Columnas

¿Moló o no moló Skrillex en Sónar? El veredicto final

Hablamos con DJs y periodistas de sólida formación y criterio riguroso para analizar con voces autorizadas el controvertido paso por el festival de la gran estrella de la EDM

Antes de Sónar se habló mucho sobre la conveniencia o no de tener a Skrillex en el cartel. Una vez pasado el festival, reunimos opiniones –de parte de DJs y periodistas de criterio más que contrastado– para tener un veredicto justo sobre si su actuación fue buena o no lo es. Y cuidado con las respuestas: muchas ni te las esperas.

Ni el cambio de recinto, ni los problemas de sonido, ni las animadoras barbudas... La verdadera fuente de controversia del Sónar de este año fue el paso de Skrillex por el festival. Desde que se anunció su inclusión en el cartel, las opiniones se polarizaron. Mientras los paladares más refinados se echaban las manos a la cabeza, hordas de jóvenes empezaron a contar los días para pegarse la fiesta del año. Las razones de ambos estaban fundamentadas. Tan lícito es pensar que el paradigma de la EDM más comercial no pinta nada en un festival supuestamente vanguardista como creer que cualquier macro-rave que se precie debe tener en cuenta al mayor fenómeno de masas que ha dado la música electrónica en muchos años.

Los méritos de la fórmula Skrillex son más que discutibles, pero para poder valorarlos en su justa medida había que esperar a vivir sus enloquecidas descargas de drops en persona. Lo que vimos se ajustó al guión esperado: populismo extremo –salió de su “nave espacial” enfundado en la camiseta del Barça mientras sonaban guiños al “Barcelona” de Freddie Mercury y se proyectaban imágenes de la ciudad en las pantallas–, pirotecnia visual diseñada al milímetro, y bastardización extrema de estilos como el dubstep, el electro house, el dancehall o el hardcore. Su planteamiento es de lo más chabacano y, en ocasiones, era inevitablemente que a uno se le escapara la risa ante tal disparatado despliegue pero, al mismo tiempo, resultó prácticamente imposible no aparcar los prejuicios y dejarse llevar por la experiencia colectiva. Su propuesta es el paralelismo musical de la cultura de la inmediatez y el placer instantáneo, de la necesidad de estímulos constantes y del choque de referencias –en muchos casos, incluso, contradictorias–. Es la fiesta aquí, ahora y a lo grande. Es música de trazo grueso, pensada exclusivamente para provocar el despiporre y con una alarmante falta de profundidad emocional. Pero, en ese instante, tras tener lidiar con avalancha de tech-house genérico como el que dominaba, por ejemplo, el escenario SónarPub fue toda una bendición para cualquiera con mínimos impulsos hedonistas. Al fin y al cabo, tampoco está mal, sentirse un springbreaker más por una noche.

Para tener una perspectiva más amplia de lo acontecido, hemos hablado con DJs y periodistas de criterio contrastado y paladar exigente para que nos contaran cómo vivieron el gran acontecimiento del Sónar de este año. La pregunta que les hemos hecho es simple: “la participación de Skrillex en Sónar ha generado controversia desde que se anunció. ¿Qué te pareció su actuación?”

DJ 2D2 (DJ)

Para empezar, no entiendo la controversia. Que una de las mayores estrellas actuales de la música electrónica participe en el festival más importante de ese género es de una lógica aplastante. En cuanto al show y partiendo de que no soy fan de su música, me pareció excelente, empezando por esos 15 minutos enlatados de reggae lovers rock previos a su actuación. Esa capacidad de sorprender se mantuvo durante todo el set que incluyó varios momentos 'wow' (el diseño de luces fue de quitarse el sombrero) excelentemente dosificados. Musicalmente aprecié que no se quedara en un sólo género y tocara varios palos, haciéndolo ameno para aquellos que no somos fans. Por último, el sentido del humor, que lo hubo y mucho, con momentos de verdadera carcajada. No quiero decir nombres, pero ojalá artistas a los que admiro en disco se preocuparan tanto por llevar su material al directo.

Chelis (DJ)

Sobre el papel la música de Skrillex y la EDM en general no me gusta salvo honrosas excepciones a la par que pienso que a corto plazo le esté haciendo mucho daño a la electrónica de calidad. No obstante nos acercamos un grupo nutrido de ‘detractores’ para juzgar con conocimiento de causa. No estuve mucho rato pero dos cosas me quedaron claras: el dominio del marketing y del espectáculo de Skrillex, pues convocó en el club a tanta gente cómo Kraftwerk y les dio un espectáculo total de pirotecnia, luz, robots y video incomparable contra lo cual es muy difícil luchar con dos Technics y un mezclador.

Frankie Pizá (Concepto Radio)

Mi reacción fue muy primaria y simple: al no tener apenas alguna expectativa de que aquel espectáculo me convenciera, llegué vacío de cualquier prejuicio y con ganas de observar qué me ofrecía algo tan, a priori, detestable. Quería comprobar si tanta controversia era justificada. Mi sorpresa llegó cuando la chabacanería y el exceso, los visuales incendiarios, su rollo pseudo-satánico y goth barato acabaron por fliparme, precisamente por lo descabellado del conjunto. En lo estrictamente musical ya sabíamos lo que nos esperaba, pero aún así se permitió algún crédito que maquilló la mala reputación que su discurso tiene entre el sector especializado. Mi síntesis sería: inesperadamente coherente.

