Columnas

Nuevo cataclismo católico

Una diatriba razonada contra el adoctrinamiento religioso que veladamente pretende instaurar la nueva ley educativa propuesta por el ministro José Ignacio Wert

El ministerio de educación, encabezado por José Ignacio Wert, está ultimando la nueva ley que, entre otras cuestiones, devolverá privilegios a la asignatura de Religión en los colegios: una forma de adoctrinamiento, opina Elena Cabrera, que puede acarrear problemas preocupantes en nuestra sociedad futura.

Ha caído en mis manos una vieja carpeta naranja llena de pequeños cuadernos con letras de canciones y notas musicales. No es mía, es de Elena María Cabrera, una niña preadolescente educada en un colegio de monjas progresistas (o eso decían) y que acudía a la parroquia para sus clases de catequesis y guitarra.

Tiro la carpeta naranja al cubo de reciclar papel. Dos minutos después, conmovida por un indefendible arranque de nostalgia, me lanzo hacia ella y la rescato de la trituradora, abrazando mi pasado con una mezcla de asco y cariño. Abro los cuadernos Guerrero y observo, con horror, esa letrita de enes que parecen úes y otras redondeces erosionadas por los años de apuntes en la EGB. Leerlo es, quizás, todavía más humillante. En la primera página hay un Padre Nuestro; la primera en la frente. “ Cuando vaya a otro lugar / tendré yo que abandonar / a mi familia, a mis amigos / para seguirte”, apunta Elena María, en Sol, Mi menor, Do y Re. En la segunda página, la tragedia continúa: “ Quiero saber por qué el otoño es gris / por qué me voy a morir, si yo quiero vivir”, acabando en Sol Séptima, lo que imprime un “ vivir” dramático. Cuatro páginas después llega el verdadero horror, el horror de La Guerra: “ Madre anoche en las trincheras, la, la, la, la / entre el fuego y la metralla / vi a un enemigo correr, la, la, la, la / la noche estaba cerrada”. Para quien no la conozca, le revelaré que el tal enemigo era en verdad el amigo José, compañero de la escuela, con quien tanto yo jugué, a soldados y a trincheras.

Con los años, he comprendido la brillantez de esta táctica de propaganda de la Iglesia Católica. Qué inteligente, qué refinada estrategia la del mensaje catecumenal escondido en un discreto segundo plano mientras estas hijas del Señor nos preocupábamos por poner bien la cejilla con el Fa o el meñique con las séptimas. Nosotras éramos las soldados del amor cristiano sosteniendo nuestra guitarra-fusil entre el fuego y la metralla. Y nuestras trincheras eran esos fríos sótanos de las parroquias donde la voz sonaba siempre metálica y con eco, tal y como yo imaginaba la atemorizante, pero cálida, voz de Cristo.

Es todo un milagro que, con semejante educación católico-musical, la niña parroquial acabe convertida en una atea fan de Marilyn Manson. ¡Un milagro! ¿Ven? Predica, que algo queda. Milagros como éste no ocurren todos los días, con perdón.

"Los curas atribuyen el descenso de alumnos de Religión a lo que sea que hagan los que no la estudian"

Según datos de la Conferencia Episcopal, el 54 por ciento de los alumnos españoles opta por la asignatura de Religión. En mi opinión, ese dato va a crecer. Poco importan los esfuerzos del reducido conjunto de medios de comunicación de izquierdas, el activismo de organizaciones como Europa Laica y su campaña Religión fuera de la escuela o los esfuerzos de la propia Iglesia por agarrarse a sus privilegios fiscales inmobiliarios mientras se produce una media de 500 desahucios al día. Lo que importa es la fuerte alianza entre el PP y la Conferencia Episcopal, que ha desteñido sobre el articulado del borrador de la llamada Ley Wert, la LOMCE, una nueva reforma educativa que algunos llaman contrarreforma. No hay que pasar por el alto el significado del acrónimo pues, de entrada, viene ya sacando pecho. Mientras legislativas anteriores (doce, más la Wert) se limitaban a describir su función con más o menos pompa (Ley de Ordenación General del Sistema Educativo) o, como mucho, a recordarnos que lo que tenemos entre manos es algo serio (Ley Orgánica del Derecho a la Educación), las leyes del PP se sienten predestinadas a arreglar las cosas, como si toda el agua anterior fuera insalubre: ahí tenemos la LOCE o Ley Orgánica de Calidad de la Educación y la LOMCE, cuyas siglas apelan a Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa, por si alguno de ustedes lo desconoce.

