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Mujeres de ida y vuelta: Yoko Ono

Activista política, artista y música, la polifacética Yoko Ono acaba de cumplir ochenta años: un buen momento para repasar su legado cultural.

Criticada hasta la saciedad, y siempre por lo mismo: la ruptura de los Beatles. Da igual que el propio Paul McCartney haya negado públicamente que ella tuviera algo que ver en la disolución del grupo, para muchos sigue siendo, junto a Courtney Love, “la viuda negra del rock”. “La culpa de todo la tiene Yoko Ono”, que decía la canción. ¿Pero alguno de sus detractores se ha molestado en ir un poco más allá del tópico? Yoko Ono ya era artista antes de conocer a Lennon. Es hora de reivindicar su obra.

Como casi todo el mundo, crecí escuchando que Yoko Ono era una arribista que se arrimó a John Lennon por su dinero, una viuda negra, la culpable de la separación de los Beatles ( leyenda desmentida recientemente por el propio McCartney). Como si lo único que hubiera hecho Yoko, además, fuera casarse con John Lennon. Yoko Ono ya era una artista reconocida antes de su matrimonio con John Lennon, si bien es cierto que la fama que da el arte, salvo excepciones contadísimas (Ai Weiwei o Damien Hirst) no es en absoluto comparable a la de una estrella del pop. Además, Yoko Ono se ha caracterizado desde siempre por su fuerte activismo político, que es, de hecho, uno de los ejes de su obra. Tampoco hay que olvidar su faceta como compositora y cantante, que también inició mucho antes de conocer a Lennon y que cuenta con hitos como haber colaborado con Ornette Coleman (con quien tocó en directo), Sonic Youth, John Cage o Pet Shop Boys. Así que si alguno de los lectores anda buscando aquí más argumentos para reafirmarse en culpar a Ono de todos los males del universo, puede hacer dos cosas: darse la vuelta o seguir leyendo, averiguar qué ha hecho esta mujer en su vida (además de casarse y tener un hijo, que pese a lo que diga Gallardón no es el eje de la vida de una mujer) y empezar a mirar las cosas de otra forma. O al menos, cuestionar lo que nos venden como verdad absoluta.

Yoko Ono nace en Tokio, en 1933. Su madre pertenecía a una familia de banqueros y su padre, además de banquero y pianista, era descendiente del emperador de Japón. Pasó los primeros años de su infancia entre San Francisco, Nueva York, Hanoi y Tokio, ciudad en la que vivió los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y la hambruna y que marcaron para siempre su carácter antibelicista: en una entrevista al Financial Times, Yoko Ono recordaba hace un año su vida tras la guerra, marcada por asistir a la muerte de familias enteras por el hambre, la destrucción absoluta a la que había quedado sometida Japón y también por los prejuicios a los que tuvo que enfrentarse por haber vivido en Estados Unidos parte de su niñez. Como ella misma recuerda, tras aquellas experiencias supo que “podría sobrevivir a cualquier cosa”.

Yoko Ono, además, es una pionera: fue la primera mujer en acceder a Filosofía en la Universidad de Gakushuin. Sin embargo, pronto se trasladó a Nueva York con su familia y, si bien siguió estudiando allí, se introdujo en el mundo del arte de la mano de LaMonte Young, y es aquí donde empieza la vida de la Yoko Ono que todos conocemos.

1. Arte

Hablar de la carrera artística de Yoko Ono no es fácil, por muy bien documentada que esté, entre otras cosas porque el suyo es el clásico ejemplo de artista que no concibe el arte como una actividad laboral, sino que abarca todas las facetas de su vida: todo aquello que vive, que experimenta o que simplemente observa es susceptible de convertirse en un vídeo, una performance o una instalación; tal y como le sucede a la mayoría de los artistas conceptuales. De hecho llegó a decir “no concibo la palabra arte como sustantivo, sino como verbo”. Como muchos artistas de su generación, Yoko Ono no hace arte para el público, sino con él: la participación del mismo es imprescindible para que la obra cobre sentido y esté viva. Hace unos años, el MNCARS proyectó algunas de las películas que grabó Ono a finales de los 60. Una de ellas, “ Film No.5” (también conocida como “Smile”), mostraba un primer plano de John Lennon sonriendo durante 52 minutos. Unas octavillas del museo explicaban que la intención era, en palabras de Yoko Ono, que el público fuera un protagonista más de la proyección, y tal efecto se le animaba a tocar música, bailar o manifestarse con espontaneidad. Pero la proyección tuvo lugar en el Madrid de los 90 y no el Nueva York de los 60, con lo que toda la intencionalidad artística quedaba diluida. Como las películas de Warhol sobre el Empire State Building, sin contexto, el poder de las películas de Yoko quedaba diluido. Tal vez por eso, décadas más tarde, Yoko ha recuperado la idea y le ha dado una vuelta de tuerca para lograr una participación interactiva: “Smile” es ahora un work in progress realizado con las fotografías que los internautas mandan sonriendo. En esa misma línea se encuadra su último gran proyecto, “Imagine Piece”, una torre de luz en Islandia a la que se mandan los deseos que la gente envía a través de la cuenta de Twitter habilitada a tal efecto.

Pero al comienzo de su carrera, y cuando no existía el 2.0, la presencia del público era real e imprescindible. Una de sus obras más relevantes es “Cut Piece”: vestida de negro sobre un escenario, invitaba a la gente a que cortara un trozo de su vestido con unas tijeras, hasta quedar desnuda, y con la que pretendía abrir una reflexión en torno al papel del cuerpo femenino y de su representación en la sociedad. En 2003, Ono volvió a realizar está performance, incluyendo en esta ocasión a los medios de comunicación, con lo cual también los convertía en parte implicada del debate.

