Columnas

Mujeres de ida y vuelta: Patti Smith

A sus 67 años, la “madrina del punk” se mantiene tremendamente activa: discos, libros y una presencia casi continua en los escenarios. Hoy, nos acercamos a su figura y a su obra

En los setenta se hizo un hueco en la efervescente escena neoyorquina punk y pese a un retiro voluntario de casi veinte años (que rompió fugazmente con la edición de “Dream Of Life”), su influencia se mantuvo intacta, como bien se constató a su vuelta a la vida pública en 1996. Ya sea por su obra literaria o por la musical, Patti Smith no deja de ser noticia: hace sólo unos días se anunciaba que encabezará junto a Siouxsie y Kim Gordon la próxima edición del festival Meltdown comisariado por Yoko Ono.

Poeta, cantante, icono, madrina del punk... Cualquiera de esas etiquetas puede definir a Patti Smith sin errar ni exagerar. Si hay una figura femenina dentro del rock del siglo XX cuya relevancia es indiscutible, ésa es la de Patti Smith, a quien rinden culto y pleitesía artistas como Kim Gordon, Kevin Shields, PJ Harvey, Jean-Luc Godard o Michael Stipe, por mencionar sólo a algunos. Un logro nada desdeñable teniendo en cuenta que Patti Smith prácticamente llegó a la música por la puerta trasera: de hecho, su idea inicial era dedicarse a la poesía. Si bien tiene sus detractores (Legs McNeil se ceba con ella en “Por Favor, Mátame” y Victor Bockris escribió una biografía no autorizada nada amable), el tiempo ha terminado por dar la razón a la artista, colocando su obra en un lugar privilegiado dentro de la historia de la música del siglo XX y canciones como “ Gloria: In Excelsis Deo”, con esa frase que la abre ( “Jesús murió por los pecados de otro, pero no por los míos”), son ya leyenda.

Patricia Lee Smith llegó a Nueva York a los 21 años sin dinero ni contactos, buscando hacer realidad su sueño de dedicarse al arte y huyendo de una vida sin muchas esperanzas en New Jersey, donde trabajaba en una fábrica (época que inmortalizó en “ Piss Factory”) y tras pasar un embarazo no deseado que se saldó con el parto y posterior entrega en adopción de una niña. Aunque lo de los comienzos difíciles en Nueva York parece un cliché manido, en el caso de Patti Smith se ajusta mucho a la realidad. De esos difíciles comienzos da buena cuenta en “Just Kids”, el libro que publicó en 2010 y que le valió el National Book Award en Estados Unidos [ “Éramos Unos Niños” en la traducción al español publicada por Mondadori]. Ahí relata Smith cómo pasó en la calle los primeros días y cómo conoció a Robbert Mapplethorpe, en un relato con tintes casi mitológicos y en el que se dan la mano su obsesión por William Blake, su obsesiva búsqueda de una voz propia y una serie de encuentros con artistas consagrados como Janis Joplin o William Burroughs, que en el primer caso no dejaría de ser un momento fatuo, y en el segundo, el inicio de una amistad basada en la admiración mutua.

Fue precisamente en ese pequeño apartamento del Hotel Chelsea que Mapplethorpe y Smith compartían donde los poemas de Patti empezaron a tomar forma de canciones: tras un recital de poesía donde Lenny Kaye tocó la guitarra mientras Smith declamaba, se fraguó una colaboración a la que se sumó algo más tarde el pianista Richard Sohl. Así se cimentaba lo que sería el grupo de Patti Smith y cuyo primer single se publicó en 1974. Aquel “Hey Joe” / “Piss Factory” ya marcaba las pautas musicales e inquietudes de Patti Smith, que incluía referencias a Patty Hearst (la heredera del magnate de la prensa secuestrada por una guerrilla a la que finalmente se unió) y a sus días de alienante trabajo en la fábrica ( “I refuse to lose, I refuse to fall down”, repite como una letanía mientras narra cómo se va a largar de allí). Ya entonces sus actuaciones eran legendarias y ya fuera sobre el escenario del CBGBs o ante miles de personas, derrochaba un magnetismo y un carisma que aún hoy conserva y en las que no dudaba en hacer lo que le daba la gana o adoptar actitudes hasta entonces reservadas a los hombres en el escenario: aún quedaba un poco para que llegaran grupos como The Slits y su coetánea Deborah Harry prefería jugar la baza de chica guapa al más puro estilo girl-band de los sesenta.

