Columnas

Nick Cave: una guía para principiantes (y no tan principiantes)

Repasamos la extensa carrera del australiano y las claves para conocer su universo cuando comienza la cuenta atrás para su actuación en el Primavera Sound

Con tres décadas de carrera a sus espaldas, Nick Cave no muestra síntomas de agotamiento: a la edad en que muchos otros músicos deciden ‘acomodarse’, él anda persiguiendo la reinvención, ya sea con los extintos Grinderman, novela mediante o como en su último disco, probando loops. Y aunque hace años que ha alcanzado el éxito a gran escala, aún mantiene un privilegiado estatus de culto.

Sin duda, no hay mejor forma de descubrir a Nick Cave que escucharle, pero para quienes no conocen su obra, la tarea no es tan fácil como puede parecer a priori: mientras algunos grupos tienen una carrera más o menos homogénea, la de Nick Cave se fractura a mediados de los noventa, momento en que aparca su vena más rockera y macarra para centrarse en las baladas y las canciones clasicistas. La diferencia que hay entre “From Her To Eternity” y “The Boatman's Call” es abismal, tan grande que casi podría parecer obra de dos creadores distintos: la temática se repite, sin duda, pero la forma en que se acerca a ella es meridianamente opuesta. Pero obviar cualquiera de sus dos facetas da un retrato incompleto de Nick Cave, porque ambas son caras de la misma moneda, por más que una sea más accesible, más “apta-para-todos-los-públicos”, es la menos fácil la que ha convertido a Nick Cave en esa figura archirrespetada dentro del mundo de la música, y muy necesaria para entender la carrera del australiano en los últimos años, porque ese cambio estilístico no viene de una “visión” ni ninguna revelación de ésas que otros artistas alegan: en su caso es una evolución natural, una madurez que en realidad comienza a fraguarse a finales de los ochenta.

Para entender mejor las obsesiones de Nick Cave es imprescindible saber de dónde viene. Nicholas Edward Cave nació en un pequeño pueblo de Australia en 1957, hijo de una bibliotecaria y un profesor de literatura. Ambos eran anglicanos y dieron a sus hijos una estricta educación religiosa que con el tiempo estaría presente en toda la obra de Cave. Unos años después de que naciera, la familia se mudó a Wangaratta, de nuevo otro pequeño pueblo de esa Australia profunda y rural, casi deshabitada, y que Nick Cave no sólo odiaba con todas sus fuerzas, sino que le ha servido para ambientar buena parte de sus canciones e incluso el libro “And The Ass Saw The Angel” [“Y El Asno Vio Al Ángel”, Pre-Textos, 2005]: aunque aparentemente está relacionado con el gótico americano, en realidad toda la influencia viene de lo que vivió durante su infancia y adolescencia. De hecho, Cave no pisó la gran ciudad hasta 1970, año en que se trasladó a Melbourne a estudiar. Es allí donde conoció a Mick Harvey, con quien iniciaría una larga colaboración (tan larga, que “Push The Sky Away” es el primer álbum en el que no aparece Harvey). Pero el cambio de ciudad, aunque supuso un cambio de aires para Cave, no dejó de ser un problema más: allí era el raro y tampoco terminaba de encajar. Pero en esos años no sólo empezó a formarse el Nick que ahora conocemos, quien ya recibía lecciones de piano, sino que además montó su primer grupo, The Boys Next Door, junto a Rowland S. Howard, Mick Harvey, Tacey Pew, Phill Calbert, casi todos ellos miembros del coro del instituto Caulfield en el que estudiaba Cave. El grupo, que sólo publicó el álbum “ Door, Door” no dejaba de ser un grupo de punk más de la época, aunque tenía canciones notables como “ After a Fashion”, más cercana al post-punk, “ Dive Position”, que en cierto modo anticipa el que sería el sonido posterior del grupo o la lúgubre “ Shivers”. Pero aquel grupo sería el germen de The Birthday Party.