Una vez que conoció a Lennon, ambos convirtieron su propia boda en una performance más: más que célebre es su “Bed In”, en el que ambos permanecieron en la cama como protesta contra la guerra y abrieron las puertas del hotel a la prensa, a quienes respondieron sus preguntas desde el colchón. En la misma línea antibelicista se enmarcan los carteles y anuncios que publica periódicamente en medio mundo, ya sea en vallas publicitarias o a página completa en el diario israelí Haaretz o en el NY Times, con mensajes como “Imagine Peace” o “War is over (if you want it)”.

De la relevancia de Yoko Ono como artista conceptual adscrita al movimiento Fluxus da buena cuenta la exposición retrospectiva que se inauguró el pasado 15 de febrero en el museo Schirn de Frankfurt, y que podrá verse hasta el 12 de mayo.

2. Música

Al igual que con el arte, Yoko Ono se inició en el mundo de la música mucho antes de conocer a John Lennon. Su propio padre, pianista vocacional, inculcó a su hija la melomanía. Incluso compuso la música que acompañó a “Cut Piece” y actuó un par de veces en el Carnegie Hall a principios de los 60. También llevó a cabo varios “happenings” en el espacio que por entonces John Cage usaba no sólo como local de ensayo, sino también como escenario para alojar parte de las actuaciones que en aquel momento no tenían cabida en los sitios más tradicionales. Pero Yoko Ono no se limitó a usar el espacio de John Cage, sino que además colaboró con él.

La música de Yoko Ono, como su arte y su forma de entender la vida, era absolutamente rupturista y radical, tanto que llegó a decir que si al terminar un concierto no se había ido nadie es que algo había fallado. Que Yoko Ono no busca el beneplácito del público, ni complacerlo, ni mucho menos darle lo que espera, es más que patente en ese YOKOKIMTHURSTON que editaba a finales de año junto a Kim Gordon y Thurston Moore: casi octogenaria, Yoko Ono sigue sin plegarse. Puede que el resultado no funcionara como grabación, pero en directo podría dejar en pañales a muchos.

La época más convencional de Yoko, precisamente, se inicia cuando empieza cuando conoce a John Lennon. Son los años de la “Unfinished Music” junto a Lennon y de la Plastic Ono Band, disuelta a principios de los 70 y que Ono no resucitó hasta 2010 para un directo en el que colaboraron, entre otros Sonic Youth, RZA e Iggy Pop.

Aunque Yoko Ono no ha dejado nunca de lado su carrera musical, su mayor éxito comercial fue “Yes, I'm a Witch”: publicado en 2007, y burlándose de sus detractores en el título, en él participaron de Cat Power al ubicuo Antony Hegarty pasando por Peaches o Jason Pierce. Musicalmente, está a años luz de la experimentación de otros álbumes, pero es un hito en cuanto que supone el reconocimiento por parte de los propios músicos de lo que muchos se niegan a admitir aún hoy: la relevancia de Yoko Ono también en lo musical.

3. Activismo

Cuando se es mujer, minoría étnica y además extranjera, la militancia política no es una opción, sino una necesidad. Ni en Japón se aceptaba que hubiera vivido en Estados Unidos, ni los norteamericanos estaban dispuestos a aceptar de buen grado a una mujer nacida en el país que había ordenado el ataque a Pearl Harbor. Si no tuvo las cosas fáciles antes de conocer a Lennon, luego ya fue peor: se convirtió en el chivo expiatorio de todos los males de los Beatles y la leyenda negra perdura hasta hoy: sobrevivir a un marido archifamoso es mal negocio, y si no que se lo pregunten también a Courtney Love. Así que por una cosa u otra, Yoko Ono ha recibido rechazo desde muchos frentes. No es de extrañar que Yoko Ono no se haya limitado a ejercer el activismo político, sino que éste sea el eje central de toda su obra, ya sea artística o musical.

Se suele hablar mucho de la investigación a la que la CIA sometió a John Lennon, pero Yoko Ono tampoco fue ajena a ese control, como se muestra en el documental de David Leaf “The U.S. vs. John Lennon”: aunque la cara más conocida de ese activismo es la firme oposición a la guerra de Vietnam, Yoko Ono (y John Lennon) también defendieron abiertamente la causa de los Panteras Negras (su canción “Angela” está dedicada a Angela Davis). También es una convencida de los derechos de gays y lesbianas, y ha llegado a grabar dos versiones de “Every Man Has A Woman Who Loves Him”, la canción que coescribió con Lennon: “Every Man Has A Man Who Loves Him” y “Every Woman Has a Woman Who Loves Her”. No son las únicas causas a las que se ha sumado con convicción: Occupy Wall Street, la defensa de los derechos de las mujeres indias o más recientemente, la puesta en marcha de Artists Against Fracking, una iniciativa que lucha contra una nueva técnica de extracción de gas que pone en riesgo de contaminación los acuíferos destinados a uso doméstico. En su web, Imagine Peace, aloja manifiestos, denuncias, entrevistas en las que habla de política e información sobre diversas obras humanitarias.

A sus 80 años, Yoko Ono se enfrenta a un nuevo reto: seguir haciendo lo que quiere en una sociedad en la que la mujer, alcanzada cierta edad, parece condenada al ostracismo.

I love #OccupyWallStreet As John said, “One hero cannot do it. Each one of us have to be heroes.” And you are. Thank you. love, yoko

— Yoko Ono (@yokoono) 2 de octubre de 2011

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