Columnas

Oh! You Pretty Things

Por Allison MacKenzie

Rodarte con el “Daydream Nation” de Sonic Youth (un ejercicio de los más divertido y estimulante, lo de jugar a hacer parejas entre colecciones y discos o vestidos y canciones. Un día hablaremos de ello aquí). Así que ahí va un pequeño listado de joyitas que nunca estarán impresas en papel satinado y no traerán muestras gratuitas de perfumes caros o cremas antiarrugas pegadas en las páginas centrales, pero molan un montón.

1. I like my style. Es la primera revista de moda cuyos contenidos han sido generados por sus lectores. Bueno, más bien por los usuarios de la web ilikemystyle.net, una red social con miles de usuarios en todo el planeta que comparten fotografías, estilismos, debates y reflexiones de lo más variados en la red. Su razón de ser está de sobra demostrada: si en los 90 la calle era el escenario en el que alta y baja moda se encontraban, donde nació el street style, ahora todo lo que antes ocurría en la calle se cuece en internet. Pese a ello, el poder de seducción del papel impreso sigue ahí, resistiendo los embates de la era digital, y esta primavera ha aparecido el primer número de la revista con textos, ilustraciones y fotos de usuarios de todo el mundo, de Texas a Austria pasando por Singapur. A priori, el concepto asusta un poco. ¿De verdad merece la pena gastar papel para imprimir todos esos retratos emo hechos por adolescentes de medio planeta? Sí cuando la selección es la que es. I like my style es audaz, divertida, rigurosa y menos frívola de lo uno podría imaginarse, aunque un leve tono egosurfer planee por toda la publicación de forma inevitable.

Una lectura más detallada de la revista demuestra que hay artículos que merece la pena leer, como el dedicado a los smarties, la tribu urbana formada por sudafricanos obsesionados con la moda (cuanto más chillona mejor) que corretea por las calles de Johannesburgo. Los smarties son como los M&M’s, coloreados por fuera y chocolateados por dentro, de ahí el nombre. Y no sólo se habla de trapitos. En la revista hay desde un amplio reportaje sobre la gastronomía tailandesa hasta entrevistas con Diane Pernet, Jonathan Zawada de Fashematics o las chicas de Kingdom Of Style. También hay sesudos comentarios que entran en el terreno de la semiótica sobre editoriales de Vogue Italia y Vogue Paris en los que se cita hasta al filósofo esloveno Slavoj Zizek y análisis pormenorizados de dos cabeceras made in Spain, el Candy de Luis Venegas y el Paper Planes de Carlos Ramírez. Muy a favor del ilustrador italiano Guglielmo Castelli, todo un descubrimiento.

2. Worn Fashion Journal. Editada en Canadá y con el corazón más indie de todo el quiosco fashion. Recoge la tradición de revistas independientes, feministas y antiestablishment como Sassy que intentan reformular los conceptos preestablecidos de sexo, raza, talla, in y out. Anti Ana Wintour por definición. En Jezebel la adoran.

3. Firt Kiss. Marisa Meltzer es Dios. Ha escrito en todos los sitios guays (del New York Times a Nylon pasando por Jane, Bitch o Nerve), ha publicado los libros “How Sassy Changed My Life” y el reciente “Girl Power: The Nineties Revolution in Music”, es una experta en materia pop y feminismo y todavía le queda tiempo libre como para hacer cosas tan bonitas como First Kiss, un fanzine dedicado, como su propio nombre indica, al primer beso. Tavi y Lesley Arfin son algunas de las que han confesado sus primeras experiencias. Ya anda planeando un segundo fanzine dedicado a “Beverly Hills 90210”. Se buscan haters de Brenda.

4. Pamflet Magazine. Fanzine editado por Anna-Marie Fitzgerald y Phoebe Frangoul (sí, sus apellidos no son especialmente proletarios) desde 2005 en Londres. Hablan de temas tan jugosos como los girl gangs, Jarvis Cocker, por qué las drag queens de hoy son tan poco rebeldes, el sexismo de American Apparel y destripan con alegría, entrega y entusiasmo series como “Gossip Girl”. Bellamente ilustrado, el fanzine se vanagloria de no incluir ninguna modelo en sus páginas. Wah Magazine, otra publicación londinense, también juega en esa línea, aunque es un poco más kitsch.