En plena transición de The Boys Next Door a The Birthday Party (la formación se mantendría intacta, pero cambiaron de nombre y de sonido), la vida de Nick Cave dio un vuelco con la muerte de su padre en un accidente de coche mientras Cave pasaba la noche en el calabozo (una de tantas, que siempre se saldaban con su madre yendo a pagar la fianza, igual que aquel día). Nick Cave, que sólo tenía 19 años, dice que la noticia creó en su vida “ un vacío, un espacio en el que las palabras empezaron a flotar, a reunirse y a encontrar un propósito”. “ La muerte de mi padre”, explicaba en una conferencia en 1999, “fue la experiencia traumática (…) que dejó el hueco que Dios tenía que llenar. (…) Todos tenemos la necesidad de crear y el dolor es una fuerza creativa”. Es esa pérdida, y no las relaciones sentimentales, el hilo conductor de buena parte de sus canciones, y no sólo su muerte, sino su relación con él (que en los últimos años andaba deteriorada) y hasta sus antagónicas formas de vida (siempre había dicho que no quería terminar siendo como él): “ Song of Joy”, “ Your Funeral, My Trial”. Y por supuesto, esa obsesión con la religión, la culpa y la redención que rodea toda su obra.

La década de los ochenta pilla a Cave y a The Birthday Party ganando cierta notoriedad en Australia, gracias sobre todo a sus directos y a la feroz presencia escénica de Nick Cave. También empiezan a cobrar protagonismo las letras en las que se habla de muerte y sexo, la imaginería religiosa y un alejamiento del punk: The Birthday Party oscilan entre el rock gótico y la no wave, el noise y el nihilismo, la experimentación y la furia (nada contenida). Aunque todos tenían un papel importante en The Birthday Party, dos de las señas de identidad eran la voz de Cave (que para entonces ya había asumido el liderazgo del grupo) y la guitarra nerviosa de Rowland S. Howard. El grupo entonces vivía en Londres, casi en la miseria y componiendo a un ritmo demoledor: Nick Cave muchas veces dormía incluso en el estudio, de donde apenas salía. Allí ya llamaron la atención de Daniel Miller, quien terminaría fichando a Nick Cave por Mute. Pero la separación del grupo llegaría en 1983, con Cave instalado en Berlín y sumido en una vorágine creativa desordenada, a años luz de ese despacho en el que trabaja ahora de nueve a cinco.

Es en la ciudad alemana donde Nick Cave conoció a ese otro genio que es Blixa Bargeld (de Einstürzende Neubaten). Es ahí donde está el germen de los Bad Seeds a quienes se unieron Barry Adamson, Jim G. Thirlwell y por supuesto, el fiel Mick Harvey. La formación de los Bad Seeds ha cambiado con los años: entre las bajas más notables, Blixa, que a menudo cantaba con Nick Cave, y Mick Harvey, la última salida sonada del grupo. Entre las entradas más importantes, sin duda la de Warren Ellis, capaz de destrozar las cuerdas de su violín en directo y seguir tocando como si nada.

El primer álbum de Nick Cave and The Bad Seeds, “From Her to Eternity” (un juego de palabras con la película “From Here to Eternity”) es, aún hoy, una de las piedras angulares del australiano, y la canción que le da título, uno de sus hitos (este año parece que por fin la ha recuperado en su repertorio). Ya desde ese álbum, con versiones de Leonard Cohen y del “In the Ghetto” de Mac Davis popularizado por Elvis, el grupo marcaba distancias con The Birthday Party: seguían teniendo ese punto macarra y experimental, las obsesiones con la muerte, el sexo y la religión, pero además andaban tras una voz propia, un sonido más complejo y en difícil de encasillar, que lo mismo bebía del blues que del cabaret y en el que empezaban a asomar esos toques de música fronteriza que suelen asociarse a la América profunda pero que sin duda Cave mamó en la Australia rural (“ Watching Alice”, “ City of Refugee”).

