Columnas

Moratones del machismo cultural

Estrenamos ‘Es política si yo lo digo’, una nueva columna en PlayGround enfocada hacia temas políticos y sociales

Una pregunta aparentemente casual –la prensa musical, ¿es machista?– da pie a Elena Cabrera a reflexionar sobre una cuestión más profunda aún, y es el machismo generalizado que existe en todos los estratos de la cultura, y ante el que no hay que callar más. Así se estrena la nueva columna ‘Es política si yo lo digo’.

¿Es machista la prensa musical? Me lo han preguntado así, tal cual, en una entrevista para Diagonal. La pregunta me parece muy oportuna, mucho más que la respuesta. Que sea machista, y en mi opinión sí lo es, no es tan interesante como el que al fin nos lo cuestionemos. Que sea machista no es noticia, ahora me doy cuenta de que siempre lo ha sido. La novedad es que no había pensado sobre ello hasta que me lo han preguntado.

Las herramientas del feminismo nos arman con radares, microscopios, telescopios, sondas y aparatos de rayos x que nos facilitan la doble lectura de nuestros trabajos, acciones y discursos. Con un ojo nos concentramos y con el otro nos atravesamos: somos críticas, autoconscientes y tendemos a transversalizarlo todo. Por ello somos más lentas en la respuesta, que suele ser compleja y difícil de asimilar por el mainstream. En este contexto hipster en el que vivimos, las mujeres que señalan el sexismo cultural son acusadas de no tener sentido del humor; lo dijo Alissa Quart, no por parecer guay, moderno o urban, la revista Vice es menos sexista que Playboy. “Necesitamos reírnos del sexismo, no con los sexistas”, escribió Kellsey Wallace en Bitch Magazine.

JotDown Magazine es una de las revelaciones periodísticas de la temporada. Sus contenidos son reflejo, como en cualquier publicación, de su redacción. Ésta está compuesta, en un porcentaje abrumador, por hombres. Los entrevistados son también mayoritariamente hombres. Los enfoques, inevitablemente, también. La escritora Silvia Nanclares les preguntaba por Twitter si son una revista “para tíos”. Ellos contestaron “no, si hay menos protagonistas femeninas se debe a que cuesta muchísimo más que se dejen entrevistar”, y añaden: “ya nos gustaría”. Se me hace extraño pensar que ahí fuera hay decenas de “protagonistas femeninas” con grandes historias vitales que contar y fuertes opiniones que compartir que, en cambio, no se dejan entrevistar. Mi instinto periodístico me dice que lo más probable es que no sepamos quiénes son ellas y, si es que lo sabemos, ni se lo hemos preguntado. ¿Y por qué no escriben las mujeres en JotDown? En la misma conversación tuitera, la revista dijo desconocer el motivo, pero de cada 50 personas que les piden colaborar, sólo una es mujer, afirman.

Nos va a costar, porque sois nuestros amigos, nuestros jefes, nuestros hijos y nuestros amantes, pero nos hemos propuesto señalaros públicamente cuando escribís artículos de pop femenino; cuando una y otra vez vosotros sois los directores y nosotras las redactoras; cuando nos llamáis feminazis si planteamos cambiar el uso de la lengua; cuando os parece superfeminista un editorial de moda con chicas en braguita sin depilar; cuando aceptáis nuestras maternidades porque nos convierten en MILF y nuestro lesbianismo porque os da morbo; cuando decimos que es violencia el lenguaje machista paternalista, la precarización, dar la maternidad y los cuidados por supuesto sólo porque somos mujeres y a vosotros os parece que sólo es violencia cuando hay moratón; cuando aceptáis el feminismo siempre que se reduzca a un grupo o a una comisión pero no cuando decimos que la revolución será feminista o no será; porque eso es lo que hay que hacer con el patriarcado, señalarlo con fuerza hasta que se nos acalambre el dedo.

Mujeres y cultura es “el debate pendiente”, como titulan unas jornadas organizadas por la asociación de defensa de la igualdad de género en la cultura Clásicas y Modernas, celebradas hace unos días en Madrid y Barcelona. “Es enorme la responsabilidad que corresponde a las prácticas artísticas y culturales en el proceso de cambio de paradigma cultural”, dicen en la presentación de su programa, por lo que “se requieren otros relatos biográficos y generacionales, otras narrativas históricas, otro espejo simbólico”. Podríamos empezar desde ahora mismo: hagamos lo que las anglosajonas llaman herstory. Abordemos la memoria histórica desde la memoria de las mujeres. Visibilicemos la maternidad en nuestro discurso público. Exijamos una educación sexual donde se enseña algo más que poner un condón. Llamemos a todas las Grace Morales, Jimina Sabadú, Filósofa Frívola, Lucía Lijtmaer, Sofía Coca, Cristina Fallarás, Carolina León, Isabel Sucunza o Gabriela Wiener que aún no conozco y a las que quiero leer.

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