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La verdadera y triste historia de nuestra generación

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Noah Cicero publica 'Pórtate bien' en nuestro país, la novela que relata las desgracias de toda una generación de estadounidenses, así como el nacimiento de la Alt Lit

Luna Miguel

02 Febrero 2015 06:00

No hay día que no piense en que debería haber acabado la carrera, o en que no debería haberla empezado, o incluso en el que me arrepienta de cualquiera de las decisiones tomadas entre mis 18 y mis 22 años. De hecho, estoy segura de que ahora mismo, mientras escribo esto, centenares de jóvenes estudiantes, parados o trabajadores se están preguntando cosas parecidas. La idea de un futuro incierto revolotea por nuestras cabezas como una paloma sucia, y busquemos donde busquemos es imposible encontrar una respuesta sencilla, decente, esperanzadora. Por eso somos tan egoístas, tan egocéntricos. Por eso sólo hablamos de nosotros porque qué haríamos de lo contrario, si la única manera de mantenernos anclados a esta vida es inspeccionarnos una y otra vez.

Amamos la palabra generación, perdemos la cabeza por lo generacional y de ahí que nuestros ídolos se autoproclamen voces iluminadas a las que seguir. Pero todos somos la voz de nuestra generación. En un mundo como el que nos ha tocado habitar es imposible narrar de otra manera que no sea con un yo que pretende ser un nosotros. Y es de ese nosotros, precisamente, del que el novelista norteamericano Noah Cicero quiso hablar en Pórtate bien (Editorial Pálido Fuego), su primer libro completo traducido al español. Los que no acabaron la carrera porque no tenían con qué pagarla. Los que trabajaban en restaurantes horribles con tal de ahorrar para poder sentarse a beber, a escribir, o a pasar el rato. Los que delinquían, o se volvían dementes, o se alistaban al ejército pero en realidad odiaban a su patria… Esa es la definición de nosotros, y eso es lo que Cicero retrata para encontrar al fin la respuesta.

La verdadera historia de nuestra generación


Sólo en las 40 primeras páginas de Pórtate bien los conceptos de “estudios inacabados”, “paro”, y “generación perdida” se repiten hasta la saciedad. Noah Cicero da voz a su alter ego, un camarero frustrado que lleva años haciendo un trabajo que no le gusta para poder pagarse su vida como escritor de provincias. El protagonista, que cree ser un desastre pero que ya ha aprendido a aceptar su vida, se relaciona con un montón de amigos distintos, todos ellos veinteañeros en una situación parecida. La pobreza, para Noah, es uno de los temas fundamentales de su momento y de su sociedad. Esa pobreza y esa inestabilidad que huele a comida basura y a sueño americano hecho trizas. Tanto su protagonista como sus colegas han llegado a la madurez con todas las expectativas por los suelos. Odian a Bush, odian a Obama, odian a cualquiera que esté ahí arriba parloteando de cualquier cosa que no sea ¿qué va a pasar con nosotros? 


Un viaje en autobús, un montón de modernos insoportables, una crítica feroz al sistema editorial y un grito de ayuda y de esperanza para con esos jóvenes que querían cambiar las cosas.



Por eso Noah Cicero quiso escribir una novela sobre su generación. Sobre aquellos chavales que lucharon por ser alguien pero que en realidad no eran nadie. Sobre aquellos chavales que tenían que huir a las ciudades grandes para vivir en apartamentos minúsculos y convertir sus rostros jóvenes en caras ojerosas. Sobre todos los que dejaron atrás un sueño y se toparon de lleno con una realidad racista, machista, cubierta de un hipsterismo bochornoso e incomprensible. Yo era tan pobre que el Gobierno me lo pagaba todo, dice su alter ego. Tan pobre que lo único que podía hacer era escribir. Lo único que él y Noah necesitaban era una generación en la que inspirarse. Esa misma que ahora todos denominan millennial pero que, en realidad, bien podría llamarse la Generación Irónica.

