Columnas

Nuevo catálogo de seres y estares (I)

Repescamos diez discos relevantes que se nos quedaron en el limbo

De la ingente cantidad de novedades que se publican, mucho son los discos que se nos quedan atrás. Pero es injusto que se pierdan en el olvido, así que rescatamos diez de ellos (según coordinadas pop y rock) en este primer catálogo de seres y estares.

Por la presente queda inaugurada en esta santa casa una nueva sección donde repescaremos bimensualmente lanzamientos que por una u otra razón no reseñamos en su momento. Bien es sabido que en PlayGround se intenta reseñar la mayor cantidad de discos posible, pero es tal la avalancha de álbumes editados actualmente que para que ninguno importante se nos escape hemos decidido recopilarlos en una serie de reports a modo de espejo retrovisor. Se apela así al rescate de unos discos que, al volver la vista atrás, destacan sobre el resto cual objetos perdidos en la marejada de novedades. Discos que merecían una atención en estas páginas y que la falta de espacio o la avalancha de novedades interesantes los dejaron un poco atrás. Discos que, además de ser, debían estar. Y aquí están.

A continuación va una decena de títulos recuperados de la cosecha veraniega en la que encontrarás a clásicos de la canción, metaleros reblandecidos, una deslenguada embajadora hip hop y un cantautor novato con madera de clásico. Se abre la veda.

1. Angel Haze: “Reservation” (True Panther / Noizy Cricket / Biz 3)

El R&B acusa la ausencia de divas mientras sus constantes vitales se desnaturalizan. El rap busca la reformulación definitiva que le dé vida y los machos alfa del hip hop se tornan más glossy cada día... La música negra atraviesa una excitante fase de incertidumbre con doble lectura: para algunos atasca las ideas mientras que para otros está desembocando en nuevos y excitantes callejones emocionales, sobre todo por lo que se refiere al crossover pop. Angel Haze es la protagonista del nuevo capítulo de esta historia. Tiene 20 años, lleva cuatro metiendo caña desde su canal de YouTube y todo se-la-su-da. Criada en Detroit en el seno de una familia fuertemente religiosa, Haze es tan supuestamente bisexual como Azealia o Nicki Minaj, dos nombres a quienes recuerda por activa o por pasiva pero de las que sabe diferenciarse como artista con la cara bien lavada, ajena a maquillajes y parafernalias mediáticas. Su bombástica mixtape “Reservation” encierra hitorros como “New York”, con sample de Gil-Scott Heron incluido, pero no sólo: prueben petardazos como “Jungle Fever” o “Werkin’ Girls” y verán cómo prende la mecha. Wicked!

2. Baroness: “Yellow & Green” (Relapse)

Poco después de editar “Yellow & Green”, los miembros de Baroness y su equipo sufrían un aparatoso accidente de autobús en Inglaterra, noticia fatídica que ensombreció la recepción del que es su álbum más arriesgado y aventurero. Con él, los de Georgia se han desmarcado de la escena core para integrar definitivamente en su sonido una ristra de especias con las que hasta el momento sólo habían coqueteado. A sus fans más intransigentes les ha debido costar cambiar a Torche por Radiohead ( “Back Where I Belong”), o deglutir bocados como el post-rock de “Stretchmarker”, el funk de “Cocainium”, el folk de “Twinkler” y el empuje pop de “Board Up The House”. Pero la balanza dicta que el grupo ha conseguido alcanzar con dichos presupuestos a una porción de público indie que hasta ahora les rechazaba por su ascendencia metal. Los temas de “Yellow & Green” –gran parte compuestos, según confiesa el cantante John Dyer Baizley, mientras su hija pequeña dormía en la habitación de al lado– nos hablan de unos Baroness igual de medievales en esencia aunque bastante modernizados. Unos Baroness suavecitos, sí, pero cuyo corazón sigue siendo de roca maciza. Que al dilatado conjunto que forman el aguerrido “Yellow” y el delicado “Green” se le eche en cara la falta de un buen tijeretazo no es justo: la manera con que Baroness despliegan aquí sus aptitudes emo sólo puede tildarse de detallada y ambiciosa.

3. Bill Fay: “Life is People” (Dead Oceans)

Casi todos los años la industria decide recuperar del olvido a un cantautor de culto que enterró vivo en su momento. Este 2012 le toca el turno a quien Mojo bautizase como el “Salinger del pop británico”, un Bill Fay prácticamente invisible desde que lanzara dos maravillosos álbumes allá por principios de los setenta. Cuarenta años después regresa con “Life Is People” para sublimar el concepto de torch song en un álbum bello, triste y tan emocionalmente arrollador que parece que vaya a resquebrajarse en cualquier momento. Le secunda una banda que incluye a músicos con los que ya trabajó en el sublime “Time Of The Last Persecution” (1971) y a otros del entorno de, glups, Noel Gallagher, además de uno de los principales valedores de su regreso, Jeff Tweedy. El líder de Wilco acompaña con su voz la engañosamente animada “This World” y Fay incluso se anima a devolverle el favor revisando magistralmente “Jesus, Etc”. Estremecedor en composiciones como una “Big Painter” por la que Marianne Faithfull mataría, “Life Is People” es un trabajo dramáticamente curativo para el que Fay ha estipulado que todo lo facturado se destine a Médicos sin Fronteras. Ya sabes: si quieres ayudarle en su tarea de arreglar un poquito el mundo, ¡compra!

