Columnas

Odd Future

Violencia, drogas y hip hop (parte I)

Odd Future Por Franc Sayol

“Siempre hemos sido unos descarriados, y esto mola, porque es lo que nos va a hacer grandes en un futuro”.

Esta frase de Tyler, The Creator, líder e ideólogo de Odd Future (nombre completo Odd Future Wolf Gang Kill Them All), resume perfectamente la esencia de una pandilla de amigos que en pocos meses ha pasado de reunirse en los skateparks del sur de Los Ángeles a poner patas arriba la industria musical. De trastear por las calles a las millones de escuchas en YouTube, de leer The Fader a aparecer en medios mainstream como The New Yorker, Thrasher, Spin o Billboard, de los vídeos domésticos a ofrecer ya míticas actuaciones en programas de televisión como el Late Night with Jimmy Fallon. Un grupo de jóvenes que, sin pedir ayuda a nadie ni necesitar del apoyo de ningún sello, se han plantado en el ojo del huracán mediático-musical generando tantas reacciones polarizadas entre el público como ganándose la atención de una prensa especializada, Pitchfork a la cabeza, que los ha recibido con los brazos abiertos. Hacen rap, pero su espíritu subversivo y su impacto entre los más jóvenes hace que sea más pertinente compararlos con los Sex Pistols o Nirvana que con N.W.A o Wu-Tang Clan. Si estamos ante el inicio de una nueva transformación de los procesos en la cultura pop, o si Odd Future permanecerán como una rareza, el tema ahora se presenta indescifrable. Pero resulta evidente que hoy, en estre preciso instante, son una de las propuestas musicales con más impacto de los últimos tiempos y, a la vez, un claro paradigma de lo rápido que van las cosas en el nuevo orden online. Pero, ¿qué tiene este grupo de post-adolescentes enfadados que haya propiciado tan rápido encumbramiento?

Al principio, Odd Future no era más que el nombre de una de las muchas pandillas de skaters que pueblan Fairfax Avenue, la meca del streetware angelino. Un grupo de jóvenes que, además de filmarse haciendo kickflips, fumar hierba y deambular en busca de diversión, eran aficionados a la música y a rapear. Y tenían un faro: antes de los discos, existió “The Odd Future Magazine”, una revista ideada por Tyler –por aquel entonces contaba con 16 años– en la que entrevistaban a skaters y músicos que admiraban, como por ejemplo James Pants. La publicación nunca vio la luz debido a que era carísimo hacerlo de la manera en que se había ideado, pero no sería de extrañar que resucitaran la idea en cualquier momento. Luego empezaron a colgar música y diseños en MySpace y de ahí hasta llegar a su célebre Tumblr., donde hasta la fecha han colgado toda su discografía para descargar de forma gratuita. El resto es historia. Estamos delante, pues, de un relato de éxito musical online que guarda no pocos paralelismos con otras eclosiones similares. La diferencia, aquí, es que más allá de utilizar los recursos de la red como trampolín para acceder a los circuitos “oficiales”, Odd Future no tienen ninguna intención de entrar en el susodicho juego. Quieren llegar a la suite presidencial, claro, pero no están dispuestos a tomar el ascensor para huéspedes. Prefieren trepar por la fachada. Y todo, para seguir siendo lo que eran al principio: un grupo de amigos con ganas de hacer cosas distintas. Odd Future Nacidos en los noventa y educados en la era de la información (el más joven, Earl tiene 17 años, el “veterano” Frank Ocean cuenta una edad de 23), llevan en activo como colectivo desde 2007, y a día de hoy son 11 entre productores, raperos, cantantes, compositores, ilustradores, DJs, skaters, fotógrafos y cineastas. Tyler, el líder de la manada, lo es todo a la vez. Hodgy Beats, Domo Genesis y Mike G solo rapean. LeftBrain produce y ocasionalmente rapea. Syd es la DJ en directo y la ingeniero en el estudio, Frank Ocean lleva años en la industria, estuvo fichado por Def Jam y ha escrito canciones para Brandy o Justin Bieber. El enigma es Earl Sweatshirt, el más joven y seguramente el mejor rapero del grupo, a quién, al parecer, su madre internó en un colegio para chicos problemáticos de Samoa para mantenerle alejado de sus sulfúricos amigos. Jasper Dolphin y Taco Bennett son dos figuras con menos exposición, pero igualmente arraigadas en el conjunto. El primero es un experto skater con aires de cómico, el segundo un escuálido estudiante de cine que es responsable de muchas de las fotos y vídeos relacionadas con el clan; el blog Golf Wang documenta gráficamente las aventuras del grupo con fotos enteramente hechas por él y Tyler. El combo lo completa el productor Matt Martians, miembro del equipo de producción Super 3.