La Calidad, con ce mayúscula, es ese lugar donde las cosas se hacen como Dios manda. Donde los colegios que segregan por sexos se pueden concertar, como ocurría con aquel en el que estudiaba Elena María y sus compañeras, a cargo de la congregación del Buen Pastor y en el que la madre Piedad les enseñaba en Ciencias Naturales el aparato reproductor sobre un dibujo esquemático de apariencia asexuada. Un lugar donde la asignatura Educación para la Ciudadanía sobra porque es adoctrinadora, dicen. Adoctrinadores son los libros de Educación para la Ciudadanía de editoriales como Casals o Edelvives, que la verdad es que teniendo esos textos se podrían haber ahorrado el disgusto de suprimir una asignatura (piensen en todos esos libros de texto inservibles, en todas esas horas que invirtieron los profesores en preparar temarios, en todos esos ríos de tinta que gastamos en debates periodísticos). Pero ah, claro, mi mente maligna está a la altura de la del Equipo Rocket y no caía yo en que puede haber algún centro escolar que haya apostado por manuales críticos, interesantes e incluso ilustrados por Miguel Brieva que hagan pensar a los niños y las niñas y de esa forma se tambalee ese 54 por ciento de estudiantes de Religión, ese fondo de inversión en el futuro.

Pero la pequeña gran victoria de la Conferencia ha sido la de evitar a toda costa que, mientras sus alumnos aprenden los principios del catolicismo, los demás repasen cualquier otra asignatura o, incluso, se vayan a casa. Los curas atribuyen el descenso de alumnos de Religión a lo que sea que hagan los que no la estudian. La LOMCE impondrá que mientras unos están en Religión, otros estén en “ una asignatura concreta y evaluable”; nada que pueda ser más sabroso que lo de ellos. Como siempre, el problema está en los demás.

La madre Piedad, vestida de seglar, nombraba sin sonrojo las diferentes partes del aparato reproductor femenino y sus alumnas comentaban admiradas después de la clase “pues no parece una monja”. Pero, tras pensarlo dos veces, queda claro que el objeto de enseñanza de aquel aparato era el de reproducir la raza humana. ¿Y el placer? De eso jamás oyeron nada sus alumnas. La educación sexual en el colegio no existe oficialmente. Biología hay, y aparatos reproductores, y prevención ante la transmisión de enfermedades y la anticoncepción también tenemos. Pero al suprimir Educación para la Ciudadanía desaparece un buen lugar para hablar de familias no heteronormativas, del respeto y el placer, de la maternidad, del sexo según el género, pues para todos no es igual.

No se preocupen, el Obispado de Madrid-Alcalá tiene remedio para esto y para todo lo demás: Curso de sexualidad y afectividad para jóvenes, los primeros viernes de cada mes y antes de la oración. Una producción del mismo obispado que publicó una guía para curar la homosexualidad. El mismo obispo que se ganó una denuncia de la Fiscalía por sus opiniones sobre el aborto y los homosexuales. El mismo que en una misa retransmitida por TVE opinó barbaridades sobre los niños con inclinaciones pasionales hacia niños del mismo sexo. El mismo, sí, Reig Pla, hagan memoria, que piensa que la “ideología de género” niega el matrimonio y la familia.

"En el otro bando también tenemos trincheras y son menos frías y metálicas que las de los locales parroquiales"

A mitad de uno de los cuadernos de canciones para guitarra de Elena María encuentro una letra cuyo ritmo de acompañamiento debe iniciarse en Mi, para subir luego a Si Séptima. No sé qué es. Una grieta, una bomba lapa, un chiste, un espacio para la autoparodia, un error del sistema. “ Los curas y taberneros” dice su primera línea, “ son de la misma opinión / cuantos más bautizos haya / más pesetas al cajón”. El tema de la primera estrofa es, pues, una crítica al afán de lucro que encubren los ritos de la Iglesia. El estribillo habla sobre educación sexual: “ arriba, abajo, que a mi novia le he visto el refajo / abajo, arriba, que a mi novia le he visto la liga”. La segunda estrofa incide en las riquezas de la Iglesia: “ los que cantan son los curas / que cantando ganan cuartos”. Ahora vamos a por otro tema de actualidad, la transgresión del celibato: “ que al curica de mi pueblo / se le ha roto la sotana / corriendo tras una moza / un lunes por la mañana”. Y, para rematar la jota, una última estrofa donde ya se mezcla todo en un éxtasis de ritos, excesos y sexualidad: “ el cura que te casó / debía de estar borracho / porque no te preguntó / si eras hembra o eras macho”.

Mi opinión es que en el otro bando también tenemos trincheras y son menos frías y metálicas que las de los locales parroquiales. En las nuestras cantamos jotas, exploramos el placer y decidimos sobre nuestro propio cuerpo, no adoctrinamos a nuestras niñas y niños metiéndolos en clases donde se equipara creencia con conocimiento, no perdemos el tiempo y sabemos por qué el otoño es gris y por qué nos vamos a morir. Siempre hay dos bandos.

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