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Bipolaridades de la vida moderna: frenéticos por lo slow

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7 caricaturas algo desesperadas. ¿Te suenan?

Alba Muñoz

19 Septiembre 2014 10:26

"Calidad de vida" es un concepto mutante, portátil, y, en los tiempos que corren, algo paradójico. En plena crisis, son muchos quienes sueñan con paisajes distintos al urbano desde alguna ventana de una gran ciudad: hay ansias de naturaleza, de silencio, de pausa. El nuevo horizonte es la vida slow. Mientras tanto, nuestras vidas son más frenéticas y estresantes que nunca. Además del pluriempleo, de la búsqueda freelance de trabajo, de la emprendeduría precaria, hay que atender a las cuentas en las redes sociales, hacer deporte, crear, ir de cañas y ser feliz. También nos pone nerviosos no estar tranquilos. Somos adictos a herramientas que nos ofrecen microdosis de felicidad: caminamos hacia un futuro pacífico, pero quizá lo estemos haciendo sobre una cinta de correr. La pregunta entonces es: ¿Qué es más real, como vivimos o como queremos vivir? ¿Nuestros ritmos cotidianos o los objetivos que nos hemos marcado? Para poder reflexionar acerca de esta bipolaridad moderna, proponemos una lista de caricaturas contradictorias de la actualidad.

Buenas vibraciones. Marisa es una exitosa psicóloga que trabaja como coach ayudando a los trabajadores a no proyectar su ira, a mediar con la frustración y problemas internos no resueltos. Hasta que un día quiere darse de baja de su operadora de teléfono móvil. Termina insultando a todos los antepasados del tereoperador, se caga en los burofaxes, se arranca un mechón de pelo y baja a la peluquería. Tuit: "Cambiar de look, una buena forma de cultivar las buenas vibraciones ;)".

Odio al prójimo. Marcos trabaja en una ONG en defensa de los derechos de los migrantes. Si fuera por él, deportaría en caliente a todos los turistas que invaden el centro de la ciudad. De hecho, ha incluido un Centro de Internamiento para Inmigrantes en AirBnb.

Calma tensa. Eva trabaja en centro de meditación holística y masajes del alma. Es abstemia, no bebe café y hace 500 respiraciones cada dos horas. Una noche, mientras sigue su ritual de mantener cinco conversaciones simultáneas en Whatsapp, le llegan dos correos de su socia: ha decidido vender su parte del negocio y no va a dar marcha atrás. En ese momento el móvil de Eva se queda sin batería y no encuentra el cargador. Colapso, ambulancia, calmantes de caballo.

Reciclaje. Óscar es un inversor de capital riesgo que invierte en empresas de gestión de residuos y de energías renovables. Va en patinete a la Bolsa y a los consejos de administración, pero cada vez que ve un skater en su calle, llama a la policía. Saca fotografías a las personas que rebuscan en los contenedores y las manda cada semana a un periódico bajo pseudónimo, siempre con el mismo mensaje: "Esto no es reciclar, es incivismo antihigiénico".

Pornoderechos. Carla ofrece talleres de empoderamiento sexual femenino y terapia para parejas de hecho. Nunca ha explicado que es adicta a la pornografía hardcore y las escenas de sumisión, pero solo porque nadie se lo ha preguntado nunca.

Detox. Juan y Samanta se frecuentan desde hace poco, se conocieron comprando zumos detox. Salen a correr cada noche y practican posturas de yoga como Carles Puyol y Vanessa Lorenzo. Cada sábado toman un vermú vegano que les va de perlas, ya que la noche anterior, por separado, se bebieron incontables chupitos infames y puede que alguien les pusiera algo en la bebida.

3G para todxs. Lidia baja a la calle para participar en la protesta mensual que algunos vecinos organizan contra la construcción de un centro comercial. Secretamente odia a su vecina de enfrente, una señora mayor que hace unas fotos malísimas de los antidisturbios. Y que siempre tienen más retuits que ella.




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