de los del PP porque las pulseras de su muñeca no llevan banderas de España, sino que son de cuero, o de los puestos que los hippies ponen en la playa.

Por eso, cuando llegué a la plaza de uno de los barrios más humildes de Barcelona, me sorprendió encontrarme con un puñado de abuelos, abuelas y estudiantes de instituto que no reprimían su deseo de que “el coleta” les firmara un autógrafo.

Allí no había pulseras de ningún tipo, sino más bien un montón de vecinos que querían gritar, aplaudir o tal vez sentir que quienes se subieran a hablar frente a los micrófonos esa noche lo harían por ellos, y quizá por primera vez en mucho tiempo no les contarían mentiras.

Poco a poco, la plaza se fue llenando de gente. El acto comenzó y empezaron a llegar algunos jóvenes, pero los abuelos seguían siendo mayoría.

Después de varias intervenciones en las que las provocaciones a Mas, los puños en alto y las frases de apoyo y agradecimiento iban y venían, apareció el que en realidad era el gran protagonista de la noche y se puso a cantar una canción.


A ver quién tiene más grande la bandera



Para burlarse de las declaraciones de Mas en las que aseguró que en España se mira a los catalanes como si fueran indígenas, Pablo Iglesias versionó una canción de su colega Javier Krahe. Iglesias convirtió Cuervo Ingenuo en un pequeño resumen de esta encendida campaña, la cual definió como una triste competición para ver quién de todos "tenía más grande la bandera".

El líder de Podemos sugirió, de paso, que él era quien más grande la tiene de todos, pero no la bandera, sino "la democracia".

En ningún momento su discurso se centró en asuntos sobre la soberanía, sino más bien en temas sociales, en un monólogo casi del club de la comedia, en donde los palos más grandes se los llevaron el propio Mas ("el pequeño Pujol traicionero") y Rivera ("una gaviota azul después de tostarse con los rayos uva hasta volverse naranja").

"Coleta Morada no entender pequeño Pujol sólo hablar de bandera y no hablar de barracones".Esta tarde Pablo Iglesias ha contestado a Artur Mas con un discurso tan claro como original. ¿Aún no lo has visto?

Posted by Podemos on Lunes, 21 de septiembre de 2015

Todos los discursos vertidos en el acto hacían las clásicas menciones a la verdad, al miedo a la desigualdad, y al compromiso por alejarse de los vicios y la oscuridad de las políticas convencionales que durante décadas nos han ahogado y nos han mentido.

Durante un segundo, sentí confianza, y me imaginé que todo aquello que estaba escuchando era real, y que las lágrimas de algunas de las personas que me rodeaban no mojarían sus pómulos en vano.

Después, sentí cierto miedo de estar dejándome llevar por la euforia del momento.


Vivimos en el país de Nunca Jamás



Casi hacia el final de su pequeño show, Iglesias recordó, haciendo referencia a su amigo Alexis Tsipras, recientemente reelegido como Primer Ministro en Grecia, que ninguno de nosotros lo vamos a tener fácil, "porque la honestidad implica trabajo, sufrimiento, así como dar cara cuando los más poderosos de Europa vienen a silenciarnos".

Cuando volvió a entonar el estribillo de su canción "coleta morada no fumar la pipa de la paz", me acordé de ese momento en la película de Peter Pan en Disney, en donde los protagonistas, después de ser raptados por los indios, fuman la pipa de la paz como símbolo de acercamiento después de haber estado enfrentados.

Toda mi infancia temí mucho aquella escena, pues aquel ritual significaba que los niños podrían ser liberados solo si cedían ante la autoridad del jefe indio. Como si la paz significara sumisión. Como si la libertad significara miedo al grande, al poderoso.

El acto acabó, y un montón de señoras y niños se intentaron acercar al líder de Podemos, que salió disparado con sus compañeros y su equipo hacia su minibús. La plaza se vació poco a poco y escuché a la gente decir cosas bonitas sobre él, mandar las fotos que le habían hecho por Whatsapp o tararear el estribillo de Krahe.

Regresé a casa en metro, y mientras pensaba en todo lo que había visto durante las dos últimas horas, se me ocurrió que España se parece mucho al país de Nunca Jamás. Es como si por mucho tiempo que pase, nunca creciéramos, y los políticos, los problemas, las inseguridades, el dolor... fueran siempre los mismos.

Hasta ahora, en esta isla todo eran cantos de sirena, indios vendiendo humo, piratas ladrones de tesoros y un ejército de niños huérfanos.

¿Qué es lo que vendrá ahora?

¿Qué es lo que Coleta Morada y los suyos podrían traernos?

Yo, si me dejáis ser cursi otra vez, diré que quiero saberlo. Que quiero probarlo. A ver.


Coleta morada no fumar la pipa de la paz





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