Aunque la mayoria de ellos proviene de hogares desestrucurados, Odd Future tienen poco que ver con el conflicto de clases. Syd, por ejemplo, ha explicado que el estudio donde han grabado toda su música está en la casa “de clase media-alta” de sus padres. Pero el haber crecido sin figuras autoritarias ni faros de conducta (Hodgy Beats declaró al New York Times que casi todos son bastardos) sin duda ha dejado una profunda huella tanto en su música como en sus modos de acción. Y es que, por encima de todo, OF son un puñetazo en la cara del establishment de la middle-america blanca. Durante años fueron los gamberros a los que nadie hacía caso, los chicos que no contaban para nada. Ahora han sabido transformar la rabia acumulada en un discurso que choca frontalmente con la mentalidad de una gran parte del statu quo estadounidense. No son satánicos, no violan chicas, no se pasan la vida bebiendo purple drank ni rodeados de cocaína. Simplemente tienen ganas de molestar. Y, como chicos listos que son, saben muy bien cómo hacerlo. Más allá de los nombres concretos que aparecen en sus canciones, su ira está dirigida hacia una determinada manera de entender al vida. Su guerra es contra la hipocresía, el mantener las apariencias, la autoridad, los prejuicios, los clichés y las mentes estrechas en general. Pero, más allá de la repercusión social, su verdadera batalla es la musical. Y la están ganando.

Su sonido nace de una educación musical que tiene menos que ver con los formatos tradicionales que con los infinitos archivos de YouTube. No es de extrañar, entonces, que partiendo de referencias hip hop más o menos tradicionales –como podrían ser el primer Eminem o The Neptunes–, OF hayan sabido crear una amalgama sonora que incorpora elementos de las más remota procedencias y de cuya mezcla surge una suerte de jazz oscuro y cósmico que sirve de colchón a sus sulfúricos flows. Y aquí llega el debate. Gran parte de la atención hacía Odd Future se la han llevado las canciones sobre violaciones, sangre, personajes obsesivos y abuso de drogas. No es que sean temas nuevos en el hip hop, pero lo que sí resulta chocante es la crudeza con la que se relatan. Se puede argumentar que es una manera rápida de llamar la atención o una provocación facilona, pero todo responde a una visión descarnada del mundo y a una voluntad casi enfermiza de querer permanecer fieles a sus instintos. Sea como sea, está fuera de toda duda que han conseguido dar con una manera de hacer hip hop que se ha rebelado contra los eternos lugares comunes del género, contra el aburrimiento derivado de raperos de 40 años hablando sobre Gucci y contra cualquier tipo de mentalidad canónica.

Han sido 12 álbumes y tres recopilaciones en 18 meses, todo de notable para arriba. Dejando de lado las mixtapes, en las que rapean sobre una variedad de conocidos beats, sus trabajos son discos enteramente compuestos y producidos por ellos, casi sin samples ajenos y de un nivel que no tiene nada que envidiar a cualquier lanzamiento “oficial”. Del jazz tenebroso de “Bastard” (Tyler, The Creator) a las fantasías fumetas de “Rolling Papers” (Domo Genesis), de la crudeza de “Earl” (Earl Sweatshirt) a la suavidad “Nostalgia, Ultra” (Frank Ocean) , de los pads detroitianos de “Ali” (Mike G) al toque psicodelico de MellowHype, estamos frente una colección de trabajos que abarca un sorprendentemente amplio espectro de matices e influencias y cuyos parámetros de calidad rompen los esquemas de las habituales “mixtapes” autoproducidas por jovenzuelos, estableciendo, a su vez, nuevos paradigmas para el rap de la próxima década. Todo ello grabado en casa de los padres de Syd, la DJ e ingeniero de casi todos los discos del grupo. Es la única chica y es lesbiana, pero asegura no tener ningún tipo de conflicto con la temática de algunas de sus canciones. Y es que, como Tyler no se cansa de repetir, estamos hablando de ficción. De oscuras fantasías que tienen la necesidad de sacar a la luz. Porque la única manera de entender el hacer música es que ésta les salga del corazón.

Además, no todo es violencia y misoginia en OF. Ni muchos menos. HodgyBeats hace canciones sobre chicas, Domo Genesis prácticamente sólo rapea sobre marihuana, Frank Ocean es un sedoso cantante de RnB y Mike G es un reflexivo MC de corte clásico. Tampoco todo es rap en Odd Future. Además del mencionado Ocean, el colectivo ha editado dos discos de funk cósmico y experimental a cargo de The Jet Age Of Tomorrow, en los que caben desde electro-funk marciano a digresiones casi ambient y lounge galáctico. Una apertura de miras en la que se intuye la voluntad de abarcar un campo de acción que va mucho más allá del espectro hip hop.