Y la verdadera historia de la Alt Lit


En verdad, Pórtate bien nos está contando dos historias. La de la ruina Millennial en Estados Unidos, sí, pero también la del nacimiento en este mismo país de una etiqueta literaria que desde 2009 hasta la fecha está danto mucho que hablar: la Alt Lit. Aunque Noah Cicero no lo mencione en ningún momento, quienes hayan seguido su trayectoria de cerca podrán encontrar ciertas conexiones con la realidad y con el pasado de esta comunidad de escritores jóvenes a la que él pertenece y de la que todos le consideran como un padrino. Pórtate bien narra la vida de un joven que tiene inquietudes literarias, y que un día es citado en Nueva York para hacerse una foto de grupo con unos cuantos escritores más de su edad. Un viaje en autobús, un montón de modernos insoportables, una crítica feroz al sistema editorial y un grito de ayuda y de esperanza para con esos jóvenes que querían cambiar las cosas.

Si cotilleamos en Internet, las cosas cuadran. Sólo hay que poner “Noah Cicero” y “Nylon Mag” para llegar a un mítico artículo que dio pie a casi todo. En él, además de Cicero, aparecen retratados Tao Lin, Zachary German, Brandom Scott Gorrell y otras dos chicas que a primera vista no sabemos quiénes son, pero que tras la lectura de Pórtate bien entendemos que son dos sustitutas de las escritoras que realmente deberían haber aparecido como representantes de la nueva y flamante generación literaria que venía a romper los esquemas en el mundo editorial estadounidense. En el artículo real se habla una nueva ola, de una nueva esperanza y de una nueva manera de hacer. Sin embargo, en la novela Cicero describe aquel momento como algo caótico, como un momento en el que nadie podía imaginarse que sus firmas generarían una estela tan intensa e imparable cuya influencia aún es clara en nuestro presente.

Noah Cicero, o su alter ego, dan cuenta de cómo las grandes cosas no surgen sólo de la casualidad, sino también de la más absoluta necesidad. Como el resto de jóvenes de su país, los que se dedicaban a la literatura tenían que ingeniárselas para sobrevivir. Para poder autopublicarse, o encontrar pequeñas editoriales que confiaran en sus extraños y novedosos textos. Internet se convirtió en el hogar de todos ellos, y aunque vivieran en ciudades distintas el chat de gmail se convirtió en una suerte de hogar de quedadas literarias, conversaciones infinitas y generador de proyectos de futuro. Su reivindicación era la de un mundo de libros baratos, accesibles para todos, propios, generacionales, y alejados de la pomposidad de editoriales gigantescas como Random House o de escritores como Dave Eggers.

Así nació la Alt Lit. Así murió la Alt Lit. Así se forjó una corriente y una orgía de voces que desde aquel momento tratarían de plasmar a su generación una y otra vez en obras como Richard Yates, como Sometimes my heart pushes my ribs, como Eat when you feel sad, o, sobre todo, como este Pórtate bien que esconde en su interior un sentimiento tan crítico y nostálgico a la vez. Porque no hay día que no piense en cuánto me arrepiento de haber dejado la carrera, o de haber estado demasiado tiempo en ella, tampoco hay día en el que no me pregunte qué significa realmente esta nueva ola de escritores y para qué sirven esos libros finos y llenos de palabrotas que publican. Leyendo a Noah Cicero me he dado cuenta de que sirven para hacernos libres. Para mostrarnos el camino hacia la coherencia y la verdad de nuestra generación. Para que seamos autocríticos, irónicos, fuertes. Si no creemos en nosotros mismos, ¿quién diablos lo va a hacer? 


Generación de los Licenciados Universitarios Sin Trabajo. Generación del Porno por Internet. Generación iPod. Generación el Tabaco Está Carísimo Luego Todo el Mundo Deja de Fumar. Generación Unos Fueron a la Guerra, Otros a la Universidad, Otros Solo Pasaron el Rato. Generación Irónica.




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