A partir de ese momento, Nick Cave y sus malas semillas no firman un disco malo (si bien el álbum de versiones “ Kicking Against the Pricks” no convence a todos): “Your Funeral My Trial”, “Tender Prey”, “Henry's Dream” o el injustamente olvidado “Let Love In” van consolidando ese sonido dramático, esas canciones que se pasean por el lado más sórdido de las relaciones humanas y ese sonido absolutamente inconfundible, entre desesperado, urgente y trasnochado, pero un sonido capaz también de elevarse a lo más alto: en la música de Nick Cave se dan la mano “ethos” y “pathos” hasta fundirse en uno solo.

En estos discos, aunque siguen imperando el caos, el ruido y la urgencia, empieza a asomar el Cave más melódico, el chaval que cantaba en el coro y que daba clases de piano: “ Slowly Goes The Night”, “ Straight to You”, “Red Right Hand”, “ Nobody's Baby”, “ The Weeping Song”, “ The Ship Song”... pequeñas baladas o medios tiempos que a veces aparecen casi de tapadillo, y que en otros casos casi se adueñan del disco, como en “The Good Son”. Pero el salto definitivo vino de la mano de “Murder Ballads”, un álbum que además daría a Nick Cave fama internacional gracias a la colaboración de Kylie Minogue, quien puso voz a “Where The Wild Roses Grow” (tema que le valió un premio de la MTV y que Cave rechazó con una extensa carta). El álbum, como su propio título indica, es una colección de baladas sobre asesinos que se cierra con “Death Is Not The End”, compuesta por Bob Dylan e interpretada por Cave, Shane MacGowan, Kylie Minogue y PJ Harvey y que bien puede interpretarse como broma o como una forma de quitar peso a un disco protagonizado por la muerte.

A partir de ese momento, Nick Cave da rienda suelta al músico de formación clásica que lleva dentro, y lo hace con una de sus obras magnas: “The Boatman's Call”, un álbum en el que el amor reemplaza al sexo y en el que declara abiertamente su falta de confianza en el género humano ( “People Ain't No Good”). ¿Los grandes protagonistas? El piano y la voz de Cave, que en adelante se convierten en el eje de su carrera y que más tarde incluso daría para una extensa gira en la que sólo le acompañan Warren Ellis, Jim Sclavunos y Martyn Casey... los mismos “bad seeds” con los que luego montaría Grinderman, una aventura más influenciada por el rock garagero y que dio dos álbumes homónimos. Es en esas giras que se anunciaban como “Nick Cave solo shows” y en Grinderman donde empieza el descontento de Mick Harvey, que abandona el grupo tras “Dig, Lazarus, Dig!!!”

Tras “The Boatman's Call”, Cave y los suyos, salvo por ese impasse que fue Grinderman, han optado por el sosiego, con alguna que otra concesión a la furia en algún momento de “Abbatoir Blues / The Lyre of Orpheus”. Y mientras, el prolífico Cave ha hecho una nueva incursión en la literatura ( “La Muerte de Bunny Munro”; Paper de Liar, 2009), ha escrito guiones ( “The Proposition”) y ha puesto banda sonora a “The Road” y a “The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford”, ambas dirigidas por John Hillcoat.

Push the Sky Away, editado este mismo año, llega en un momento en el que Nick Cave ya no tiene nada que demostrar (su discografía con las “malas semillas” sólo contiene una obra menor: “Nocturama”), en el que podría dedicarse a vivir de las rentas o a seguir con sus incursiones en cine y literatura. Pero a su edad, aún es capaz de reinventarse, de atreverse con loops, de dar una vuelta de tuerca más al lado más oscuro de la naturaleza humana y a embarcarse en una extensa gira en la que no faltan los guiños a sus fans de siempre y a su pasado, un pasado complejo del que no le gusta hablar en las entrevistas pero que nunca esconde ni escatima en sus conciertos.

* En esta galería podrás ver un recorrido gráfico del músico australiano.

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