4. Go-Kart Mozart: “On The Hot Dog Streets” (Cherry Red)

A raíz de un comentario sobre las fotos del príncipe Harry desnudo en Las Vegas, Neil Tennant explicaba recientemente a El País como Inglaterra se está “asistiendo a una erosión gradual de nuestra libertad debido a la vigilancia electrónica y digital”. Seguro que esto no le importa ni un comino a Lawrence, ya que el insobornable compositor inglés se mueve sin ningún tipo de ataduras en el que, dice, es su último álbum como Go-Kart Mozart. Al igual que Momus, de quien también debería reivindicarse este año su ignorado “Bibliotek”, Lawrence va a su bola, cagándose en los A&R’s desde el inicio de un álbum ( “Lawrence Takes Over”) que reconoce influenciado tanto por Edwina Biglet como por Wiley. Al igual que ya ocurriera en “Tearing Up the Album Charts” (2005), “On The Hot Dog Streets” recupera temas del nunca editado cuarto álbum de Denim y no podía llegar en mejor momento: es la banda sonora perfecta para acompañar la película “Lawrence Of Belgravia” o el recién editado libro sobre Felt. Por si te quedaba alguna duda, también es una nueva muestra de la descacharrante capacidad de Lawrence para dar la vuelta al pop y ponerlo de derechas. Sí señores, el pop era esto: sátira, teclados despectivos, melodías como tatuajes y una estudiada (in)trascendencia. ¿ “Elysium” pop inteligente? Mmmhh…

5. Matthew E. White: “Big Inner” (Spacebomb)

Nuestro protagonista ha fundado Spacebomb en el ático del edificio donde vive en Richmond (Virginia). Se trata de un sello-productora comandado junto al bajista Cameron Ralston y al batería Pinson Chanselle, y del cual la primera noticia discográfica es este fabuloso “Big Inner”, uno de los debuts más maduros que podrás escuchar en 2012. En su interior, White ha querido plasmar todas las lecciones aprendidas hasta ahora a lo largo de su andadura musical: desde el bagaje adquirido con su vanguardista banda de jazz Fight The Big Bull hasta la fascinación que siente por el soul aterciopelado de los setenta, pasando por la cosmic american music y su obsesión por Randy Newman, maestro a cuya puerta de su casa de Los Ángeles llegó a llamar para mostrarle su arte. Como bien reza su título, “Big Inner” es un disco de gran interior, tejido a base de composiciones perseverantes y lánguidas, que te arropa con caricias gospel, cuerdas vintage y una balsámica voz que recuerda a varios de los grandes. Temas como ‘Brazos’ son de lo mejor que pueden recetarle a uno en estos tiempos de desamparo.

6. Neneh Cherry & The Thing: “The Cherry Thing” (Smalltown Supersound)

Tan carnosas como las del disco de Divine Fits con que despedimos el verano e infinitamente más cool que las de cualquier logotipo de discoteca, las dos cerezas que ilustran la portada de “The Cherry Thing” están a punto de reventar de maduras. Su zumo es el destilado resultante de la alianza de dos personalidades artísticas: el inesperado regreso de Neneh Cherry de la mano de The Thing, impactante trío nórdico de free jazz. Para dar forma a la llamativa colisión, la bella y las bestias decidieron escoger un repertorio que estuviera a la altura del carácter desafiante del encuentro. Y la verdad es que dieron en el clavo a la hora de seleccionar a fornidos autores que aguantaran sus embistes. Además de dos temas originales, las originales de Martina Topley-Bird, MF Doom, Don Cherry, The Stooges, Ornette Coleman y Suicide quedan hechas unos zorros en un disco no apto ni para puristas ni para turistas. Un disco de sangre extraña y huesos desencajados que tira para atrás en las primeras escuchas, quizá por demandar más atención de la habitual, pero que acabará por convertirse en todo un deleite para quienes osen probar una gota de su turbio brebaje.