Su primer disco llegó en 1975: “Horses” es uno de esos álbumes sin los cuales la historia del rock habría sido muy diferente, desde la icónica portada con esa fotografía de una Smith asilvestrada y masculinizada que inmortalizó Robert Mapplethorpe a unas canciones que rendían homenaje al pasado (como la versión del “ Gloria” de Van Morrison), pero que también clavaban el presente e incluso se adelantaban a su tiempo (“ Redondo Beach”, “ Free Money”, “ Elegie” o “ Break It Up” situaban a Smith un paso más allá del punk). Courney Love, Michael Stipe, The Smiths o Siouxsie Sioux son sólo algunos de los músicos que han reconocido la influencia de este álbum en su carrera.

Patti Smith entregaría tres discos más antes de retirarse unos años: “Radio Ethiopia” (título elegido en alusión a la temporada que pasó su admirado Rimbaud en el continente africano), “Easter” y “Wave”. En ellos aparecían canciones como “Dancing Barefoot” (compuesta en colaboración con Bruce Springsteen) o “Rock'n'roll Nigger”, no exenta de polémica pero que en realidad pretendía ser una reivindicación de los parias del sistema: “al margen de la sociedad, me están esperando / al margen de la sociedad, es donde quiero estar”, canta haciendo gala de esas reivindicaciones que siempre le acompañan.

Es también en esos años cuando se fragua “Babel”, poemario en el que se hace eco de sus mitos (entre los que se encuentran Nico y Marianne Faithfull; existe traducción al español vía Anagrama, recientemente reeditada) y obsesiones, entre las que se encuentran “redefinir” el arte en cualquiera de sus formas y la espiritualidad (tal vez el tema más polémico en su carrera, como cuando visitaba al recién elegido papa Francisco hace sólo unos días, ante la sorpresa de muchos).

En 1980, el mismo año que publicaba “Wave”, conoció a Fred ‘Sonic’ Smith de los MC5, que derivaría en una boda y una retirada temporal de la vida artística. Aunque hubo quienes la criticaron porque veían en la retirada a la vida familiar una claudicación a la causa feminista, incluso desde el retiro siguió siendo un referente para muchas mujeres que decidían dedicar su carrera a la música. Fue, además, un retiro relativo, porque siguió escribiendo, dibujando, fotografiando (buena parte de si obra plástica se ha exhibido en museos de todo el mundo) y componiendo. De hecho, en 1988 publicó “Dream Of Life”, un álbum menor pero en el que aparece esa canción elevada a la categoría de himno que es “People Have The Power”: no hay concierto en el que no la toque y de ella dice que es una de las canciones que han marcado su vida porque representa lo que siente respecto al poder colectivo, un poder que reivindica desde los 70 y que también ha apoyado activamente en Occupy Wall Street.

La vuelta definitiva de Patti Smith a la vida pública se produjo en 1996 con “Gone Again”, un álbum sombrío marcado por las muertes de su marido y de su hermano y en el que también aparece su primer homenaje a Kurt Cobain en “ About A Boy” (el segundo vendría un poco más tarde, cuando versionó “Smells Like Teen Spirit”). Fueron amigos como Allen Ginsberg, Bob Dylan y Michael Stipe quienes animaron a Smith a volver a la música: Dylan incluso la invitó a acompañarle durante una de sus giras y Stipe contó con su voz en “ E-bow The Letter”. Desde entonces, la actividad de Patti Smith no ha cesado: el documental sobre su vida ( “Dream Of Life”), un pequeño papel en la última cinta de Godard ( “Film Socialisme”), libros (“Just Kids” y “Woolgathering”) y cinco álbumes más (el último, “Banga”, publicado hace un año). Aunque en sus últimos álbumes ya no muestra las garras con la misma fuerza que a los veinte años, en los escenarios alterna el spoken word con los conciertos de rock en los que sigue mostrando el mismo espíritu combativo que en los setenta, y lo hace vestida con ese uniforme ya icónico: camisa blanca, cinta negra a modo de corbata y americana de hombre, con su sempiterna melena enredada y una sonrisa que mantiene pese a haber asistido a más pérdidas, como la de Jim Carroll, otro poeta maldito que acompañó a Patti en su juventud y a la que dedicó su poema “Crow”, inspirado en una caída del escenario que sufrió Smith en los 70 y que a punto estuvo de terminar con su carrera musical. Pero si hay algo que Patti Smith ha demostrado todos estos años es su capacidad para levantarse y seguir adelante. Sabe que el futuro ya no es suyo, pero como afirmaba hace sólo tres años, “estoy contenta de ser el presente”.

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