Daniel Verdú (El País)

Traer a Skrillex tiene mucho interés para asistir in situ al fenómeno cultural/sociológico que ha provocado en Estados Unidos el EDM. Para los directores de Sónar era también una oportunidad de generar un contraste potente en el cartel con la actuación de Kraftwerk ese mismo día: algo así como el principio y el fin de todo lo que el festival ha recogido en sus 20 ediciones. Sónar tenía la obligación de mostrar ese lado de la electrónica. Pero musicalmente es una propuesta elemental, cortoplacista, efectista y empeñada en apelar a unas emociones demasiado primarias como para no sentirse un poco borrego. El show de la nave espacial, diseñado por alguien con un serio problema de déficit de atención, es burdo y embarazoso (especialmente la introducción que hizo con la Sagrada Familia y Freddie Mercury cantando “Barcelona”). Hasta ahora Sónar había forjado a sus propias estrellas. Skrillex es una clara imposición del mercado. Esa sería la parte más negativa.

Luis Lles (Periodista)

Aborrezco la intolerancia y cualquier tipo de fundamentalismo talibán. Por supuesto, Skrillex tiene todo el derecho del mundo a estar en el cartel del Sónar, el mismo derecho que le asiste a David Guetta para estar en el Monegros Desert Festival o a Julieta Venegas en el FIB. No soporto la actitud purista y sobre todo estrecha de miras de quienes piensan que Sónar es demasiado cool para admitir el rollo white trash (sin coartada) de Skrillex. Y no lo soporto porque, entre otras cosas, lo que hace Skrillex no dista mucho de lo que hacen otros artistas que sí que gozan del beneplácito de los talibanes de la ortodoxia electrónica. Lo mismo sirve si hablamos de Guetta o la Venegas. Además, quienes me conocen ya saben que me encantan las manifestaciones menos intelectualizadas de la cultura popular y, en general, todo lo que huela a raverbena. Así que ¡bienvenido Skrillex, al que se le puede perdonar incluso el detalle hortera de la camiseta del Barça y el pelotero mash up con el “Barcelona” de Mercury & Caballé! Eso sí, a mí que me expliquen qué es eso de la EDM, porque eso simplemente huele a un invento de los americanos para enmascarar el hecho de que se han pasado los últimos veinticinco años viéndolas venir, ajenos por completo al devenir de la música electrónica que se estaba gestando en sus catacumbas. Y es que en realidad lo que hizo Skrillex fue juntar generosas dosis de smash house, zapatilla impenitente, dubstep del ala dura y bass music populista sin encomendarse a dios ni al diablo, y con generosas dosis de efectismo facilón. ¿Lo hizo bien? Pues sí, lo que hizo, lo hizo muy bien. Pero, francamente, no es my cup of tea.

Kigo (Desparrame/ RBMA)

Nunca me ha interesado Skrillex. Su música es fea. El único track que había conseguido escuchar de principio a fin es el que producía en el disco A$AP Rocky y lo estropeaba todo. Me acerqué a verlo por pura curiosidad y acabé botando como poseído. ¿Por qué? Supongo que cuando te has tomado un par de copas, el estímulo de los sentidos se impone a la consciencia musical. La espectacular puesta en escena, esos visuales no aptos para epilépticos y un sonido bestial convirtieron la actuación en mi momento favorito de Sónar 2013. Demasiado a menudo, conciertos y DJ sets quedan deslucidos sobre los escenarios megadimensionados de los festivales, son muy pocas las ocasiones en que todo ese gran despliegue toma sentido y esta fue una de ellas.

Blastto (DJ)

Nunca he tenido mucho gato a Skrillex, te puede gustar o no, pero ahí está. Lo respeto. Pero llegar a este Festival con la camiseta del Barça y comenzar con el “Barcelona” de Mercury encima de esa nave-Doraemon de feria te pone en la realidad de quién es. Aunque el tío toca varios estilos y eso se agradece (desde Disclosure a Blawan pasando por Jeremiah) al final suena siempre ese sonido “gamberro-adolescente” de anuncio de Cuatro que me hizo retroceder hacia atrás... hasta que me fui.

Xavi Puig (Clubbingspain / Post Club)

Opino que la inclusión de Skrillex en un festival de música avanzada como Sónar no puede ser mala, ya que hará que un público más joven solamente interesado por el dubstep pirotécnico pueda pasearse por los demás escenarios y descubrir otras propuestas. Es igual que cuando Skrillex dice que su artista favorito es Aphex Twin, está logrando que un mayor público conozca y se aficione a la electrónica. Y sinceramente, cuanta más gente seamos en esto –al menos en España–, habrá más oportunidades para que músicos emergentes nacionales puedan destacar y así, a su vez, puedan influenciar a más gente. Eso sin contar que otras propuestas también denostadas por el público electrónico más talibán como los 2manydjs, Chemical Brothers, Diplo, Major Lazer, A-Trak y un largo etcétera siempre hayan tenido cabida en Sónar y nadie dijera nada... Al fin y al cabo, son estos artistas por los que se pagan las entradas de Sónar y permiten que los críos conozcan a artistas con menor exposición. Así que yo personalmente lo veo bien. Por otro lado, he de decir que observé durante unos minutos el show de Skrillex y si bien no sea algo que me chifle, he de reconocer su savoir faire a la hora de esculpir drops y tirar fuegos de artificio. Aunque a los 15 minutos, Chelis y servidor decidimos refugiarnos en el calor que siempre proporcionan las bofetadas de Karenn.

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