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7. Nude Beach: “II” (Nude Beach)

Difícil lo tienes a día de hoy si te piensas que recorriéndote Brooklyn con una buena ristra de canciones pop-punk vas a comerte el mundo como hicieron los Strokes. No. El rock ya no es tendencia y lo máximo a que puedes aspirar es a tocar sin descanso en clubs de mala muerte o a que, con suerte, un sello te reedite aquel disco que en su momento agotó las pocas copias que conseguiste fabricar. Esto último es lo que ha ocurrido con Nude Beach, trío originario de Long Island empeñado en resucitar las ideas power-pop de tótems como Tom Petty y Elvis Costello & the Attractions aderezándolas con ramalazos à la Cheap Trick o The Replacements. Ellos saben que hay mil discos de pop-rock canónico como el suyo esperando su turno, pero lo reseñable es que eso apenas parece importarles lo más mínimo. Se entregan en cuerpo y alma a una receta no por reventada menos eficaz, una receta que enfoca el pasado con los tejanos bien calzados en el presente y que le canta, sin sonar manida, a lo de siempre: adolescentes ora malotes, ora inocentes, a quien no les importa un pelo que les vean llorar por amor. Es un trabajo crujiente y refrescante sin trampa ni cartón.

8. Ombre: “Believe You Me” (Asthmatic Kitty)

Julianna Barwick firmó el disco místico por excelencia de 2011, un The Magic Place” que por encima de veleidades hippy-cósmicas aportaba profundidad de campo al tan comentado resurgir del new age. Tras algo tan telúrico, costaba imaginar cuál sería el siguiente paso de la princesa de Ashtmatic Kitty. Lo que ha decidido ha sido rematar el debut de un proyecto en el que lleva metida desde 2010. Ombre es el fruto de su colaboración junto al compañero de sello Roberto Carlos Lange, laptop producer de ascendencia ecuatoriana más conocido como Helado Negro y colaborador de, entre otros, Guillermo Scott Herren o Bear In Heaven. Cosiendo a cuatro manos pespuntes de jazz austral con espontáneas grabaciones de campo, juntos han dado forma a un “Believe You Me” que se escapa entre las manos y que recuerda al Mare de Julian Lynch en momentos como las dos partes de “Noche Brilla”. Un disco que, si lo que buscamos es hermanar su periférica extrañeza con algún otro proyecto coetáneo, podríamos interpretar como el anverso luminoso de ese fraternal ejercicio de música escapista llamado Mirroring (Foreign Body).

9. Ty Segall Band: “Slaughterhouse” (In the Red)

Ty Segall se está ganando a pulso el galardón de rockero más prolífico del año, y hasta lleva camino de superar en popularidad a su padrino John Dwyer (Thee Oh Sees). A la velocidad que los edita, resulta complicado digerir sus discos y dejarlos reposar, aunque eso tampoco sea necesario para darnos cuenta de que estamos ante uno de los más brillantes baluartes del rock actual. Con el espléndido “Goodbye Bread” de 2011 aún rebotando en el paladar, Segall inauguraba 2012 firmando a medias con White Fence el divertidísimo “Hair”, y lo despedirá con un esperado “Twins” que está a puntito de caer. Por el camino quedó un tercer trabajo imposible de haber sido mejor titulado. ‘Matadero’ es, con permiso de Michael Gira, lo más abrasivo que le ha pasado al rock esta temporada. Un álbum seminal, acuciante y saturado que mete miedo como pocos ya consiguen, una gran bola de fuego hasta arriba de roña que arrasa con todo como lanzada desde el pasado por unos inflamables Stooges. Los créditos esta vez van para Ty Segall Band, una formación que se abre las tripas para mostrárnoslas sin tapujos, exprimiendo hasta la última gota de sangre como si las guitarras fuesen puñales y los riffs tajos en la piel.

10. Various: “Just Tell Me That You Want Me. A Tribute To Fleetwood Mac” (Hear Music / Concord)

Era de esperar que, antes o después, cayese un álbum de homenaje a la banda más reivindicada por la comuna indie. Tristemente, el tributo a Fleetwood Mac parece no haber calado como se esperaba. ¿Razones? Pueden ser varias. Desde el pingüino de la portada al hecho de que este tipo de lanzamientos no suelen conseguir grandes réditos, pasando por la más probable de todas: lo difícil que es resucitar la prístina magia del gran grupo de músicos que embellecieron Buckingham y Nicks. El repertorio de “Just Tell Me That You Want” ha debido diseñarse en función de lo que escogieron versionar los artistas participantes. A servidor no le acaba de convencer la poca atención prestada a Buckingham, aunque la gran selección de temas del favorito “Tusk” satisfaga mis deseos. Con todo, seremos más benevolentes que la mayor parte de las críticas leídas por ahí fuera y rescataremos algunos jugosos minutos de esta hora y media de versiones y perversiones. Entre ellos, las contribuciones de Antony, Tame Impala, una shoegazer Likke Ly y las maneras que tienen The Kills de disecar “Dreams”. Lo peor: esa macarrada en que St Vincent ha convertido “Sisters Of The Moon” junto a Craig Wedren (Shudder To Think), aunque escuchado su reciente álbum junto a David Byrne ya casi se me haya olvidado…

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