Para acompañar su asombrosa productividad musical, el colectivo se ha sabido crear una poderosa identidad visual, plagada de referencias satánicas, fotos familiares pervertidas e imágenes escabrosas de niños. Todo ello con una versión crackeada del Photoshop: el DIY de la era digital. De la misma manera, han grabado vídeos como los de “Earl” o “French”, en los que el abuso de drogas, la violencia y el vandalismo sustituyen a las tradicionales macizas, coches y relojes. Mención aparte merecen los vídeos de “VCR” y “Yonkers”, en los que Tyler pone su talento al servicio de oscuras fantasías sobre violaciones y tendencias suicidas en dos videos de nivel altísimo que demuestran que, cuando dice que quiere ser director de videoclips, no se está marcando una boutade. Igual de impactantes son sus actuaciones en directo, brutales catarsis en las que la energía se desboca y en los que la respuesta del público suele ser más cercana al pogo hardcore que a los tradicionales movimientos de cuello acompasados.

Este conjunto de música rompedora, actitud tan desafiante como flemática, identidad visual iconográfica y toneladas de carisma es lo que los ha llevado, en poco más de 12 meses, de la nada a la cúspide. Claro que, como casi todo en nuestros tiempos, el concepto de cúspide es de lo más relativo. Sí, han aparecido en las más codiciadas portadas y no hay medio de referencia que se precie ( The Guardian o NY Times sin ir más lejos) que nos les dedique artículos cada dos por tres, pero aún están lejos de establecerse en el mainstream puro y duro. Y es difícil que lo consigan sin modificar su discurso (algo que, en estos momentos, parece improbable). Lo que está fuera de toda duda es que Odd Future han logrado conectar con el público joven de un modo que no se veía en el rap desde la aparición de Eminem. Miles de jóvenes hijos de la era cibernética, sobre todo blancos (y muchos seguramente ajenos al hip hop preceptivo), han encontrado en la música y la provocación permanente de estos chicos descarriados un modo para canalizar toda la alienación y desorientación en la que vive sumida una gran parte de sociedad urbana occidental. Sentados en sus habitaciones, delante de una pantalla de ordenador, han visto como una panda de amigos gamberretes no tan distintos a ellos se comía el mundo a base de ser ellos mismos y sin desperdiciar ni un segundo en pensar qué dirán los demás. Y, claro, quieren formar parte de ello. Por eso crean foros de fans en la tradición boy-band, acaban todas sus frases con la palabra “swag” y gritan “Free Earl” sin ni siquiera conocerle. Si este fenomeno es fruto del hype o de una genuina identificación está por ver, pero imágenes como las de su reciente concierto en el Camden Crawl londinense, en la que una jauría de post-púberes blancos descontrolados tomaba el escenario al grito de “Wolf Gang” hacía mucho tiempo que no se veían en la cultura pop contemporánea.

Pero, ¿y ahora qué? El propio grupo reconoce vivir en una dicotomía permanente entre lo que quieren y lo que no quieren ser. Quieren los Grammys sin, duda, pero no quieren pervertir ni un ápice de su arte para conseguirlo. Quieren las cosas codiciables, pero no a cualquier precio. Un conflicto continuo que indica que estamos delante de un grupo de personas que está tratando de encontrar nuevas vías. Gente que confía ciegamente en sus talentos y que no quieren que nadie ni nada se interponga en el desarrollo de los mismos. Por eso han creado Odd Future Records, plataforma que distribuirá RED (una división de Sony) pero que les garantiza ser los propietarios absolutos de su obra a todos los niveles, por eso no hacen colaboraciones ni publican sus instrumentales. Lo hacen a su manera y, de momento, no les está yendo nada mal. Y es que, en definitiva, son conscientes de que si algo les va a hacer grandes será, paradojicamente, el permanecer fieles a su naturaleza de grupúsculo marginal. Son, en resumen, exiliados voluntarios a la búsqueda de nuevas tierras por conquistar.

Continúa aquí. ----------------------- Recuerda que los americanos estarán actuando el sábado 28 de mayo en el San Miguel Primavera Sound 2011. Puedes comprar tus entradas para el festival aquí. PlayGround es media partner de Primavera Sound Nos adentramos en el escabroso universo de Odd Future, el insólito colectivo de Los Ángeles que ha removido los cimientos de la cultura juvenil con un salvaje cóctel de hip hop, letras tétricas, activismo online y consumo de drogas duras. Hoy, la primera parte; mañana más.

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