5. Por último, los descubrimientos que nos brindó la siempre inquieta Tavi desde su blog hace unas semanas. Su amiga Anna es la de las comparaciones entre Sonic Youth y Rodarte. Laia García, bloguera igualmente precoz residente en Nueva York al frente de Geometric Sleep, es la responsable del fanzine Holy Child, con ilustraciones preciosas en blanco y negro. Grande el retrato de Tim Blanks.

Y para terminar, un par de recomendaciones/curiosidades con las que comentar lo que ha dado de sí el mes en el mundo de la moda.

El post: en Racked no sólo siguen fervientemente todo lo que ocurre dentro y fuera de las pasarelas, también son bastante melómanos. Este post sobre las canciones que sonaron en los desfiles de la Semana de la Moda de Hombre de París tiene su miga. Dolce & Gabbana se llevaron los titulares gracias al directo de Annie Lenox, logrando eclipsar a los siempre osados Viktor & Rolf, que en esta ocasión ficharon a La Roux. Hasta ahí bien. Pero echando un vistazo a los temas elegidos por la mayoría de las marcas es imposible no pensar en lo acomodadas musicalmente que están la mayoría. Vale que la moda masculina nunca se ha caracterizado por ser especialmente osada y que la mayoría de hombres tienden al conservadurismo a la hora de llenar sus armarios. Y a quién no le gusta el “Psycho Killer” de Talking Heads (oído en Gianfranco Ferré) o el “Gimme Shelter” de Patti Smith (pinchado en el desfile de John Varvatos). Pero, ¿es eso todo lo que se les ocurre a los encargados de ponerle acompañamiento sonoro a un trabajo que lleva meses? La música, bien elegida, puede sumar enteros en un desfile. Mal seleccionada, es una sentencia de muerte. Servidora ha llegado a escuchar “Creep” de Radiohead en un desfile nupcial de esos en los que las modelos parecen cucuruchos de nata andantes. Hay excepciones, pese a todo. Bravo por el autohomenaje irónico de Kenzo, donde sonó el “Big In Japan” de Alphaville.

El yuyu: la colección de Madonna para Macy’s. No llegará hasta el 3 de agosto a los grandes almacenes neoyorquinos, pero ya hemos podido ver un sneak preview y la cosa desprende un tufillo a baratija que ni la colección-fiasco-chandalera que firmó para H&M. Muy ochentas, pero en el mal sentido de la palabra. Lo mejor: la salida del cascarón de su hija de 13 años, directora creativa de la línea. En el blog Materialgirlcollection.com, Lola desvela algunas de las cosas que le gustan: Molly Ringwald, teñirse el pelo de negro o los zapatos oxford.

El mejor tutorial: el New York Times desvela algunos secretos para sacar las mejores autofotos que inundan blogs, Myspaces y demás reductos del Yoísmo 2.0. No hace falta tener una supercámara para salir favorecido. Trucos: el flash cegador elimina las arrugas. Y cuidado con los contrapicados traicioneros. El link, aquí.

El hype: Kitsuné. Masaya Kuroki y Gildas Loaec ostentan el título de tíos más cool del planeta. Por un lado está su sello musical, especializado en compilaciones modernis electropop y tropicales. Por otro, una línea de ropa inspirada abiertamente en lo pijo. La última colección, con el golf como leitmotiv, es una oda a los tonos pastel y al rollete Ivy League à la Vampire Weekend. Queda precioso y muy aspiracional poner en el dossier de prensa que la colección está inspirada en “Charlotte Rampling y Jean-Louis Trintignant tomando cócteles a la luz de la luna en la Côte d’Azur”. Y lo cierto es que la ropa es mona, pero tampoco un alarde de originalidad. Menos humos.

El hype del que no nos cansaremos: Ryan McGinley. El último skater en partirlo de la esfera larryclarkiana no deja de sorprender con sus fotografías. Ha afirmado que no le importaría dar el salto al cine. A nosotros tampoco. De momento, ha rodado el clip “Entrance Romance”, esta bizarrada protagonizada por la ex top Caroline Murphy y un perrete. ¡Guau!

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